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Los Protegeré

Los Protegeré

Status: En proceso
Genre:Mundo de fantasía / Mundo mágico / Venganza
Popularitas:364
Nilai: 5
nombre de autor: Leandro Martin Diaz

En un pequeño orfanato una niña no sabe que será una de los pocos sobrevivientes y quién era como su madre da la vida par aque ellos puedan escapar.
Decidida y con una promesa echa a la lus de luna, jura proteger a quienes sobrevivieron y a los que la necesiten.

NovelToon tiene autorización de Leandro Martin Diaz para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 22: Después De La Batalla

Después de esa gran pelea, el bosque quedó en silencio.

La noche había cubierto los árboles y apenas algunas zonas permanecían iluminadas por los restos de pequeñas llamas y la luz de la luna que atravesaba las ramas.

El viento movía las hojas lentamente, mientras el bosque comenzaba a recuperar sus sonidos habituales por algunos pájaros, ocultos entre los árboles.

El lugar seguía mostrando las consecuencias del enfrentamiento.

Había ramas partidas, cráteres en la tierra y árboles marcados por los impactos de la magia. El aire todavía conservaba parte del olor a tierra quemada y electricidad.

Orven estaba sentado junto a un árbol.

Tenía una mano apoyada sobre una de sus rodillas y respiraba lentamente. Su ropa estaba dañada en varios puntos y algunas pequeñas heridas habían quedado visibles después del combate.

Frente a él, Elira se había sentado sobre una piedra.

Darian permanecía cerca, revisando su espada, Seris observaba el bosque mientras Eren se encargaba de revisar que ninguno de ellos necesitara atención urgente.

—Deberíamos quedarnos unos minutos.

Dijo Darian.

—Nadie está en condiciones de continuar como si nada hubiera pasado.

—Estoy de acuerdo.

Respondió Elira.

Orven no dijo nada, su mirada permanecía perdida entre los árboles.

Karesh.

El nombre seguía dando vueltas en su cabeza y no era solamente por su fuerza.

Era por la forma en la que había hablado, como si supiera algo que ellos no.

Como si la batalla hubiera sido solamente una prueba.

Orven apretó lentamente la mano.

"Ella nunca debió estar en Valdoria."

Después recordó la siguiente frase.

"Cuida a la niña, Orven."

Y finalmente aquella advertencia.

"Lo que está despertando en ella no se parece a nada que haya visto."

Orven había enfrentado monstruos, Magos, Demonios.

Incluso aventureros que habían terminado convirtiéndose en enemigos.

Pero conocía la diferencia entre alguien poderoso y alguien que sabía demasiado.

Karesh pertenecía a la segunda categoría.

—Sigues pensando en él.

La voz de Elira lo sacó de sus pensamientos.

Orven levantó la mirada.

—¿Se nota tanto?

Elira sonrió ligeramente.

—Llevas varios minutos mirando el mismo árbol.

Orven miró el árbol.

—Es un árbol interesante.

—Claro.

Darian soltó una pequeña risa.

—Muy interesante.

Orven los miró.

—Puedo escucharlos.

—Entonces todavía estás bien.

Dijo Elira.

Orven negó con la cabeza, aunque una pequeña sonrisa apareció en su rostro.

Elira se levantó de la piedra y caminó hasta quedar frente a él.

—¿Cómo estás?

—He estado mejor.

—Eso pensé.

Elira examinó rápidamente las heridas de Orven.

—No parecen graves.

—Las tuyas tampoco.

—Eso no significa que no duelan.

Orven la miró.

—¿Y desde cuándo te quejas?

—No me quejo. Estoy haciendo una observación.

—Entonces estamos teniendo una noche llena de observaciones.

Elira soltó una risa.

Durante unos segundos ninguno habló y la tensión disminuyó un poco.

Pero Orven volvió a mirar hacia el bosque.

—No me gusta.

Elira comprendió a qué se refería.

—Karesh.

Orven asintió.

—No estaba intentando escapar desde el principio.

Darian levantó la cabeza.

—¿Crees que estaba probándonos?

—Sí.

Seris se acercó unos pasos.

—¿Y qué quería comprobar?

Orven tardó un momento en responder.

—Qué tan fuertes somos.

—¿Y lo descubrió?

Preguntó Eren.

—Probablemente.

El silencio regresó, Elira cruzó los brazos.

—Hay otra cosa.

Orven la miró.

—¿Qué?

—Cuando habló de Elia, no parecía estar hablando de una niña que simplemente sobrevivió a Valdoria.

Orven sintió nuevamente aquella presión en el pecho.

