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Mi Mundo Arde Por Ti (Vindicta Dinasty II)

Mi Mundo Arde Por Ti (Vindicta Dinasty II)

Status: Terminada
Genre:Mafia / Traiciones y engaños / Amor en la guerra / Completas
Popularitas:745
Nilai: 5
nombre de autor: Paula Romero

Tras la muerte de Salvatore Vindicta, el imperio criminal queda en el aire. Contra todo pronóstico, Chiara debe asumir el control del negocio familiar. Muchos capos no aceptan que una mujer lidere la organización, y las traiciones comienzan a surgir desde dentro.

Mientras intenta mantener unido el imperio de su padre, la guerra con las familias rivales se intensifica. Markus Becker permanece a su lado, pero su relación también se ve puesta a prueba por el poder, los secretos y las decisiones que Chiara debe tomar para sobrevivir.

En este libro, Chiara pasa de ser la hija del capo a convertirse en una líder temida, mientras su mundo literalmente arde entre violencia, alianzas rotas y sacrificios que podrán en juego su nuevo imperio.

NovelToon tiene autorización de Paula Romero para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capitolo 1

• ───── ୨Otto mesi dopo ୧ ───── •

...⚔️...

El mundo, al otro lado de la ventana, avanzaba con una calma casi insultante, ajeno al torbellino que llevaba dentro. Los paisajes de Lombardía se desplegaban como una obra maestra de arte: lagos de aguas cristalinas que reflejaban la luz como espejos helados, extensiones de vegetación que respiraban vida, y al fondo, impotentes, los Alpes custodiando el horizonte con su eterna grandeza. El sol caía con fuerza sobre la tierra italiana, bañándolo todo en un resplandor dorado que parecía rozar la perfección. Todo era hermoso… demasiado hermoso para ser real.

Y, aun así, chiara no sentía nada.

Llevaba el cigarrillo a sus labios con lentitud, dejando que el humo llenara sus pulmones antes de expulsarlo con la misma frialdad con la que ahora enfrentaba la vida. Sus lentes oscuros ocultaban sus ojos azules, no solo del sol abrasador, sino del mundo entero.

Lombardía, su nuevo hogar.

O más bien… su nueva jaula de acero… su nuevo escondite.

Su cabello, ahora más corto, enmarcaba un rostro más duro, más marcado por el peso de todo lo vivido. Vestía un traje color vino tinto perfectamente ajustado, elegante y peligroso al mismo tiempo. En sus botines, oculta, descansaba una daga con sus iniciales grabadas.

Un recordatorio constante de quién era ahora.

Y de lo que estaba dispuesta a hacer.

A su lado noto que estaba parado un hombre que conocía perfectamente, alguien que se veía mas recuperado y mas feliz que nunca, su abuelo Eduardo.

—¿En qué piensas? —preguntó Eduardo, con una calma distinta… como si el peso que antes lo encorvaba hubiera podido descansar.

Chiara no respondió de inmediato. Sus ojos seguían fijos en el horizonte, pero ya no era una mirada vacía… era densa, cargada de memorias.

—En todo lo que hemos tenido que atravesar estos últimos meses desde que tengo el poder—dijo al fin, con su voz cargada de tensión—En cómo hay heridas que no pueden cerrar nunca… al contrario solo se aprende a vivir con ese dolor que nunca se podrá curar… la mision de serbia, Markus, la muerte de mi padre…

Quel dolore brucia ancora, nonno.

Eduardo asintió despacio, como quien comprende sin necesidad de palabras.

—¿Segura que es solo eso? —preguntó con suavidad, sin acusarla—¿O también estas pensando en las decisiones que has estado tomando últimamente?

Chiara giró el rostro hacia él, apenas un segundo. No hubo rabia inmediata… solo un leve endurecimiento.

—¿A qué te refieres, Nonno?

—Sabes perfectamente a qué me estoy refiriendo—respondió él, sin alzar la voz—¿En qué momento el dolor se te convirtió en prisa?

