Me llamo Ren, soy un chico de 17 años, y tras un accidente inexplicable desperté en un mundo completamente ajeno al mío. Un lugar regido por reglas que apenas logro comprender, donde lo más importante no es la fuerza ni la inteligencia… sino la reproducción.
NovelToon tiene autorización de Ruczca para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
CAPÍTULO 22
—EN OTRO ESPACIO—
Puedo ver mi cuerpo tendido en el suelo. Todos mis huesos están fracturados… completamente destrozados.
Escucho un sorbo.
El sonido rompe el silencio.
Volteo lentamente y veo una figura detrás de un periódico. Es la anciana otra vez. Está sentada con total tranquilidad, con las piernas cruzadas, bebiendo café como si nada de esto fuera importante.
—Estás aquí de nuevo… —dice con calma.
—Así es… —respondo, sin saber si sentir alivio o frustración.
La anciana baja ligeramente el periódico y, mientras da otro sorbo a su café, dirige su mirada hacia mi pecho… exactamente hacia la parte superior izquierda. Su forma de observarme me incomoda.
—Así que… ya tienes tu primera marca de amante.
Frunzo el ceño.
—¿Mi qué…?
—Tu primera marca de amante.
Levanta un dedo y señala directamente mi pecho.
—La marca en forma de serpiente que tienes ahí.
Instintivamente llevo la mano a mi ropa. La curiosidad me gana. Levanto un poco el vestido y miro.
Ahí está.
Una marca clara. Una forma de serpiente grabada en mi piel.
Me quedo en silencio por un momento, sorprendido… confundido.
Pero entonces algo más me golpea.
—¿Cómo sabes que tengo una marca ahí?
La miro fijamente. Ni siquiera yo sabía de su existencia hasta hace unos segundos.
—¿Cómo lo sé? —responde con indiferencia—. ¿Acaso eso importa?
—¡Claro que importa! —respondo alterado—. ¡¿Me has estado espiando?!
La reacción es inmediata.
Escupe el café de golpe.
—¡¿Qué clase de persona crees que soy?!
Se levanta un poco, claramente ofendida.
—¡¿Una pervertida y depravada?!
Su indignación es tan exagerada que me deja sin palabras por un instante.
—Lo… lo siento —digo al final, tratando de calmar la situación—. No era mi intención ofenderte.
—¡Hmph! —resopla, girando el rostro hacia otro lado.
Pero de reojo me observa.
Y por un segundo… juraría que está sonriendo.
—Casi fui atrapada… —murmura para sí misma con un leve tono divertido.
Decido ignorarlo.
No vine aquí para discutir.
—Oye… tengo una pregunta sobre los rubíes… y sobre cómo revivo.
La anciana suspira, como si ya supiera que esto venía.
—¿Cuál es tu duda?
Respiro hondo antes de hablar.
—Primero… ¿dónde puedo encontrar los rubíes?
—Esa es tu tarea —responde sin dudar—. No puedo darte información.
Aprieto los labios.
Supongo que no será fácil…
—¿Y la segunda?
La anciana da otro sorbo a su café.
—¿Cómo es que puedo revivir?
Esta vez… no responde de inmediato.
El ambiente cambia.
La anciana deja el café y el periódico a un lado. Su expresión ya no es relajada.
Ahora es seria.
Demasiado seria.
—Te daré una advertencia.
Siento un escalofrío recorrerme la espalda.
—Ya has muerto tres veces…
Asiento lentamente.
—Si mueres más de siete veces… —continúa—, jamás podrás regresar a tu mundo, aunque consigas todos los rubíes.
Mi respiración se detiene.
—Además… tampoco podrás permanecer en este mundo.
Guardo silencio.
—En consecuencia… —su voz baja—, tu alma quedará en el olvido.
Mis ojos se abren lentamente.
—Vagarás por siempre en un espacio donde no hay nada… y no podrás reencarnar jamás.
El peso de sus palabras cae sobre mí como una losa.
—¿Qué… estás diciendo…?
Mi voz tiembla.
—¡Yo nunca pedí venir aquí! —exclamo—. ¡Y este mundo es demasiado peligroso!
Aprieto los puños.
