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No Soy La Debilidad De Nadie.

No Soy La Debilidad De Nadie.

Status: En proceso
Genre:Mafia / Aventura Urbana / Amor-odio
Popularitas:1.8k
Nilai: 5
nombre de autor: Elsa Manuel Luis Seudónimo Sissy

Dentro de la Mafia Rusa, existen pactos, lealdades y acuerdos, es por eso que las hijas son monedas de cambios para el ascenso de los jefes de las familia, es un modo facil modo de obtener más poder..
La familia Lombardi resultado de la unión del hijo de un capo de la Cosa znostra Italiana con la unica hija del lugarteniente y mano derecha de la Mafia Rusa. Su decendencua fue su primogeniro Alexander y kas gemelas Laura y Lorena.
El hijo y futuro jefe de la mafia rusa elvfrio y cruel Dimitri Volkov, siente una pasión descontrolada por una de las gemelas, mientras es el mejor amigo de sus hermanos, es que Lorena es un espiritu libre que odia la vida de la mafia y sueña con escapar de eze mundo, no quiere ser como.su madre, una mujer triste que se refugia en frivolidades y alcohol para olvidar su triste vida.
Dimitri logra casarse con Lorena, pero ella no quiere ser su debilidad, ni la de nadie, es por eso que aprendio defenza personal, yvparticipa en peleas clandestinas

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Entre el miedo y el deseo.

Entre el miedo y el deseo

Lorena no podía guardar por más tiempo el secreto que le quemaba la garganta. Al día siguiente de lo ocurrido en el baño de la piscina, citó a Karla en un café tranquilo de Moscú, lejos de las miradas indiscretas y de los oídos que pudieran llevar información a Dimitri. Karla llegó puntual, con su cabello rojo recogido en un moño desordenado y una expresión de preocupación en el rostro. Lorena, con las manos temblorosas alrededor de su taza de té, le contó todo: cómo Dimitri la había tomado por el cuello, cómo la había arrastrado al baño, cómo la había follado contra la pared de azulezos mientras le susurraba amenazas al oído. También le contó lo que él dijo después, esa frase que resonaba en su cabeza como un eco aterrador: "Escoge, a partir de hoy: mi oficina, o donde estés. Eso incluye la Universidad". Karla escuchó en silencio, su rostro pálido mientras Lorena hablaba, y cuando terminó, la amiga no supo qué decir.

No había consuelo posible ante semejante confesión. "¿Y qué piensas hacer?", preguntó Karla al fin, con voz queda. Lorena negó con la cabeza, los ojos vidriosos por las lágrimas que se negaba a derramar. "No lo sé, Karla. No sé cómo evitar los arrebatos de Dimitri. Si le digo a mi padre, él lo matará y nuestra familia se destruirá. Si le digo a Alexander, pasará lo mismo. Si le digo a Laura... no quiero imaginarlo. Dimitri es poderoso, peligroso, y yo soy una estudiante que depende de su empresa para su pasantía. Además, hay algo que no entiendo, Karla. Una parte de mí... una parte maldita y sucia... siente algo por él. No es solo miedo. Es... no sé qué es". Karla tomó las manos de su amiga entre las suyas y las apretó con fuerza. "No te juzgo, Lorena. Pero tienes que poner distancia. Mucha distancia. Ese hombre te va a destruir si no lo haces". Lorena asintió, aunque en el fondo sabía que la distancia era un lujo que Dimitri no estaba dispuesto a concederle.

Pasaron las semanas y, finalmente, el curso en la Universidad de Moscú llegó a su fin. Las aulas quedaron vacías, los pasillos se llenaron de cajas con libros y apuntes, y los estudiantes celebraron el cierre del período con una gran fiesta organizada en el salón de actos de la facultad de Arquitectura. Lorena, vestida con un elegante vestido rojo que le llegaba a la mitad del muslo, se movía entre sus compañeros con una sonrisa forzada. Laura, siempre a su lado, notaba que algo no andaba bien, pero atribuyó la melancolía de su hermana al estrés de los exámenes. En medio de la música y las luces de colores, mientras los camareros servían champán y los DJs mezclaban canciones populares, Lorena se acercó a Laura y a Karla, que estaban sentadas en una mesa cercana a la pista de baile. "Tengo una idea", dijo Lorena, con una determinación que no había mostrado en semanas.