—Eso es lo que me preocupa.

Elira se quedó pensativa.

—¿Crees que sabía que ella estaba aquí?

—No lo sé.

—Pero sabía de Valdoria.

—Sí.

—Y conocía a Mara.

Orven bajó la mirada.

—Demasiado.

Elira observó su expresión.

—No tienes que resolverlo esta noche.

Orven levantó la cabeza.

—¿Qué?

—Llevamos horas peleando. Tú estás herido, yo estoy herida y los demás también. Si sigues pensando en todas las preguntas que no puedes responder ahora, mañana no vas a poder pensar con claridad.

Orven soltó aire por la nariz.

—¿Desde cuándo das consejos?

—Desde que tú empezaste a ignorarlos.

Darian sonrió.

—Tiene razón.

Orven lo miró.

—Nadie te preguntó.

—Precisamente por eso puedo decirlo.

Elira negó con la cabeza.

—Descansa unos minutos.

Orven apoyó la espalda contra el árbol.

—Está bien.

Por primera vez desde que Karesh había desaparecido, permitió que su cuerpo se relajara un poco.

El silencio del bosque ya no parecía tan pesado.

A cierta distancia, Seris se acercó a Eren.

—¿Cómo están los demás?

—Bien. Bren e Ilyan se quedaron con el grupo de Elia.

—¿Y Maera?

—Con ellos.

Elira escuchó.

—Entonces tenemos que reunirnos con ellos.

Darian asintió.

—Lena, Barek, Soren y Tavian siguen allí también.

Orven abrió los ojos.

—¿Elia?

—Sigue inconsciente, según el último informe.

Orven volvió a tensarse.

—¿Su mana?

Seris respondió.

—Todavía estaba aumentando cuando nos separamos.

Orven se quedó inmóvil.

—¿Aumentando?

—Sí.

Elira lo observó.

—Pero Ilyan dijo que su estado se había estabilizado.

—Eso espero.

Respondió Orven.

No añadió nada más.

La imagen de Elia apareció en su mente, una niña de cinco años.

Una aventurera que todavía estaba aprendiendo a controlar su magia.

Y sin embargo, durante la batalla había liberado una cantidad de mana que incluso los demás habían podido sentir.

Orven no sabía qué significaba, pero tampoco podía ignorarlo.

Se levantó lentamente.

—Ya descansamos suficiente.

Elira también se puso de pie.

—¿Seguro?

—No.

Elira sonrió.

—Al menos eres sincero.

Orven miró hacia el camino que llevaba hacia el otro grupo.

—Vamos a reunirnos con ellos.

Darian guardó su espada, Seris comprobó que sus herramientas estuvieran en su sitio y Eren ajustó nuevamente su equipo.

Antes de comenzar a caminar, Elira se acercó a Orven.

—Una cosa más.

—¿Qué?

—Cuando lleguemos con Elia, no le digas todavía todo lo que ocurrió.

Orven la miró.

—¿Por qué?

—Porque acaba de sobrevivir a una batalla que casi la supera. Primero necesitamos saber cómo está.

Orven comprendió.

—Tienes razón.

Elira comenzó a caminar.

—Además, seguramente lo primero que preguntará será cuándo puede volver a entrenar.

Orven soltó una risa.

—Probablemente.

—Y si la conozco bien, intentará hacerlo mañana.

—Entonces Bram tendrá trabajo.

Elira sonrió.

Los cinco comenzaron a avanzar entre los árboles.

Detrás de ellos quedaba el lugar donde Karesh había desaparecido.

Pero ninguno sabía cuánto tiempo permanecería aquel enemigo lejos.

Ni qué significaban realmente sus palabras.

Por ahora tenían una prioridad y, era encontrar a Elia y regresar a Ardentia.

Orven caminó en silencio durante unos metros, después miró hacia la oscuridad del bosque.

Valdoria.

Mara.

Elia.

Karesh.

Todas aquellas cosas parecían formar parte de la misma historia.

Por primera vez, Orven tenía la sensación de que la destrucción de aquella ciudad no había sido el final de algo, sino el que había sido el comienzo de algo.

El camino hacia el resto del grupo no era demasiado largo no corto, pero después del enfrentamiento todos avanzaban con más cuidado de lo habitual.

Nadie tenía heridas graves, aunque el cansancio se hacía evidente en la forma en que caminaban y en el silencio que había reemplazado las conversaciones.

Orven iba delante junto a Elira, mientras Darian, Seris y Eren los seguían unos pasos atrás.

