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La Villana Que Dejó De Perseguir Al Príncipe

La Villana Que Dejó De Perseguir Al Príncipe

Status: En proceso
Genre:Mundo mágico / Villana / Mujer poderosa
Popularitas:1.7k
Nilai: 5
nombre de autor: nezhaN

Alina Drayce nació para ser la villana. Sufrió tanto que creyó que si era mala, al menos el Príncipe Kian la miraría. Pero cada vez que se le acercaba, él la trataba mal.

Todo cambia cuando llega Leo, un chico humilde y becado. El príncipe, que nunca la quiso, sí se interesa en él. Ahí Alina entiende que gastó años persiguiendo a quien no la valora y decide dejar de hacerlo.

Empieza a darse tiempo para ella. Es inteligente, hermosa, hábil y perfecta cuando se quiere. Deja de ser mala y se vuelve feliz, y todos notan que ahora brilla más.

Es entonces cuando descubre su don: puede hablar con los animales y entenderlos. Antes ni un pájaro se le acercaba por ser la villana, ahora todos la buscan. Empieza a ayudarlos y abre su propia clínica veterinaria "El Susurro Salvaje".

Allí la encuentra el Rey Silas, un joven rey que siempre la vio, incluso cuando ella no se veía a sí misma.

Una historia de amor propio, magia y segundas oportunidades.

NovelToon tiene autorización de nezhaN para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 12 - La carta que faltaba

Pasaron seis días sin noticias. Cada mañana me levantaba y miraba la puerta de mi casa por si el cartero dejaba algo. No dejaba nada. Mi madre me decía que tuviera paciencia y que en la capital todo tarda más. Yo iba igual al local temprano y atendía a los animales que llegaban. Ya no me daba miedo no saber algo. Si no sabía, buscaba en el libro verde o le preguntaba a Silas cuando pasaba.

El jueves vino la directora de la academia con cinco chicos de primer año. Todos tenían cuadernos nuevos y miraban todo con ojos grandes. La directora me había pedido permiso para que los chicos vieran cómo se cura a un animal sin hacerle daño. Les mostré cómo se limpia una pata con agua tibia y cómo se pone una venda sin apretar. Les mostré a Tizón, que ya estaba grande y que se dejaba agarrar por todos, y les conté lo del halcón que se fue volando. Uno de los chicos me preguntó si me daba asco tocar sangre. Le dije que al principio sí, pero que después piensas más en el animal que en la sangre.

La directora me dijo que quería hacer un taller los sábados en la academia y que si yo podía ir a enseñar lo básico. Le dije que sí, pero que solo podía los sábados en la mañana porque en la tarde tenía que abrir el local. Me dijo que estaba bien y que me iba a pagar con libros de la biblioteca que ya no usaban. Me pareció un buen trato.

El viernes a las cuatro, cuando estaba cerrando el local con Leo, llegó el cartero en bicicleta. Traía un sobre grande, blanco, con el mismo sello dorado de la escuela de la capital. Me quedé quieta con la escoba en la mano. Leo me dijo, ábrelo. Lo abrí sentada en el suelo porque me temblaban las piernas.

Adentro había una carta que decía que me habían dado la beca media. Decía que podía estudiar tres días por semana en la capital y que los otros dos días podía seguir en mi pueblo si mantenía buenas notas. Decía que me daban los libros prestados y que no tenía que pagar el pasaje del bus si mostraba la carta. Abajo había una firma y un sello. No decía nada de ser la mejor ni la peor. Decía que me eligieron porque tenía experiencia real y porque había mostrado que podía cuidar un refugio sola.

Leí la carta dos veces en voz alta para que Leo la escuchara. Leo se rió y me dijo, te vas a la capital tres días y vuelves. Me dijo que así no me iba del todo. Le dije que sí, que era lo que quería. Me abrazó y me levantó del suelo con escoba y todo. Tizón se asustó y se subió a la mesa.

