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Todo Menos Amigos

Todo Menos Amigos

Status: Terminada
Genre:Yaoi / Escuela / Amor-odio / Completas
Popularitas:1.4k
Nilai: 5
nombre de autor: CrisCastillo

Noah Sullivan lleva años preparándose para obtener la beca internacional más prestigiosa de la universidad. Cada examen, cada trabajo y cada sacrificio han tenido un único objetivo: ganar.

Todo parece ir según lo planeado hasta que aparece Leo Moreau.

Popular, talentoso y desesperadamente encantador, Leo se convierte en el único rival capaz de disputarle la beca. Desde el primer encuentro, la tensión entre ambos es inmediata. Cada clase se transforma en una competencia y cada conversación en un desafío.

Cuando el director del programa anuncia que los dos candidatos finales deberán colaborar en un proyecto conjunto para demostrar sus capacidades de liderazgo, Noah siente que es una condena.

Sin embargo, cuanto más tiempo pasan juntos, más difícil resulta ignorar lo que hay detrás de las máscaras que ambos han construido.

NovelToon tiene autorización de CrisCastillo para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

11

El pre-festival del viernes por la noche en "El Nido", un bar destartalado pero con alma, fue un éxito caótico. La banda de Maya, "Los Desubicados", tocó con una energía que hizo temblar las paredes. Javier vendió camisetas con un diseño estilizado de una nota musical fusionada con un átomo. Noah, a su pesar, se encontró sonriendo mientras recaudaba el dinero en la puerta, su precisión al contar los billetes contrastando con el ambiente desenfadado.

Leo estaba en su elemento, moviéndose entre la multitud, sonriendo, asegurándose de que todo fluyera. Vio a Noah en la puerta, su expresión concentrada pero relajada, y sintió una ola de... algo. No era orgullo, no exactamente. Era más como la sensación de ver una pieza encajar en su lugar en un rompecabezas del que no sabía que estaba construyendo.

Recaudaron casi mil doscientos dólares. No era suficiente para cubrir el déficit, pero era un comienzo. Un comienzo que se sentía real, ganado con sudor y música.

Al final de la noche, mientras el personal del bar limpiaba los restos del éxito, Noah y Leo se quedaron afuera, el aire frío de la noche una bienvenida al calor del interior.

—Lo hiciste —dijo Noah, su voz tranquila—. Convenciste a un montón de estudiantes de que pagar por entrar a un bar lleno de humo era caridad.

—Nosotros lo hicimos —corrigió Leo, apoyándose en la pared de ladrillos—. Y eso no fue caridad, Sullivan. Fue comunidad. Hay una diferencia.

Noah sonrió. —Supongo que la hay. Sigue sin estar en mis ecuaciones, pero estoy empezando a entender el concepto.

—¿Quieres un consejo, Sullivan? —dijo Leo, su tono más suave—. A veces las cosas más importantes no pueden ser ecuacionadas. Tienen que ser... sentidas.

Noah lo miró, la luz de la farola dibujando sombras en su rostro. —¿Desde cuándo eres tan filosófico, Moreau? Pensé que eras solo un chico de hockey.

—Leo —dijo él, su voz baja—. Llámame Leo.

El silencio que siguió fue diferente. Era un silencio lleno de posibilidades, de preguntas no formuladas, de líneas que se estaban dibujando y redibujando entre ellos.

—Noah —dijo Noah finalmente, como si fuera una confesión—. Mi nombre es Noah.

Leo sonrió, una sonrisa genuina y brillante. —Ya lo sabía, Noah Sullivan.

El sábado por la mañana, el campus era un hervidero de actividad. El equipo de voluntarios, liderado por Sarah, montaba el escenario y las carpas. Javier y su equipo colgaban las pancartas con el logo del festival. Maya y los músicos probaban el sonido, una cacofonía de acordes y ritmos que, de alguna manera, se fusionaba en una promesa de música.

Noah y Leo tenían una misión. La subasta de experiencias.

