Completa (En espera de la segunda temporada)
(Advertencia contenido un poco explícito y con algunas palabras vulgares se recomienda discreción.)
¿ Cómo podía saberlo? ¿Cómo podía saber si, si estaba embarazada? ¿Si entraba en una farmacia y buscaba un tes de embarazo todo el mundo lo sabría?Acaba de tener su fiesta de cumpleaños número 17 y ahora presuntamente podría estar embarazada ¿ Cómo iba a tener un bebé a esa edad? Era la misma edad que su tía la expulsada de su familia tenía cuando se embarazo de los que son ahora sus primos. Sus papás la iban a matar ellos la matarían.
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Capitulo 05
El doctor lo guió a la habitación, pensativo al ver a su amigo con la mirada perdida. Caleb avanzaba con paso firme pero lento, sus hombros rectos como si llevara el peso del mundo sobre ellos. Cuando escuchó hablar de un embarazo de un mes y dos semanas, sus ojos se enturbieron por un instante, pero no quiso preguntar nada y simplemente lo acompañó.
La chica estaba inconsciente. Él se detuvo a un metro de la cama, la miró con seriedad —su mirada de color oscuro escudriñaba cada detalle— luego se fijó en su estómago, frunció el ceño y sacó su teléfono para marcar. Su dedo pulgar movía la pantalla con precisión, sin vacilar.
—Agustín.
—Sí, señor.
—Investiga todo sobre Naomi Jensen. Quiero la información en mis manos en 10 minutos —colgó y la observó mejor. Su cara estaba hinchada, sus labios rotos y toda la piel visible estaba llena de moretones. Hizo una mueca casi imperceptible: se veía muy joven, tal vez 15 o 16 años, estaba muy pálida, tenía ojeras y era demasiado delgada —tenía menos carne de lo que recordaba de esa única vez en la que la había visto.
—Señor, los papeles que solicitó —alguien entró sin hacer ruido y dejó los documentos en sus manos. No era mucho material, por eso solo tardaron cinco minutos en conseguirlos; los otros cinco los dedicaron a comprobar la información una y otra vez.
—¿Mm, todo? —preguntó con ligera sorpresa, aunque su voz seguía siendo igual de seca.
—Sí, señor. Todo revisado tres veces. Eso fue todo lo que se encontró sobre ella; está en esa carpeta. Los Jensen la expulsaron y la quitaron de todos sus registros familiares hace poco.
—Bien, retírate. Que nadie se entere de esto —sus ojos se posaron en la información, pero no la abrió de inmediato; solo la sostuvo con una mano firme, mientras la otra se metía en el bolsillo de su traje.
—Sí —respondió con seriedad y abandonó la habitación rápidamente, sin hacer el menor ruido.
Media hora después, Naomi empezó a abrir lentamente los ojos y emitió un gemido de dolor. Miró a su alrededor confundida, moviendo la cabeza con cuidado.
—¿Qué hago aquí? —preguntó con voz débil.
—Te desmayaste y estabas sangrando —respondió Caleb sin acercarse, manteniendo su posición. Su rostro era una máscara, pero su atención estaba puesta en ella.
Ella abrió los ojos llenos de horror, colocando una mano temblorosa sobre su vientre.
—Yo... yo ¿sangrando? —sus latidos se aceleraron y la monitorización cardiac se hizo estridente— mi... —se detuvo bruscamente al fijarse bien en él, como si acabara de reconocerlo. Sus ojos se abrieron de par en par.
—¿Ese bebé? —su voz fue carente de emoción, como si estuviera hablando de algo que no le importara— casi lo pierdes. El doctor dijo que debes guardar reposo y...
—¿Mi bebé está bien? —la interrumpió, tocando su vientre con más fuerza— está a salvo, ¿cierto?
—Sí, está bien. Tu bebé sigue allí —respondió, mirando cómo su corazón se calmaba y su rostro se llenaba de alivio. Parecía muy feliz después de escuchar esas palabras, y por un instante Caleb sintió como algo se movía en su pecho, pero lo reprendió de inmediato.
—¿Estás embarazada? Vaya, felicidades —una voz bastante sorprendida provenía de la puerta y la hizo tensar. Dan aparecía en el umbral, mirándola con curiosidad.
—Dan —saludó, incómoda, bajando la mirada.
—¿Y quién es el padre? —preguntó acercándose hasta la otra lado de la cama.
—Es mi bebé, solo mío —ellos la miraron unos segundos, sorprendidos por la posesividad con la que hablaba de ese feto. Se puso en una postura defensiva, encorvándose sobre su vientre como si ellos fueran a quitárselo.
Naomi se puso más nerviosa, notando cómo la mirada de Caleb se volvía más intensa. Era obvio que sabían quién era el padre del bebé que esperaba; si seguía negándolo, las cosas irían a peor. Él era capaz de cualquier cosa, incluso de hacerla abortar, pero ella no lo permitiría: su bebé se quedaría con ella, aunque tuviera que matar para lograrlo.
