Ella era una científica que renace en un nuevo mundo. Ahora tiene magia y puede dedicarse a cumplir sus sueños.
*Esta novela pertenece a un mundo mágico*
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Investigacion 3
A la mañana siguiente, Megara bajó al comedor mucho más temprano de lo que Thomas esperaba.
El conde ya se encontraba allí.
Había revisado algunos documentos mientras esperaba el desayuno, aunque en realidad llevaba varios minutos mirando hacia la puerta.
Cuando finalmente escuchó pasos, levantó la cabeza.
Y se quedó en silencio.
Megara apareció en el comedor con una expresión tranquila.
Llevaba un vestido sencillo y cómodo.
Su cabello blanco todavía estaba húmedo.
Algunos mechones caían sobre sus hombros y otros se habían quedado ligeramente pegados a su rostro.
Parecía completamente despreocupada por su apariencia.
En cuanto lo vio, sonrió.
—Buenos días, conde Bruyne.
Thomas tardó un segundo más de lo necesario en responder.
—Buenos días, lady Megara.
[Es todavía más hermosa por la mañana].
Megara tomó asiento.
—Quería agradecerle.
Thomas la miró.
—¿Por qué?
—Por haber mandado a preparar aquella tinaja.
Sus ojos brillaron.
—Es maravillosa.
Thomas sonrió.
—Me alegra que haya sido de su agrado.
—Muchísimo.
Megara tomó su taza.
—Después de ese viaje, necesitaba desesperadamente un baño.
Thomas soltó una pequeña risa.
—Me alegra haber podido ayudar.
Comenzaron a desayunar.
Al principio conversaron sobre asuntos sencillos.
El clima.
El viaje.
La distancia entre el templo y el pueblo.
Hasta que finalmente comenzaron a hablar de las familias refugiadas.
Megara dejó la taza sobre la mesa.
—¿Cuántas familias son?
—Varias decenas.
—¿Y cuántos niños?
Thomas pensó unos segundos.
—No tengo el número exacto, pero son bastantes.
Megara inmediatamente tomó nota mentalmente.
—¿Todos llegaron en las mismas condiciones?
—No.
—¿Hay personas enfermas?
—Sí.
—¿Y niños con mayor debilidad?
—Algunos.
Megara continuó haciendo preguntas.
Cuánto tiempo llevaban allí.
Qué habían comido.
Qué enfermedades habían presentado.
Qué tratamientos habían recibido.
Quiénes los estaba atendiendo.
Thomas respondió pacientemente.
Pero hubo algo que llamó especialmente su atención.
Megara comenzó a hacer preguntas que no tenían absolutamente nada que ver con los refugiados.
—¿Hay muchos insectos por aquí?
Thomas parpadeó.
—¿Insectos?
—Sí.
—Bueno...
Miró hacia la ventana.
—Estamos en una zona rural.
—Eso no responde mi pregunta.
Thomas sonrió.
—Sí, hay bastantes.
Megara hizo una pequeña mueca.
—¿Cuáles?
El conde comenzó a enumerarlos.
Megara escuchó atentamente.
—¿Y son venenosos?
—Algunos.
Megara dejó lentamente la taza.
—¿Algunos?
Thomas intentó no reír.
—No tiene que preocuparse. La mayoría no hace nada.
—Eso dicen las personas antes de descubrir que sí hacen algo.
Thomas soltó una carcajada.
Megara lo miró seriamente.
—Es verdad.
—Lo sé.
Ella suspiró.
—No estoy acostumbrada.
—¿A los insectos?
—A nada de esto.
Thomas la miró con curiosidad.
Megara tomó un trozo de pan.
—La verdad, conde...
—¿Sí?
—No salgo del templo desde hace mucho tiempo.
Thomas levantó ligeramente las cejas.
Megara continuó comiendo tranquilamente.
—Bueno, no exactamente.
Pensó unos segundos.
—Salgo para comprar algún ingredientes cuando es necesario.
Thomas sonrió.
—Entonces sí sale.
—Eso no cuenta.
—¿Por qué no?
—Porque entro a una tienda, compro lo que necesito y regreso al templo.
Thomas comenzó a sonreír.
Megara continuó..
—Pero esto de viajar para hacer investigación de campo...
Hizo una pequeña pausa.
—O investigación en terreno, como dicen algunos...
Suspiró.
—No es lo mío.
Thomas tuvo que contener una sonrisa.
—¿No le gusta viajar?
—No.
—¿No le gusta salir?
—No mucho.
—¿No le gusta conocer gente?
Megara lo miró.
—Definitivamente no mucho.
Thomas soltó una pequeña risa.
—Es usted muy sincera.
Megara se encogió de hombros.
—¿Para qué voy a mentir?