La luna iluminaba parcialmente el sendero. A medida que se alejaban del lugar donde Karesh había desaparecido, el bosque recuperaba poco a poco su aspecto habitual.

Los árboles dejaban de estar cubiertos por marcas de magia y los sonidos de los animales volvían a escucharse entre las ramas.

—¿Crees que podremos volver por este camino?

Preguntó Eren.

Darian miró los árboles destruidos.

—Después de lo que ocurrió aquí, dudo que alguien quiera volver a pasar por este lugar durante un tiempo.

Seris observó el terreno.

—Tendremos que marcarlo cuando regresemos. Si los exploradores del gremio vienen después, necesitarán saber dónde ocurrió la batalla.

Orven asintió.

—Lo haremos cuando estemos de vuelta.

Elira lo miró de reojo.

—Ya estás pensando en el informe.

—Alguien tendrá que escribirlo.

—Pensaba que dejarías que Hessa se encargara.

—Hessa se encargará de los documentos. Yo tendré que explicar por qué un bosque entero parece haber sido golpeado por una tormenta.

Elira sonrió.

—Podrías decir que fue una tormenta especialmente enfadada.

Orven la miró durante unos segundos.

—No creo que Hessa acepte eso.

—Entonces tendremos que inventar algo más convincente.

Darian soltó una risa detrás de ellos.

El ambiente se relajó un poco, aunque ninguno había olvidado realmente lo sucedido.

Después de unos minutos, Seris levantó una mano.

—Hay luz delante.

Todos redujeron el paso.

Entre los árboles podía verse el resplandor de una fogata.

Orven reconoció inmediatamente la energía mágica que provenía de allí.

—Son ellos.

Aceleraron.

Primero aparecieron Bren e Ilyan. Ambos estaban cerca de una pequeña zona despejada donde habían preparado un campamento provisional.

Maera estaba sentada junto a una piedra, revisando su arco, mientras Lena permanecía cerca de Elia.

Barek estaba de pie junto a ellos y Soren vigilaba los alrededores.

Tavian seguía sentado cerca de un árbol y cuando vio llegar a Orven, levantó una mano.

—Por fin.

Eren lo miró.

—¿Esperabas que llegáramos antes?

—Después de todo lo que escuchamos, pensé que al menos traerían comida.

Bren negó con la cabeza.

—No has cambiado.

—Es una de las pocas cosas que puedo decir que siguen funcionando perfectamente.

El comentario provocó una pequeña risa entre los presentes.

Orven, sin embargo, buscó inmediatamente a Elia.

La encontró acostada sobre una manta, parecía profundamente dormida.

Lena estaba a su lado, Orven se acercó.

—¿Cómo está?

Ilyan respondió antes de que Lena pudiera hacerlo.

—Su respiración es normal. No tiene heridas graves y su mana dejó de aumentar hace un rato.

Orven se agachó junto a ella.

No la tocó, solo la observó durante unos segundos.

Elia parecía mucho más pequeña ahora que estaba dormida.

Era difícil relacionar aquella imagen con la cantidad de energía que había liberado durante la batalla.

—¿Ha despertado?

Preguntó Elira.

—Todavía no.

Respondió Lena.

—Hace unos minutos se movió un poco, pero volvió a quedarse quieta.

Orven asintió.

—Bien.

Lena lo observó.

—¿Cómo están ustedes?

—Cansados.

Respondió Elira.

—Pero podemos caminar.

Barek miró a Orven y luego a Elira.

—¿Y el enemigo?

La expresión de Orven cambió ligeramente.

—Escapó.

Nadie respondió, todos guardaron silencio, Tavian dejó de sonreír.

—¿Escapó después de enfrentarse a ustedes?

—Sí.

Contestó Elira.

—Entonces era bastante fuerte.

—Mucho.

Barek cruzó los brazos.

—¿Sabemos quién era?

Orven negó con la cabeza.

—Solo conocemos su nombre. Karesh.

Lena miró a Elia.

—¿Tiene algo que ver con los otros?

—Probablemente.

Dijo Orven.

—Pero todavía no sabemos cuánto.

Darian se acercó.

—¿Y Varek y Sareth?

—Se retiraron antes de que apareciera Karesh.

Explicó Seris.

—No sabemos hacia dónde fueron.

Orven no quiso especular.

—Ya nos ocuparemos de ellos después.

Elira se agachó junto a Elia y observó su rostro.

—¿Sigue inconsciente?

—Sí.

Elira extendió una mano y tocó suavemente su frente.

—Está caliente.

Ilyan se acercó.

—Es normal después de todo lo que hizo. Su cuerpo gastó una cantidad enorme de energía.

