La noche de quince años debía ser simplemente una celebración inolvidable, llena de música, alegría y sueños. Sin embargo, todo cambia cuando una conexión inesperada surge entre la festejada y su elegante chambelán.
Entre ensayos, bailes, miradas discretas y momentos compartidos, nace un sentimiento que ninguno de los dos esperaba. Lo que parecía una simple amistad comienza a convertirse en algo mucho más profundo, poniendo a prueba sus emociones y enseñándoles que el amor puede aparecer en los momentos más inesperados.
Pero no todo será fácil. Los rumores, las diferencias y los desafíos de la vida pondrán a prueba aquello que sienten. ¿Será suficiente para mantenerse unidos o terminará siendo solo un hermoso recuerdo?
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Capítulo 5: Lo que dejé atrás
Hola, soy Saúl Méndez, tengo 20 años, nací el 6 de febrero de 2006 en Asunción, Paraguay. Hoy estoy en Colombia, en la marina, viviendo una etapa que me ha cambiado por completo la vida.
Antes de llegar aquí, mi mundo era distinto. Tenía mi familia cerca, mis amigos de siempre y una rutina que, aunque sencilla, era mi zona de confort.
En mi familia somos tres hermanos. Yo soy el mayor. Mis hermanos menores son Pamela Méndez, que tiene 15 años, y Mateo Méndez, que tiene 11 años. Ellos son dos mundos diferentes: Valeria es más tranquila, más inteligente para las cosas del estudio, y Mateo es pura energía, de esos que no se quedan quietos ni un segundo.
Siempre fui como el ejemplo para ellos, el que tenía que dar el primer paso, el que debía mostrar el camino. Y ahora, estando lejos, siento aún más ese peso.
Mis padres son Rodolfo Méndez y Yamileth González. Mi papá es serio, de carácter fuerte, trabajador de toda la vida. Mi mamá es más expresiva, de esas que sienten todo más profundo, que se preocupan por cada detalle.
Cuando les dije que me iba a Colombia, no fue una conversación fácil.
Recuerdo ese día en la casa.
—Voy a continuar mi proceso en la marina en Colombia —les dije.
Mi papá me miró fijo.
—¿Estás seguro de eso?
—Sí, papá.
Mi mamá bajó la mirada un momento y luego dijo:
—Es lejos, Saúl… muy lejos.
Asentí, porque era verdad.
Mi papá habló después con calma:
—Si te vas, no es para rendirte. Es para crecer.
Esas palabras me quedaron marcadas.
Mi mamá me abrazó fuerte. No dijo mucho, pero ese abrazo lo dijo todo.
Mis hermanos reaccionaron diferente. Pamela me dijo:
—Me vas a traer algo de Colombia, ¿sí?
Y Mateo solo preguntó:
—¿Allá juegan fútbol todos los días?
Me reí, pero por dentro sabía que iba a extrañar mucho todo eso.
También tenía novia en Paraguay. Se llamaba Graciela . Al principio intentamos mantener la relación a distancia, pero con el tiempo se volvió complicado.
Las llamadas eran menos frecuentes.
Las conversaciones más cortas.
Y la conexión ya no era la misma.
Un día ella fue directa conmigo.
—Saúl, yo no quiero una relación a distancia.
Yo intenté entenderla.
Pero ella siguió:
—Eso es un amor de pendejo… uno termina sufriendo más de lo que disfruta.
No fue fácil escuchar eso, pero entendí su decisión.
Yo tampoco quería vivir una relación donde ambos terminaríamos lastimándonos por la distancia. Así que decidí terminar las cosas con respeto, aunque doliera.
Después de eso, me enfoqué en lo mío.
Llegar a Colombia no fue sencillo.
Todo era nuevo.
El idioma era parecido, pero las expresiones cambiaban.
La gente, los entrenamientos, el ritmo… todo era diferente.
En la marina aprendí rápido que aquí no hay espacio para la duda. O te adaptas o te quedas atrás.
Los entrenamientos son exigentes, físicos y mentales. Hay días en los que el cuerpo no responde, pero la mente tiene que ser más fuerte.
A veces pienso en mi familia en Paraguay.
En mi mamá cocinando.
En mi papá trabajando.
En mis hermanos peleando por cosas pequeñas.
Y aunque los extraño, sé que este camino es parte de algo más grande.
Aquí he aprendido a ser más fuerte, más disciplinado y más responsable.
También he conocido personas que han hecho este proceso más llevadero, como Jeremías, que se ha vuelto un buen amigo.
La distancia duele, sí.
Pero también enseña.
Y yo estoy aprendiendo a crecer, aunque sea lejos de ca
Graciela