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Status: En proceso
Genre:Aventura / Viaje a un mundo de fantasía / Reencarnación
Popularitas:2.1k
Nilai: 5
nombre de autor: FuKagaku

Despertar siendo un bebé en medio de la antigua Asia no entraba en los planes de nadie. Sin superpoderes de inmediato, sin manual de instrucciones y en un mundo donde la magia, y los dioses dictan las reglas del juego, empezar de cero no es solo un desafío: es una cuestión de supervivencia.

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CAPÍTULO 1: El umbral de ceniza — Parte 18

​El Gran Salón del Trono de Veneno era una cámara subterránea excavada en el corazón de la cizaña calcárea. Pilares de piedra caliza, envueltos por serpientes disecadas y marcas de sellos alquímicos, sostenían una bóveda de la que goteaba resina violeta. El aire, denso y cargado del olor a mirra quemada y bilis de serpiente, pesaba en el pecho de todos los presentes.

​En la mesa ovalada del consejo, alineada según la estricta jerarquía de sangre, la cúpula entera del Clan Dok-Gag aguardaba en silencio.

​Al centro presidía el Patriarca supremo, Dok-Gag Chun-Hyun, un anciano de rostro enjuto y ojos amarillentos cuyas pupilas rasgadas delataban décadas de asimilación de Veneno Celestial. A su izquierda, su esposa, la Gran Maestra An-Gyeong So-Hee, la Dama de la Neblina Violeta, ajustaba las agujas de plata en sus mangas largas con una parsimonia helada.

​Flanqueándolos estaban los líderes ejecutivos: Dok-Gag Myeong-Seok, padre de Meili y jefe de la administración del clan, junto a su esposa Yoon Seo-Ah, cuyo rostro tenso contenía a duras penas las lágrimas al ver a su hija tullida; y el comandante militar Dok-Gag Hwan-Jin —padre de Lin— junto a su esposa Baek Ji-Eun. A lo largo de la mesa, seis concejales de las ramas secundarias observaban con sospecha el centro del salón.

​Allí, puestas de rodillas sobre el suelo de piedra helada, Meili y Lin rendían cuentas. Sus túnicas recién cambiadas aún dejaban ver los vendajes apretados en la clavícula y los muslos. En una camilla de madera a un costado, custodiada por dos médicos reales, yacía la diminuta figura de Daniel, aún sumido en el coma neurológico, con la piel pálida como el lienzo y con rastros de sangre seca en el cuello.

​—Hablen —ordenó la voz rasposa del Patriarca Chun-Hyun. El impacto de su bastón de madera contra el suelo hizo eco en las paredes—. Han estado desaparecidas cuatro años. La secta de Hanyang celebró su muerte. Hoy cruzan la frontera cubiertas de sangre, acompañadas por un mocoso moribundo que no pertenece a ningún linaje conocido. Quiero la verdad desde el primer día de su cautiverio hasta este instante.

​Meili alzó la cabeza. Aunque el dolor de la clavícula rota le cruzaba el pecho como un látigo de fuego, su tono no flaqueó.

​—Fui apresada junto a Lin en la emboscada del Paso de las Sombras hace cuatro años —comenzó Meili, fijando la mirada en su padre y en el Patriarca—. Sellamos nuestros propios meridianos con la técnica de la Tortuga Inerte para ocultar nuestro cultivo. Durante cuatro años nos trataron como simples esclavas de limpieza en los barracones de baja categoría de Hanyang. Nadie sospechó de nuestro origen.

​—¿Y el escape? —interrumpió el concejal de la rama militar, un hombre robusto llamado Zhao—. Hanyang tiene tres capas de formación defensiva y más de quinientos guardias en el perímetro. ¿Nos van a decir que dos jóvenes debilitadas abrieron una brecha por sí solas?

​—No fuimos solas —intervino Lin con la voz ronca pero firme desde su posición—. La oportunidad la creó él.

