Scarlet siempre ha vivido al límite: cuchillos afilados, fuego constante y una cocina donde el control lo es todo. Lo último que necesita es Alaska, el frío eterno… y un hombre que parece decidido a desordenar su vida.
Luke solo quiere paz. Silencio. Distancia de todo aquello que alguna vez lo rompió. Pero cuando Scarlet llega a la montaña, su mundo se sacude de una forma que su lobo no sabe explicar. La reconoce por su aroma a cerezas, la desea con una intensidad peligrosa… y aun así, no la acepta como su mate.
Entre discusiones, roces inevitables y una tensión que arde incluso bajo la nieve, ambos luchan contra un vínculo que se resiste a ser nombrado. Porque a veces el destino no llega con claridad, y el amor verdadero aparece cuando menos estás dispuesto a reconocerlo.
En Alaska, donde el invierno observa en silencio, negar al mate puede ser el error más grande de todos.
NovelToon tiene autorización de Marceth S.S para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
Capitulo 21: No es de tu incumbencia
Fui al baño de visitas de la primera planta y me cambié rápido. Podría haberlo hecho perfectamente en medio de la sala, pero ya no éramos solo Aria y yo en la casa. Ahora había un hombre.
Ese hombre.
Y mis hormonas estaban demasiado alteradas como para actuar con normalidad.
Me siento como una puberta a su alrededor.
—Patético.
Salí del baño ya vestida y fui por mi plato a la cocina cuando mi celular vibró. Miré la pantalla y fruncí el ceño al ver el nombre.
Autumn.
—¿A esta hora? —murmuré, confundida.
Respondí de inmediato.
—¡Scar! —saludó con su energía habitual—. Perdón por llamarte tan tarde.
—Pequeña chef nocturna —sonreí—. ¿Qué pasó?
Para buena o mala suerte de Will, Autumn es la copia exacta de su madre, no le perdió nada. Lo único que heredo de el fue su amor por la cocina.
—Te extraño —dijo sin rodeos—. Y… estoy intentando una receta nueva, pero no me sale.
Mi expresión se suavizó al instante.
—A ver, dime qué estás haciendo.
Me explicó paso a paso y yo la fui guiando, corrigiendo detalles, indicándole tiempos, texturas, pequeños trucos que había aprendido a fuerza de errores. La escuché reír cuando algo finalmente le salió bien.
—¡Funcionó! —exclamó—. ¡Eres la mejor!
—Siempre lo he sido —bromeé.
Entonces escuché una voz masculina de fondo.
—Es mi papá —dijo—. Quiere hablar contigo.
—Pásamelo.
—Scarlett —saludó Will con voz cálida—. Espero que Autumn no te haya molestado.
—Nunca —respondí—. ¿Cómo estás?
Charlamos un rato, ligero, cómodo. Me preguntó cómo estaba yo, yo pregunté por ellos, por el trabajo, por la vida. Fue… normal. Reconfortante. Como un pequeño pedazo de hogar colándose en una noche que se sentía demasiado intensa.
—Cuídense —les dije al final—. Los quiero.
—Nosotros también —respondieron casi al mismo tiempo.
Colgué y dejé el teléfono sobre la mesa, soltando un suspiro largo.
Por un momento, todo volvió a sentirse en calma.
Hasta que recordé dónde estaba y con quién compartía el techo.
Tomé mi plato y me giré para ir al sofá… y casi se me sale el corazón del pecho.
Luke estaba recostado en el marco de la puerta de la cocina.
—¡Joder! —exclamé, sobresaltada.
Dejé el plato a un lado con cuidado y me llevé una mano al pecho.
—Me asustaste.
Él no respondió. Solo me miró.
Y no fue una mirada cualquiera. Fue lenta, descarada, recorriéndome de pies a cabeza como si estuviera evaluando cada centímetro de mí. Sentí cómo el calor volvía a instalarse en mi cuerpo, traicionero.
Luke se separó de la puerta y avanzó hacia mí sin prisa. Yo no retrocedí… no porque no quisiera, sino porque el mesón de la cocina me detuvo la espalda. Me quedé atrapada entre la encimera fría y su presencia demasiado cercana.
