Una corona es hurtada por el Capitán Adam, un Fey Pirata. Con la ayuda de Jena, una joven arcángel, encarnación de la oscuridad.
Ese mismo robo regresa años más tarde con las consecuencias, para empujar a Eva, una Reina Elfo, a buscar una de las coronas del fin del mundo con ayuda de Jena, Len, uno de los cinco héroes elementales; Vin Ryder, una diosa de la Guerra; y Adam, el caótico Capitán de Pandora.
¿Eva podrá conseguir la corona? ¿La tripulación del barco Pandora podrá sobrevivir al viaje al fin del mundo?
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Capitulo #21: Asalto a Barbanegra
Cuando la hechicera terminó por aceptar darle la brújula al Capitán, ella solo se giró para llevarnos a una de las tantas habitaciones de su palacio, ubicado, como sabrán algunos, en el corazón de su padre: Helios.
—No sé si las Moiras les advirtieron de esto, pero van a tener que cruzar una corriente que está entre Caribdis y Scylla —nos dijo la bruja caminando hacia uno de los tantos muebles con pociones que había en la habitación—.
—Ahm… no —respondió Adam—. Ellas no nos dijeron nada sobre esos dos. Tal vez porque me odian.
—No las culpo —comenzó Circe agarrando un par de pociones con ambas manos—. Vendiste sus ojos —continuó lanzándolas al caldero que tenía en el centro de la habitación—. Ahora todos, rápido, vengan.
Cuando nos acercamos al caldero pudimos ver el resultado de las pociones que lanzó la bruja, era una espuma que llenaba todo el interior para mostrar la imagen de las aguas que teníamos que navegar para llegar al fin del mundo.
En esas aguas había una criatura de seis cabezas que se escondía dentro de su cueva, extendiendo tan solo sus largos e intimidantes cuellos en busca de cazar a los marineros.
Del otro lado, se descendía a un abismo marítimo que devoraba y devolvía todo lo que se acercaba con tal fuerza que era capaz de destruir barcos enteros.
Entre ambas había un estrecho, una corriente que se movía con tanta lentitud que navegar por ahí era un suicidio voluntario.
—Ahora entiendo por qué las Moiras no me dijeron, sí que son rencorosas.
—¿Qué? ¿Cómo mierda vamos a sobrevivir a esas cosas? —susurré—.
—¿Hay alguna forma de dormir a Scylla?
—¿O de desviar a Caribdis?
—No. No existe. La única manera de que vivan es cruzarlo con la fuerza y el empujón de un ciclón —respondió la bruja—. Algunos Capitanes como Henry Morgan, Annie Bonny, el temible Jones y otros legendarios usan más que su ingenio para cruzarlo. Dudo que su Capitán sea de la talla de la hermandad Pirata, es por eso que van a necesitar de un Ciclón.
—La Bolsa de Eolo, ¿no es verdad? —dijo el capitán con la mirada perdida en el pequeño estrecho.
—Así es. Necesitan la bolsa del dios para cruzar, lo malo es que solo existe una persona en el mundo con su bolsa. Si quieren vivir, tendrán que subir al barco de ese hombre y robarle la bolsa.
—¿Huh? ¿Y quién la tiene?
—Mi padre —nos confesó el capitán, encogiéndose de hombros—: el Capitán Barbanegra.
—Y supongo que te odia —suspiré deduciendo la relación que tendría ese tonto con su legendario padre—.
—En efecto, me odia —lo confirmó, sin titubear ni un momento—. Pero descuiden, hay una manera de robarle la bolsa —el capitán se acercó a Levy, quien estaba sentada en mi hombro—. Tenemos a una de estas con nosotros. Nos ayudarás, ¿cierto?
—Púdrete —le escupió mi mejor amiga al capitán—. Por tu culpa Eva tiene que cruzar el mundo entero estando embarazada.
—Tomaré eso como un sí. Circe, ¿crees que podrías…?
—Creo que tengo algo. Eso les ayudará a localizar el Edén —la hechicera se acercó a un mueble para sacar un mapa hecho con el corazón de Helios—. El Sol es el que ve todo y todos nosotros somos localizables con su corazón —dijo dándole el mapa de Helios al Capitán—. Cuando dejes de usarlo, dile a Hermes que me lo devuelva.
—Gracias, le diré al Rey demonio que le debes un favor por salvarle la vida a su esposa y a su hija —el zarrapastroso de Adam se giró para vernos—. Ahora ustedes vámonos, antes de que una bruja los convierta en cerdos, de nuevo.
—¿Seguro que no quieres quedarte? La oferta sigue en pie. Quédate, y no te pondrás en peligro, ni tú ni tu primer oficial.
—Lo siento, pero no —le dijo sin voltear a verla—. ¡Vámonos! —nos volvió a ordenar alzando el brazo—.
Al obtener lo que queríamos, volvimos al barco para dejar atrás la isla palpitante de Circe y la cueva falsa formada por el cadáver del antiguo Dios del Sol. Con el mapa de Helios, logramos llegar al barco más legendario de los mares de infiernos.
—¿Una isla de Ninfas? ¿Por qué tu papá se detendría en esa isla? —le pregunté al Capitán, viendo a lo lejos el barco de Edén en la orilla de una isla cubierta por el verde de un hermoso bosque—.
—Bueno, digamos que nuestros padres se parecen en muchas cosas —me dijo el capitán mirando con más detalle el barco, con ayuda de unos binoculares—.
—Sí, entiendo. Es un promiscuo.
—Y ahí es donde entra tu amiga, ella es muy pequeña y puede pasar desapercibida por el sitio. A menos que quieras mandar al dragón, pero te advierto que papá adora el dragón asado —mi pequeña dragona le escupió con su aliento de hielo desde el interior de mi mochila—. Sí, lagartija, ya te escuché.
—Ya, ya. No lo dijo en serio y yo jamás dejaría que te enviara a ti solita —dije tranquilizando a mi dragona con caricias en la cabeza y con algo de carne que había cazado en la isla de los basiliscos—.
—Es mejor que vaya el hada. Es una orden de su capitán.
—¿Ah? Yo no soy una tripulante; soy el arma elemental del viento, acompañante de la portadora del viento. Soy Náttúruöfl y no soy de tu propiedad.
—Lo siento, pero no hay nadie tan pequeño como para ir a robar la bolsa.
—Yo-Yo iré contigo, Levy —le dijo un hada de agua asomándose desde el cabello de Len con timidez—.
—¿Huh? ¿Gorgon? —murmuró al ver a la acompañante de Len—. ¿Desde cuándo estás aquí?
—Des-Desde el comienzo, so… solo que me da miedo navegar en barco.
—¿Qué? ¿No se supone que eres la Náttúruöfl del héroe del agua? —jadeó confundida por la ironía de la fobia de Gorgon—.
—¿Qué esperan? Enanas. Vayan, antes de que regrese mi padre.
—Ugh, bien —gruñó Levy—. Iré por esa estúpida bolsa.
—B-Bien —tartamudeó Gorgon—.
—Solo tengan cuidado, ¿Okey? —les dijo Len dándole unas palmadas en la cabeza a la Náttúruöfl que estaba escondida entre su cabello rubio—.
—Sí, si se ven en peligro no duden en escapar y dejar la bolsa —les dije a ambas con un suspiro.