—Primero, el catedrático Davies —dijo Noah, consultando su lista—. Es el más solicitado. Una clase privada con él sobre Shakespeare... eso podría atraer a los exalumnos con dinero.

—O podríamos empezar por algo más... personal —sugirió Leo, mientras caminaban hacia el edificio de humanidades—. Algo que establezca el tono. Tu tutoría, Noah. La gente sabe que eres el mejor. Que no es fácil conseguir tu tiempo. Eso tiene valor intrínseco.

Noah se quedó mirando a Leo, sorprendido. Siempre había visto su conocimiento como una herramienta, una ventaja competitiva. Nunca lo había visto como algo que otros pudieran desear.

—¿Estás seguro de que alguien pagaría por una hora de ecuaciones diferenciales conmigo? —preguntó Noah, aunque una parte de él se sentía halagada.

—Estoy seguro de que sí —dijo Leo—. Porque no están pagando por las ecuaciones. Están pagando por la mente que las resuelve. Por la oportunidad de aprender del genio de la biblioteca.

El apodo, que antes lo había irritado, ahora sonaba diferente. Sonaba como un reconocimiento, no como una burla.

—Bueno —dijo Noah, sintiéndose extrañamente vulnerable—. Si estás convencido. Pero la tutoría es mía. No voy a dejar que le añadas tu "magia" y la conviertas en una sesión de charla superficial sobre la importancia de soñar.

Leo se rio. —Trato. Mi sesión de hockey es mía. Sin discursos sobre la física del patinaje sobre hielo. Aunque...

—No, Moreau. Nada de física —dijo Noah, aunque sonreía—. Nada de análisis de momentum y energía cinética.

—Solo patinar —dijo Leo—. Y quizás, un poco de diversión.

El Dr. Davies, un hombre de sesenta años con gafas y un traje que parecía parte de su piel, accedió a participar en la subasta después de que Leo le explicara el propósito con una pasión que Noah no podía dejar de admirar.

—Es por una buena causa, muchachos —dijo el Dr. Davies—. Y siempre estoy dispuesto a apoyar a los estudiantes que se esfuerzan. Aunque, Sullivan, deberías relajarte un poco. La juventud no es solo para resolver ecuaciones, ¿sabes?

Noah se sonrojó ligeramente, pero asintió. —Sí, señor. Lo tendré en cuenta.

Mientras caminaban de vuelta al patio central, Leo se detuvo de repente. —Mira —dijo, señalando con la cabeza.

Noah siguió su mirada. Allí, cerca de una de las carpas, estaba el Dr. Henderson, hablando con un hombre mayor que Noah reconoció como el decano de la facultad de ciencias. Ambos estaban sonriendo, asintiendo mientras observaban el festival tomar forma.

—Parece que hemos impresionado a los jefes —dijo Noah, sintiendo una punzada de su vieja competitividad—. No está mal para un par de errores de cálculo.

—No somos errores de cálculo, Noah —dijo Leo, su mirada seria—. Somos una variable inesperada. Y a veces, las variables inesperadas son las que producen los resultados más interesantes.

Noah lo miró, realmente lo miró. Vio la determinación en sus ojos, la pasión en su sonrisa, la calidez en su mirada. Vio al chico del hockey, al líder, al soñador. Y vio a su rival, a su compañero, a su... amigo.

—Leo —dijo Noah, su voz baja pero firme—. Gracias. Por no dejarme rendirme. Por... todo.

Leo sonrió, y en esa sonrisa, Noah vio el reflejo de todo lo que habían construido juntos. El caos y el orden, la lógica y la magia, la rivalidad y la amistad.

—Siempre, Noah —dijo Leo—. Siempre.

Mientras el sol del mediodía brillaba sobre el campus, lleno de música y expectación, Noah y Leo se quedaron mirando el festival que habían creado, un festival que era más que la suma de sus partes. Era un testimonio de su lucha, de su conexión, de la extraña y hermosa simetría de su rivalidad. Y era, sin duda, el principio de algo mucho más grande que ambos.

1
Fany Torres
bellísima historia me encantó felicito a la autora siga asi
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