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La Número 11 Del CEO: Nunca Fue Solo Un Contrato.

La Número 11 Del CEO: Nunca Fue Solo Un Contrato.

Status: Terminada
Genre:Matrimonio arreglado / CEO / Época / Completas
Popularitas:7.2k
Nilai: 5
nombre de autor: Diris Basto

Camilo Casadiego es heredero único ,de los CASADIEGO con una gran responsabilidad, Pero sin intenciones de dejar herederos, su padres intervendrán para asegurar su legado.

NovelToon tiene autorización de Diris Basto para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Un laso ante todos

El gran día había llegado.

El salón estaba impecablemente decorado. Flores blancas y tonos dorados adornaban cada rincón, mientras una suave música envolvía el ambiente con elegancia.

Los invitados comenzaban a ocupar sus lugares.

Los murmullos no tardaron en aparecer.

—¿Ya viste a la novia de Camilo?

—No… dicen que es hermosa.

—Yo escuché que es extranjera… nadie la conoce.

—Debe ser de familia importante… para que los Casadiego la acepten.

Entre las asistentes, algunas mujeres —familiares de antiguas novias de Camilo— observaban con evidente curiosidad… y cierto recelo.

—Qué extraño… ninguna de las anteriores llegó tan lejos —susurró una de ellas.

—Esta debe tener algo especial…

Camilo esperaba al frente.

Elegante. Impecable.

Pero inquieto.

No era nerviosismo… era algo distinto.

Entonces, la música cambió.

Todos giraron la mirada.

Sonia y Soleiny aparecieron, el padre de Sonia la entregó en el altar, Soleiny fue entregada por su propio suegro, ella se veía especialmente radiante.

Su vestido caía con delicadeza, resaltando su figura sin exageraciones. Su caminar era firme, elegante… perfecto.

Cada paso reflejaba lo que había practicado.

Nadie podía decir una sola crítica.

El salón quedó en silencio.

—Es… impresionante —murmuró alguien.

Las mismas voces que antes dudaban… ahora admiraban.

Sérgio y Camilo la observó sin apartar la mirada.

Por un instante… todo desapareció.

Solo era ella Sol y Camilo, la mirada de Camilo admiraba la delicada belleza de Sol.

A un lado, discretamente, el señor Guillermo había cumplido su promesa.

La madre de Soleiny estaba presente.

A cierta distancia, acompañada por un pequeño equipo médico, sentada con cuidado, observando la ceremonia sin interrumpir.

Sus ojos brillaban.

No quería ser el centro.

Solo quería verla.

Ver a su hija… en ese momento.

La ceremonia comenzó.

Las palabras del oficiante pasaban… pero para ellos, el tiempo parecía detenerse.

Llegó el momento de los anillos. Primero Sonia y Sergio intercambiaron sus símbolos y resitaron la promesa matrimonial. Todos en el salón aplaudieron. Luego el turno de Camilo y Soleiny, sus anillos dos piezas finamente elaboradas.

El de Camilo: sobrio, de oro pulido, fuerte… como su carácter.

El de Soleiny: delicado, con pequeños detalles brillantes que captaban la luz… sutil, pero imposible de ignorar.

Camilo tomó su mano.

Por primera vez… sintió que no era un simple acto.

Colocó el anillo lentamente.

Soleiny hizo lo mismo.

Sus manos temblaban apenas… pero su mirada era firme.

El compromiso quedó sellado.

Entre los invitados, Javier observaba en silencio.

Escuchaba los comentarios.

—Es perfecta…

—Qué elegancia…

—Tiene una presencia increíble…

Una leve sonrisa apareció en su rostro.

Sí… lo es, pensó.

Y eso… lo inquietó más de lo que esperaba.

Después de la ceremonia, la celebración continuó entre música, brindis y felicitaciones.

Pero hubo un momento aparte.

Uno más importante.

En una sala privada, Soleiny entró lentamente.

Su madre estaba allí.

Camilo y sus padres también la acompañaban.

Por un instante, todo quedó en silencio.

Soleiny se acercó.

—Mamá…

Su voz se quebró.

La mujer la miró con ternura infinita.

—Estás… hermosa, hija.

Soleiny se arrodilló a su lado, tomando su mano con cuidado.

—Todo esto… es por ti.

La mujer negó suavemente.

—No… es tu vida. Y hoy… empieza.

Miró a Camilo, luego a sus padres.

—Cuídala —dijo con voz débil pero firme.

Camilo asintió, sorprendentemente serio.

—Lo haré.

La madre sonrió.

—Les deseo salud… prosperidad… —hizo una pausa, tomando aire— …y muchos hijos.

Soleiny cerró los ojos, conteniendo las lágrimas.

Ese deseo…

no era solo una bendición.

Era una despedida disfrazada de esperanza.

El equipo médico intervino con suavidad.

Era momento de regresar.

Los medicamentos no podían esperar.

Soleiny besó la frente de su madre.

—Te amo…

—Yo también, hija…

Y se separaron.

La fiesta continuó, pero para Soleiny… todo había cambiado.

Más tarde, ya en casa…

Los padres de Camilo los esperaban.

—Tenemos un último regalo —anunció la señora Estela con una sonrisa.

Les entregaron un sobre.

Camilo lo abrió.

Dos boletos.

—Su luna de miel —dijo Guillermo—. Todo está listo.

Camilo miró a Sol.

Ella parecía sorprendida… pero tranquila.

—Gracias… —respondió suavemente.

Horas después… En el aeropuerto, la fila de abordaje, Sergio y Sonia estaba allí, Soleiny se alegro,todos se saludaron, menuda sorpresa viajaría al mismo lugar.

El avión surcaba el cielo.

Soleiny, agotada, se quedó dormida.

Su cabeza descansaba ligeramente inclinada hacia un lado.

Su respiración era suave.

Tranquila.

Camilo la observaba.

En silencio.

Detalladamente, amaba la forma en que su corazón latia al verla y sus manos sudaban.

Su rostro… sin la tensión del día… parecía aún más delicado.

Sus manos, ahora adornadas con el anillo… reposaban con calma.

Su expresión… era completamente vulnerable.

Nada de perfección.

Nada de actuación.

Solo ella.

Real.

Camilo entrecerró los ojos.

Algo en su pecho se movió.

Algo que no podía nombrar.

—¿Qué estás haciendo conmigo…? —susurró apenas.

Desvió la mirada por un momento.

Pero volvió a ella.

Como si no pudiera evitarlo... Esto es solo un juego

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