Sinopsis
Tras morir en un trágico accidente, Sheila Roy despierta en el cuerpo de Saori, la hermana mayor de un personaje secundario en una popular novela de supervivencia zombie. Sabiendo que el fin del mundo comenzará en cuestión de días, utiliza sus conocimientos y los recursos de sus padres para construir un búnker inexpugnable y rescatar a sus hermanos.
Sin embargo, tras la primera noche del apocalipsis, Saori recupera un recuerdo aterrador: el mundo en el que habita no pertenece a una sola novela, sino a la fusión de dos historias distintas. La segunda trama introduce las "Olas de Mutación", eventos globales que transforman el clima, la flora y la fauna en depredadores letales.
Ahora, con un bebé rescatado, un perro que empieza a mostrar una inteligencia inquietante y un grupo de supervivientes bajo su mando, Saori debe liderar a los suyos a través del "Destello de los Mil Soles", un sueño profundo que marcará el inicio de la verdadera evolución biológica.
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Capitulo 22
El motor del Merodeador emitía un ronroneo profundo, una vibración que se sentía en los huesos y que era el único sonido constante en aquel mundo que había decidido sumirse en un silencio sepulcral. Afuera, el desierto empezaba a tragarse los restos de la civilización; las dunas de arena grisácea, teñidas por la luz violeta del cielo, golpeaban los costados del blindado como dedos esqueléticos.
Saori se hundió en su asiento, apretando una compresa fría contra su nuca. El sabor a sangre todavía persistía en su boca, un recordatorio metálico de que su cuerpo apenas estaba empezando a digerir la magnitud de sus propios poderes.
—Sora tiene razón —dijo Near, rompiendo la tensión mientras mantenía la vista fija en el horizonte vacío—. Si vamos a cruzar este infierno para llegar a la Ciudad Z-2, necesitamos saber a qué nos enfrentamos. Esa "profecía" tuya... no puede ser solo sobre el clima y los zombis.
Saori suspiró mientras miraba el paisaje desolado por la ventana reforzada.
—Alexander no es como nosotros —comenzó, y su voz sonó más vieja de lo que su cuerpo aparentaba—. Su historia empieza en un laboratorio subterráneo, enfrentando a un cienpiés gigante mientras el mundo se caía a pedazos afuera.
—¿Un cienpiés gigante? —interrumpió Yuuta, con los ojos como platos—. ¿Cómo de gigante? ¿Cómo un autobús?
—Peor —respondió Saori, con una sonrisa triste—. Imagina algo del tamaño de un tren de carga, cubierto de placas de quitina que las balas normales ni siquiera rayan. Alexander era un joven militar, un prodigio que había ganado prestigio a una edad ridícula. Estaba volviendo de una misión clasificada con su equipo cuando el cielo se oscureció.
—El Gran Sueño —murmuró Naoko, abrazando con más fuerza a la pequeña Tesha—. Todos lo sentimos. Ese cansancio que te obligaba a cerrar los ojos aunque supieras que podrías no despertar.
Saori asintió.
—Exacto. Pero para ellos fue distinto. Cuando el sol volvió a salir, Alexander despertó en mitad de una masacre. La mayoría de sus compañeros no lo lograron; se habían convertido en esas cosas, o peor, habían servido de alimento para lo que mutó dentro del laboratorio antes que ellos. Él despertó con una habilidad de grado S. No tuvo que "aprender" a pelear como nosotros; él ya era un arma antes del fin del mundo.
—¿Entonces él es el "Hombre más fuerte" que mencionaste antes? —preguntó Near, ajustando el agarre en el volante. Su tono denotaba una mezcla de envidia y esperanza—. Si él está en ese laboratorio... ¿podría ayudarnos?
Saori soltó una risa seca que terminó en una mueca de dolor por la presión en sus sienes.
—Ese es el problema, Near. Alexander es un líder, pero no es un santo. En la profecía, él no salva a la gente por bondad; la salva porque necesita soldados. Su mentalidad es puramente militar: si eres útil, tienes un lugar. Si eres una carga... bueno, el desierto es muy grande.
Sora, que había estado escuchando en silencio desde el asiento trasero mientras afilaba mecánicamente una daga, levantó la vista.
