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Solo Un Sorbo

Solo Un Sorbo

Status: En proceso
Genre:CEO / Yaoi
Popularitas:891
Nilai: 5
nombre de autor: Lukas el fantasma rojo

trata sobre dos personajes los cuales están comprometidos y uno de ellos está enfermo acá lo vamos a llamar Dimitri dime triste enfermo y no estoy haciendo porque no quiere tomar la medicina y el otro signo que se lo tome personalizado en hacer sus pinches trabajos

NovelToon tiene autorización de Lukas el fantasma rojo para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Ni enfermo deja de ser un moustro

La tranquilidad duró exactamente cuarenta y tres minutos.

Lukas lo sabía porque había estado contando.

Cuarenta y tres minutos en los que Dimitri permaneció dormido, respirando lentamente entre las cobijas mientras la lluvia golpeaba los enormes ventanales de la habitación principal. Cuarenta y tres minutos donde el mundo exterior no existió.

Y entonces sonó el teléfono de la casa.

Una vez.

Dos veces.

Tres.

Lukas abrió los ojos lentamente desde el sillón junto a la cama. Había terminado quedándose allí vigilándolo, todavía con una taza de café ya frío entre las manos.

Miró primero a Dimitri.

Seguía dormido.

Por suerte.

El teléfono siguió sonando.

Lukas suspiró y se levantó con cuidado para no despertarlo. Caminó hacia la puerta mientras respondía la llamada en voz baja.

—¿Sí?

Del otro lado hubo unos segundos de silencio incómodo antes de que una voz nerviosa hablara.

—¿Señor Lukas…? Habla Iván, asistente del señor Dimitri.

Lukas reconoció el tono inmediatamente. Tensión. Miedo. Urgencia.

Mala combinación.

—¿Qué ocurre?

—Tenemos un problema grave con la junta de inversionistas de Alemania. El señor Dimitri no respondió ninguna llamada y… bueno…

Iván dudó.

—¿Y?

—Los directivos ya vienen hacia la residencia.

Lukas se quedó inmóvil.

—¿Qué?

—La reunión fue adelantada hace una hora. Intentamos cancelarla, pero nadie quiso posponerla.

Lukas cerró los ojos un segundo.

Claro.

Porque el universo jamás permitía que Dimitri descansara.

—No pueden entrar.

—Señor Lukas…

—Dimitri tiene fiebre. Apenas puede mantenerse despierto.

—Lo entiendo, pero ellos ya están aquí.

Lukas miró hacia la ventana.

Tres autos negros acababan de cruzar las enormes puertas de la mansión.

Perfecto.

Simplemente perfecto.

—No dejes que suban —dijo Lukas con voz firme—. Voy enseguida.

Colgó antes de escuchar respuestas.

Por un instante se quedó quieto, respirando profundamente. Luego miró hacia la cama.

Dimitri seguía dormido.

O al menos eso parecía.

Porque justo cuando Lukas iba a salir de la habitación, escuchó una voz ronca detrás de él.

—¿Quién vino?

Lukas giró lentamente.

Dimitri estaba despierto, observándolo con los ojos entrecerrados. El cabello oscuro caía desordenado sobre su frente y todavía tenía marcas de cansancio en el rostro.

Pero incluso enfermo, seguía teniendo esa presencia intimidante imposible de ignorar.

—Nadie importante —mintió Lukas.

Dimitri sostuvo su mirada unos segundos.

—Lukas.

Ese tono.

El tono que usaba cuando sabía perfectamente que le estaban ocultando algo.

Lukas suspiró.

—La junta alemana llegó.

Dimitri permaneció en silencio apenas un segundo.

Luego intentó levantarse de inmediato.

—Ni lo pienses —dijo Lukas rápidamente.

—Tengo que bajar.

—No.

—Lukas.

—Dimitri.

El empresario frunció el ceño.

—Es una reunión importante.

—Tienes casi cuarenta grados de fiebre.

—Puedo hablar sentado.

—También puedes desmayarte sentado.

Dimitri apartó las cobijas con clara intención de ignorarlo.

Gran error.

Lukas lo empujó suavemente de vuelta al colchón antes de que siquiera lograra ponerse de pie.

—No vas a trabajar hoy.

Dimitri lo miró como si acabara de escuchar la frase más absurda del siglo.

—Soy dueño de tres corporaciones internacionales.

—Y aun así te enfermas como cualquier ser humano.

—No soy cualquier ser humano.

—Hoy sí.

Eso pareció ofenderlo personalmente.

—Qué cruel eres cuando me debilito.

—Qué terco eres incluso muriéndote.

Dimitri entrecerró los ojos.

—No me estoy muriendo.

—Hace una hora dijiste que la medicina era tortura medieval.

—Y lo sostengo.

