Ella renace en un nuevo mundo, y quiere ser la mejor hermana menor.. en esta nueva oportunidad para vivir.
* Esta novela pertenece a un mundo mágico*
*Todas las novelas son independientes**
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Daniel 1
El sol ya comenzaba a bajar en el horizonte.
La plaza del pueblo, que horas antes había estado llena de ruido y movimiento, ahora se volvía más tranquila. Algunos comerciantes guardaban sus mercancías, los niños corrían hacia sus casas y el cielo tomaba un tono cálido entre dorado y anaranjado.
El carruaje Darcy seguía detenido en el mismo lugar.
El cochero, sentado en la parte delantera, miró el cielo por tercera vez.
Esto ya es extraño, pensó.
Sabía perfectamente que Lady Naomi se había ido hacía mucho tiempo. Él mismo la había visto marcharse en otro carruaje junto a sus escoltas.
Pero dentro del carruaje Darcy seguía David Devlin.
Sentado.
Pensando.
Sin decir nada.
Habían pasado casi dos horas.
Finalmente el cochero suspiró y decidió reunir valor.
Se inclinó ligeramente hacia la ventanilla.
—Lord Devlin… ¿Desea que lo lleve a la mansión Devlin?
Dentro del carruaje, David levantó la cabeza.
Había estado tan perdido en sus pensamientos que casi había olvidado dónde estaba.
Parpadeó un par de veces, regresando lentamente al presente.
—No.. Esperaré a Lady Naomi.
El cochero dudó.
—Mi lord…
David frunció ligeramente el ceño.
—¿Sí?
El hombre habló con cuidado.
—Lady Naomi ya se fue.
David lo miró.
—¿Se fue?
—Sí, mi lord.
—Hace bastante tiempo.
David sintió que algo no encajaba.
—¿Cuánto tiempo?
El cochero pensó un momento.
—Desde que ella se bajó… han pasado cerca de dos horas.
David se quedó completamente inmóvil.
Dos horas.
Para él…
Habían sido minutos.
Minutos de pensamientos desordenados.
De ideas que aparecían y desaparecían.
De imaginar posibilidades.
De preguntarse si realmente tenía tanta suerte.
Pero mientras él pensaba… Naomi se había ido.
Y entonces, de golpe, algo se rompió dentro de él.
La escena volvió a su mente con una claridad dolorosa.
El interior del carruaje.
La forma en que Naomi lo miró.
La serenidad con la que dijo..
“…cuando alguien se pone nerviosa cuando está cerca de alguien que le gusta.”
Recordó su rostro.
La forma en que había esperado.
Aunque fuera solo unos segundos.
Esperando que él dijera algo.
Cualquier cosa.
Y él… no dijo nada.
David cerró lentamente los ojos.
Porque de repente lo vio desde otra perspectiva.
¿Qué habría sentido él si se hubiera armado de valor para decirle a alguien que le gustaba… y la otra persona simplemente se quedaba callada?
Ni una respuesta.
Ni una reacción.
Ni siquiera una frase educada.
Solo silencio.
Un silencio que podía interpretarse como indiferencia.
O rechazo.
David apretó ligeramente la mandíbula.
Una sensación incómoda le oprimía el pecho.
—Maldición… —murmuró en voz baja.
Porque ahora lo entendía.
No solo se había quedado callado.
Había dejado a Naomi completamente sola en ese momento.
Ella había sido honesta.
Directa.
Valiente.
Le había confiado algo personal.
Y él… se había quedado sentado como un idiota.
Pensando.
Como si aquello fuera un problema comercial que debía analizar.
David apoyó la frente en su mano.
El peso de la culpa empezó a caer sobre él.
Porque Naomi no era cualquier persona.
Era una mujer inteligente.
Amable.
Alegre.
Una mujer que lo había tratado siempre con respeto.
Y además… lo había honrado con su sinceridad.
Había confiado lo suficiente en él como para decir algo así.
Y él había respondido con silencio.
Un silencio que ahora, pensándolo bien… se sentía cobarde.
David soltó un largo suspiro.
—Soy un idiota…
El cochero, que seguía esperando afuera, fingió no haber escuchado.
David levantó la mirada hacia la puerta abierta del carruaje.
El cielo estaba casi completamente naranja ahora.
Y Naomi Darcy ya estaba lejos.
No sabía si estaba enojada.
Avergonzada.
O simplemente arrepentida de haber sido sincera.
Pero una cosa estaba clara.
Él había herido a alguien que no lo merecía.
Y ese pensamiento… le pesaba mucho más de lo que esperaba.
La noche ya había caído cuando David Devlin llegó finalmente a la mansión de su familia.
El camino de grava crujió bajo las ruedas del carruaje mientras las luces del gran edificio aparecían entre los árboles. Algunas ventanas estaban iluminadas y desde dentro se escapaba el sonido suave de la vida cotidiana de la casa.
Pero David apenas lo notó.
Su cabeza seguía llena de pensamientos.
De silencios.
