Un matrimonio por conveniencia une a Carolina y Benjamín, dos mundos opuestos marcados por el interés y el orgullo. Pronto descubrirán que el amor puede surgir incluso en los acuerdos más fríos.
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Capítulo 18
La noche se desplegaba suave sobre la ciudad cuando Esmeralda salió del pequeño edificio.
Daniel ya la esperaba de pie junto a su auto, impecable, con una sonrisa que logró ponerla nerviosa.
—Te ves… increíble —dijo él, sin rodeos.
Esmeralda sonrió, intentando mantener su habitual seguridad.
—Tú tampoco estás mal.
Abrió la puerta del copiloto, ella subió, el cerró y rodeo el auto.
Condujo en silencio.
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En el restaurante...
La cena transcurrió con naturalidad. Hablaron de la universidad, de trabajo, de sus familias. Daniel, atento, la escuchaba con genuino interés, mientras Esmeralda se sorprendía de lo fácil que era hablar con él.
—No eres como pensé —admitió ella en un momento.
—¿Y cómo pensabas que era?
—Más serio… más distante.
Daniel sonrió.
—Solo con quien no me interesa conocer.
El comentario la hizo bajar la mirada un instante, sonriendo.
Después de cenar, salieron a caminar. La brisa nocturna era suave, y las luces de la ciudad creaban un ambiente íntimo, casi perfecto.
Caminaron en silencio por unos segundos.
Cómodo.
Real.
Hasta que Daniel se detuvo.
—Esmeralda…
Ella lo miró.
Él tomó aire.
—Sé que tenemos poco tiempo de conocernos… pero no quiero perderlo.
Ella sintió cómo su corazón se aceleraba.
—Quiero que intentemos algo —continuó—. Una relación de verdad.
El mundo pareció quedarse en pausa.
Esmeralda sonrió.
—Pensé que nunca lo dirías.
Daniel soltó una leve risa.
—Entonces… ¿aceptas?
Ella asintió.
—Sí.
No hizo falta más.
Daniel acercó su mano al rostro de ella… y la besó.
Un beso suave.
Sincero.
Que marcó el inicio de algo nuevo.
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A la mañana siguiente…
La sala de juntas de Rossi Global Holding estaba llena.
Federico se encontraba al frente, imponente como siempre.
Benjamín estaba a su lado.
Serio.
Listo.
—Hoy marca una nueva etapa —comenzó Federico—. Después de años liderando esta empresa… es momento de ceder el control.
Un murmullo recorrió la sala.
—A partir de hoy, Benjamín Rossi, mi hijo mayor asume el cargo de CEO.
Los aplausos no tardaron.
Firmes.
Respetuosos.
Federico le entregó los documentos, mirándolo fijamente.
—No es solo un cargo —dijo en voz baja—. Es responsabilidad.
Benjamín asintió.
—No lo olvidaré.
Tomó su lugar.
Y por primera vez…
El poder era suyo.
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En la universidad…
La cafetería estaba llena, como siempre.
Carolina y Esmeralda se sentaron con sus bebidas, apenas terminando clases.
—Ahora sí —dijo Carolina—. Quiero todos los detalles.
Esmeralda no se hizo esperar.
—Salimos a cenar… caminamos… y me pidió que fuéramos novios.
Carolina abrió los ojos, sorprendida.
—¡¿Qué?!
—Y le dije que sí —añadió con una sonrisa imposible de ocultar.
—Esme… —Carolina sonrió—. Me alegro tanto.
—Ahora tú —respondió Esmeralda, mirándola con picardía—. Tu luna de miel.
Carolina rodó los ojos.
—No fue lo que crees.
—Ajá…
Carolina dudó un segundo… pero terminó cediendo.
—Lo vi… en el baño… con solo una toalla.
Esmeralda casi se atraganta.
—¡¿Qué?!
Carolina se inclinó hacia ella.
—Y… no sé… fue raro.
—¿Raro cómo?
Carolina bajó la voz.