Lukas cruzó los brazos.

—No vas a bajar.

—Sí voy.

—No.

—Lukas.

—Dimitri.

Ambos se quedaron mirándose fijamente varios segundos.

Era ridículo.

Dos hombres casados discutiendo como niños mientras una reunión multimillonaria esperaba abajo.

Finalmente Dimitri intentó otra estrategia.

—Solo serán veinte minutos.

—Mentira.

—Treinta.

—Peor.

—Una hora.

—Gracias por confirmar mi punto.

Dimitri soltó un suspiro pesado y se dejó caer hacia atrás sobre la almohada.

—Van a pensar que estoy débil.

Lukas se acercó un poco más.

—Estás enfermo. No derrotado.

Pero Dimitri no parecía escucharlo del todo.

Su mirada estaba perdida en el techo.

—Si muestras debilidad una vez, todos empiezan a verla en todas partes.

La frase salió fría. Automática.

Como algo aprendido hace mucho tiempo.

Lukas lo observó en silencio.

A veces olvidaba cuánto peso cargaba Dimitri encima.

La empresa.

Los inversionistas.

Los enemigos.

La presión constante de jamás verse vulnerable.

Incluso ahora.

Incluso enfermo.

Lukas se sentó junto a él en la cama.

—Mírame.

Dimitri giró apenas el rostro.

—No tienes que demostrarle nada a nadie aquí.

—Tú no entiendes cómo funciona ese mundo.

—No necesito entenderlo para saber que estás agotado.

El empresario guardó silencio.

Lukas tomó su mano con cuidado.

—Por una vez deja que alguien te cuide sin pelear.

Eso pareció golpear algo dentro de Dimitri.

Porque dejó de discutir.

Aunque solo por un momento.

—…Odio sentirme inútil.

La confesión fue tan baja que casi se perdió entre el sonido de la lluvia.

Lukas suavizó la expresión.

—No eres inútil por descansar.

Dimitri soltó una pequeña risa seca.

—Eso suena muy bonito viniendo de alguien que no tiene accionistas amenazándolo todos los días.

—Tienes razón —respondió Lukas—. Yo solo tengo un esposo imposible que cree que trabajar con fiebre es una buena idea.

Eso hizo que Dimitri sonriera apenas.

Victoria parcial.

Pero antes de que Lukas pudiera aprovechar el momento…

Toc toc.

Golpes en la puerta.

Ambos miraron hacia la entrada.

Luego una voz nerviosa habló desde afuera.

—Señor Dimitri… los inversionistas insisten en verlo.

Dimitri inmediatamente intentó levantarse otra vez.

—Voy a—

—Te atreves y te encierro aquí —dijo Lukas sin apartar la mirada de él.

Silencio.

Incluso desde afuera pareció sentirse la tensión.

Dimitri lo observó fijamente.

—¿Me estás amenazando?

—Sí.

—Eso es autoritario.

—Aprendí del mejor.

Dimitri tuvo el descaro de verse orgulloso por un segundo.

Pero luego volvió a intentar levantarse.

Y esta vez Lukas perdió la paciencia.

Lo empujó suavemente contra la almohada otra vez y se inclinó lo suficiente para quedar cara a cara con él.

—Escúchame bien, Dimitri —dijo en voz baja—. Si bajas esas escaleras enfermo solo para aparentar fuerza frente a un grupo de hombres que te reemplazarían mañana si pudieran… voy a enfadarme muchísimo contigo.

El empresario quedó completamente quieto.

No por miedo.

Por sorpresa.

Porque Lukas rara vez hablaba así.

—…

—Tu salud vale más que una reunión.

Dimitri lo observó en silencio largo rato.

Luego habló más bajo.

—Van a pensar que me controlas.

Lukas arqueó una ceja.

—¿Y eso hiere tu reputación de hombre aterrador?

Una pequeña sonrisa apareció en la boca de Dimitri.

Pequeña.

Cansada.

Real.

—Un poco.

—Qué tragedia.

Los golpes en la puerta volvieron.

—Señor… ¿qué debemos hacer?

Lukas no apartó la vista de Dimitri.

—Descansa —dijo finalmente.

Y para sorpresa de ambos…

Dimitri cedió.

Cerró los ojos lentamente y volvió a hundirse en las almohadas.

—Solo porque tú lo pides —murmuró.

Lukas suspiró aliviado.

Luego se levantó y caminó hacia la puerta.

Antes de salir, volteó una última vez.

Dimitri seguía observándolo desde la cama.

Más tranquilo.

Más vulnerable.

Más humano de lo que el resto del mundo jamás vería.

Y Lukas entendió algo en ese momento.

Todos afuera le tenían miedo a Dimitri.

Pero nadie, absolutamente nadie, sabía cuidarlo.

Excepto él.

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