Orven permaneció en silencio.

Elia había usado agua, fuego, rayos, invocaciones y aquella extraña fuerza que todavía nadie comprendía por completo.

Después había liberado todavía más mana mientras estaba inconsciente.

No era solamente que su poder estuviera creciendo.

Era que todavía no sabía dónde estaba su límite y eso podía ser tan peligroso para ella como para cualquier enemigo o amigo.

—Tenemos que regresar a Ardentia.

Dijo Orven.

Darian asintió.

—Estoy de acuerdo. No sabemos si quedan enemigos en la zona y ninguno de nosotros está en condiciones de buscar una segunda pelea.

—Además.

Añadió Maera.

—Necesitamos informar a la capital de todo lo ocurrido.

Orven miró nuevamente a Elia.

—La llevaremos con nosotros.

Barek señaló la manta.

—Podemos improvisar una camilla.

—Yo puedo cargarla.

Dijo Eren.

Bren negó con la cabeza.

—No. Si te cansas durante el camino, tendremos dos problemas en lugar de uno.

Barek sonrió.

—Entonces la llevo yo.

Lena se paró.

—Te ayudaré.

—No hace falta.

—No estaba preguntando.

Barek la miró durante un segundo y finalmente asintió.

—Está bien.

Entre ambos prepararon una camilla sencilla utilizando dos ramas resistentes y una tela gruesa que tenían entre el equipo.

Ilyan comprobó una última vez el estado de Elia antes de que la trasladaran.

—Con cuidado.

—Lo tendremos.

Respondió Lena.

Cuando levantaron a Elia, ella hizo un pequeño movimiento y murmuró algo que nadie alcanzó a entender.

Lena se inclinó un poco.

—Tranquila.

Elia volvió a quedarse quieta, Orven observó la escena.

Aquella niña había pasado de ser una aprendiz que apenas comenzaba sus primeras misiones a convertirse en el centro de un acontecimiento que ninguno de ellos comprendía.

Y todavía tenía solo cinco años.

—¿Qué ocurre?

Preguntó Elira.

Orven tardó un momento en responder.

—Nada.

Elira lo conocía demasiado bien para creerle.

—No parece que sea nada.

Orven miró a Elia.

—Solo estaba pensando en lo pequeña que es.

Elira siguió su mirada.

—Sí.

—Y en todo por lo que debió pasar.

Elira guardó silencio unos segundos y después respondió con calma.

—No podemos saber de qué será capaz de hacer dentro de unos años o meses. Por ahora solo tenemos que asegurarnos de que llegue a casa.

Orven asintió.

—Tienes razón.

El grupo comenzó a caminar.

Barek y Lena llevaban la camilla en la parte delantera, Soren iba cerca de ellos, atento al bosque, mientras Maera cubría la retaguardia.

Bren e Ilyan permanecían en el centro junto a Elia.

Darian, Seris y Eren avanzaban con Orven y Elira.

Si habían dejado atrás la batalla, pero ninguno sentía que aquello hubiera terminado.

El bosque volvía lentamente a la normalidad y la noche parecía tranquila, aunque todos sabían que esa tranquilidad podía desaparecer en cualquier momento.

Después de un largo silencio, Orven miró a Elira.

—Cuando lleguemos a Ardentia, quiero revisar los registros de Valdoria.

Elira no pareció sorprendida.

—Ya imaginaba que dirías eso.

—Las palabras de Karesh no fueron casuales.

—No.

—Y quiero saber por qué conocía a Mara.

Elira caminó unos pasos más antes de responder.

—Entonces tendremos que encontrar la respuesta.

Orven asintió.

Por ahora, sin embargo, había algo más importante.

Elia seguía dormida y el grupo avanzaba hacia Ardentia, nadie sabía que la niña estaba a punto de despertar con una preocupación que no tenía nada que ver con lo que acaba de pasar.

Seis meses.

Ese era el tiempo que todavía tenía para prepararse.

Elia despertó poco antes del amanecer.

Lo primero que sintió fue el frío de la madrugada. La fogata cercana apenas iluminaba el campamento y entre los árboles, el cielo comenzaba lentamente a perder la oscuridad de la noche.

Durante unos segundos permaneció quieta, intentando recordar cómo había terminado allí.

Lo último que recordaba eran los encapuchados.

Sus voces, las palabras que habían dicho sobre Mara.

Después de eso, todo se volvía confuso.

Elia intentó incorporarse y consiguió sentarse, aunque el movimiento hizo que todo su cuerpo se sintiera pesado.

—Despacio.

