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Vidas Cruzadas

Vidas Cruzadas

Status: En proceso
Genre:Amor prohibido / CEO / Romance
Popularitas:4.2k
Nilai: 5
nombre de autor: Crisbella

Un solo segundo bastó para cambiarlo todo. Un segundo y una mirada que nunca debió ocurrir. Cuando nos conocimos, ambos teníamos la vida resuelta: metas trazadas, rutinas intactas y alianzas selladas con un anillo. Ninguno buscaba nada. Sin embargo, la atracción fue inmediata, inevitable y devastadora. Estábamos casados con otras personas, pero el destino insistía en cruzarnos una y otra vez. ¿Hasta dónde estás dispuesto a llegar por la persona correcta en el momento equivocado? Una historia de deseo prohibido, lealtades puestas a prueba y dos vidas unidas por un hilo invisible.

NovelToon tiene autorización de Crisbella para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

La ilusión del poder

La sala de juntas de la prestigiosa firma de abogados que representaba a Mateo lucía impecable, dominada por una enorme mesa de cristal, sillas de cuero negro y una vista imponente hacia el corazón del distrito financiero. El ambiente era tan gélido y tenso que el aire parecía casi irreal.

A un lado de la mesa, Mateo Maldonado permanecía sentado con una postura erguida, la mirada serena y una compostura inquebrantable, flanqueado por su abogado principal, el doctor Arismendi, un jurista experimentado de vasta trayectoria en el derecho corporativo y familiar.

Frente a ellos, Elena irrumpió con un retraso deliberado de quince minutos, vistiendo un traje sastre en tono rojo borgoña, tacones altos y una expresión de arrogancia absoluta. La acompañaba su propio representante legal, quien mantenía un maletín de cuero sobre la mesa con evidente incomodidad ante el peso de la situación.

Sin saludar, Elena se sentó con elegancia, cruzó las piernas y lanzó una mirada cargada de desprecio hacia Mateo.

—Supongo que creen que hacerme venir a este despacho cambia en algo las cosas —comenzó Elena, rompiendo el silencio con una voz dulce pero impregnada de veneno—. Es una pérdida de tiempo ridícula, Mateo.

El doctor Arismendi deslizó suavemente sobre el cristal dos carpetas idénticas con los documentos definitivos del acuerdo de divorcio por mutuo acuerdo, que incluían una liquidación patrimonial sumamente generosa para Elena, manteniendo intactos sus bienes personales y otorgándole una compensación económica más que justa.

—Señora Linares, buenos días —intervino el abogado con voz pausada y profesional—. Hemos preparado una propuesta de disolución del vínculo matrimonial por mutuo consentimiento. Los términos garantizan la protección de su patrimonio personal y aseguran una transición discreta que beneficia la imagen pública de ambos. Solo necesitamos su firma para iniciar los trámites finales.

Elena ni siquiera se molestó en abrir la carpeta. Le echó un vistazo de reojo al documento y soltó una risa baja, corta y desprovista de cualquier calidez.

—Guarde sus papeles, doctor —respondió Elena, apoyando las manos manicuradas sobre la mesa y mirando fijamente a Mateo—. No voy a firmar absolutamente nada.

Mateo no se inmutó. Recostó la espalda contra el sillón, entrelazó los dedos y le sostuvo la mirada con una calma que pareció desconcertar por un segundo a Elena.

—Elena, el matrimonio está terminado —dijo Mateo con voz grave, firme y desprovista de drama—. No hay nada que salvar aquí. Ambos sabemos que nuestra relación fue un acuerdo frío desde el primer día y no voy a seguir sosteniendo una farsa. Firmar esta propuesta es la forma más limpia y madura de cerrar esta etapa.

—¡Me da exactamente igual lo que tú consideres terminado, Mateo! —exclamó ella, perdiendo por un instante el tono moderado y dejando al descubierto la rabia que la consumía—. No voy a entregarte el divorcio en una bandeja de plata para que salgas corriendo a los brazos de esa advenediza ni para que manchemos el apellido Maldonado ante la alta sociedad. Si crees que voy a permitir que me descartes como a un adorno viejo después de siete años manteniendo tu fachada perfecta, estás muy equivocado. Sin mi firma, no hay divorcio. Y voy a hacer que este proceso dure años en los tribunales hasta que te canses.

El abogado de Elena carraspeó, incómodo por la vehemencia de su clienta, e intentó intervenir:

—Señora Linares, tal vez deberíamos revisar las cláusulas financieras antes de tomar una postura tan drástica...

—¡Cállese! —lo cortó Elena de golpe con una mirada fulminante, antes de volver a dirigirse a Mateo—. Escúchame bien: no te daré la libertad. Te vas a quedar atado a este matrimonio hasta que entiendas cuál es tu lugar.

Un silencio pesado cayó sobre la sala de juntas.

Mateo exhaló un suspiro largo, no de cansancio o frustración, sino de profunda lástima por la mujer que tenía enfrente. Luego, se giró levemente hacia el doctor Arismendi y le hizo una leve inclinación de cabeza.