​Lin señaló con la mano temblorosa la camilla donde yacía Daniel. Todos los pares de ojos en la mesa se posaron sobre el niño de seis años.

​—Ese niño... —continuó Meili con serenidad— organizó la logística de la fuga. Nosotras recolectamos hongos de hiel negra y raíz de bilis de zorro en la parte trasera del valle de cultivo, en un sector no patrullado. Molimos los extractos para crear cargas de humo de disolución orgánica. Mientras los guardias hacían la rotación de las cinco de la tarde, contaminamos las raciones y el agua. En menos de una hora, la mitad del contingente del sector estaba incapacitado por náuseas y cólicos severos.

​El Patriarca Chun-Hyun entornó los ojos, sorprendido por la frialdad táctica de la operación química, pero fue el comandante Hwan-Jin quien dio un paso al frente con el rostro ensombrecido.

​—Ese sabotaje explica cómo cruzaron las primeras líneas, pero no responde a la pregunta principal —cuestionó Hwan-Jin, apretando la empuñadura de su espada corta—. La vanguardia reportó una fluctuación de Qi masiva en el límite del bosque hace apenas dos horas. El Escuadrón de Exterminio de Hanyang las tenía acorraladas. Eran cinco ejecutores de élite liderados por un oficial de rango avanzado. ¿Cómo sobrevivieron a eso?

​Un silencio sepulcral cayó sobre la cámara. Meili y Lin intercambiaron una mirada de advertencia.

​—No sobrevivimos por nuestra fuerza —admitió Meili, apretando los dientes—. Nosotras fuimos derribadas. Yo tenía la clavícula fracturada y a Lin le atravesaron los muslos con lanzas de hueso. El oficial de Hanyang ya tenía la espada en el cuello de este niño. Estábamos a punto de ser ejecutadas.

​—¿Y bien? —exigió el concejal Zhao, impaciente—. ¿Quién intervino?

​—Nadie —respondió Meili tajantemente—. La espada del líder tocó la piel del niño. En ese instante... la materia simplemente se canceló. No hubo Qi. No hubo una técnica de artes marciales. La distancia entre el filo y el cuerpo del niño dejó de existir.

​—¿De qué estás hablando, niña? —gruñó Zhao, frunciendo el ceño—. ¿Distancia cero? ¡Eso no tiene sentido!

​—¡Dejen que termine! —rugió la Gran Maestra So-Hee, imponiendo silencio con un gesto imperioso de la mano—. Continúa, Meili.

​—El metal de la espada se disolvió en el aire —describió Meili con una precisión quirúrgica que heló la sangre de los presentes—. Los átomos de la hoja y los del cuerpo del oficial sufrieron una reacción en cadena. Se fusionaron y dividieron en microsegundos descontrolados. Lin y yo apenas logramos saltar hacia atrás para cubrirnos del estallido. Los cinco miembros del escuadrón de exterminio... fueron borrados del plano físico. Sus átomos se convirtieron en combustible para el colapso.

​Antes de que los concejales pudieran estallar en murmullos de incredulidad, las pesadas puertas de bronce del salón se abrieron de par en par.

​Un capitán de la vanguardia fronteriza entró a paso apresurado, con la armadura cubierta de lodo y el rostro completamente descolorido, sin hálito en los pulmones. Se arrodilló de golpe ante el Patriarca.

​—¡Informe de emergencia, Gran Patriarca! —exclamó el oficial con la voz temblorosa—. Acabamos de regresar del sector límite donde ocurrió la fluctuación.

​—Habla, Capitán. ¿Qué encontraron en el terreno? —ordenó Chun-Hyun, inclinándose hacia adelante.

​El oficial tragó saliva con dificultad, mirando de reojo la camilla de Daniel como si temiera que el niño despertara en cualquier momento.

​—Es... es una monstruosidad, mi Señor. Encontramos un cráter perfectamente esférico de diez metros de diámetro. La tierra, las rocas y las raíces no están quemadas... la materia fue reconfigurada a nivel atómico en una capa de cristal negro pulido que no refleja la luz del sol. El aire alrededor del hoyo huele a ozono y metal fundido. Y lo más aterrador...