—Dices que él despertó en un laboratorio. ¿Es el mismo laboratorio de Lorinso Industries hacia el que vamos?
El silencio volvió a caer sobre el grupo, más pesado que antes. Saori miró a su hermano, notando la frialdad en sus ojos.
—Sí —confirmó ella—. Por eso es vital que lleguemos antes de que él limpie el lugar y se marche. El equipo que Alexander está formando ahora mismo será el núcleo del refugio más seguro del continente. Pero no podemos llegar como suplicantes. Tenemos este Merodeador, tenemos suministros y los tenemos a ustedes. Tenemos que entrar como aliados, no como refugiados.
—¿Y el cienpiés? —insistió Yuuta, todavía obsesionado con el monstruo—. ¿Lo mató él solo?
—Lo hizo —dijo Saori, recordando las páginas de la novela que describían la escena con un detalle sangriento—. Usó su habilidad de "Corte de Vacío" para rebanar a la criatura desde adentro. Fue ahí donde se dio cuenta de que el mundo ya no pertenecía a los humanos, sino a los que pudieran evolucionar más rápido.
—Es aterrador —murmuró Naoko, mirando hacia el cielo que empezaba a soltar jirones de niebla helada—. Hablas de él como si fuera un monstruo más.
—En este mundo, Naoko, para matar a un monstruo tienes que convertirte en algo parecido —respondió Saori, sintiendo cómo su Localizador parpadeaba. Tres puntos rojos, inmensos y estáticos, aparecieron en su mapa mental a pocos kilómetros de su ruta—. Alexander lo entendió de inmediato. Nosotros... nosotros apenas estamos aprendiendo a sangrar por la boca para defender lo nuestro.
Near frenó levemente, haciendo que el Merodeador se inclinara hacia adelante.
—Si ese tipo es tan peligroso y está en nuestro destino... ¿por qué no vamos a otro lado? Podríamos rodear la ciudad, buscar un pueblo pequeño.
Saori negó con la cabeza, sintiendo que el aire dentro del vehículo se volvía más denso.
—Porque en dos días el frío no será una molestia, será una sentencia de muerte. Lorinso Industries fue construido sobre una falla geotérmica. Tienen generadores independientes y calefacción de grado industrial. Es el único lugar en mil kilómetros a la redonda donde no moriremos congelados mientras dormimos. Además...
Hizo una pausa, mirando sus manos, que aún temblaban levemente por la sobrecarga espacial.
—...necesito ver las Estadísticas de Alexander. Si puedo entender cómo funciona su poder, tal vez pueda desbloquear lo que el sistema me tiene oculto. Mi "casa" me protege, pero estas habilidades de combate son lo único que nos mantendrá con vida cuando el "efecto secundario" sea lo de menos.
Sora guardó su daga con un clic metálico.
—Entonces vamos al encuentro del Hombre más Fuerte. Pero si intenta tratarnos como peones de su ejército, espero que tu "Golpeadora Profesional" esté lista, hermana.
Saori sonrió, esta vez con una chispa de verdadera determinación.
—Estará lista, Sora. Pero antes de eso, tenemos que pasar por el Oasis de Cristal. La profecía dice que es un atajo, pero también el lugar donde muchos pierden la cabeza. Near, acelera. No queremos que la noche nos alcance mientras el aire todavía se puede respirar.
El Merodeador aumentó su velocidad, levantando una estela de polvo grisáceo mientras se adentraba en el corazón del desierto, un camino donde la realidad y la profecía empezaban a fundirse en una sola pesadilla de acero y supervivencia.
Saori suspiró mientras miraba el paisaje desolado por la ventana reforzada. Su mirada se desvió un segundo hacia Yair, quien jugueteaba con una chispa nerviosa en la punta de sus dedos.
—Alexander no es como nosotros —comenzó Saori, y su voz sonó más vieja de lo que su cuerpo aparentaba—. Su historia empieza en un laboratorio subterráneo, la sede de Lorinso Industries, enfrentando a un cienpiés gigante mientras el mundo se caía a pedazos afuera. Ellos no esperaron a que nadie los rescatara; limpiaron el lugar por su cuenta y lo convirtieron en una fortaleza antes de que el gobierno siquiera supiera que el sol había vuelto a salir.