El abogado de Mateo sonrió de manera imperceptible y extrajo un nuevo expediente de su maletín, colocándolo justo encima del acuerdo rechazado.

—Señora Linares —dijo el doctor Arismendi con un tono tan técnico y helado que hizo que el abogado de Elena se erizara—, parece que usted tiene una idea equivocada sobre el funcionamiento de las leyes actuales. En esta jurisdicción, el matrimonio es un acto voluntario. Basta con que uno de los dos cónyuges no desee continuar para que la demanda de divorcio unilateral sea admitida de forma irrevocable. Su firma en este documento era una cortesía, una oportunidad para resolver esto por la vía rápida y discreta.

Elena entornó los ojos, sintiendo un primer atisbo de duda en la boca del estómago.

—¿De qué está hablando? —exigió saber.

—De que si se niega a firmar el mutuo acuerdo, entablaremos la demanda de divorcio contencioso de inmediato —explicó Arismendi con absoluta frialdad—. Y a diferencia de este acuerdo reservado, la demanda contenciosa incluirá un desglose detallado de sus cuentas en el extranjero, la revisión de los fondos del fideicomiso familiar que intentó desviar antes de esta reunión y una auditoría completa sobre las propiedades corporativas a su nombre. Si prefiere el camino de la guerra abierta, le aseguro que todo su entramado financiero quedará expuesto en los tribunales públicos.

Elena se quedó helada. La palidez cubrió sus mejillas en un segundo mientras miraba a su propio abogado en busca de una objeción, pero el jurista solo pudo bajar la vista y asentir en silencio, confirmando la brutal realidad de las palabras de Arismendi.

Mateo se inclinó hacia adelante, apoyando los antebrazos en la mesa y acortando la distancia con Elena.

—Te di la oportunidad de salir de esto con elegancia, Elena —sentenció Mateo con una voz tan gélida y categórica que resonó en cada rincón de la sala—. Creíste que podías usar mi apellido y el control sobre mi vida como chantaje perpetuo. Pero se te olvidó un detalle: yo ya no soy el hombre complaciente que aceptaba tus condiciones para mantener las apariencias. Mi decisión de divorciarme es definitiva e irrevocable. Con tu firma o sin ella, voy a ser libre.

Elena apretó los dientes, sintiendo cómo la ilusión de poder que había sostenido durante años se desmoronaba irremediablemente frente a la determinación de su esposo. Por primera vez, comprendió que no tenía ninguna carta ganadora, y que la guerra que intentaba librar solo terminaría por destruirla a ella misma.

—Nos veremos en el tribunal, Mateo —masculló Elena entre dientes, poniéndose de pie de un salto, tomando su bolso con furia y saliendo de la sala de juntas con taconadas violentas, dejando a su abogado corriendo tras ella.

Mateo se recostó en su sillón, aflojándose ligeramente el nudo de la corbata. El doctor Arismendi guardó los folios en el maletín y miró a su cliente con aprobación.

—La demanda contenciosa estará radicada antes del mediodía, señor Maldonado —confirmó el abogado—. A partir de este momento, el proceso no tiene vuelta atrás.

Mateo sonrió despacio, sintiendo un alivio profundo recorrer sus venas. El trámite legal estaba en marcha y la última trampa de Elena había colapsado. Ahora, la mirada estaba puesta en el único frente que le quedaba por conquistar: la asamblea general de Vanguard Group.

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Rocio Raymundo
hola por qué la esposa de el dudo que quiera dar el divorcio tan fácil veremos cómo va ese trámite
Rocio Raymundo
por lo menos Maldonado ya pidió el divorcio veremos que hace Sofía a hora también tiene que dejar a su esposa infiel y pedir el divorcio también
Rocio Raymundo
exacto tienen que divorciarse ambos de sus respectivas parejas y empiezen algo nuevo
Rocio Raymundo
tiene 30 años todavía no es vieja es joven
Rocio Raymundo: esta muy buena la novela 😊
total 2 replies
Rocio Raymundo
que edad tiene Sofía para sentirse vieja por la secretaria tendrá unos 27 años cuantos años tiene mi queridas escritora Sofía
Rocio Raymundo
que fuerte estar atados a personas que no amamos
Rocio Raymundo
que matrimonio sin nada de amor que horror
Mirtha Van Meegroot
no pueden publicar novelas que no tienen final..... es muy malo!!!!!!..
Yolanda Beatriz Contreras Giménez
QUE PASA ESCRITORA QUE NO ACTUALIZAS ESTA HERMOSA NOVELA SE PIERDE EL ENTUSIASMO Y YO TE LEO MUCHO
Alexandra Ortiz Posada
Amo este hombre, que lindo es con ella🥰
Alexandra Ortiz Posada
Que bien, sin secretos y sin renunciar a ese gran amor 🥰
Alexandra Ortiz Posada
Por favor, que esto no los separe😞
Maria Mongelos
Interesante comienzo 💕gracias
Alexandra Ortiz Posada
Así es que se trata a esos desgraciados, sin darles ninguna importancia
Isela Aguirre
excelente inicio autora 👏saludos
Ysabel Correa: Gracias 🥰
total 1 replies
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