Jade desafía el poder de Derek y se niega a ceder ante su arrogancia, mientras una atracción peligrosa amenaza sus límites.
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CAPÍTULO 20
Jade llegó frente a la residencia de Derek con el corazón latiéndole un poco más rápido de lo normal.
Se quedó unos segundos dentro del automóvil observando la propiedad.
Jade tomó su bolso y una carpeta, bajó del automóvil.
—Es solo una cena de negocios —murmuró para sí misma.
Caminó hasta la puerta principal y tocó el timbre.
No tuvo que esperar demasiado.
La puerta se abrió y Derek apareció frente a ella.
Durante unos segundos ninguno dijo nada.
Derek simplemente la miró.
Primero a los ojos.
Después dejó que su mirada recorriera lentamente su figura hasta volver nuevamente a su rostro.
Jade percibió perfectamente aquel recorrido y levantó ligeramente una ceja.
—Buenas noches, señor Moncada.
Derek sonrió.
—Buenas noches.
Hizo una pequeña pausa.
—Debo decir que esta noche se ha superado, señorita Castillo.
Jade intentó mantener una expresión indiferente.
—¿Eso es un cumplido?
—Es una observación.
—Qué conveniente.
Derek soltó una pequeña risa.
—Está hermosa.
Aquellas dos palabras consiguieron sorprenderla.
No porque fuera la primera vez que alguien le decía algo parecido, sino porque viniendo de Derek tenían un efecto diferente.
Él lo sabía.
Era precisamente lo que buscaba.
Un pequeño cambio en su expresión.
Una pequeña incomodidad.
Una reacción que le demostrara que sus palabras podían alterarla.
—Gracias —respondió ella finalmente—. Usted tampoco está mal.
Derek sonrió.
—¿Tampoco?
—No se acostumbre.
—Demasiado tarde.
Jade negó con la cabeza y entró.
En cuanto cruzó la puerta, volvió a sorprenderse.
El interior de la casa era todavía más impresionante que el exterior.
Los espacios eran amplios, elegantes y perfectamente organizados. Los muebles combinaban modernidad con tonos cálidos, mientras grandes ventanales permitían observar el jardín iluminado desde diferentes puntos de la residencia.
No había nada exagerado.
Todo parecía escogido con cuidado.
Jade avanzó lentamente, observando cada detalle.
Entonces se dio cuenta de algo.
No había nadie.
Ningún empleado.
Ningún invitado.
Nadie.
Giró la cabeza hacia Derek.
Jade lo miró con cierta desconfianza, al ver que todo parecía solitario.
Derek sonrió.
—¿Te pongo nerviosa?
—No.
—No hay nadie aquí. Estamos solos. Eso te da miedo.
Jade dejó escapar una pequeña sonrisa.
—Ya quisiera, señor Moncada.
Derek arqueó una ceja.
Aquella respuesta había sido exactamente el tipo de desafío que esperaba.
—Entonces no perdamos tiempo.
Se hizo a un lado.
—Pasemos al comedor.
Jade caminó detrás de él.
Al entrar al comedor, volvió a detenerse unos segundos.
La mesa estaba preparada para dos.
Todo estaba perfectamente dispuesto.
Derek se acercó y comenzó a colocar los platos.
Filete mignon acompañado de pure de papas y espárragos.
Después tomó una botella de vino y sirvió una copa para cada uno.
Jade observó la escena con cierta curiosidad.
—Me sorprende que sepas servir.
Derek la miró divertido.
—También cocino.
Jade soltó una pequeña risa.
—No te creo.
—Haces bien.
Derek tomó asiento.
—La cocinera lo hizo. No es por nada, pero cocina delicioso.
Jade sonrió mientras ocupaba su lugar frente a él.
—Al menos eres sincero.
—Siempre.
—Eso está por verse.
Durante unos segundos ambos permanecieron en silencio.
Jade tomó su copa y dio un pequeño sorbo.
Derek hizo lo mismo.
La conversación podía comenzar en cualquier momento.
Sin embargo, ninguno parecía tener prisa.
Sus miradas se encontraban una y otra vez.
Y cada vez que lo hacían, algo cambiaba ligeramente en el ambiente.
Derek se descubrió observándola más de lo necesario.
No solamente le atraía.
Había algo diferente aquella noche.
Estaba disfrutando de su compañía.
Y eso lo desconcertó.
Había organizado aquella cena pensando principalmente en la oportunidad de estar a solas con ella, de provocarla, de acercarse un poco más.
Pero ahora que la tenía delante, descubría que no necesitaba hacer nada para sentirse bien.
Simplemente tenerla allí parecía suficiente.
Derek apartó ese pensamiento inmediatamente.
No quería analizarlo.
No quería darle un significado.
Tomó los cubiertos.
—Cenemos. Quiero ver qué me tienes preparado.
Jade sonrió.
—Te va a sorprender.
—Eso espero.
Comenzaron a comer.
Durante los primeros minutos ninguno habló.
Solo se escuchaba el sonido tenue de los cubiertos y, de vez en cuando, el movimiento de las copas sobre la mesa.
Pero el silencio estaba lejos de ser incómodo.
Era un silencio lleno de miradas.
Jade levantaba la vista y encontraba a Derek observándola.
Él hacía lo mismo cuando creía que ella no lo notaba.
Y cada encuentro de sus ojos conseguía alterar un poco más sus pensamientos.
Jade tomó otro sorbo de vino.
Ivette tenía razón.
Aquello era peligroso.
Demasiado peligroso.
Porque le gustaba.
Le gustaba mucho más de lo que estaba dispuesta a admitir.
Le gustaba su seguridad.
Su forma de mirarla.
La manera en que conseguía hacerla perder el control con unas cuantas palabras.
Incluso su arrogancia comenzaba a parecerle atractiva.
Jade bajó la mirada hacia su plato.
No.
No podía permitirse aquello.
No podía comenzar a enamorarse de un hombre que, desde el principio, había dejado claro que quería jugar con ella.
Porque eso era lo que más miedo le daba.
Que aquello dejara de ser un simple deseo.
Que ella terminara sintiendo algo real.
Y que Derek no sintiera lo mismo.
Levantó nuevamente la mirada.
Él estaba allí, frente a ella, tranquilo, como si no estuviera provocando una tormenta dentro de su cabeza.
Jade respiró lentamente.
Tenía que mantener los pies sobre la tierra.
Mientras tanto, Derek también luchaba contra sus propios pensamientos.
La miró mientras comía y volvió a sentir aquella atracción que llevaba días intentando ignorar.
Le gustaba demasiado.
Más de lo conveniente.
Más de lo que quería reconocer.
Y cada vez que estaba cerca de ella, la situación empeoraba.
Había intentado convencerse de que solamente era deseo.
Que después de estar con Jade, aquella obsesión desaparecería.
Que finalmente podría dejar de pensar en ella.
Pero mientras la observaba al otro lado de la mesa, comenzó a preguntarse si realmente sería tan sencillo.
Aun así, se aferró a su idea.
La única forma de sacársela de sus pensamientos era dejar de imaginarla.
Hacer realidad aquello que llevaba días deseando.
Tenerla cerca.
Tenerla en su cama.
Y después, según él, todo volvería a la normalidad.
Eso era lo que quería creer.
La cena continuó entre conversaciones breves, sonrisas discretas y miradas que ninguno de los dos se atrevía a sostener demasiado tiempo.
Poco a poco, los platos quedaron vacíos.
Derek dejó los cubiertos sobre el plato.
Jade hizo lo mismo.
La cena había llegado a su fin.
oria parece muy interesante espero con ansia los próximos capitulos