​El capitán hizo una pausa, respirando con dificultad.

​—No hay un solo rastro biológico. Ni una gota de sangre, ni un pedazo de tela, ni una astilla de hueso de los ejecutores de Hanyang. Cinco guerreros de rango superior fueron borrados de la existencia. Y no hay ningún residuo de Qi en el área. Es un abismo de vacío estéril.

​El salón entero contuvo el aliento. Las palabras del capitán confirmaban al milímetro el desgarrador relato de las herederas.

​El concejal Zhao se puso en pie de golpe, señalando con un dedo acusador hacia la camilla de Daniel.

​—¡Es una amenaza! —gritó Zhao con los ojos desorbitados por el pánico—. ¡Esa cosa no es un niño! Si trajo esa clase de destrucción descontrolada a la frontera, ¿qué pasará si esa anomalía se desata dentro de nuestras cavernas? ¡Nos borrará del mapa a todos sin que la Secta de Hanyang tenga que mover un solo dedo! ¡Exijo su ejecución inmediata antes de que despierte!

​—¡O su confinamiento en las celdas de supresión de titanio! —secundó otro concejal de la rama de medicina—. Lo encadenaremos, le administraremos sedantes continuos y estudiaremos la estructura de su sangre. Podríamos convertir esa fuerza en un catalizador de guerra contra nuestros enemigos.

​—¡Atrévanse a tocarlo y yo misma les cortaré las venas con mi veneno! —rugió Meili, poniéndose de pie pese a sus heridas, colocándose de escudo frente a la camilla de Daniel con una ferocidad asesina.

​—¡Silencio! —la voz del Patriarca Chun-Hyun resonó como un trueno, acallando los gritos en el salón.

​El anciano caminó lentamente hacia la camilla de Daniel. Se detuvo a medio metro, observando la anatomía del pequeño. Extendió una mano arrugada sobre el pecho del niño, canalizando un hilo imperceptible de Qi para sondear sus meridianos.

​Apenas la energía del Patriarca tocó la epidermis de Daniel, el Qi se dispersó y desapareció en la nada, como si hubiera sido arrojado a un pozo sin fondo.

​—Increíble... —murmuró la Gran Maestra So-Hee, acercándose a su esposo con la vista clavada en el rostro pálido del niño—. No tiene núcleo de cultivo. No tiene meridianos marciales. Ni siquiera tiene la firma biológica de un humano de este continente. Su cuerpo es un contenedor frágil que está colapsando porque su propia mente no puede procesar la cantidad de información atómica que libera esa anomalía.

​—Ejecutarlo o intentar esclavizarlo es una estupidez suicida —sentenció Chun-Hyun, retirando la mano con cautela—. Si la anomalía reacciona por instinto de supervivencia ante la amenaza de muerte como ocurrió con el oficial de Hanyang, cualquier intento de cortarle el cuello o encadenarlo provocaría un segundo estallido que destruiría este valle entero.

​El Patriarca miró a Meili y a Lin, cuyos rostros reflejaban una determinación inquebrantable.

​—Por ahora, permanecerá bajo la custodia directa de la primera rama —decretó el Patriarca con autoridad indiscutible—. Los médicos le administrarán el Licor de Jade Frozado para estabilizar su hemorragia interna y reducir la inflamación cerebral. Nadie fuera de este consejo sabrá de la existencia de este niño o de lo que ocurrió en la frontera.

​Chun-Hyun volvió a mirar a Daniel, cuyos ojos almendrados parecieron moverse ligeramente bajo los párpados en medio del abismo de su inconsciencia.

​—Cuando despierte... quiero estar presente —concluyó el Patriarca en un susurro gélido—. Si este niño es el veneno que destruirá a Hanyang o el monstruo que nos devorará a todos, lo sabremos en cuanto abra la boca.

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FuKagaku
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