Lena estaba sentada a pocos pasos de ella.

—¿Dónde estamos?

—Todavía en el bosque.

Elia miró alrededor. Reconoció a Lena, Barek, Soren y Tavian.

También vio a Maera, Bren e Ilyan, además de los otros aventureros que habían llegado durante el enfrentamiento.

—¿Todos están bien?

Lena sonrió.

—Sí.

Elia miró primero a Tavian.

—¿Tú?

—Sigo vivo.

Respondió él desde su lugar.

—Aunque nadie parece impresionado.

—Eso es porque sigues hablando.

Tavian sonrió.

—Entonces definitivamente estoy bien.

Elia soltó una pequeña risa.

Después miró a Barek y Soren.

Ambos estaban cansados, pero no parecían tener heridas importantes.

—Me alegra.

Ilyan se acercó con una taza.

—Bebe esto.

Elia la recibió.

—¿Qué es?

—Una infusión para recuperar fuerzas.

La niña la olió.

—No huele muy bien.

—Tampoco sabe muy bien.

—Eso no me tranquiliza.

Ilyan sonrió.

—Bebe de todas formas.

Elia tomó un sorbo y arrugó la nariz.

—Tenías razón.

—Lo sé.

Barek soltó una carcajada.

El ambiente se volvió un poco más ligero, pero Elia seguía intentando recordar.

Se llevó una mano a la cabeza.

—¿Qué pasó después?

Lena la observó.

—¿No recuerdas?

—Recuerdo a los encapuchados. Después... no mucho.

Soren se acercó.

—Perdiste el conocimiento.

Elia levantó la mirada.

—¿Después de la pelea?

—Sí.

—¿Y cuánto tiempo estuve así?

—Varias horas.

Elia miró el cielo.

—Entonces estuve inconsciente toda la noche.

—Prácticamente.

Ella bajó la mirada hacia sus manos.

Una sensación extraña permanecía dentro de su cuerpo y no era dolor.

Era más parecido a una presión interna, como si su mana estuviera ocupando más espacio del que acostumbraba.

—Mi mana...

Ilyan se agachó cerca de ella.

—Está estable ahora.

Elia levantó la cabeza.

—¿Ahora?

—Cuando estabas inconciente siguió aumentando por un tiempo.

Elia se quedó sorprendida.

—¿Cómo?

—No lo sabemos.

—¿Yo estaba haciendo algo?

—No conscientemente.

Elia observó sus manos durante varios segundos.

No recordaba haber utilizado magia mientras estaba inconsciente.

Tampoco recordaba haber hecho nada relacionado con las nueve luces que había visto durante sus meditaciones.

Por eso decidió no sacar conclusiones, todavía no.

—¿Y los encapuchados?

La expresión de Lena cambió ligeramente.

—Los derrotaste.

Elia permaneció callada.

—¿Todos?

—Los que estaban frente tuyo, sí.

—¿Y después?

Soren respondió.

—Llegaron refuerzos. Se encargaron de la situación y nos ayudaron a protegerte.

Elia miró hacia los demás.

—¿Alguien resultó herido?

—Nada grave.

Dijo Bren.

—Hemos tenido días peores.

Elia respiró aliviada.

Entonces una preocupación más apareció en su mente.

—¿Orven?

Lena señaló hacia el otro lado del campamento.

—Está allí.

Elia giró la cabeza.

Orven se encontraba conversando con Elira a cierta distancia.

Al verlo, la tensión que había acumulado desapareció un poco.

—Está bien.

—Sí.

Elia volvió a mirar sus manos.

—Me alegra.

Orven se acercó al notar que estaba despierta.

—¿Cómo te sientes?

—Cansada.

—Es normal.

—Pero puedo levantarme.

Orven la miró durante unos segundos.

—No hace falta que lo demuestres.

Elia hizo una pequeña mueca.

—Solo quería saber si podía.

—Ya lo sabrás tarde o temprano.

Ella aceptó la respuesta y volvió a apoyarse contra la manta.

Por unos segundos permaneció en silencio.

Luego recordó algo que parecía mucho más importante que la batalla.

—La evaluación.

Orven levantó ligeramente las cejas.

—¿Qué pasa con ella?

—Todavía tengo seis meses, ¿verdad?

Orven comprendió inmediatamente.

—Sí.

Elia soltó aire.

—Bien.

Elira, que acababa de acercarse, la miró con cierta sorpresa.

—¿En serio estás pensando en la evaluación ahora?

—Sí.

—Acabas de despertar después de pasar toda la noche inconsciente.

—Lo sé.