Corrí a mi casa con la carta. Mi madre estaba cocinando y cuando se la di, se puso a llorar. Me dijo que mi abuelo estaría contento si me viera. Me dijo que ella iba a cuidar el local los días que yo no estuviera y que Marta y Lía también dijeron que ayudaban. Me dijo que no me preocupara por la plata del pasaje porque con lo que vendía de sus tejidos alcanzaba para mi comida allá.

Esa noche vino Silas al local. Le conté lo de la beca media. Me dijo que era la mejor beca que daban, porque no te sacan del todo de tu pueblo y te dejan seguir con tu trabajo. Me dijo que su padre también la tuvo y que por eso pudo volver y abrir su refugio acá. Me trajo una caja de metal con instrumentos que eran de su padre, pinzas chicas, tijeras sin punta y un termómetro viejo pero que funcionaba. Me dijo que me los prestaba hasta que yo tuviera los míos.

Le pregunté si él había querido irse del pueblo alguna vez. Me dijo que sí, cuando era joven, pero que después entendió que su lugar estaba acá, con los caballos y con la gente que conocía. Me dijo que cada uno tiene un lugar donde sirve más y que el mío era acá y también en la escuela, mitad y mitad.

El sábado fui a la academia a dar el primer taller. Vinieron ocho chicos. Les enseñé a hacer una cama con una caja de cartón y una manta vieja para gatos callejeros. Les enseñé a darles agua sin asustarlos. Uno de los chicos me dijo que en su casa había un perro que no dejaba que lo tocaran y que le daba miedo. Le dije que fuera con comida y que se sentara lejos y que esperara. En mi cabeza escuché la voz de ese perro sin conocerlo, miedo, no me peguen. Se lo dije al chico y se quedó callado.

Cuando terminé el taller, Kian me esperaba afuera con su medalla en la mano. Me dijo que se iba otra vez a la capital porque lo llamaron para entrenar con el equipo del reino. Me dijo que iba a estar un mes allá. Me preguntó si quería que le llevara algo de la capital. Le dije que no, que solo quería que volviera bien. Me dio la mano y se fue. Ya no me dolía verlo irse. Me daba igual que se fuera lejos.

El domingo fue mi último día completo en el pueblo antes de empezar la escuela. Abrí el local todo el día y vinieron muchas personas a despedirse. La señora de la gata me trajo un pastel, el niño Milo me trajo un dibujo de Viento volando y Marta me trajo una bufanda nueva que tejió ella. Don Ernesto pasó y me dijo que el permiso de refugio ya era permanente y que no tenía que renovarlo cada tres meses. Me dio el papel nuevo y me dijo que lo colgara donde se viera.

A las seis, cuando ya no quedaba nadie, me senté en el suelo con Tizón en las piernas. El local estaba limpio, caliente y con olor a leña. Afuera nevaba otra vez, pero poquito. Miré el cartel de El Susurro Salvaje que había hecho el primo de Leo y la luz chiquita que seguía prendida.

Escribí en mi cuaderno, día cuarenta y cuatro, me dieron la beca media, voy a estudiar tres días en la capital y vuelvo dos, el permiso ya es para siempre, Kian se fue a entrenar, mi madre va a cuidar el local. Abajo escribí, antes perseguía a un príncipe para sentir que valía algo. Ahora tengo un refugio, un gato que duerme en mi hombro y una carta que dice que puedo estudiar lo que me gusta.

Cerré el cuaderno y lo guardé en mi mochila para llevarlo a la capital. Apagué la luz del local y salí con Tizón en mi bufanda. La nieve caía suave y no hacía tanto frío como la primera vez. Caminé a casa pensando que mañana iba a tomar el bus de las cinco y media otra vez, pero esta vez no con miedo, sino con ganas de volver rápido.

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bruja de la imaginación 👿😇
me gustó mucho está historia 🥰
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