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El Lado Oscuro De La Pasión

El Lado Oscuro De La Pasión

Status: En proceso
Genre:Amor-odio / Amante arrepentido / Reencuentro
Popularitas:1.9k
Nilai: 5
nombre de autor: Alejandro Briñones

Durante diez años, Rebecca le volvió la espalda al pasado, decidiendo aceptar la traición de Jay Lorence y abrirse paso sola en la vida. Pero ahora, nada podía apartarla del lecho de su madre; ni siquiera para enfrentarse a Jay de nuevo... Después de todo, él jamás se molestó en averiguar qué le sucedió a la adolescente que huyó de Thornley, jurando nunca regresar, ni cómo sobrevivió la chica cuyo amor y confianza rechazó con tanta crueldad...

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Capítulo 22

Se recostó a su lado, tratando de no moverse, presintiendo que estaba desnudo.

El estiró un brazo y la abrazó, moldeando su delgada forma a su cuerpo musculoso

-Gracias por ceder -murmuró, adormilado, en la nube sedosa de los cabellos de Rebecca-. Comprendo que fue una imposición, pero esta noche te necesito, Rebecca. Becky, te necesito.

Se sumió en un sueño profundo y Rebecca permaneció tensa entre sus brazos, durante un rato, sin creer en lo que le sucedía, escuchándolo respirar, sintiendo su aliento en la base de la nuca y luego, despacio, empezó a relajarse, pegada a su cuerpo tibio, vencida por un cansancio que le cerró los ojos hasta que también se durmió.

Despertó poco a poco, consciente de la deliciosa tibieza que invadía su cuerpo, una tibieza líquida que la hizo estirarse con languidez, para después suspirar

Jay observaba esos movimientos reveladores desde su posición, apoyado sobre un codo, mientras sus ojos recorrían las facciones suaves de la durmiente. Sonreía apenas, gozando con las caricias de su mano sobre su vientre, por encima de la tela de seda del camisón. Se inclinó para rozarle la mejilla con los labios y ella murmuró algo, volviéndose un poco para buscarlo

Le besó la naricilla, las cejas, los párpados cremosos y el rubor perfumado de las mejillas.

-Becky... -murmuró, suave.

-Jay…-exhaló y se volvió para rodearle el cuello con los brazos, apretándolo, arqueándose con ese flexible movimiento, símbolo de un intenso deseó.

El sonrió, con una sonrisa dulce que concordaba con la dulzura con que ella se despertaba y la besó, entreabriéndole los labios que ya lo esperaban, listos para recibirlo y poco a poco, con sensualidad, empezó a atraerla a la realidad, tocándole el cuerpo, excitándola, alzando el camisón a lo largo de sus piernas y todavía más arriba, hasta sus caderas.

Rebecca se despertó cuando su mano se deslizó entre sus muslos.

- ¡Jay! -exclamó, todavía sin saber si soñaba o no, pues las nubes del sueño tomaban tiempo para dispersarse.

-Calla -murmuró-, todo está bien. Me deseas, Becky, tu cuerpo me lo dice y Dios sabe que yo... -susurró, estremecido-, te deseo...

La besó, cortando sus protestas. Y, mientras luchaba contra su propio deseo tratando de pensar, él empezó a acariciarla, con seguridad y experiencia, robándole el aire de los pulmones mientras la llama ardiente de la pasión empezaba a envolverla.

Oh, no gimió en su interior al tiempo que todo se despertaba, su cuerpo, su corazón y su misma alma. Sabía que estaba perdida, moviéndose al ritmo que Jay creó hacia tantos años, para que la magia fluyera de nuevo.

-No quiero -musito, temblorosa, cuando él la cubrió con su torso y los vellos oscuros rasparon sus sensibles pezones.

-Claro que quieres -afirmó-. Para esto naciste, para ser mía de esta manera.

¿Realmente? ¿Nació para conocer las caricias mágicas de ese hombre? Acostada, inmóvil bajo esas manos que la subyugaban con sus movimientos sensuales, lo creyó, pues ningún otro hombre la conmovió de ese modo. Ningún otro hombre suplantó a Jay.

-Me matarás, si continúas -le advirtió, desesperada, tratando de luchar por última vez.

-Pero qué forma de morir, cariño -murmuró, travieso. - Perdida en los brazos del hombre que ansías... como él te ansía, con desesperación fatal. Dios, Rebecca, tienes que tocarme; ¡este tormento es tan, tan dulce!

Despertó con la aceptación lánguida de que algo radical había cambiado su vida. Se recostó sobre su espalda y se estiró, sumiéndose entre las colchas con una sonrisa satisfecha en los labios.

Se quedó quieta y el ademán accidental de su diestra tocó una piel tibia y desnuda, para de terror. Volvió la cabeza y vio a Jay dormido a su lado y entonces recordó lo sucedido, mientras se sonrojaba.

-Dios bendito -suspiró, demasiada azorada para hacer otra cosa que contemplar a su compañero. ¿Cómo se atrevió?

El parecía relajado y contento, como el Jay de antes, sin las capas de cinismo ensombreciéndole el rostro. El corazón de la joven se conmovió y luego le tembló dentro del pecho. Y las lágrimas, por lo que una vez fue, rodaron en silencio por sus mejillas.

Lo amaba, lo aceptó dolorosamente. Lo amó y amaría siempre, de forma total e irrevocable. Esa admisión la hizo sentirse débil y sola porque sabía que, no importaba lo que Jay la obligara a sufrir, jamás mataría lo que sentía por él, porque era parte inherente de sí misma.

Y quizá por tal razón huyó durante años. No porque su padre la atemorizara. No porque su madre apoyara a Cedric Lorence. No por que Jay la denunciara, sino porque jamás podría aceptar su rechazo y sobrevivir.

¿Eso significaba que le permitiría lastimarla y que siempre lo perdonaría? Tal vez, aceptó con un amargo sabor en la boca.

1
Alexandra Ortiz Posada
Me enfurece que ella se deje menospreciar de esa manera
Alexandra Ortiz Posada
Cada vez más odioso
Alexandra Ortiz Posada
Demasiado tonta
Alexandra Ortiz Posada
Odioso, y ni siquiera le pide perdón por la haberla golpeado
Alexandra Ortiz Posada
Malvado, egoísta, no se interesa en el sufrimiento de ella
Alexandra Ortiz Posada
Odio como la trata este estupido
Alexandra Ortiz Posada
Desgraciado, como se atreve a pegarle
Alexandra Ortiz Posada
Es odioso este tipo
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