Morí atragantándome con unos tacos al pastor mientras leía una novela de reencarnación.
Renací como la villana.
Y ahora… voy a conquistar a mi prometido, a mi papucho villano.
—ACTUALIZACIÓN DIARIA—
NovelToon tiene autorización de Ruczca para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
CAPÍTULO 12
Levanté la mirada con cautela…
Y entonces lo vi.
Estaba sentado frente a mí, con una postura relajada, casi despreocupada… como si todo a su alrededor le perteneciera.
Como si el mundo entero no fuera más que un escenario bajo su control.
La luz tenue que se filtraba por la ventanilla del carruaje rozaba su figura, delineándolo con una elegancia casi irreal.
Cabello largo, rojo.
Intenso.
Desordenado de forma perfecta, como si incluso el caos en él estuviera calculado.
Su piel era pálida, impecable… demasiado para alguien que claramente no era ajeno a la oscuridad.
Pero fueron sus ojos…
…los que me detuvieron por completo.
Dorados.
No de un dorado común.
No cálido.
Era un dorado profundo.
Metálico.
Hipnótico.
Brillaban tenuemente bajo la luz… como si ocultaran algo vivo en su interior.
Algo antiguo.
Algo peligroso.
No apartaban la mirada de mí.
Y aun así…
mi corazón dio un salto.
Porque—
era absurdamente guapo.
Tragué saliva.
Demasiado.
Ridículamente.
Peligrosamente atractivo.
Mi tipo.
Completamente mi tipo.
—…
¿En serio…?
¿Este es el momento para pensar eso?
Debo ser fiel a mi papucho villano.
Apreté ligeramente los labios, intentando recuperar la compostura.
Pero mi mirada…
volvía a él.
Vestía con una elegancia abrumadora.
Un traje oscuro ceñido a su figura, resaltando su porte firme, cubierto por una capa roja con detalles dorados que caía con peso sobre sus hombros, como un símbolo de autoridad… o advertencia.
Cada detalle gritaba poder.
Dinero.
Influencia.
Pero no era eso lo que me inquietaba.
Eran esos ojos.
La forma en que me observaban…
como si ya me conocieran.
Como si me estuvieran leyendo.
Y aun así…
no podía dejar de mirarlo.
Abrí la boca para decir algo…
pero ninguna palabra salió.
Porque en ese instante…
él sonrió.
No fue una sonrisa amable.
Fue leve.
Lenta.
Peligrosa.
Y eso…
solo lo hizo más atractivo.
—Vaya… —murmuró, su voz baja y varonil llenando el pequeño espacio—.
Se inclinó apenas hacia adelante.
Lo suficiente para invadir mi espacio.
Lo suficiente para que esos ojos dorados quedaran aún más cerca… más intensos.
—Realmente no esperaba que fueras tú.
El aire se me quedó atrapado en el pecho.
¿…tú?
Fruncí el ceño, confundida.
—¿Nos… conocemos? —pregunté, intentando mantener la compostura.
Pero mi voz… no sonó tan firme como quería.
Intenté recordar la novela.
Cada personaje.
Cada escena.
Cada detalle.
Pero no…
No había nadie como él.
Y si lo hubiera…
lo recordaría.
Sin duda alguna.
Porque alguien así…
no se olvida.
…menos cuando es malditamente guapo.
Él no respondió de inmediato.
Solo me observó.
Con calma.
Con interés.
Sus ojos dorados brillaron apenas…
como si hubiera encontrado exactamente lo que buscaba.
—Más de lo que imaginas —respondió al final.
Un escalofrío recorrió mi espalda.
Mi corazón latía más rápido de lo normal.
No solo por miedo.
Era atracción.
Quedé… tontamente aturdida.
Mirándolo.
Demasiado.
No apartaba la vista de él.
De sus ojos.
De su expresión.
De todo.
Hasta que—
una imagen cruzó mi mente.
El villano.
Mi respiración se detuvo un segundo.
No.