—¿Son muchos? —preguntó Sora, afilando mecánicamente una daga de combate.
—Al principio solo eran cinco —respondió Saori, entornando los ojos como si leyera páginas invisibles en el aire—. Pero cada uno de ellos es una pesadilla andante. Tienen a Miguel, por ejemplo. Él es un usuario de fuego de tipo logia. —Miró directamente a Yair—. Como tú, Yair, él es inmune al frío. Pero mientras tú apenas puedes encender una fogata, él puede convertirse en un incendio forestal viviente. El invierno que viene no le hará ni cosquillas; él será el sol de su propio refugio.
Yair tragó en seco, cerrando el puño y apagando su chispa. La comparación pesaba en el aire.
—Luego está Arturo —continuó Saori—. El mayor del grupo. Era un doctor militar. Su habilidad es indefinida, pero puede cerrar heridas mortales en segundos. No solo eso; usa su energía curativa para potenciar sus propios músculos. Imaginen a alguien que puede pelear durante horas sin cansarse y que se regenera mientras te golpea. Es el pilar que mantiene a los demás en pie.
—Un médico de guerra con esteroides mágicos... fantástico —masmurró Near con ironía, aunque su mano apretaba el volante con fuerza.
—Tienen a Axel, que corta el aire como si fuera papel —siguió Saori—. Sus habilidades de viento le permiten crear tornados minúsculos que despedazan mutantes en segundos. Y a Leo, un teriantropo. Pero no es como los que veremos en el camino que solo se transforman en un lobo o un oso. Leo puede adoptar partes de cualquier animal evolucionado. Puede tener la fuerza de un gorila mutante y la velocidad de un guepardo al mismo tiempo.
—Es una unidad de élite completa —analizó Sora, dejando de afilar la daga—. Pero seguiste mencionando a Alexander como alguien aparte.
Saori guardó silencio un momento, sintiendo un escalofrío que no tenía nada que ver con el clima.
—Alexander es el verdadero monstruo —sentenció—. Su habilidad base es una telequinesis tan refinada que la mía parece un juego de niños. Él no solo mueve cosas; puede sentir cada latido de corazón en un radio de kilómetros. Al ser militar, sus capacidades físicas ya eran superiores, pero ahora se multiplicaron por mil. Sus disparos nunca fallan porque imbuye cada bala con su propia energía, permitiéndoles atravesar el blindaje de los mutantes más pesados.
Saori hizo una pausa, mirando sus propias manos, que aún temblaban levemente por la sobrecarga del sistema.
—Pero lo que realmente lo hace temible es su poder autodestructivo. Puede crear esferas de un negro intenso, una masa de gravedad y energía pura que, en su máximo nivel, puede borrar ciudades enteras del mapa. Es parecido a tu fuego negro, Yair, pero Alexander no quema... él borra la existencia de lo que toca.
El silencio volvió a caer sobre el grupo, más pesado que antes. El Merodeador parecía de pronto un juguete de plástico comparado con la descripción de aquellos hombres.
—¿Y pretendes que nos unamos a ellos? —preguntó Sora, con una nota de escepticismo—. Nos verán como insectos.
—Por eso necesitamos el Merodeador —dijo Saori con firmeza—. Y por eso necesito que cada uno de ustedes entienda la presión. No vamos a Lorinso Industries a pedir permiso para vivir. Vamos a demostrar que somos útiles. Yo tengo el almacenamiento y la visión del futuro; Sora tiene la mente; Near tiene la conducción y el instinto militar; y ustedes, los más jóvenes, tienen el potencial de alcanzar a esos monstruos.
Sora guardó su daga con un clic metálico.
—Dices que él despertó en ese laboratorio. Si Alexander es tan eficiente, ya habrá recolectado todos los suministros de la zona.
—Precisamente —asintió Saori—. Alexander es un líder, pero no es un santo. En la profecía, él no salva a la gente por bondad; la salva porque necesita piezas para su tablero. Su mentalidad es puramente pragmática: si eres fuerte, tienes un lugar caliente. Si eres débil... bueno, el desierto es muy grande y el frío no perdona.
Near aceleró, levantando una estela de polvo grisáceo mientras se adentraban en el corazón del desierto.
