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Mi marido tenía otra familia

Mi marido tenía otra familia

Status: En proceso
Genre:Venganza / Mujer poderosa / Traiciones y engaños / Mujer despreciada / Amante arrepentido
Popularitas:1.5k
Nilai: 5
nombre de autor: Vivi

Durante cinco años, creí que tenía al marido perfecto. Le abrí las puertas de mi familia, le confié la empresa de mi padre y soñé con tener un hijo con él.
Hasta que descubrí quién era la mujer que cuidaba a mi padre.
Había sido su esposa. Tenían un hijo. Y ninguno de los dos pensaba contármelo.
Mientras yo intentaba salvar nuestro matrimonio, ellos preparaban su salida.
Ahora me toca fingir. Sonreírle a mi marido. Tenerla a ella cerca. Dejar que ambos crean que sigo sin enterarme de nada.
Porque no pienso salir de esta historia con las manos vacías. Quiero saber qué hicieron con el dinero de mi familia, recuperar mi lugar y decidir cómo termina mi matrimonio.
Esta vez, las decisiones las tomo yo.

NovelToon tiene autorización de Vivi para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 17

Capítulo 17. Alguien más

Cuando llamó Valeria, Renata seguía en el spa con Lucía.

Miró el nombre en la pantalla. La habitación estaba a unos pasillos de distancia. Hacía poco había entrado allí esperando encontrar a su marido y había tenido que sonreírle al verlo salir del elevador.

Contestó sin saludar.

—¿Qué pasó?

Valeria empezó a explicarle lo que había encontrado al salir del baño. Tomás. Damián ya no estaba. No había tenido tiempo de hacer nada antes de que Renata llamara a la puerta.

Ella la dejó hablar.

—¿Se lo dijiste?

—No.

—¿Le dijiste que iba a ir?

—No, Renata.

Había algo más firme en la segunda respuesta. Renata miró a Lucía, que se había enderezado al oírla.

Podía enojarse con Valeria. Le resultaba más fácil hacerlo con ella que con la voz amable que había usado Damián en el pasillo. Pero, si la otra mujer lo había avisado, el acuerdo entre las dos no servía de nada.

Necesitaba preguntarlo aunque la respuesta no bastara para tranquilizarla.

Valeria volvió a decir que estaba en la ducha. Al salir, todo había cambiado. No habían preparado aquella habitación para que Tomás abriera la puerta.

Renata se pasó una mano por la frente.

—Alguien le avisó —dijo.

Eso sí podían saberlo. Lo ocurrido no se parecía a una casualidad. Habían llegado por él y lo encontraron abajo con un supuesto cliente. Un empleado ocupaba su lugar. Su marido había tenido tiempo de irse y volver con otra historia.

No podía dejar que todo el trabajo terminara allí.

Le preguntó a Valeria por otros encuentros, por la posibilidad de conseguir lo que no habían logrado en el hotel. La conversación avanzó con dificultad. Había horarios que él cambiaba, precauciones, una manera de no ponerse al alcance de nadie sin saber antes quién podía verlo.

Renata escuchó unas cuantas respuestas y sintió ganas de tirar el teléfono.

Damián podía cambiar de planes. Ella tenía que cambiar de vida entera para seguirle el paso.

Volvió a pensar en la fotografía.

Todo había empezado con una mano alrededor de Camila, una tarjeta escondida entre rosas. La había mirado tantas veces que ya recordaba los bordes y las personas que aparecían detrás.

Ahora sabía que su marido se acostaba con Valeria.

Todavía no sabía quién había querido que ella empezara a buscarlo.

—La foto —dijo.

Valeria guardó silencio.

—La que venía con las flores. ¿La mandaste tú?

—No.

Renata se quedó quieta.

Era una respuesta demasiado corta para lo que le acababa de hacer sentir.

—¿No?

—Yo no mandé ninguna foto.

Renata buscó la imagen en su teléfono y se la envió. Valeria tardó lo necesario en verla. Ese silencio, que no habría significado nada en otra conversación, le resultó insoportable.

—Esa —insistió—. Estaba dentro de la tarjeta del ramo que me regaló por nuestro aniversario.

—No fui yo.

No sonó a una persona intentando recordar. Ni a alguien que buscara una diferencia entre mandar una fotografía y pedirle a otra persona que lo hiciera.

Renata apretó la mandíbula.

—Alguien la puso ahí.

Valeria no lo discutió. Tampoco le ofreció el nombre de nadie.

Renata se levantó. Necesitaba dejar de estar sentada mientras la conversación le abría otro espacio que no sabía cómo llenar.

Había mirado a Camila. Había buscado a Natalia. Al descubrir el perfume en Valeria, creyó que por fin tenía delante a la mujer que explicaba todo lo demás.

La fotografía seguía fuera.

—¿Qué te dijo Damián de ella? —preguntó Valeria.

Renata recordó su cara al verla entre las rosas.

—Que iba a averiguar quién había hecho la broma.

La palabra le dio asco.

Una broma. Una forma de nombrarlo que había permitido que él no tuviera que explicarle por qué tenía el brazo alrededor de otra mujer. Ella aceptó esperar porque todavía pensaba que los dos estaban mirando el mismo problema.

Si Valeria no había mandado la foto, alguien más sabía lo que él hacía.

Alguien se había tomado el trabajo de hacerla llegar dentro de un regalo.

Renata miró otra vez la imagen en su pantalla. No encontró un detalle nuevo. Lo nuevo estaba en la respuesta que acababa de oír.

—¿Sabes si está con otra? —preguntó.

Valeria no contestó con la seguridad de antes.

No lo sabía.

Eso le dolió de una manera distinta. Podían haber aceptado encontrarse en hoteles, no dejar ropa, no exigir una noche entera. Damián seguía teniendo partes de su vida fuera de la vista de las dos.

Renata se apartó un poco de Lucía, aunque su amiga ya había entendido que algo iba mal.

—Avísame si averiguas quién mandó el ramo —dijo.

Terminaron la llamada sin encontrar otro plan para la próxima puerta.

Renata se quedó mirando el celular.

Lucía se acercó.

—¿Qué dijo?

—Que no mandó la foto.

Su amiga tardó un momento en responder.

No hizo falta que Renata explicara el resto. La idea ya estaba entre ellas, ocupando más espacio que el fracaso del hotel.

Había alguien más.

—Ese hijo de puta —dijo Renata.

Lo dijo sin levantar la voz. Tenía demasiada gente cerca para gritar como quería. Miró a su alrededor y vio personas que conversaban, se acomodaban en sus asientos o pasaban hacia las instalaciones.

Ella seguía siendo una mujer que había ido al spa con una amiga.

El cuerpo le recordó otra cosa.

Había dormido con Damián. Lo había besado. Había aceptado sus manos sobre ella sin preguntarse a quién había tocado antes. No eran solamente lugares a los que él había ido mientras decía que trabajaba. Había llevado aquella parte de su vida hasta la cama que compartían.

Una mujer. Otra. ¿Cuántas?

La pregunta dejó de ser solo una humillación.

Sintió una presión en el estómago y se llevó la mano al vientre. No sabía si había pasado algo en su cuerpo. Hasta ese momento ni siquiera se lo había preguntado de esa manera.

Lucía miró el movimiento.

—¿Te sientes mal?

Renata levantó los ojos hacia ella.

—Quiero hacerme análisis.

La voz le salió más clara que antes. Había algo que podía hacer sin esperar a que su marido eligiera una explicación.

Recogió sus cosas.

Esta vez no iba a pedirle a Damián que la acompañara.

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