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Debajo De Tus Sábanas

Debajo De Tus Sábanas

Status: En proceso
Genre:Romance / Amor prohibido / Traiciones y engaños
Popularitas:2.8k
Nilai: 5
nombre de autor: Miliarias

Todos sabían que Víctor Moreira se había convertido en un hombre solitario tras su reciente y complicado divorcio con Ángela. Desde entonces, se había concentrado exclusivamente en una sola cosa: ser un padre intachable, enfocado en su trabajo y, sobre todo, en proteger el bienestar de su hija Angélica, una adolescente de quince años.
Pero nadie sabía sobre esos deseos sexuales que se encendieron con cada mirada recibida por Cecilia Morales, su nueva secretaria de veinte años. Una joven que fingía ser tímida, discreta y sumamente profesional ante el mundo, cuando en realidad ocultaba fantasías intensas y deseaba a ese hombre mayor y con autoridad solo para ella.

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Capitulo 11

La mañana del segundo día en la ciudad costera comenzó con una calma engañosa. Los primeros rayos de sol se filtraban por los ventanales de la suite, iluminando las sábanas blancas que permanecían revueltas en el centro de la cama King Size. Tras la intensa confesión de la noche anterior, el ambiente en la habitación ya no era el de una incómoda coincidencia corporativa; se había transformado en un santuario privado donde las reglas del mundo exterior no tenían valor.

Cecilia se despertó sintiendo el peso del brazo de Víctor firmemente anclado a su cintura. Se movió despacio, disfrutando de la calidez de su cuerpo maduro y de la maravillosa sensación de posesividad que él emanaba incluso estando dormido. Llevaba puesta únicamente la camisola de satén negro, que a esas alturas estaba arrugada y ligeramente desacomodada. Al sentirla moverse, Víctor abrió los ojos lentamente. Esas pupilas oscuras, que en la oficina infundían un respeto casi reverencial, la recorrieron de inmediato con una fijeza que le aceleró el pulso.

—Buenos días, señorita Morales —murmuró Víctor, con una voz ronca por el sueño que impactó directo en el vientre de Cecilia.

—Buenos días, señor Moreira —respondió ella en un susurro atrevido, apoyando las palmas de sus manos en su pecho firme, sintiendo la textura de su piel.

No hubo necesidad de más palabras. El desayuno programado para la convención y los informes que debían revisar antes de la sesión de la tarde pasaron a un segundo plano. Víctor se incorporó con lentitud, haciendo gala de su imponente contextura física de treinta años. La miró desde arriba, con esa superioridad natural que a ella tanto la volvía loca, pero esta vez con la seguridad de saber exactamente qué hilos mover tras haber descubierto los fetiches más profundos de su secretaria.

—Anoche dijiste que querías ver hasta dónde llega mi autoridad, Cecilia —dijo Víctor, con un tono de mando peligrosamente bajo que la hizo temblar de anticipación—. Dijiste que te gustaban las restricciones y las órdenes que no pudieras rechazar.

Cecilia asintió, mordiéndose el labio inferior, entregándose por completo a la intensidad de su mirada. Víctor estiró la mano hacia la mesa de noche y tomó una de las corbatas de seda oscura que había dejado listas para el traje del día. La deslizó entre sus dedos con parsimonia, observando cómo los ojos de Cecilia se dilataban al comprender la sugerencia.

—Pon las manos detrás de la espalda, Cecilia —ordenó Víctor. La firmeza de su voz no admitía réplicas.

Ella obedeció al instante, cruzando las muñecas detrás de su cuerpo y arqueando el pecho hacia el frente en un gesto de absoluta sumisión. Víctor se posicionó detrás de ella, pegando su torso ancho a la delicada espalda descubierta de Cecilia. Con movimientos lentos y calculados, rodeó sus muñecas con la seda de la corbata, asegurándolas con un nudo firme pero cuidadoso, asegurándose de no lastimarla pero dejándole en claro que, en ese momento, su libertad dependía por completo de él.

El contacto de la seda contra su piel, sumado a la restricción física, encendió cada rincón de la imaginación de Cecilia. Se sentía pequeña, completamente dominada por el hombre maduro que la reclamaba en la penumbra de la suite. Víctor bajó los labios por su nuca, dejando un rastro de besos calientes y mordiscos sutiles que la hicieron soltar un gemelo ahogado. Sus manos grandes y cálidas viajaron por sus caderas, subiendo lentamente por el satén de la camisola, delineando sus curvas con una posesividad salvaje que nunca antes se había permitido experimentar.

—Eres mía, Cecilia. En esta habitación haces exactamente lo que yo dicte —le susurró él contra el oído, justo antes de atrapar sus labios en un beso voraz, profundo y dominante que cortó cualquier atisbo de realidad exterior. El juego de roles corporativo se había convertido en una realidad ardiente dentro de esa suite.

Sin embargo, la burbuja perfecta de la intimidad estaba destinada a ser interrumpida por el mundo real.

Cerca del mediodía, mientras Cecilia se retocaba el cabello frente al espejo del baño vistiendo un elegante vestido liso color verde oliva para asistir a los almuerzos de negocios, el teléfono celular de Víctor comenzó a vibrar con insistencia sobre la mesa de caoba. El sonido seco rompió la atmósfera densa de la habitación. Víctor, que terminaba de abotonarse la camisa de su traje gris, caminó hacia el aparato y apretó la mandíbula al leer la pantalla.