—Entonces no hay opción —dijo Yair, mirando hacia la ventana donde la nieve gris empezaba a caer con más fuerza—. O nos hacemos tan fuertes como ese tal Miguel, o terminaremos siendo solo una nota al pie en la historia de Alexander.
Saori sonrió, aunque por dentro sentía el peso de la mentira. Ella no solo quería sobrevivir; quería asegurarse de que su familia no fuera desechable para el "protagonista". El camino hacia la Ciudad Z-2 apenas comenzaba, y el encuentro con el "Hombre más Fuerte" sería la prueba de fuego que determinaría si eran personajes principales o simplemente carne de cañón en el nuevo mundo.
—Prepárense —susurró Saori mientras cerraba los ojos para consultar su Localizador—. En dos días el aire se congelará. Para entonces, ya deberíamos estar frente a las puertas de Alexander.
—Alexander Walker no es solo un líder —continuó Saori, con la mirada perdida en el horizonte—. Es el arquitecto del nuevo orden. En la sede de Lorinso Industries, él no solo limpió los pasillos de sangre; creó una civilización. Mientras el resto del mundo se muere de hambre y frío, su base tiene fábricas, tiendas y un sistema de justicia implacable. Se rodeó de los mejores, incluyendo a dos hermanas mellizas, Laura y Luciel García. Ambas tienen habilidades de almacenamiento, como yo. Una es el alma del refugio, la que todos quieren proteger; la otra es una guerrera silenciosa que no espera la ayuda de nadie. Ellas son las que permiten que ese lugar prospere.
Sora soltó una risa seca, cruzándose de brazos en el asiento trasero.
—¿Un hombre que borra ciudades, con un ejército de élite y un harén de suministros andantes? ¿No es eso estar demasiado roto? Es injusto.
Saori asintió con una mueca de cansancio.
—Bueno, es el protagonista de esta historia. Se espera que salve a la humanidad, por lo tanto, el sistema lo diseñó para ser invencible. Es el hombre más fuerte del mundo, Sora. No hay otra forma de decirlo.
Near, que había estado conduciendo en un silencio tenso durante la última hora, apretó los párpados un segundo. Sus nudillos estaban blancos sobre el cuero del volante.
—A todo esto —dijo Near, con una voz que sonaba extrañamente forzada—, nunca mencionaste los nombres de esas chicas... ni el del protagonista. Solo hablabas de "él".
Sora bostezó, sin notar la rigidez en los hombros de su amigo.
—Cierto. Dilo de una vez, Saori. Ponle nombre al monstruo.
—Las hermanas son las García —repitió Saori—, y el nombre del hombre que nos espera en la Ciudad Z-2 es Alexander Walker.
El chirrido de los frenos del Merodeador fue ensordecedor.
Fue un sonido agudo, violento, el lamento del metal contra el asfalto agrietado que pareció desgarrar la atmósfera misma. El vehículo de diez toneladas se inclinó violentamente hacia adelante, obligando a los neumáticos a morder el suelo con una furia desesperada. El olor a goma quemada invadió instantáneamente la cabina a través de los conductos de ventilación, denso y acre.
Sora salió despedido de su asiento, golpeándose la cabeza contra el techo reforzado con un ruido seco.
—¡Maldita sea, Near! —gritó Sora, frotándose el cráneo con rabia—. ¡¿Es que no sabes conducir o qué?!
Pero el silencio que siguió al frenazo fue sepulcral. Un silencio denso, cargado de una electricidad estática que hacía que el vello de los brazos se erizara. Near no se movió. No pidió disculpas. Tenía las manos tan apretadas alrededor del volante que los tendones de sus antebrazos vibraban. El sudor empezó a perlar su frente, cayendo sobre el tablero de instrumentos.
Saori sintió un vuelco en el estómago. El Localizador en su mente no mostraba puntos rojos cerca, pero el peligro que sentía en ese momento era mucho más real que cualquier mutante.
—¿Dijiste... Alexander Walker? —susurró Near. Su voz estaba rota, apenas un hilo de aire que luchaba por salir de sus pulmones.
Saori parpadeó, confundida por la reacción física del chico.