¿en qué momento dejaste de pensar con claridad…. ¿Y empezaste a reaccionar desde el odio?

Chiara soltó una pequeña risa seca, sin humor.

—Ay Nonno Mi fai ridere yo no tomo las decisiones desde el odio. Las tomo porque el momento lo exige. Porque es ahora o nunca para acabar con esa familia que lo único que ha hecho es destruirnos.

Eduardo la observó con detenimiento. No había reproche en sus ojos… había algo más peligroso: lucidez.

—Eso no te lo crees ni tú, chiara.

El silencio se tensó entre ambos.

—¿Sabes qué es lo que veo cuando te miro? —continuó él, con una firmeza tranquila—No veo a la Chiara que aprendió a pensar tres pasos adelante.

A la que me conto como fueron sus misiones en serbia y en Alemania, a la niña que vi vivir su infancia dentro de esto pero que siempre tenía una sonrisa inocente, ¿sabes que veo? a alguien consumiéndose. Tu mirada… ya no es estrategia. Es rabia. Es la misma oscuridad que vi una vez en otro hombre.

Chiara apretó la mandíbula.

—Non osare/No te atrevas…

—Te estás pareciendo a él —la interrumpió Eduardo, sin elevar el tono—A ese hombre que convirtió el poder en obsesión. Que sacrificó todo por control, quien fue capaz de meterme en un manicomio por su ambición. Y tú… estás empezando a hacer lo mismo.

Por un instante, algo en Chiara vaciló. Pero solo fue un instante.

—Los actos de otros me hicieron así —respondió, más firme—No nací para esto. Me empujaron. Me arrebataron todo. ¿O esperabas que me quedara de brazos cruzados mientras destruían mi mundo?

Eduardo no negó sus palabras. No las invalidó.

—No. Pero tampoco esperaba que dejaras de ser tú en el proceso.

El golpe fue silencioso… pero certero.

—Porque una cosa es liderar una guerra —añadió él—, y otra muy distinta es dejar que la guerra te defina.

Chiara desvió la mirada. Esta vez no respondió de inmediato.

—Tus decisiones… —continuó Eduardo— nos pueden hacer caer. Incendiar propiedades en Dormount y Berlín sin inteligencia previa no es estrategia. Es impulso. Y el impulso, en este mundo, se paga con sangre.

—¿De verdad crees que no he pensado en las consecuencias? —replicó ella, ahora con más control que enojo—Cada movimiento tiene un propósito. Si ellos atacan… nosotros respondemos.

—Sí —dijo Eduardo—pero no así.

Se inclinó ligeramente hacia ella, como si quisiera que cada palabra le llegara sin ruido.

—La venganza bien hecha no se siente. Se entiende… cuando ya es demasiado tarde para el enemigo. Tú estás anunciando la tuya antes de tiempo.

Chiara guardó silencio. Ya no discutía por impulso… ahora procesaba.

Ese era el cambio.

—Habla con los demás miembros de la organización —añadió él con calma—No porque no puedas decidir sola… sino porque un líder inteligente sabe cuándo escuchar. Tu madre, tus hermanos, tus tíos… no son un obstáculo. Son tu ayuda en la toma de decisiones.

Chiara inhaló profundo. Cuando volvió a hablar, su voz ya no estaba cargada de fuego… sino de algo más peligroso: control.

—La última palabra sigue siendo mía.

Eduardo asintió, sin discutirlo.

—Pero… —continuó ella—Podría hacer una excepción solo porque tu me lo estas pidiendo.

Lo miró directamente esta vez.

—Anuncia en el grupo familiar de los Vindicta-Medici que haremos una reunión .

Una pausa.

—Quiero escuchar qué tienen que decir… antes de decidir cómo vamos a ejecutar los planes que ya están hechos.

Y en esa última frase… ya no había prisa. Solo cálculo.

...CONTINUARÁ ...

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