De una mirada oscura y unos ojos hermosos que lo habían mirado esperando una respuesta que él nunca dio.
Cuando el carruaje se detuvo, David bajó casi de inmediato.
No se dirigió a su habitación.
Ni al despacho.
Fue directo hacia el salón principal donde sabía que probablemente encontraría a su hermano mayor.
El conde Daniel Devlin.
Daniel estaba sentado cerca de la chimenea revisando algunos documentos. La luz del fuego iluminaba su expresión tranquila. No era un hombre de muchas palabras, pero su presencia siempre era firme y segura.
Cuando David entró, Daniel levantó la vista.
—Llegaste tarde.
David se pasó una mano por el cabello.
—Necesito hablar contigo.
Daniel dejó los papeles a un lado.
—Entonces habla.
David respiró hondo.
Y empezó a contar todo.
El encuentro en el carruaje.
Las palabras de Naomi.
Su silencio.
La forma en que ella bajó con la cabeza en alto.
El hecho de que él se quedó pensando dos horas mientras ella se marchaba.
Daniel escuchó todo sin interrumpir.
Sin cambiar mucho su expresión.
Solo cuando David terminó…
¡PAM!
El conde le dio un golpe seco en la nuca.
David se llevó la mano a la cabeza.
—¡¿Qué demonios?!
Daniel lo miró con absoluta calma.
—Fuiste un idiota.
David lo miró indignado.
—¡Oye!
Daniel se encogió de hombros.
—Arreglalo.
David frunció el ceño.
—¿Cómo?
Daniel lo observó un momento.
—Primero responde algo.
David cruzó los brazos.
—¿Qué?
Daniel fue directo.
—¿Te gusta?
David dudó.
Solo un segundo.
Pero fue suficiente.
¡PAM!
Otro golpe en la nuca.
—¡Oye!
Daniel lo miró con expresión cansada.
—La chica se armó de valor para decirte que le gustas.
Hizo una pausa.
—Se merece una respuesta como un hombre.
David se quedó en silencio.
Daniel continuó con calma.
—Si te gusta, se lo dices.
—Si no te gusta, también.
Luego añadió con tono firme..
—Eres un Devlin. Los Devlin tienen honor.
David bajó la mirada un momento.
—¿Y cómo se supone que sepa si me gusta?
Daniel lo miró fijamente.
Y entonces su expresión cambió.
Se volvió… ligeramente provocadora.
—Bueno… sino te gusta o no lo sabes, es mejor que ella te olvide..
Se recostó en el sillón con tranquilidad.
—Podría hablar con algunos cadetes del ejército.
David levantó la cabeza.
—¿Qué?
Daniel continuó como si estuviera hablando del clima.
—Conozco varios oficiales jóvenes. Buenos hombres. Serían un buen partido para Naomi Darcy.
David lo miró con incredulidad.
Daniel siguió con absoluta calma.
—Podrían darle protección. Una buena posición.
Luego añadió con una pequeña pausa calculada..
—Tal vez debería hablar con Nelson Darcy. Decirle que puedo ayudar a buscarle un buen pretendiente para su hermana.
David se levantó de golpe.
—¡¿Qué?!
Daniel continuó con serenidad provocadora.
—Después de todo… alguien tendrá que ayudarla a olvidar al idiota de mi hermano.
La reacción fue inmediata.
David dio un paso adelante furioso.
—¡soy yo tu hermano!
Daniel alzó una ceja.
—Exactamente.
David apretó los puños.
—¡No le busques pretendientes!
Daniel inclinó la cabeza.
—¿Por qué?
David estaba completamente irritado ahora.
—¡Porque…!
Se detuvo.
Daniel lo miró con paciencia.
—Porque… ¿qué?
David respiraba con fuerza.
—Porque… ella…
Daniel sonrió apenas.
—¿Ella qué?
David estaba claramente molesto.
—¡No quiero que otro hombre la corteje!
Daniel cruzó los brazos.
—¿Ah no?
—No.
—¿Y por qué?
David abrió la boca para responder.
Pero no salió nada coherente.
Daniel observó la escena unos segundos.
Luego, finalmente…
Se echó a reír.
No era una risa fuerte.
Pero sí claramente divertida.
David lo miró confundido.
—¿Qué es tan gracioso?
Daniel negó con la cabeza.
—Ahí tienes tu respuesta.
David frunció el ceño.
—¿Cuál respuesta?
Daniel lo miró con calma.
—No estarías celoso…
Hizo una pequeña pausa.
—…si no te gustara.
David se quedó completamente quieto.
Como si alguien acabara de encajar una pieza que él no había visto.
Daniel se levantó con tranquilidad.
Le dio una palmada ligera en el hombro.
—Ahora ya sabes lo que tienes que hacer.
David lo miró.
—¿Qué?
Daniel caminó hacia la puerta mientras respondía con absoluta simpleza.
—Dejar de ser idiota.
Luego añadió sin siquiera girarse..
—Y arreglalo con Naomi Darcy.