—Pues sí... ese es su nombre. Es el comandante de la unidad de élite en Lorinso. ¿Qué pasa?
Near soltó el volante lentamente, como si sus dedos hubieran perdido la sensibilidad. Se giró hacia ellos, y Saori vio en sus ojos una mezcla de terror, alivio y una agonía profunda que no estaba en ningún guion de su novela.
—Él... —Near tragó en seco, y el sonido fue audible en la cabina silenciosa—. Alexander Walker es mi hermano mayor. El que estaba con mis padres. El "monstruo" del que hablas... es mi familia.
—¡¿QUÉ?! —el grito fue unánime. Sora casi se golpea de nuevo con el techo, y Naoko apretó a la bebé Tesha contra su pecho como si el nombre de Alexander Walker fuera un maleficio físico.
—¿Cómo es posible? —logró articular Naoko, con la voz temblorosa—. Ni siquiera tienen el mismo apellido.
Near mantenía las manos fijas en el volante, aunque sus dedos temblaban de forma casi imperceptible. Su mirada estaba perdida en algún punto del horizonte donde el cielo violeta se fundía con la arena gris.
—Alexander usa el apellido de nuestra madre —explicó Near, con una amargura que le rasgaba la garganta—. No quería depender de la sombra de nuestro padre para escalar en el ejército. Quería ser un hombre hecho a sí mismo. —Hizo una pausa, tragando saliva con dificultad—.
El impacto de la noticia golpeó a Saori con más fuerza que cualquier onda de choque telequinética. En la novela original, Alexander Walker era un huérfano de guerra, un hombre frío cuya única familia era su equipo de combate. Nunca se mencionó un hermano menor. Nunca se mencionó a un pacifista llamado Near.
Saori sintió que el sabor metálico volvía a su boca. El guion de la realidad acababa de romperse en mil pedazos. No solo se dirigían al refugio del hombre más fuerte del mundo; llevaban con ellos al fantasma de un pasado que Alexander creía enterrado.
—Tu hermano... —murmuró Sora, olvidando el dolor de su golpe—. Si eso es cierto, Saori, ya no somos extraños intentando negociar. Somos un cabo suelto.
Afuera, la primera ráfaga de viento gélido golpeó el blindaje del Merodeador, haciendo que el vehículo se meciera levemente. El aire empezaría a hacer mucho frío pronto, pero dentro de la cabina, el ambiente ya se había congelado.
Near se hundió en su asiento, mirando sus propias manos.
—Él siempre fue así. Perfeccionista. Letal. Mi padre decía que Alexander no nació, que fue forjado. Si él es quien controla el refugio... no nos recibirá con los brazos abiertos. Para Alexander, la familia es una debilidad. Y él odia las debilidades.
Saori miró por la ventana hacia la dirección de la Ciudad Z-2. El plan de entrar como aliados acababa de volverse mucho más peligroso. Ahora, llevaban al hermano del "monstruo" directamente a su guarida.
—Near —dijo Saori, poniendo una mano firme sobre su hombro—, no me importa quién sea él. Ahora tú eres uno de los nuestros. Si Alexander Walker quiere a su hermano, tendrá que tratar con nosotros primero.
Near asintió débilmente, pero el miedo no abandonó su rostro.
Saori... si tú conoces esa "profecía"... dime qué se menciona de su familia. ¿Qué pasa con nosotros?
Saori sintió que el aire se volvía sólido en sus pulmones. Guardó silencio, mirando fijamente el dorso de sus manos. Sabía exactamente a qué se refería Near, pero las palabras se sentían como fragmentos de vidrio en su boca. En la novela original, Alexander Walker era el "Héroe Trágico", un hombre cuyo ascenso al poder estaba cimentado sobre las cenizas de todo lo que amaba.
Dudó. ¿Cómo le dices a alguien que, en otra vida, su existencia fue borrada del mapa para servir de combustible al destino de otro?
—En la profecía, tú no sobrevivías al colegio, Near —confesó ella en voz baja, sin ser capaz de sostenerle la mirada—. Tu muerte era el detonante. Fue lo que impulsó a Alexander a romper sus límites y volverse el más fuerte.