Me obligué a reaccionar.
Contrólate.
Tienes un objetivo amoroso.
Apreté los dedos sobre mi vestido, intentando recuperar la cordura.
No puedes cambiar a lo último.
Tragué saliva.
—Puedo… saber cómo se llama… —pregunté, intentando sonar natural.
Él me observó un segundo más, como si analizara incluso la intención detrás de mis palabras.
—Ramsés Tómate —respondió con calma—.
Hizo una breve pausa.
—Soy el tío del príncipe heredero.
…
Silencio.
Y entonces—
mi mente cantó algo completamente inapropiado.
“A mí me gustan los mayores…”
Parpadeé.
¿…pero qué demonios?
¡Estoy loca!
Apreté los labios para no sonreír.
¿El tío… de mi ex?
Eso…
solo lo hacía peor.
Mucho peor.
Lo hacía más indecente.
Lo miré otra vez.
No encajaba.
—¿Tío…? —murmuré casi sin darme cuenta.
Fruncí ligeramente el ceño.
Porque no lo parecía.
En absoluto.
Se veía joven.
Demasiado joven.
Y…
demasiado guapo.
Ridículamente guapo.
Peligrosamente guapo.
Mi tipo.
Esto no está ayudando.
Apreté los labios, desviando la mirada un segundo… solo para volver a él casi de inmediato.
Error.
Grave error.
Porque sus ojos dorados seguían ahí.
Fijos en mí.
Y esta vez…
parecía estar divirtiéndose.
—¿Hay algo extraño en eso? —preguntó con suavidad.
Su voz…
tenía un matiz distinto ahora.
Como si supiera exactamente lo que estaba pasando por mi cabeza.
Como si lo estuviera disfrutando.
Mi corazón dio otro salto.
—N-no… —respondí rápido, demasiado rápido—. Solo que… no lo parece.
Gran idea.
De verdad.
Quería desaparecer.
Pero él no se molestó.
Al contrario.
La comisura de sus labios se elevó apenas.
—Eso suele pasar —dijo con calma.
Y entonces—
se inclinó un poco más hacia mí.
Demasiado cerca.
—Pero te aseguro… que lo soy.
Un escalofrío recorrió mi espalda.
Y esta vez…
no supe si fue por nervios…
o por algo completamente distinto.
De repente, el carruaje se sacudió con violencia.
Solté un jadeo al perder el equilibrio…
y antes de poder reaccionar—
caí directamente entre sus piernas.
El impacto fue amortiguado al instante.
Por él.
Sus manos se cerraron con firmeza en mi cintura, sosteniéndome, atrayéndome apenas más hacia su cuerpo mientras el carruaje seguía temblando.
Demasiado cerca.
El movimiento no cesaba…
y su agarre tampoco.
Entonces lo sentí.
Su rostro descendió lentamente hasta quedar junto a mi hombro…
rozando apenas la tela de mi vestido.
Su respiración.
Cálida.
Lenta.
Peligrosamente cercana a mi cuello.
Un escalofrío me recorrió de pies a cabeza.
—No te muevas… —murmuró, su voz baja deslizándose contra mi piel como un susurro prohibido.
Mi corazón empezó a latir con fuerza.
Demasiada.
El carruaje finalmente dejó de sacudirse…
pero él no me apartó.
Al contrario.
Sus manos en mi cintura se ajustó apenas más, firme, segura… como si no tuviera intención de soltarme.
Podía sentir su calor a través de la ropa.
Su cercanía.
Su presencia envolviéndome por completo.
Y entonces…
me moví.
Inconscientemente.
Giré el rostro para mirarlo.
Nuestros rostros quedaron a centímetros.
Mi respiración se entrecortó.
Sentí el calor subir de golpe a mis mejillas.
Sus ojos dorados…
estaban fijos en los míos.
Más oscuros ahora.
Más intensos.
Como si algo en ellos hubiera cambiado.
y el general está lindo y la busca hayyyy 😭