—¡No hay forma de que no muera en cualquier momento!
—Bueno… —dice con indiferencia—, ya cumplí con advertirte.
—Además…
—¡Regrésame! —la interrumpo con desesperación.
—Espera, tengo que…
—¡Encontraré todos los rubíes!
La miro con determinación.
No tengo otra opción.
No quiero desaparecer.
Todo a mi alrededor… está detenido.
El tiempo.
Pero entonces lo recordé ese enorme detalle.
El cuerpo de mujer que tenía.
Antes de que pueda preguntar, la anciana chasquea los dedos.
Todo se desvanece.
—Es igual de impulsivo a como fuí de joven…—escucho su voz lejana.
Y entonces…
Regreso.
......................
Apenas tengo tiempo de entender lo que está pasando.
Hace un momento… estaba cayendo. Sentía cómo mi cuerpo se rompía contra las rocas, cómo todo terminaba.
Luego estuve con esa abuela...
Y ahora… ahora estoy aquí, en brazos de Zeon, moviéndonos a una velocidad absurda entre los árboles, como si nada de eso hubiera pasado.
Pero no se siente igual.
Mi cuerpo… se siente como sino hubiera tenido ninguna herida.
—Zeon… —mi voz sale temblorosa, suave… demasiado suave—. ¿Por qué nos persigue ese halcón gigante?
En cuanto me escucho, algo dentro de mí se congela.
Está no es mi voz.
No es la voz que he tenido toda mi vida.
Mis ojos se abren de golpe y miro mis manos, como si eso fuera a darme respuestas.
—¿Qué…? —trago saliva, sintiendo cómo el miedo me sube por la garganta—. ¿Por qué… por qué mi voz se escucha así…?
Zeon no responde.
Baja la mirada hacia mí, y su expresión cambia. No es solo preocupación… hay algo más. Algo que no logro descifrar.
—Seiren… —murmura.
Mi corazón se detiene por un instante.
Seiren.
Ese nombre… no es mío.
¿Entonces por qué…?
Un escalofrío me recorre por completo.
Antes de que pueda decir algo más, Zeon me aprieta con más fuerza y acelera. El viento golpea mi rostro, las ramas pasan como sombras borrosas, y el suelo parece desaparecer bajo nosotros.
—Por el momento debemos salir de aquí —dice con firmeza.
Intento ordenar mis pensamientos, pero todo es demasiado.
—¿No eres lo suficientemente fuerte para luchar contra ese halcón…? —pregunto, aunque ni yo mismo sé por qué.
Zeon frunce apenas el ceño.
—Ese no es el problema. Soy más fuerte que él… —su voz es firme—, pero no arriesgaré tu vida.
Aprieto los labios.
Claro.
Tiene sentido… pero nada de esto lo tiene.
“Sí… claro… todo normal”, pienso con una risa interna amarga. “Solo caí de un acantilado, cambié de voz… y ahora me persigue un Halcón.”
Entonces lo siento.
El aire cambia.
Un sonido potente corta el cielo: el batir de alas.
Levanto la vista… y ahí está.
El halcón.
Enorme.
Su sombra nos cubre por completo mientras desciende a toda velocidad.
Pero no está solo.
Desde los lados, entre los árboles, aparecen dos lobos grises, moviéndose con rapidez, cerrando el paso. Y más atrás… dos leopardos avanzan sigilosos, como sombras vivientes.
Estamos rodeados.
Mi respiración se vuelve pesada.
El halcón habla desde lo alto, su voz firme, dominante:
—¡Entrega a la hembra!
Mi cuerpo se tensa al instante.
“Hembra…”
Esa palabra golpea diferente ahora.
Los demás repiten al mismo tiempo:
—¡Entrega a la hembra!
Siento cómo algo dentro de mí se desacomoda.
No… no soy…
La presencia de Zeon se vuelve pesada… opresiva.
Peligrosa.
Lo siento claramente.
Levanta la mirada, y por un instante, incluso yo siento miedo.
—Jamás.
Esa sola palabra es suficiente.
Y en ese momento lo entiendo.
No importa cuántos sean.
No importa quiénes sean.
Zeon no va a soltarme.
Ni aunque tenga que enfrentarse a todos.