—¡Es tu hijo, Caleb! —gritó, cerró los ojos y abrazó su vientre con ambas manos— sé que dijiste que no querías volver a verme, que soy menor de edad y que lo que pasó entre nosotros fue un accidente que debíamos olvidar. Lo sé, pero no pensé quedar embarazada. Además, no tuve oportunidad de tomar anticonceptivos para evitarlo. Pero es culpa tuya: tú no usaste condón y lo hicimos durante horas —su cara se enrojeció al decirlo, pero no pudo parar; su hijo necesitaba seguridad—. Sé que probablemente no quieras un hijo, no te voy a pedir nada más que lo sepas. También quiero decirte que no pienso abortar. Si no lo quieres, será solo mío —retuvo el aliento, con los ojos aún cerrados, temiendo la reacción.
Abrió los ojos después del largo silencio que se instaló en la habitación. El ambiente era demasiado asfixiante; pensó que se habían ido, pero no: seguían allí, sentados y de pie, con expresiones tan aterradoras que no se sentía a salvo cerca de ellos. Caleb ahora estaba más cerca, apoyado en la mesita con una mano, sus dedos golpeando suavemente la superficie.
Su corazón golpeó con fuerza su pecho y su cuerpo se tensó. Se veían bastante intimidantes, como si quisieran cortarle la lengua en ese instante.
—Pensé que serías una chica sincera. ¡Qué equivocado estaba! Otra perra del montón —gruñó Dan, alejándose de la cama con desprecio.
—¿Qué? —preguntó confundida y ofendida. No porque hubiera perdido su virginidad en una fiesta con un desconocido que resultó ser el líder de la mafia más grande del país, sino porque era el único hombre con el que se había acostado y por eso la llamaban así. Su voz se quebró un poco, pero se mantuvo firme.
—Vaya, hasta yo pensé que sería diferente. Hasta tuve lástima de ella —la voz del doctor también sonó profunda y fría, como si acabara de descubrir algo repugnante— pero como siempre, no se puede confiar en estas aparecidas que buscan colarse en familias acomodadas.
—¿Qué? No entiendo qué sucede —los miró a los ojos, uno por uno— ¡Basta! Ninguno de ustedes tiene derecho de insultarme así —gritó y sintió un ligero malestar en su vientre, asustándose de que fuera el bebé el que estuviera en peligro. Trató de calmarse, respirando hondo— no soy la amante de ninguno de ustedes para que vengan a insultarme por estar embarazada de él —lo señaló con el dedo, sin dejar de mirarlo a los ojos— ya dije que si no quiere al bebé, me da igual: es mío. Pero no voy a aceptar que me intimiden de esta forma solo porque no puedo defenderme. Que yo sepa, él metió su miembro dentro de mí durante horas sin condón, como si estuviera en abstinencia y no le importara que solo tenía diecisiete años —los miró con fastidio, sintiendo cómo la rabia le subía por el cuerpo— y ahora soy yo la criminal y la perra. No me hagan reír.
—Ha sido expulsada y eliminada de los registros familiares de los Jensen —dijo Caleb por fin, acercándose hasta el borde de la cama. Su sonrisa fue verdaderamente aterradora, fría como el hielo— no tiene nada, así que quiso subirse a mí para no vivir en la calle. Pero al final, no supo escoger el discurso adecuado. Todos piensan que pueden usarme para salir adelante, pero nadie se acerca a mí con buenas intenciones.
No entendía qué sucedía, pero desde que dijo que Caleb —el actual jefe de la mafia— era el padre de su bebé, todo había cambiado. Fue como si todos se hubieran vuelto seres más despiadados, dejando al descubierto su verdadera naturaleza: la de los hermanos Morgan, que no confiaban en nadie.
—Ya dije que eres el padre, pero si no quieres hacerte cargo, ya te dije que no me importa —en realidad sí le importaba, pero con esa actitud no quería tener nada que ver con ellos. Se volvió a encorvar sobre su vientre, protegiéndolo.
—Tuviste un buen discurso. Lo único malo fue usar la excusa de un bebé —se levantó y se acercó lentamente a ella, como un depredador que se acerca a su presa antes de atacar. Su sombra cubría todo su cuerpo, haciéndola sentir pequeña y vulnerable.
Su corazón se agitó con fuerza. Pensó que si seguía así, su bebé quizás no se salvaría: aunque el doctor estaba presente y sabía que debía estar en reposo, no haría nada por ella. Como otro bastardo más, la dejaría morir en esa cama.
—Fallaste al decir que soy su padre. No soy padre de ese bastardo, porque yo soy estéril y lo he sido desde hace años —dijo con frialdad absoluta, poniéndose de pie de nuevo. Sus ojos no mostraban ningún rastro de emoción— escogiste muy mal el tema de tu teatro. Lástima... tú y tu bastardo lo pagarán. Se acabó tu juego, pequeña.
no me gusto tannntos problemas y cosas confusas
le agregaste este espantoso final...de no creerlo!!!