Era Ángela. Su exesposa.

Víctor contestó, apartándose sutilmente hacia el ventanal, aunque Cecilia pudo escuchar perfectamente la conversación debido al silencio reinante.

—Ángela, te dije que estoy en un viaje de trabajo muy importante. No tengo tiempo para tus dramas habituales —soltó Víctor, con una voz gélida que intentaba marcar una línea infranqueable.

—*¡Me importa un demonio tu viaje, Víctor!* —la voz de Ángela llegó cargada de esa prepotencia y rabia contenida de siempre—. *Angélica me dijo que cambiaste las fechas de los depósitos y que planeas pasar el próximo fin de semana entero con ella fuera de la ciudad. No puedes tomar decisiones sobre nuestra hija sin consultarme. Estás usando tu dinero para ponerla en mi contra y alejarla de mí.*

—No estoy poniendo a nadie en tu contra, Ángela. Simplemente estoy ejerciendo mis derechos como padre. Angélica es mi prioridad absoluta, y si prefieres gastarte el dinero de la pensión en tus caprichos en lugar de escuchar lo que tu hija realmente necesita, ese es tu problema. No vuelvas a llamarme a menos que sea una emergencia real —sentenció Víctor, cortando la llamada de golpe sin esperar réplica. Tiró el teléfono sobre la mesa con frustración, frotándose las sienes.

Cecilia se acercó despacio, manteniendo sus pasos silenciosos, y posó una mano suave sobre el hombro de Víctor, intentando transmitirle calma. Él suspiró, girándose para mirarla, y la calidez regresó a sus ojos oscuros al ver la devoción en el rostro de su secretaria.

Antes de que pudieran decir algo más, el teléfono volvió a sonar. Víctor estuvo a punto de apagarlo, pensando que era Ángela otra vez, pero al mirar la pantalla vio que el nombre era diferente: *"Angie"*. Su semblante cambió de inmediato a uno de profunda preocupación.

—¿Hola, Angie? ¿Pasó algo? —preguntó con un tono notablemente más suave y protector.

—*Hola, papá...* —la voz de la adolescente de quince años sonaba un poco apagada, carente de su habitual frescura—. *Mamá me llamó llorando histérica después de hablar contigo. Me dijo cosas horribles de ti, pero... la verdad es que la escuché muy triste, papá. Sé que ella siempre exagera y que se la pasa reclamando lo de siempre, pero me da pena verla así. ¿De verdad tienes que ser tan duro con ella?*

Víctor cerró los ojos, sintiendo el peso de la culpa que Ángela siempre intentaba sembrar a través de su hija. Miró a Cecilia, quien lo observaba en silencio con una madurez impecable, dándole el espacio que necesitaba. Víctor recordó los años de infelicidad, las manipulaciones y cómo se había abandonado a sí mismo para intentar salvar un matrimonio muerto, olvidándose de sus propios deseos y de su libertad como hombre. Miró el entorno de la habitación, el perfume de Cecilia que aún flotaba en el aire y la certeza de que finalmente estaba tomando las riendas de su propio destino.

La decisión ya estaba tomada en su mente, y no había vuelta atrás.

—Escúchame bien, Angie —dijo Víctor con una voz firme, pero cargada de un amor paternal infinito—. Sé que es difícil para ti ver a tu madre triste, y lamento mucho que te meta en medio de nuestros problemas. Pero la separación fue lo mejor para los dos. Yo ya tomé una decisión sobre cómo voy a manejar mi vida de ahora en adelante, y eso incluye asegurarme de que tú estés bien, pero también buscar mi propia felicidad. No voy a ceder más ante los chantajes de tu madre. Te amo, disfrute tu fin de semana y nos vemos el domingo por la noche, ¿de acuerdo?

—*Está bien, papá. Te entiendo. Te quiero mucho, cuídate en tu viaje* —respondió la adolescente, pareciendo asimilar la madurez de las palabras de su padre antes de colgar.

Víctor dejó el teléfono definitivamente sobre la mesa. Se giró hacia Cecilia, deshaciéndose de la rigidez que la llamada le había provocado. Caminó hacia ella, la tomó de la cintura con esa fuerza posesiva dominante que la hacía derretirse y la pegó a su pecho.

—Se terminaron las distracciones del pasado, Cecilia —le dijo en un susurro ronco, mirándola fijamente a los ojos—. Ahora mi único negocio eres tú.

Cecilia sonrió de lado con un atrevimiento salvaje, sabiendo que el correcto Víctor Moreira había dejado atrás sus miedos para entregarse por completo al prohibido y ardiente juego que compartían debajo de las sábanas de ese viaje secreto.

1
Kookie
ojalá subas capitulos muchos
Kookie
tuvieron un bebé
Kookie
ya se la ganó
Kookie
tanto tiempo pasó
Kookie
entiendo a Ceci
Kookie
ya empezó el juego
Kookie
la odiosa de su ex esposa
Kookie
se está poniendo bueno
Kookie
la niña le dió su merecido a esa bruja
Kookie
no tenía que irse
Kookie
más trasfondo de la madre
Kookie
uffffff
Kookie
Ya le confesó 🤭🤭
Kookie
Más capitulos plis
SAQ
Red
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