El silencio que siguió fue absoluto, roto solo por el siseo de los neumáticos sobre la goma quemada. Saori continuó, sintiendo el peso de ser el mensajero de la muerte, la cronista de un horror que ya no debería existir.
—La noticia de tu muerte se la dio tu padre —siguió Saori, con un tono clínico que ocultaba su propio miedo—. Poco después, tu padre muere en una misión suicida intentando recuperar suministros para el refugio. Y tu madre... ella no pudo soportar el peso de perderlos a ambos. Se suicidó semanas después. Alexander se quedó solo en un mundo roto. Ese dolor es lo que creó al monstruo capaz de borrar ciudades.
Sora notó el cambio inmediato en su amigo. El Near bromista, el pacifista que intentaba aligerar el ambiente incluso en el fin del mundo, se evaporó. Sus hombros se hundieron y su rostro adquirió una palidez cadavérica.
—Bájate del asiento, Near —ordenó Sora con una suavidad inusual—. Yo conduciré.
Near aceptó sin rechistar, sin hacer una sola broma, moviéndose como un autómata hacia la parte trasera del vehículo. Se sentó en un rincón, mirando al vacío, procesando que, según el diseño original del universo, él ya debería estar bajo tierra.
Saori observó la escena con una mezcla de culpa y epifanía. Se dio cuenta de que al salvar a Near en el colegio, no solo había rescatado a un amigo; había saboteado el motor principal de la historia de Alexander Walker. El futuro del "Hombre más Fuerte" ya no estaba escrito en piedra. Al cambiar el destino de Near, ella había provocado un efecto dominó que ni siquiera su conocimiento de la novela podía predecir.
—Las cosas han cambiado —pensó Saori, limpiándose un rastro de sudor frío de la frente—. El Alexander que conoceremos no será el mismo de mis recuerdos. ¿Seguirá siendo el líder que necesitamos, o un hombre cuya debilidad —su hermano vivo— lo hará más peligroso?
Obligándose a recuperar la compostura, Saori se dirigió al grupo. El hambre empezaba a morder, y aunque el frío arreciaba, no podían permitirse el lujo de detenerse.
—Ingresaré a mi almacenamiento —anunció ella, haciendo uso de su habilidad espacial—. Naoko, prepárate para cocinar algo rápido mientras Sora sigue avanzando. No podemos perder ni un segundo.
Cerró los ojos y, en un parpadeo, su conciencia se trasladó a la "casa". El contraste fue brutal: el silencio pacífico de su granja interior frente al caos gris del exterior. Recogió raciones, carne fresca de sus animales y vegetales que volvían a brotar por arte de magia sistémica. Al salir, entregó los suministros a Naoko, quien comenzó a organizar una comida improvisada en la pequeña cocina de campaña del Merodeador.
Mientras tanto, Sora mantenía la vista en los monitores.
—Es extraño —comentó Sora, frunciendo el ceño—. Los mutantes... se están alejando. Veo puntos rojos en el Localizador, pero en cuanto nos detectan, cambian de rumbo.
—Nos perciben como una amenaza —respondió Saori, volviendo a su asiento—. Eso es bueno por ahora, pero también es una señal de alarma. Los mutantes están volviendo a desarrollar inteligencia, un instinto de preservación que no tenían hace tres días.
—¿Y qué pasa con los que no tienen inteligencia? —preguntó Yuuta, mirando por la ventanilla hacia las dunas.
—Esos son los peores —sentenció Saori—. Los que solo atacan por instinto puro, los que no sienten miedo. Esos no dudarán en estrellarse contra nuestro blindaje hasta que algo se rompa. Y en este desierto, hay cosas que llevan siglos durmiendo bajo la arena, esperando a que el mundo se vuelva lo suficientemente caótico para despertar.
Miró a Near, que seguía en silencio. Ella ya no era solo una sobreviviente; era la arquitecta de una nueva línea temporal. Había salvado al "hermano muerto", y ahora, el encuentro con Alexander Walker no sería una simple alianza militar. Sería un choque de realidades.
—Acelera, Sora —ordenó Saori, sintiendo cómo el frío empezaba a filtrarse por las juntas del acero—. Tenemos una cita con el pasado de Near, y dudo mucho que el protagonista esté preparado para ver a un fantasma conduciendo un Merodeador.