“Cuando el pasado guarda sus secretos, dos destinos chocan entre el odio, el poder y una promesa que cambiará todo.”
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CAPÍTULO 21
⚠️ PARA MAYORES DE 18 AÑOS ⚠️
Si no estás preparado/a para leer contenido con temas fuertes, manipulación, dolor silencioso y secretos que pesan, no continúes.
—Isabella
Pasaron los días lentos y pesados, hasta que por fin él anunció que iría a buscar a Adriella.
Me quedé esperando en la entrada, pasando una y otra vez la mano por mi ropa, revisando que el maquillaje cubriera bien cada marca que él me había dejado, tratando de borrar hasta el último rastro de mi sufrimiento.
El corazón me latía desbocado: por fin volvería a verla, por fin tendría cerca a esa niña dulce que era lo único que me mantenía con vida.
Cuando la puerta se abrió, Adriella soltó la mano de su papá y corrió hacia mí gritando mi nombre.
Me arrodillé para recibirla y la abracé con todas mis fuerzas, enterrando la cara en su cabello suave, dejando que por un instante su calor me hiciera olvidar todo el resto.
Pero la sensación de paz duró muy poco:
al levantar la vista, vi a Adrián parado justo unos pasos atrás, con los brazos cruzados y una mirada que me decía claramente:
cuidado con lo que dices, cuidado con lo que haces.
—Papá me contó que conocieron playas hermosas, que caminaron mucho y que comieron cosas muy ricas —me dijo la niña con los ojos brillantes de ilusión—.
¿Me contarás todo lo que hicieron?
¿Me trajiste algún recuerdo?
Sentí que se me ahogaba la voz.
No había viaje, no había playas, no había recuerdos.
Solo había encierro, dolor y miedo.
Pero él dio un paso adelante, acarició la cabeza de su hija y habló con esa seguridad que engañaba a cualquiera:
—Claro que sí, princesa.
Isabella está muy contenta de contarles todo, solo que todavía está un poquito cansada de tanto caminar.
¿Verdad, amor?
Me miró fijamente, esperando mi respuesta obligada.
—Sí, mi amor —conseguí decir con voz que temblaba apenas—.
Fue todo muy lindo.
Pero lo que más quería era volver a verte.
Luego llegaron mis papás y Matías.
Al verme, mi papá todavía tenía esa distancia en la mirada, pero pareció relajarse un poco al ver que yo estaba de pie, que los saludaba.
Mi mamá me abrazó despacio, como si temiera que me rompiera, y Matías me apretó la mano disimuladamente al saludarme, una señal pequeña que solo yo entendí:
Estoy aquí si me necesitas.
Quería aferrarme a él, quería decirle todo, pero sentí la mirada pesada de Adrián sobre nosotros, y solo pude devolverle el apretón con tristeza.
—Se nota que el viaje les hizo muy bien —dijo mi papá sentándose—.
Se ven tranquilos.
—Mucho —respondió Adrián con una sonrisa que parecía real—.
Tuvimos tiempo de hablar, de conocernos más, de empezar nuestra vida sin prisas.
Ahora estamos listos para todo.
Durante toda la visita él habló por los dos.
Inventó detalles, horarios, anécdotas que nunca ocurrieron, y todos lo escuchaban convencidos, asintiendo, felices por nosotros.
Yo solo tenía que estar ahí, sonreír cuando tocaba, callar cuando debía, ser la esposa perfecta que él había diseñado.
Cuando por fin se fueron, y la puerta se cerró detrás de ellos, la falsedad se desvaneció de golpe.
Adrián se giró hacia mí, caminó despacio hasta quedar frente a frente y me sujetó la barbilla con suavidad pero con firmeza:
—Lo hiciste bien hoy.
Todos creen mi historia.
Todos creen que eres feliz.
Y así debe seguir siendo siempre —susurró con frialdad—.
Recuerda bien:
Nadie debe saber lo que pasa realmente entre estas paredes.
Si alguien sospecha algo, si alguien nota algo raro, el castigo no será solo para ti.
Y si la niña se da cuenta de algo, si le dices una sola palabra de verdad, te aseguro que te arrepentirás de haber nacido.
Se apartó de mí y fue hacia donde Adriella jugaba en la sala, dejándome allí parada, sintiendo que me había convertido en una actriz en mi propia vida.
Todos veían lo que él quería que vieran, todos creían lo que él decía, y yo estaba sola cargando con la verdad que no podía decir.
prisionera de una mentira que cada día se hacía más grande.