—¿Con quién hablabas? —preguntó al fin, con voz baja.
—Con un colega —respondí, alzando el mentón.
Él arqueó una ceja.
—¿A todos tus colegas les hablas a medianoche? —dio un paso más—. ¿Y les dices que los quieres?
Sentí una chispa de molestia encenderse en mi pecho.
—Eso no es de tu incumbencia —repliqué, firme.
Sus labios se curvaron apenas, no en una sonrisa amable, sino en algo más oscuro. Más peligroso.
—¿No lo es? —murmuró.
Estaba tan cerca que podía sentir su calor, su respiración, ese aroma que ya conocía demasiado bien. Me sostuvo la mirada, retándome, como si esperara que yo retrocediera.
No lo hice.
—No —repetí—. No lo es.
Por un segundo largo, tenso, ninguno de los dos se movió. El aire entre nosotros parecía cargado, denso, como si bastara el más mínimo gesto para romper algo que ya estaba demasiado estirado.
Y aunque no lo admitiría en voz alta…
Una parte de mí estaba esperando que lo hiciera.
Decidí ignorarlo.
Me giré para tomar mi plato y los cubiertos que casi había olvidado, fingiendo una calma que no sentía… y fue un error. Luke aprovechó el movimiento para acorralarme aún más, cerrando el poco espacio que quedaba entre nosotros.
Sentí sus caderas pegarse a las mías, firmes, calientes, quedando justo a mis espaldas. El roce de su miembro duro me saco un suspiro.
—No es muy ético —dijo, con voz baja— decirse ese tipo de cosas entre colegas. Se puede malinterpretar.
Mi cuerpo se tensó al instante. Tragué saliva.
—Will es, es… es mi amigo —respondí, nerviosa, odiando que mi voz no sonara tan firme como quería.
Luke gruñó. Un sonido profundo, contenido. Sus manos atraparon mis caderas, inmovilizándome con una facilidad que me puso la piel de gallina. Se inclinó y pegó su boca a mi oído.
—¿Tu amigo? —se burló en un susurro—. Claro.
Su aliento me erizó de pies a cabeza. Sentí cómo se reía apenas, como si la idea le pareciera absurda… o divertida.
—No suena a “amigo” —añadió—. No cuando dices su nombre así.
Apreté los labios, con el corazón desbocado, luchando por no reaccionar. Por no darle el gusto.
Luke rozó mi cuello con la nariz, oliéndome sin pudor, como si no le importara en lo más mínimo que yo pudiera sentirlo. El gesto fue tan instintivo que no lo pensé e incliné la cabeza hacia un lado, dándole más espacio.
Maldita sea.
—Te queda muy bien mi ropa —murmuró—. Pero se vería aún mejor…
Mi respiración se volvió irregular.
—¿Cómo? —pregunté, casi en un susurro, sin estar del todo segura de querer la respuesta.
La luz de la cocina era tenue, apenas el reflejo de la campana extractora iluminando el granito frío. Yo intentaba concentrarme pero la presencia de Luke detrás de mí era como una marea alta, imposible de ignorar.
Su camisa me quedaba enorme, cayendo casi hasta la mitad de mis muslos. El olor de su perfume impregnado en la tela me mareaba.
—Mmm… —continuó él, y pude sentir su sonrisa arrogante contra mi piel— yo le cambiaría algo.
Solté un suspiro tembloroso, echando la cabeza hacia atrás, descansándola en su hombro. Mis manos se aferraron al borde de la encimera hasta que mis nudillos se pusieron blancos.
—¿Ah, sí? —logré articular, con la voz apenas audible—. ¿Qué cambiarías?
En lugar de responder con palabras, sentí sus dedos largos y calientes deslizarse bajo el dobladillo de la camiseta, buscando el borde de mis shorts.
—Esto —sentenció.
Con un movimiento lento y deliberado, enganchó sus pulgares en la tela y bajó mis shorts lo suficiente para que el aire frío de la cocina me golpeara la piel. El short cayó al suelo con un sonido seco.
Solté un jadeo ahogado cuando sus manos, ahora sin barreras, subieron por mis costillas, quemando cada centímetro que tocaban.
Que paso con los otros capítulos /Cry/