En una manada donde todos nacen marcados por la Luna, Lyra es la única que jamás recibió una marca. Creció siendo ignorada, despreciada y tratada como un error incluso por quienes debían protegerla. Para la manada, alguien sin marca no tiene lugar, poder… ni valor. Pero todo cambia cuando comienza a encontrarse en secreto con Rowan, el heredero de una manada vecina que nunca la miró con rechazo. Mientras él le enseña a confiar en sí misma, Kael —el futuro alfa que siempre la despreció— empieza a verla de una forma diferente tras descubrir que Lyra oculta algo imposible. Entre antiguas profecías, secretos de las manadas y un poder que podría cambiarlo todo, Lyra tendrá que decidir quién es realmente… antes de que otros decidan por ella.
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Romper el vínculo
No tenía que dejarse engañar, desde cuando a Kael le importaba?
El que siempre solo observaba cuando los demas la insultaban o hacían bromas y ahora?
Cambio ppr un tonto vínculo que nunca debió pasar?
Las palabras salieron antes de que Lyra pudiera detenerlas.
Frías.
Afiladas.
Perfectas para herir.
—No te emociones mucho —dijo con una sonrisa vacía—. Pareces un perro patético que no entiende cuando no lo quieren.
El pasillo entero quedó en silencio.
Incluso las personas que estaban observando discretamente dejaron de moverse.
Porque jamás habían escuchado a alguien hablarle así a Kael.
Pero Lyra no se detuvo.
Necesitaba que la odiara.
Necesitaba romper aquello.
Así que enterró cualquier duda y siguió atacando.
—No significó nada lo que hicimos anoche.
Los ojos dorados de Kael cambiaron apenas.
Sorpresa.
Confusión.
Y algo más oscuro.
Lyra sintió el pecho tensarse, pero continuó igual.
—Solo te usé porque fuiste el primero que vi.
El vínculo entre ambos pareció estremecerse dolorosamente.
—Fue sexo pasajero. Nada más.
Las palabras quedaron suspendidas entre ellos.
Crueles.
Deliberadas.
Y Lyra se obligó a sostenerle la mirada aunque por dentro algo incómodo intentaba frenarla.
Pero entonces recordó.
Todas las veces que Kael observó en silencio mientras otros se burlaban de ella.
Las risas.
Los comentarios.
La forma en que jamás intervino.
Recordó la noche de las marcas.
La decepción en los ojos de todos.
Y el enojo volvió a endurecerla.
Así que no retrocedió.
Kael seguía inmóvil frente a ella.
La mandíbula tensa.
Los ojos completamente fijos en los suyos.
El silencio empezó a sentirse insoportable.
Finalmente él habló.
Muy bajo.
—¿Eso crees que fue para mí?
Lyra cruzó los brazos intentando ignorar el extraño dolor en su pecho.
—¿Debería haber significado algo?
Kael soltó una pequeña risa sin humor.
Pero no sonó divertido.
Sonó herido.
Y eso la desconcertó más de lo que esperaba.
Porque Kael jamás parecía herido por nada.
Los estudiantes alrededor comenzaron a apartar la mirada incómodos.
La tensión entre ambos era demasiado intensa.
Kael dio un paso hacia ella lentamente.
—Entonces mírame y dime otra vez que no sentiste nada.
El corazón de Lyra golpeó fuerte.
Maldición.
Por un instante recordó el bosque.
La forma en que él la sostuvo.
El alivio que sintió entre sus brazos.
Pero aplastó inmediatamente ese pensamiento.
—No sentí nada.
Mintió.
Y Kael lo supo.
Se notó en la forma en que sus ojos se oscurecieron.
Porque el vínculo seguía ahí.
Vivo.
Él podía sentir perfectamente cada emoción contradictoria chocando dentro de ella.
El enojo.
La confusión.
Y algo mucho más peligroso escondido debajo.
Kael inclinó apenas la cabeza observándola fijamente.