—Y aun así estás pensando en entrenar.

Elia asintió.

—Tengo que hacerlo.

Orven se sentó frente a ella.

—No tienes que demostrar nada hoy.

—Pero necesito mejorar.

—Eso sí.

Elia esperó.

—Entonces, ¿qué debería mejorar primero?

Orven respondió después de pensarlo.

—Control.

Elia bajó la mirada, ella sabía exactamente por qué.

—Lo que ocurrió antes...

—No fue solamente falta de fuerza.

Dijo Orven.

—Tu poder aumentó demasiado rápido y dejaste que tus emociones tomaran el control.

Elia apretó los dedos, no le gustaba recordarlo.

—No quiero volver a perder el control.

—Entonces trabajaremos en eso.

—¿También magia?

—Por supuesto.

—¿Combate?

—Sí.

—¿Espada?

—También.

Elia comenzó a contar con los dedos.

—Agua, fuego, rayo, invocaciones, espada, combate...

Elira sonrió.

—Parece que vas a necesitar más de seis meses.

Elia la miró seriamente.

—Entonces tendré que aprovecharlos.

Orven soltó una pequeña risa.

—Esa es la actitud. Pero primero tienes que recuperarte.

—¿Cuánto?

—Lo suficiente.

—Eso tampoco es una respuesta.

Orven sonrió.

—Bram te dará una cuando volvamos.

Elia suspiró.

—Entonces ya sé que no me va a gustar.

Barek se rio desde el otro lado del campamento.

—Ahora sí estás pensando con claridad.

Elia le lanzó una mirada.

—No te burles.

—No me estoy burlando.

—Sí lo haces.

—Un poco.

La conversación provocó algunas risas entre los demás.

Elia sonrió también, después volvió a mirar hacia el bosque y la noche estaba terminando.

Dentro de poco comenzarían el viaje de regreso.

Ella todavía no sabía qué había ocurrido después de perder el conocimiento. Tampoco sabía que, mientras ella permanecía inconsciente, Orven y Elira habían enfrentado a alguien mucho más peligroso que los enemigos que ella había combatido.

Por ahora solo sabía una cosa, había perdido el control y no quería que volviera a ocurrir.

Si realmente quería convertirse en aventurera, no bastaba con tener más mana ni aprender hechizos nuevos. Necesitaba dominar lo que ya tenía y todavía tenía seis meses para conseguirlo.

Elia cerró los ojos durante un momento.

—Voy a entrenar más.

Orven la escuchó.

—Sí.

—Pero cuando esté recuperada.

—Exactamente.

Elia abrió los ojos y sonrió.

—Entonces no me escaparé del entrenamiento.

—Nunca pensé que lo harías.

Tavian levantó la mano desde el otro lado.

—Yo sí.

Elia lo miró.

—¿Por qué?

—Porque después de lo de ayer pensé que quizá querrías dedicarte a algo tranquilo.

Elia reflexionó unos segundos.

—No.

—Lo imaginé.

El sol comenzó a aparecer detrás de los árboles.

La noche había terminado.

Y para Elia, sin saberlo, también comenzaba una nueva etapa.

Seis meses, ese era el tiempo que tenía.

Seis meses para aprender a controlar su poder, fortalecer su cuerpo, dominar los elementos, mejorar con la espada y convertirse en la aventurera que quería ser.

Esta vez no quería simplemente hacerse más fuerte, sino que quería estar preparada.

El regreso a Ardentia fue mucho más tranquilo que el viaje de ida.

Elia podía caminar por sí misma, aunque todavía necesitaba detenerse de vez en cuando para descansar.

Nadie estaba dispuesto a permitirle que fingiera encontrarse mejor de lo que realmente estaba, así que el ritmo del grupo fue bastante más lento de lo habitual.

Barek llevaba parte del equipo sobre los hombros y caminaba unos metros por delante junto a Soren.

Lena permanecía cerca de Elia, mientras Tavian aprovechaba cada oportunidad para quejarse de que nadie le había permitido cargar nada.

—Podría llevar una bolsa.

Dijo por tercera vez.

Lena ni siquiera lo miró.

—Ayer casi no podías mantenerte de pie.

—Eso fue ayer.

—Y hoy sigues caminando con cuidado.

Tavian suspiró.

—Nadie confía en mí.

—Confiamos en que te quejarás si te damos algo pesado.

Respondió Soren.

Elia sonrió, había algo agradable en aquella conversación. Después de todo lo ocurrido, escuchar a los demás discutir por cosas tan sencillas le hacía sentir que realmente habían dejado atrás el peligro.