Thomas sonrió.
—Lo agradezco.
Ella continuó desayunando.
—Prefiero trabajar.
—¿Trabajar?
—Pociones.
—¿Más que viajar?
—Muchísimo más.
Thomas la miró divertido.
—¿Más que asistir a reuniones sociales?
Megara lo miró como si hubiera dicho algo absurdo.
—¿Reuniones sociales?
—Sí.
—No, que desgaste, me cansaría buscando vestimenta apropiada, mucha gente reunida, no..
Thomas volvió a reír.
Megara tomó su taza.
—Si dependiera de mí...
Pensó durante unos segundos.
—Me iría a una cueva.
Thomas dejó de comer.
—¿Una cueva?
—Sí.
—¿A vivir?
—Sí.
—¿Sola?
—Sí.
Thomas comenzó a sonreír.
—¿Y qué tendría esa cueva?
Megara comenzó a enumerar con absoluta seriedad.
—Una cama.
Thomas asintió.
—Bien.
—Una tinaja como la que tiene usted.
—Por supuesto.
—Una mesa grande.
—¿Para qué?
—Para trabajar.
—Tiene sentido.
—Un espacio para almacenar ingredientes.
—También.
—Una zona para preparar pociones.
Thomas ya estaba sonriendo ampliamente.
—¿Algo más?
Megara pensó.
—Comida.
—Naturalmente.
—Muchos libros.
—Eso era de esperarse.
—Y mis instrumentos.
Thomas inclinó la cabeza.
—¿Y personas?
Megara negó inmediatamente.
—No.
Thomas soltó una carcajada.
—¿Ninguna?
—Ninguna.
—¿Ni siquiera visitas?
—Pueden dejar las cosas en la entrada.
Thomas se rio nuevamente.
Megara lo miró con cierta confusión.
—¿Qué?
—Nada.
—¿Por qué se ríe?
—Porque nunca había conocido a alguien que describiera una vida perfecta de esa manera.
Megara tomó tranquilamente otro trozo de pan.
—Para mí sería perfecta.
Thomas la observó.
Había algo encantador en su sinceridad.
No intentaba parecer interesante.
No intentaba impresionar.
Simplemente decía exactamente lo que pensaba.
—Entonces realmente prefiere las pociones y las investigaciones a las personas.
Megara asintió.
—Sí.
Thomas apoyó el brazo sobre la mesa.
—Somos bastante diferentes.
Megara lo miró.
—¿Usted?
—Mucho.
Thomas sonrió.
—A mí me gusta salir.
—¿Salir?
—Conocer personas.
—Eso suena agotador.
Thomas rio.
—También me gusta participar en reuniones sociales.
Megara hizo una pequeña mueca.
—Eso sí suena agotador.
—Tengo socios y socias importantes en distintos lugares del reino.
—¿Socios?
—Personas con las que trabajo. Comerciantes, nobles, otros condes, duques..
Megara lo escuchaba.
—Y las reuniones son importantes para mantener esas relaciones.
—Entiendo.
—Además, me gusta ayudar personalmente a las personas de mis territorios.
Megara dejó de comer.
—¿Personalmente?
Thomas asintió.
—Hablar con ellos. Escuchar sus problemas. Saber qué necesitan.
Megara sonrió.
—Eso explica por qué conoce tan bien a las familias.
—Intento hacerlo.
Thomas la miró.
—Después de todo, están dentro de mis territorios. No puedo simplemente ignorarlas.
Megara asintió lentamente.
—Eso es bueno.
Thomas sonrió.
—Gracias.
Megara volvió a mirar su desayuno.
—Supongo que usted disfruta mucho de las personas.
—Sí.
—Y yo disfruto mucho de las pociones.
Thomas levantó su taza.
—Entonces ambos tenemos nuestras preferencias.
Megara levantó la suya.
—Exactamente.
Las dos tazas chocaron suavemente.
Megara sonrió.
Thomas también.
Y aunque eran completamente diferentes...
Había algo extraño en aquella conversación.
Megara, que normalmente prefería encerrarse en el templo, había pasado bastante tiempo hablando con aquel hombre.
Y Thomas, que estaba acostumbrado a conversar con toda clase de personas, se había encontrado disfrutando especialmente de aquella conversación sencilla y sincera.
Ninguno de los dos parecía darse cuenta todavía.
Megara solamente pensaba en la investigación que tendría que comenzar después del desayuno.
Thomas, en cambio...
Seguía pensando en lo hermosa que era aquella maga de cabello blanco.
Y en lo curioso que resultaba que una mujer que quería vivir en una cueva llena de pociones hubiera terminado despertando tanto su interés.
😂😂😂
Ya caíste con Thomas 💖💖