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LA VENGANZA ES UN ARTE

LA VENGANZA ES UN ARTE

Status: Terminada
Genre:Venganza / Mafia / Mujer poderosa / Completas
Popularitas:9k
Nilai: 5
nombre de autor: Naibelys Perez

Una joven heredera de un imperio financiero y de la mafia, que ocultó su verdadera identidad por amor, sufre la pérdida de su bebé y el desprecio absoluto de su esposo y su suegra tras un atentado cruel. Renacida de las cenizas, regresa para ejecutar una venganza implacable, mientras se ve atrapada en un matrimonio concertado con un titán de los negocios tan arrogante y dominante como ella, uniendo dos mundos donde el poder se paga con sangre y orgullo.

NovelToon tiene autorización de Naibelys Perez para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

LA APUESTA DE LOS LOBOS

​La suite principal de la mansión San Román se encontraba iluminada únicamente por la luz ámbar de una lámpara de pie y el resplandor difuso de la ciudad a través de los ventanales. El aire en la habitación era denso, cargado de una electricidad silenciosa que presagiaba un enfrentamiento inminente.

​Isaías estaba de pie junto a la barra del minibar privado, sirviéndose un dedo de whisky escocés en un vaso corto de cristal pesado. Llevaba la camisa de cuello abierto, con las mangas desabrochadas hasta los codos, dejando al descubierto sus antebrazos firmes y la tensión contenida en sus músculos. Sus ojos oscuros seguían cada movimiento de Verónica, quien caminaba despacio por la habitación con una copa de vino tinto en la mano, luciendo un vestido largo de satén negro que se adhería a su silueta como una segunda piel.

​Durante las últimas semanas, la caída de los Benítez se había consolidado como un hecho histórico en los boletines financieros, pero entre las cuatro paredes de la mansión se libraba otra clase de guerra: una batalla íntima, altiva y constante de voluntades.

​Isaías dio un sorbo lento al whisky, sintiendo cómo el líquido quemaba su garganta, mientras una sonrisa peligrosa, casi imperceptible, se dibujaba en la comisura de sus labios. Su mente llevaba días maquinando una jugada maestra, un ajuste de cuentas muy particular que no tenía nada que ver con las finanzas del conglomerado, sino con el orgullo masculino que Verónica se había encargado de pisotear cada vez que lo calificaba de "pasable" o de prometerle que la cama no estaba a la altura de sus expectativas. Había llegado el momento de cobrar cada una de esas afrentas con intereses.

​—Te noto inusualmente callada esta noche, Verónica —comenzó Isaías con su voz barítono y ronca, rompiendo el silencio mientras se giraba lentamente hacia ella—. Las empresas de tu exmarido ya son historia, los reportes de auditoría están cerrados y la prensa dejó de acosarnos en el club náutico. ¿A qué se debe esa calma tan sospechosa? ¿Acaso te estás quedando sin estrategias, o por fin reconoces que el imperio San Román te quedó grande?

​Verónica detuvo sus pasos. Se giró con una lentitud deliberada, ladeando el rostro con una elegancia felina y una sonrisa burlona que brillaba en sus ojos oscuros.

​—¿Grande, San Román? —respondió ella con un tono suave, casi cantarino, mientras daba un sorbo a su copa—. Lo único que veo por aquí es a un hombre intentando recuperar el aliento después de haber quedado en evidencia frente a su propia esposa. No te equivoques; mis estrategias apenas comienzan a madurar.

​Isaías dejó el vaso de cristal sobre la barra con un golpe seco que resonó en toda la habitación. Cruzó los brazos sobre su pecho ancho y acortó la distancia con pasos lentos y felinos, como un depredador que arrincona a su presa en el terreno menos pensado.

​—¿Crees que puedes seguir burlándote de mí impunemente, Verónica? —preguntó él, con la voz cargada de un magnetismo oscuro y retador—. ¿Crees que tu lengua afilada no tiene consecuencias? Ya estoy cansado de las palabras. Propongo algo mejor. Vamos a jugar una partida donde el ganador cobra su precio en el lugar donde más te duele: el orgullo.

​Verónica arqueó una ceja, interesada pero recelosa, manteniendo su postura firme sin retroceder ni un solo milímetro.

​—¿Una apuesta? Qué cliché de millonario aburrido, Isaías —replicó ella con una risa corta y despectiva—. A ver, ilumíname. ¿De qué se trata tu brillante juego de azar corporativo?

​—Una partida rápida de ajedrez rápido en el estudio —respondió Isaías, fijando sus ojos oscuros en los de ella sin parpadear—. Diez minutos en el tablero. Si yo gano, te impongo mi ley. Si tú ganas, hago lo que me pidas sin rechistar. Pero las reglas de la apuesta tienen condiciones muy claras: si pierdes, vas a dejar que yo te ponga un castigo; y si yo pierdo, no me haces un castigo a mí.

​Verónica lo miró con fijeza, evaluando cada matiz de su expresión. En su mente brilló una alerta inmediata: las condiciones estaban completamente desequilibradas a favor de él. Si ella perdía, se sometía a un castigo absoluto bajo las reglas del macho alfa; pero si él perdía, ella no ganaba la potestad de castigarlo de vuelta.

​—Qué oferta tan generosa y totalmente desigual, San Román —dijo Verónica con una sonrisa afilada como un bisturí—. ¿A qué le temes? ¿A que te gane en tu propio juego y tengas que soportar que te ponga de rodillas?

​Isaías soltó una carcajada seca, un sonido grave y lleno de una seguridad absoluta que rozaba la arrogancia.

​—No le temo a nada, Verónica. Simplemente sé cómo terminan estas partidas —respondió él, extendiendo la mano hacia la puerta del estudio privado que conectaba con la suite—. ¿Aceptas el reto, o la gran estratega de los Comellas prefiere retirarse antes de salir humillada?

​Una chispa de fuego puro e indomable encendió la mirada de Verónica. Nadie la retaba de esa manera y salía impune. Dejó caer su copa de vino sobre la mesa auxiliar con un leve tintineo y aceptó el desafío con la cabeza en alto.

​—Acepto, San Román —sentenció ella, pasando junto a él con paso firme y decidido hacia el tablero de ajedrez de mármol y obsidiana—. Pero prepárate, porque voy a destruirte en cada jugada, y cuando gane, te aseguro que vas a desear no haberme propuesto esta estupidez.

​Isaías la siguió con una sonrisa salvaje y triunfante pintada en el rostro. En su mente, las imágenes de la venganza ya se proyectaban con absoluta claridad: las veces que ella lo había humillado en la cama, los comentarios sarcásticos sobre sus "cinco minutos de gloria" y su aire de superioridad iban a quedar saldados esta misma noche. El juego había comenzado, y ninguno de los dos estaba dispuesto a conceder la más mínima piedad.

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Patricia
me encanta esta novela, no sé porque no tiene likes, talvez la subió hace poco pero bien entretenida la novela
Patricia
bendito karma estos tres la están pagando duro, pero algo malo han de hacer
Patricia
me encanta imaginar a Isaías estético, pero me da pesar por los empleados maltratados por el ogro
Patricia
hola querida escritora, está novela está muy interesante, me tiene totalmente enganchada
Naibelys Perez: ❤️🥰me alegro mucho que le gusten mis novelas. 👏
total 1 replies
Miriam Piedrabuena
Me gustó
Becky Navarro
esto ya aburrio
Becky Navarro
ya me aburrio parecen niños caprichosos son mafiosos autora ceos se pasan ni un decomiso ni enfrentamientos secuestros el otro chillón del el ex
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