—Me gustó lo que vi.
Esmeralda sonrió ampliamente.
—Eso, amiga mía… se llama deseo.
Carolina la miró de inmediato.
—Cállate, te van a escuchar.
—¿Y qué? —susurró Esmeralda—. Es hora de que dejes de ser virgen.
Carolina abrió los ojos, escandalizada.
—¡Esmeralda!
Ambas soltaron una risa.
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La puerta de la nueva oficina se abrió con suavidad.
Benjamín apenas levantó la vista de los documentos.
—Adelante.
Kendra entró con paso seguro, elegante como siempre, sosteniendo una carpeta.
—Traigo los reportes de relaciones públicas para la nueva etapa de la empresa —dijo con tono profesional.
Benjamín asintió, señalando el escritorio frente a él.
—Déjalos ahí.
Kendra avanzó, pero no se detuvo al dejar la carpeta. Se quedó de pie, observándolo.
Él lo notó.
Alzó la mirada.
Y el ambiente cambió.
—¿Algo más? —preguntó, serio.
Kendra dio un paso más.
—Sí.
Antes de que pudiera reaccionar, ella se inclinó y lo besó.
Un beso decidido.
Intenso.
Cargado de todo lo que había estado conteniendo.
Por un segundo…
Benjamín no se apartó.
Se dejó llevar.
Pero no por ella.
No realmente.
En su mente…
No era Kendra.
Eran otros labios.
Más suaves.
Más… reales.
Carolina.
Y entonces…
Se separó bruscamente.
—Estoy casado —dijo, firme.
Kendra lo miró, herida pero desafiante.
—Tú y yo somos el uno para el otro.
Benjamín negó con la cabeza.
—Ya te lo dije. No seré infiel.
Se levantó de su asiento, marcando distancia.
—No vuelvas a entrar a mi oficina sin tocar… y solo trae trabajo.
Las palabras fueron frías.
Definitivas.
Kendra apretó los labios.
—Pensé que significaba algo para ti… —murmuró—. Yo te amo.
Benjamín la miró con seriedad.
—Desde un inicio te lo dejé claro —respondió—. No sería nada serio. Continué porque tú aceptaste… pero ya terminó.
Hizo una pausa.
—Y lo siento… pero no volverá a suceder nada entre nosotros.
El silencio se volvió insoportable.
Kendra lo sostuvo unos segundos más con la mirada…
Y luego salió.
La puerta se cerró con más fuerza de la necesaria.
Benjamín exhaló.
Se pasó una mano por el rostro.
Y sin querer…
Volvió a pensar en Carolina.
En sus labios.
En esa sensación extraña…
De querer volver a probarlos.
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Kendra llegó a su oficina furiosa.
Arrojó su bolso sobre el escritorio.
—Esto no se va a quedar así… —murmuró entre dientes.
En ese momento, la puerta se abrió.
Macarena entró, notando de inmediato su estado.
—¿Qué sucedió? ¿Por qué estás así?
Kendra giró hacia ella.
—Tu hermano… no le importan mis sentimientos.
Macarena suspiró.
—Está casado —respondió con simpleza—. Y con lo correcto que es… dudo que siga en esa relación clandestina que tenía contigo.
Hizo una mueca.
—No soporto a esa tipa… si pudiera hacer que se divorcien…
Kendra la miró, con una chispa distinta en los ojos.
—Quizás podríamos hacer algo.
Macarena negó de inmediato.
—No —dijo con firmeza—. No haré nada que perjudique a mi hermano.
Se acercó a ella.
—Debes olvidarte de él.
Kendra no respondió.
No en voz alta.
Solo bajó la mirada.
Macarena la abrazó, intentando calmarla.
Pero mientras correspondía el abrazo…
En su mente, Kendra pensaba algo muy distinto.
Benjamín Rossi será solo mío, aunque sea lo último que haga...
queremos leer un poco más...maravillosa como estas llevando el trama ..excelente novela 👌👌👏👏👏
ya empezó lo bueno excelente historia