Un amor secreto
Esta historia habla de un amor secreto entre Ariel, hijo de Santiago, y Kiara Emelyn, hija de Nicole y Gabriel. Desde pequeños crecieron juntos porque sus padres son mejores amigos y siempre les hicieron creer que eran como primos. Al cumplir 15 años, ambos comienzan a descubrir que lo que sienten va mucho más allá de una amistad. Sin embargo, ninguno se atreve a confesarlo por miedo a la reacción de sus familias. Entre miradas escondidas, mensajes secretos y momentos compartidos, Ariel y Emelyn intentarán entender sus sentimientos mientras mantienen su amor en secreto. ¿Podrán algún día contar la verdad?
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Capítulo 15 Nuestra princesa
Narra Emely
Habían pasado ocho meses desde que Ariel se fue a España.
Ocho meses que se me habían hecho eternos.
Desde que se marchó, dejé de hablar con mis papás y tampoco tenía relación con mis tíos. Todo lo que había pasado había cambiado completamente mi vida.
Con Ariel tampoco hablaba mucho.
Al principio intenté escribirle, llamarlo y saber cómo estaba, pero después recordé aquellas palabras que me había dicho antes de irse.
“No quiero un amor a distancia.”
Así que dejé de insistir.
Dejé de escribirle.
Dejé de llamarlo.
No porque hubiera dejado de quererlo, sino porque entendí que él había tomado una decisión.
Yo todavía lo amaba, pero tampoco quería obligarlo a estar conmigo.
Además, ahora tenía otra preocupación.
Mi embarazo ya estaba llegando al final.
Tenía nueve meses y faltaba muy poquito para conocer a mi bebé.
Nuestra bebé.
Durante aquellos meses había pensado muchísimo en Ariel. Me preguntaba cómo reaccionaría cuando supiera que tendría una hija.
Él sabía que estaba embarazada, pero hacía mucho que no hablábamos de verdad.
Una mañana me desperté con un dolor diferente.
Al principio pensé que era uno de tantos dolores del embarazo.
Me levanté despacio de la cama y caminé hasta el baño.
Pero después volvió.
Más fuerte.
—Ay, Dios mío...
Me apoyé en la pared y respiré profundamente.
Mi mamá estaba en otra habitación, así que la llamé.
—¡Mamá!
Ella llegó rápidamente.
—¿Qué pasó, hija?
—Creo que... creo que ya empezó.
Mi mamá me miró sorprendida.
—¿Las contracciones?
Asentí.
—Sí.
Todo ocurrió rápido.
Mi familia se movió de un lado para otro preparando las cosas mientras yo intentaba mantener la calma.
En el camino al hospital, cada contracción hacía que me pusiera más nerviosa.
—Respirá, mija —me decía mi mamá—. Ya casi vas a conocer a tu bebé.
Yo cerré los ojos.
Pensé en Ariel.
Ojalá estuvieras aquí.
Cuando llegamos al hospital, me atendieron y confirmaron que el parto había comenzado.
Pasaron varias horas.
Yo estaba cansada, nerviosa y emocionada al mismo tiempo.
Finalmente llegó el momento.
Y después de todo aquel esfuerzo, escuché el primer llanto de mi hija.
Me quedé completamente quieta.
Las lágrimas comenzaron a caerme.
—Es una niña —me dijeron.
Miré a mi pequeña.
Era preciosa.
Tan pequeñita.
Mi princesa.
La sostuve entre mis brazos y sentí algo que no había sentido nunca.
—Hola, mi amor...
La miré durante unos segundos.
—Sos mi niña... mi princesa.
En ese momento solo podía pensar en una persona.
Ariel.
Saqué una foto de nuestra bebé y, después de pensarlo durante unos minutos, decidí enviársela.
No sabía cómo iba a reaccionar.
Le escribí:
—Ariel, ya nació nuestra hija. Es una hermosa niña.
Pasaron unos minutos.
Entonces apareció su respuesta.
—Ay, está hermosa nuestra hija. Gracias por darme esta niña tan hermosa. Aunque estoy triste porque no puedo estar con ustedes. A mi princesa la amo demasiado. A vos también te amo, pero lo siento... no puedo estar contigo. No puedo estar lejos de ti. No quiero tener una relación a distancia.
Leí el mensaje varias veces.
Me dolió.
Pero al mismo tiempo me alegró saber que amaba a nuestra hija.
Respiré profundo y le respondí:
—Yo también te amo, Ariel. Nunca dejé de hacerlo. Pero entendí lo que me dijiste antes de irte. Por eso dejé de llamarte y de escribirte. No quería presionarte ni obligarte a tener una relación conmigo. Solo quería que supieras que nuestra hija siempre va a saber quién es su papá.
Ariel tardó un poco en responder.
—Gracias, Emely. De verdad.
Después me escribió:
—¿Cómo le vamos a poner?
Miré a mi bebé y sonreí.
Ya tenía el nombre decidido desde hacía mucho tiempo.
—Se va a llamar Eimy Arlette.
Ariel respondió casi inmediatamente:
—Eimy Arlette... está hermoso.
Sonreí mientras miraba a mi hija.
—Es nuestra princesa.
Ariel contestó:
—Sí. Nuestra princesa.
Me quedé mirando la pantalla.
Aunque estábamos separados por miles de kilómetros, por primera vez en mucho tiempo sentí que aquella pequeña nos unía de una manera que nadie podía cambiar.
Miré a Eimy Arlette dormida entre mis brazos.
—Tu papá está lejos, mi amor —susurré—, pero te ama muchísimo.
Y mientras la abrazaba, entendí que nuestra historia todavía tenía muchas páginas por escribir.
hija de Ariel y emily