Mientras caminaban, Lena se volvió hacia ella.

—¿Recuerdas por qué vinimos originalmente al bosque?

Elia pensó unos segundos.

—Por las hierbas.

—Exacto.

—Y terminamos luchando contra monstruos.

—Eso parece estar convirtiéndose en una costumbre para ti.

Elia soltó una pequeña risa.

—No fue mi intención.

Barek, que había escuchado desde delante, intervino.

—Con Elia nunca parece ser su intención.

—¿Qué quieres decir?

—Que cada vez que sales a hacer algo sencillo, terminas encontrando algo complicado.

Elia reflexionó unos segundos.

—Quizá tengo mala suerte.

—O demasiada curiosidad.

Añadió Soren.

—Eso también.

El grupo continuó caminando y a medida que se acercaban a Ardentia, el camino se volvió más transitado.

Aparecieron comerciantes, viajeros y pequeños grupos de campesinos que se dirigían hacia la ciudad. Cuando finalmente atravesaron las puertas, varios aventureros que se encontraban cerca reconocieron a Orven y se acercaron para conocer el resultado de la misión.

Hessa fue una de las primeras en llegar, su expresión cambió al observar al grupo.

—¿Qué ocurrió?

Orven respondió con calma.

—Tuvimos problemas durante la misión de rescate. Después te contaré los detalles.

Hessa miró inmediatamente a Elia.

—¿Ella está bien?

—Cansada, pero sí.

Respondió Lena.

Hessa soltó el aire con alivio, poco después apareció Bram.

Había recibido el aviso de que el grupo estaba regresando y no tardó en llegar.

Su mirada recorrió a los aventureros hasta detenerse en Elia.

—Tú.

Elia se detuvo.

—¿Yo?

—Sí. ¿Cuántas veces tengo que decirte que no puedes regresar de una misión en ese estado?

Elia bajó ligeramente la mirada.

—Pero es mí primera vez.

—Con mas razón debo repetirlo.

—Está bien.

Bram observó cómo caminaba.

—¿Puedes hacerlo sin marearte?

—Sí.

—¿Sin que te fallen las piernas?

Elia dudó.

—Más o menos.

Bram suspiró.

—Eso significa que no.

Elia intentó protestar.

—Pero puedo entrenar un poco.

—No.

—Solo...

—No.

—Bram...

—Elia.

La niña cruzó los brazos.

—No estoy tan cansada.

Bram señaló la entrada del gremio.

—Puedes discutir conmigo cuando consigas subir las escaleras sin detenerte.

Elia miró las escaleras y luego a Bram.

—Eso no es justo.

—La vida tampoco.

Tavian soltó una carcajada, Elia se volvió hacia él.

—No te rías.

—Perdón.

No parecía arrepentido, Sira apareció poco después y examinó a Elia con mayor atención. Comprobó su pulso, observó sus ojos y utilizó una pequeña cantidad de magia para revisar su estado.

—Necesitas descansar.

—¿Cuánto?

—Unos días.

Elia abrió los ojos.

—¿Días?

—Sí.

—Pero tengo seis meses.

Sira la miró con tranquilidad.

—Y precisamente por eso no voy a permitir que desperdicies esos seis meses intentando entrenar antes de tiempo y terminando peor.

Elia guardó silencio, sabía que tenía razón.

Orven que había permanecido cerca durante la conversación, intervino.

—Cuando te recuperes, hablaremos con Bram y Sira para reorganizar tu entrenamiento.

Elia levantó la cabeza.

—¿Reorganizarlo?

—Sí. Después de lo ocurrido, no tiene sentido que entrenes exactamente de la misma manera.

La niña pareció interesada.

—¿Qué cambiará?

—Eso lo decidiremos cuando estés recuperada.

—Está bien.

Bram sonrió.

—Milagro.

Elia lo miró.

—No estoy aceptando dejar de entrenar.

—No te preocupes. Nunca pensé eso.

Mientras los demás se ocupaban de guardar el equipo y atender a los heridos, Orven se dirigió hacia su despacho y Elira lo acompañó.

Antes de entrar, Orven miró una vez más hacia Elia.

La niña estaba hablando con Lena y Tavian mientras Sira seguía vigilándola de cerca, parecía tranquila.

Orven cerró la puerta, Elira dejó sus cosas sobre una silla.

—¿Qué vas a hacer?

Orven se acercó al escritorio.

—Primero preparar el informe de la misión.

—¿Para el gremio central?

—Y para la capital.

Tomó una hoja limpia.

