NovelToon NovelToon
La exesposa de pueblo que todos subestimaron

La exesposa de pueblo que todos subestimaron

Status: En proceso
Genre:Romance / Venganza / Mujer poderosa / Equilibrio De Poder / Juego de roles / Amante arrepentido
Popularitas:151
Nilai: 5
nombre de autor: Monica Swenson

Durante tres años, Sofía Serrano intentó ser la esposa perfecta. Para Diego Ferrer, sin embargo, seguía siendo una muchacha de pueblo, sin un apellido importante ni nada que ofrecer.
Cuando regresa la mujer que él nunca pudo olvidar, Diego le exige el divorcio. Sofía firma y se marcha. Creía que aquel hombre le había salvado la vida, pero ya no piensa entregarle también su futuro.
Lo que Diego desconoce es que su esposa ocultaba mucho más que sus heridas: es una médica legendaria, una piloto extraordinaria y una experta capaz de descubrir los secretos mejor guardados.
Ahora, quienes se burlaban de ella empiezan a buscarla. Y Alejandro Montenegro, el magnate al que nadie se atreve a desafiar, parece decidido a ganarse un lugar a su lado.
Pero Alejandro sabe demasiado. Una mirada, una cicatriz y los recuerdos de un accidente hacen que Sofía cuestione todo lo que creía cierto.
¿Quién la salvó realmente? ¿Y por qué el hombre más poderoso de la ciudad parece conocerla desde mucho antes?
Cuando Diego comprende a quién dejó escapar, Sofía ya ha aprendido a elegir por sí misma.

NovelToon tiene autorización de Monica Swenson para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 12

Capítulo 12. ¿Y si le enseño algunos trucos?

—Muchas gracias. De verdad, no tenía que tomarse tantas molestias.

Sofía lo miró con más calidez. Ya le encantaba el autógrafo; saber que Alejandro había buscado precisamente aquel le importaba todavía más.

—No fue ninguna molestia.

Alejandro se sentó junto a la cama.

—Ahora lo importante es que te recuperes. Lo demás puede esperar.

Sofía apoyó el marco con cuidado sobre sus piernas. Todavía sonreía al mirar la fotografía. Por un momento, hasta el olor a desinfectante le molestó menos.

Intentó sonar casual.

—Yo empecé a seguir carreras en el taller de mi pueblo. Algunas, como esta, me las sabía de memoria. ¿Y usted? ¿Qué hace cuando no está trabajando?

Él se acomodó en la silla.

—Leer, escuchar música. A veces sigo algún deporte con un poco más de emoción.

Sofía levantó la vista.

—¿Como las carreras de autos?

Alejandro tomó el vaso de agua que acababa de dejar la enfermera y bebió un sorbo. El gesto le permitió evitar por un momento la mirada inquisitiva de ella.

—Me gustan. Pero no tengo gran técnica.

Después añadió, con admiración:

—Fénix Rojo sí sabe conducir. Su talento hace honor al nombre.

Fénix Rojo era el alias que Sofía usaba en las carreras.

¿Alejandro lo conocía? ¿Y hablaba así de ella?

El corazón le dio un vuelco, pero procuró mantener la calma.

Tal vez no significaba nada. Fénix Rojo tenía cierta fama en el circuito clandestino. No era raro que Alejandro hubiera oído hablar de aquella piloto.

Ella siempre competía con el rostro cubierto y un dispositivo para modificar la voz. Él no tendría por qué saber quién era.

Su mirada cayó sobre la mano que sostenía el vaso.

Alejandro tenía una cicatriz antigua junto a los nudillos de la mano derecha. Era tenue, casi invisible. Pero su forma y su ubicación le recordaron algo.

En los fragmentos del sueño había una mano que tiraba de ella, cubierta de sangre.

¿Era la misma?

¿Podía ser él el hombre que la había salvado y después había desaparecido?

La sospecha volvía con más fuerza que nunca.

Sofía miró otra vez la cicatriz. Era tan discreta que habría podido pasarle inadvertida en cualquier otro momento. Pero ahora tenía delante la mano del sueño: la misma zona, el mismo gesto firme de quien no pensaba soltarla.

Quería una respuesta. No otra coincidencia que pudiera explicarse y dejarla de nuevo con la duda.

Sofía dejó la fotografía sobre la mesa, lejos del vaso de agua, y sonrió.

—Si le gustan las carreras, puedo enseñarle algunos trucos cuando me recupere. No soy Fénix Rojo, pero creo que puedo ayudar a un aficionado. Prometo no reírme demasiado si se equivoca.

Alejandro vio cómo le brillaban los ojos. Por un instante, la enfermedad parecía haberse borrado de su rostro.

—Acepto. Espero aprender mucho de ti, señorita Serrano.

—Entonces, queda acordado. Aunque, si ya estamos aquí…

Empezó a incorporarse, entusiasmada.

Él le puso una mano suave sobre el hombro.

—No hay prisa. Primero recupérate.

Sofía volvió a acomodarse, algo contrariada. Sabía que él se preocupaba por ella, pero necesitaba confirmar su identidad.

La calidez de su mano había atravesado la tela delgada de la ropa del hospital. Aquel contacto la tranquilizó y, a la vez, le recordó cuánto deseaba resolver lo que la inquietaba.

No podía levantarse sin más y pedirle que condujera. Tampoco conseguía quitarse de la cabeza la idea de verlo al volante, fuera de las explicaciones prudentes que él le daba.

Pensó un momento y dejó escapar un suspiro.

—No me gusta el olor de los hospitales. Me siento encerrada y me duele más la cabeza. Mi mamá siempre dice que uno se recupera mejor cuando está tranquilo.

Alejandro dejó el vaso.

—¿No estás cómoda aquí?

Reflexionó unos segundos antes de continuar.

—Tengo una casa en las afueras. Es tranquila, con aire limpio, cerca del lago y de las colinas. Podrías quedarte allí mientras te recuperas. Hay gente de confianza que puede cuidarte.

1
NovelToon
Step Into A Different WORLD!
Download MangaToon APP on App Store and Google Play