—Eres muy mala mintiendo, Lyra.
Eso la hizo enfurecer otra vez.
Porque una parte de ella odiaba que todavía pudiera verla incluso después de todo eso.
Así que dio el golpe final.
—Créete lo que quieras. Pero sigues siendo alguien al que jamás elegiría.
Ahí sí.
Algo en la expresión de Kael cambió.
El dolor desapareció lentamente dejando algo más frío.
Más contenido.
Y Lyra sintió por primera vez un pequeño miedo.
Porque quizá…
acababa de herirlo de verdad.
Las palabras salieron antes de que Lyra pudiera detenerlas.
Frías.
Afiladas.
Perfectas para herir.
—No te emociones mucho —dijo con una sonrisa vacía—. Pareces un perro patético que no entiende cuando no lo quieren.
El pasillo entero quedó en silencio.
Incluso las personas que estaban observando discretamente dejaron de moverse.
Porque jamás habían escuchado a alguien hablarle así a Kael.
Pero Lyra no se detuvo.
Necesitaba que la odiara.
Necesitaba romper aquello.
Así que enterró cualquier duda y siguió atacando.
—No significó nada lo que hicimos anoche.
Los ojos dorados de Kael cambiaron apenas.
Sorpresa.
Confusión.
Y algo más oscuro.
Lyra sintió el pecho tensarse, pero continuó igual.
—Solo te usé porque fuiste el primero que vi.
El vínculo entre ambos pareció estremecerse dolorosamente.
—Fue sexo pasajero. Nada más.
Las palabras quedaron suspendidas entre ellos.
Crueles.
Deliberadas.
Y Lyra se obligó a sostenerle la mirada aunque por dentro algo incómodo intentaba frenarla.
Pero entonces recordó.
Todas las veces que Kael observó en silencio mientras otros se burlaban de ella.
Las risas.
Los comentarios.
La forma en que jamás intervino.
Recordó la noche de las marcas.
La decepción en los ojos de todos.
Y el enojo volvió a endurecerla.
Así que no retrocedió.
Kael seguía inmóvil frente a ella.
La mandíbula tensa.
Los ojos completamente fijos en los suyos.
El silencio empezó a sentirse insoportable.
Finalmente él habló.
Muy bajo.
—¿Eso crees que fue para mí?
Lyra cruzó los brazos intentando ignorar el extraño dolor en su pecho.
—¿Debería haber significado algo?
Kael soltó una pequeña risa sin humor.
Pero no sonó divertido.
Sonó herido.
Y eso la desconcertó más de lo que esperaba.
Porque Kael jamás parecía herido por nada.
Los estudiantes alrededor comenzaron a apartar la mirada incómodos.
La tensión entre ambos era demasiado intensa.
Kael dio un paso hacia ella lentamente.
—Entonces mírame y dime otra vez que no sentiste nada.
El corazón de Lyra golpeó fuerte.
Maldición.
Por un instante recordó el bosque.
La forma en que él la sostuvo.
El alivio que sintió entre sus brazos.
Pero aplastó inmediatamente ese pensamiento.
—No sentí nada.
Mintió.
Y Kael lo supo.
Se notó en la forma en que sus ojos se oscurecieron.
Porque el vínculo seguía ahí.
Vivo.
Él podía sentir perfectamente cada emoción contradictoria chocando dentro de ella.
El enojo.
La confusión.
Y algo mucho más peligroso escondido debajo.
Kael inclinó apenas la cabeza observándola fijamente.
—Eres muy mala mintiendo, Lyra.
Eso la hizo enfurecer otra vez.
Porque una parte de ella odiaba que todavía pudiera verla incluso después de todo eso.
Así que dio el golpe final.
—Créete lo que quieras. Pero sigues siendo alguien al que jamás elegiría.
Ahí sí.
Algo en la expresión de Kael cambió.
El dolor desapareció lentamente dejando algo más frío.
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