—Debemos informar sobre los ataques, los monstruos, los encapuchados y el enfrentamiento final. También sobre los aventureros heridos y los daños provocados en el bosque.

Elira asintió y Orven comenzó a escribir algunos puntos.

Sin embargo, después de unas líneas se detuvo, Elira lo observó.

—¿Qué ocurre?

—Hay una parte que no voy a incluir.

—Karesh.

Orven levantó la mirada.

—Mencionaré que apareció un enemigo llamado Karesh y que logró retirarse antes de que pudiéramos detenerlo. Eso es un hecho y la capital debe conocerlo.

—Entonces, ¿qué vas a omitir?

Orven dejó la pluma sobre el escritorio.

—Lo que dijo sobre Valdoria. Y lo que dijo sobre Elia.

Elira permaneció en silencio.

—¿Por qué?

—Porque todavía no sé qué significa. Si envío esas palabras sin contexto, alguien podría interpretarlas de una manera equivocada y tampoco sé quién tendrá acceso al informe.

Elira entendió.

—Quieres investigar primero.

—Exactamente.

Orven miró hacia la ventana.

—No voy a esconder que Karesh existe. Pero no voy a convertir sus palabras en una verdad antes de saber qué hay detrás de ellas.

Elira asintió.

—Me parece razonable.

Orven volvió a tomar la pluma.

—Además, hay otra cosa que me preocupa más.

—¿Qué?

—Valdoria.

La palabra quedó unos segundos entre ambos, Orven terminó el informe con los datos que podían comprobarse y firmó el documento.

Después lo dejó a un lado.

—Mañana mandaré esta carta a la capital.

Elira miró el documento.

—¿Y después?

Orven abrió uno de los cajones de su escritorio y sacó una carpeta cubierta de polvo.

—Después voy a revisar los archivos.

Elira reconoció el nombre escrito en la cubierta.

—Valdoria.

Orven abrió la carpeta.

Al principio encontró informes sobre comercio, movimientos de población, daños provocados por el ataque y listas de personas evacuadas.

Todo parecía normal, hasta que comparó dos documentos.

—Espera.

Elira se acercó, Orven señaló una lista.

—Mira esta fecha.

—¿Qué tiene?

—Este documento fue escrito tres días después del ataque.

Sacó otro.

—Y este fue escrito cinco días después.

Elira comparó ambos.

—Los nombres no coinciden.

—Exactamente.

Orven revisó varias páginas más, algunos nombres aparecían en un registro y desaparecían en el siguiente.

Otros habían sido tachados y sustituidos incluso había documentos con fechas que no coincidían con las firmas que figuraban al final.

Elira frunció el ceño.

—¿Crees que alguien modificó los registros?

—No lo creo.

Orven pasó el dedo por una de las tachaduras.

—Estoy seguro.

Continuó buscando hasta encontrar un nombre que reconocía.

Mara Sol.

Orven se quedó inmóvil, Elira también lo reconoció.

—Mara...

En uno de los documentos aparecía registrada como responsable de varios menores durante la evacuación.

En otro, su nombre había desaparecido por completo.

Orven pasó lentamente la página.

—¿Por qué borrarían esto?

—No lo sé.

Respondió Elira.

Orven siguió revisando y no pudo encontrar una respuesta.

Solo más contradicciones, más documentos incompletos.

Y con ello preguntas asta que finalmente cerró la carpeta.

Todavía no sabía quién había alterado los registros ni por qué. Tampoco podía afirmar que aquello estuviera relacionado con Karesh.

Pero después de todo lo ocurrido, ya no estaba dispuesto a considerar aquellas irregularidades como simples errores administrativos.

—Voy a descubrir qué pasó realmente en Valdoria.

Dijo y Elira asintió.

—Entonces no estarás solo.

Orven la miró.

—No pensaba hacerlo.

Afuera, Ardentia continuaba con su vida como si nada hubiera sucedido.

Los comerciantes seguían trabajando, los aventureros regresaban de sus misiones y los niños corrían por las calles.

En otra parte de la ciudad, Elia descansaba bajo la vigilancia de Sira, completamente ajena a la conversación que acababa de tener lugar.

Para ella, el problema era mucho más sencillo.

Había perdido el control de su poder, tenía seis meses para prepararse y necesitaba hacerse más fuerte.

Mientras tanto, Orven comenzaba a descubrir que el pasado de Valdoria estaba lleno de documentos alterados y nombres que alguien había intentado borrar.

Dos caminos diferentes acababan de comenzar.

Y aunque ninguno de los dos lo sabía todavía, ambos terminarían conduciendo hacia la misma verdad.

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