"Terminamos el curso. Necesitamos celebrar como se merece. ¿Por qué no nos vamos de vacaciones a Francia y a Colombia? Ustedes, Karla y yo. Conozco a unos familiares lejanos de mamá en Bogotá, y París ya sabemos que es maravilloso". Laura la miró con sorpresa, pero luego sonrió. "¿Francia y Colombia? Suena caro, pero también suena increíble. ¿De dónde sacaste la idea?" Lorena encogió los hombros, intentando parecer casual. "Solo quiero aire fresco. Conocer lugares nuevos. Alejarme un poco de Moscú, de las pasantías, de todo". No dijo que lo que realmente quería era alejarse de Dimitri, que estaba cada día más posesivo, llamándola a todas horas, enviándole mensajes que ella no se atrevía a abrir, apareciendo en lugares donde no lo esperaba. Karla, que conocía la verdad, asintió con entusiasmo para apoyar a su amiga. "Me parece fantástico, chicas. Yo tengo unos ahorros. Podemos empezar a planearlo ya mismo". Laura, aunque algo desconcertada por la repentina propuesta, terminó aceptando. Las tres brindaron con sus copas de champán, mientras Lorena sonreía por primera vez con sinceridad en mucho tiempo. Por un instante, el plan de huida le devolvió la ilusión. Pero esa ilusión duró apenas lo que tardó en llegar la tormenta.

La fiesta estaba en su punto más álgido cuando una presencia helada recorrió el salón. Dimitri Volkov había llegado, vestido con un traje negro impecable, su mirada gris recorriendo el lugar en busca de una sola persona. Lorena lo vio desde su mesa y sintió que la sangre se le helaba en las venas. Había puesto su celular en vibración hacía horas, ignorando las innumerables llamadas y mensajes que él le había enviado durante toda la tarde. No había respondido a ninguno. Ahora, Dimitri caminaba hacia ellas con paso decidido, su rostro impasible pero sus ojos encendidos con una furia que solo Lorena podía reconocer. "Karla, vamos al baño", dijo Lorena con voz entrecortada, levantándose de un tirón. Ambas chicas se alejaron de la mesa mientras Dimitri pasaba cerca de ellas sin saludar, sin mirar a Laura, sin dirigir una palabra a nadie.

Simplemente siguió detrás de las dos amigas, como una sombra implacable. Llegaron al baño de mujeres justo cuando dos chicas salían, y Lorena entró rápidamente, con Karla detrás. Pero Dimitri también entró. Las chicas que salían lo miraron con lujuria, confundidas, y una de ellas se atrevió a decir: "Oye, este es el baño de chicas". Dimitri ni siquiera las miró. "Soy gay", dijo con un sarcasmo tan cortante que las chicas se rieron nerviosamente y se fueron. Dentro del baño, Dimitri cerró la puerta y miró a Karla. "Sal", ordenó. Karla, aunque temblando, se plantó frente a él con una valentía que sorprendió incluso a Lorena. "No puedo dejar a mi amiga sola contigo, mientras tengas esa cara de ogro". Dimitri no respondió con palabras. Tomó a Karla de la mano con firmeza, la sacó del baño y cerró la puerta detrás de ella. Serguey miro a Katla que lo fulino con la mirada, levanto las manos en señal de rendición, solo dijo lo sienyo chica, Lorena tiene el don de volver loco a Dimitri y sonrie ladeado.

Lorena estaba junto al lavabo, lavándose las manos con movimientos mecánicos, mirándose en el espejo. A través del reflejo, vio a Dimitri acercarse por detrás, y sintió su mano enrollándose en su coleta de caballo, tirando suavemente hacia atrás para exponer su cuello. Él besó su cuello, su clavícula, y ella se estremeció, traicionada por su propio cuerpo. Sin decir una palabra, él la subió al lavabo, rompió sus bragas con un solo tirón y, cuando estuvo lista, comenzaron a follar sin control, con la urgencia de dos personas que saben que lo que hacen está mal pero no pueden detenerse, tuvo que callar los gemidos de su mujer con su propia boca.

Minutos después, salieron del baño, Lorena estaba colorada de la vergüenza, con el vestido ligeramente arrugado y el cabello desordenado. Se sentaron en la mesa junto al resto del grupo, fingiendo normalidad. Entonces llegó Alexander, que se acercó a la mesa con su habitual expresión seria. "Voy a llevar a Karla", dijo, tomando a la joven del brazo. "Les voy a pedir un taxi". Dimitri intervino de inmediato: "No hace falta, yo las llevo. Me haces camino, voy al penthouse". Lorena cerró los ojos, sabiendo que la noche apenas comenzaba.

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