Ella renace en otra época, decidida a priorizarse a si misma y a no enamorarse para no sufrir.
* Esta novela pertenece a un mundo mágico*
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Regina 2
Cuando Regina salió de la oficina, cerrando suavemente la puerta tras de sí, el aire del pasillo la envolvió con una quietud elegante… pero tensa.
No dio más de tres pasos cuando lo vio.
Su padre.
Lord Sallow avanzaba por el corredor con paso firme, acomodándose los guantes con una naturalidad que intentaba disimular el ligero desorden en su apariencia. Su cabello, apenas fuera de lugar. El perfume… distinto al habitual.
Regina lo supo de inmediato.
Venía de otra casa.
De otra vida.
De otra de esas mujeres.
Por un instante, el viejo sentimiento.. ese que pertenecía a Regina, la original.. se asomó en su pecho.. una mezcla de distancia, resignación… y un dolor que nunca se nombraba.
Porque en esa familia, había cosas que simplemente no se decían.
Nunca hablaron de las otras mujeres.
Nunca hablaron de los otros hijos.
Nunca hablaron de su madre.
La mujer que, según los rumores que flotaban como sombras en la sociedad, había muerto de tristeza al descubrir las infidelidades de su esposo.
Y él…
Nunca volvió a casarse.
Como si eso, de alguna manera, equilibrara todo lo demás.
—Regina —la voz de Lord Sallow la sacó de sus pensamientos.
Ella se detuvo frente a él, manteniendo la postura recta, la expresión serena.
—Padre.
Él la observó un momento. Había algo distinto en ella… pero no supo definir qué.
—Más tarde vendrá a visitarte Lord Chapman.. Espero que estés disponible.
Y ahí estaba.
El nombre cayó como una piedra en el agua de sus recuerdos.
Lord Chapman.
El hombre del que ella.. en esa vida que había visto.. se enamoraba perdidamente.
El mismo por el que lo había dejado todo.
El mismo que, con el tiempo… la había dejado a ella.
Su corazón no se aceleró.
No hubo ilusión.
No hubo nervios.
Solo claridad.
Lo miró por un segundo, como si estuviera viendo una sombra del pasado… algo que ya no tenía poder sobre ella.
Luego volvió la vista hacia su padre.
Y habló.
—Padre… quiero pedirle algo.
El silencio que siguió fue inmediato.
Lord Sallow parpadeó, sorprendido.
Regina… nunca pedía nada.
Nunca exigía.
Nunca cuestionaba.
Nunca se acercaba lo suficiente como para necesitar algo de él.
Y en el fondo, él sabía por qué.
Esa distancia no era casualidad.
Era consecuencia.
De sus decisiones.
De sus ausencias.
De todo lo que nunca corrigió.
Por eso, cuando su hija dijo esas palabras… algo en su interior se tensó.
Dejó de moverse.
La miró con atención real, por primera vez en mucho tiempo.
—Dime —respondió, más serio ahora.
Regina sostuvo su mirada.
No con frialdad.
No con reproche.
Sino con una calma firme… nueva.
—No quiero recibir a Lord Chapman.
El impacto fue inmediato, aunque él no lo mostró del todo.
Sus cejas se fruncieron apenas.
—¿No… quieres? —repitió, como si la idea le resultara ajena.
Regina negó suavemente.
—Quiero quedarme a estudiar. Estoy esperando los resultados de la academia… y quiero prepararme.
Las palabras quedaron suspendidas entre ellos.
Por un instante, Lord Sallow no supo qué decir.
Eso… no era lo que esperaba.
Pensó en insistir.
En recordarle lo conveniente que era esa visita.
En lo útil que podía ser esa conexión.
En que hasta hace unos días ella parecía muy interesada en Lord Chapman y que él consideraba que podía ser un buen esposo para ella..
Pero entonces…
La miró bien.
Y vio algo que no había visto antes.
Determinación.
No capricho.
No rebeldía.
Decisión.
Y junto a eso… una verdad que le golpeó con más fuerza de la que esperaba.. Era lo único que su hija le había pedido en años.
Años de silencio.
Años de distancia.
Años en los que él había sido todo… menos un padre presente.
Sus labios se entreabrieron, como si fuera a decir algo.
Pero no lo hizo.
Porque, en el fondo, sabía que no tenía derecho a negarse.
No a esto.
No a ella.
Exhaló lentamente.
Y asintió.
—Está bien.
Fue simple.
Sin discursos.
Sin condiciones.
Pero suficiente.
Regina sintió cómo algo en su pecho se acomodaba. No era alivio total… pero era un comienzo.
—Gracias, padre.
Él la observó un segundo más, como si quisiera decir algo adicional… algo que nunca encontraba cómo expresar.
Pero al final, solo hizo un leve gesto con la cabeza.
Y siguió su camino.
Regina se quedó ahí unos segundos.
En el mismo pasillo.
En la misma casa.
Pero ya no en la misma historia.
Porque acababa de hacer algo pequeño… pero decisivo.
Había dicho que no.
No al hombre que antes definiría su vida.
No al camino que ya conocía.
Y mientras giraba para regresar, con la mente enfocada y el corazón firme, una certeza la acompañó..
El destino no cambia en grandes momentos.
Cambia en decisiones como esa.
Silenciosas.
Firmes.
Irreversibles.
Y Regina Sallow… acababa de tomar la primera.