Narra la historia de una hermosa chica llamada Gabriela que sufre mucho tras el abandono de su novio.
NovelToon tiene autorización de Milagros Ulloa para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
LO QUE NUNCA DEBOO REGRESAR
La firma preliminar terminó entre aplausos y sonrisas diplomáticas.
Para los asistentes, la noche había sido un éxito empresarial.
Para Gabriela, había sido una tormenta imposible de detener.
Intentaba concentrarse en los documentos frente a ella, pero podía sentir la tensión invisible que rodeaba a León. Su postura rígida, su mirada alerta, la forma en que observaba cada movimiento del salón… nada en él parecía relajado.
Y entonces ocurrió.
Un trabajador del hotel se acercó discretamente.
—Señorita Gabriela Ríos —dijo entregándole un pequeño sobre blanco—. Esto lo dejaron para usted en recepción.
Gabriela frunció el ceño.
—¿Para mí?
—Pidieron que se lo entregara personalmente.
León levantó la cabeza inmediatamente.
Algo en su expresión cambió.
—No lo abras —dijo con firmeza.
Pero ya era tarde.
Gabriela deslizó el dedo bajo el borde del sobre.
Dentro solo había una tarjeta negra.
Sin firma.
Sin nombre.
Solo una frase escrita con letras rojas:
“Las personas que amas siempre pagan tus errores.”
El mundo pareció detenerse.
—¿Qué significa esto? —susurró ella.
León tomó la tarjeta con rapidez, su mandíbula tensándose.
El miedo que cruzó su rostro fue real.
Demasiado real.
—Nos vamos —ordenó.
—¿Qué?
—Ahora.
Su tono no admitía discusión.
Matías se levantó confundido.
—Oye, aún falta—
—La reunión terminó —interrumpió León con frialdad—. Continuaremos mañana.
Gabriela apenas tuvo tiempo de reaccionar cuando León la tomó suavemente del brazo y la condujo hacia la salida del hotel.
El aire nocturno golpeó sus rostros al salir.
—León, me estás asustando.
Él soltó su brazo lentamente, como si recordara de pronto que no debía tocarla.
Su expresión cambió.
Se volvió distante.
Fría.
—Esto fue un error —dijo.
Gabriela parpadeó confundida.
—¿De qué hablas?
—Acercarme a ti otra vez.
Las palabras dolieron más de lo esperado.
—Hace unos minutos estabas diciendo lo contrario.
—Me equivoqué.
El golpe emocional fue inmediato.
—¿Ahora resulta que todo fue un impulso?
León evitó mirarla.
Cada palabra parecía costarle.
—Sí.
Gabriela sintió que algo dentro de ella se quebraba.
—Entonces gracias por recordarme quién eres —respondió con la voz temblorosa.
Intentó alejarse, pero él habló nuevamente, con un tono duro que no coincidía con el dolor en sus ojos.
—Mantente lejos de mí, Gabriela. Es lo mejor para ti.
Ella lo miró con rabia contenida.
—No vuelvas a decidir por mí.
Se dio la vuelta dispuesta a irse.
En ese instante, un automóvil oscuro se detuvo lentamente al otro lado de la calle.
El motor permaneció encendido.
Las luces apagadas.
León lo notó de inmediato.
Instinto.
Peligro.
—Gabriela, ven aquí —dijo en voz baja.
—No.
El auto avanzó unos centímetros.
El corazón de León se aceleró.
Sin pensarlo, la tomó por la cintura y la acercó bruscamente hacia él.
—¡¿Qué haces?! —exclamó ella.
—Shh… —susurró.
El vehículo permaneció unos segundos más… y luego arrancó alejándose.
León no soltó a Gabriela.
Su respiración estaba agitada.
Ella podía sentir los latidos violentos de su pecho.
—Esto ya empezó… —murmuró él.
—Explícame qué está pasando.
León cerró los ojos un instante, como si finalmente aceptara algo inevitable.
—Hace años trabajé con personas que no debía.
Gabriela guardó silencio.
—Negocios ilegales disfrazados de inversiones —continuó—. Cuando intenté salir… amenazaron con destruir todo lo que amaba.
Ella sintió un escalofrío.
—¿Por eso te fuiste?
León asintió lentamente.
—Recibí fotos tuyas. Sabían dónde vivías. Qué hacías. Todo.
El aire abandonó sus pulmones.
—Me alejé para que dejaran de verte como una debilidad.
Las piezas comenzaron a encajar dolorosamente.
—¿Y ahora?
León la miró con una mezcla de miedo y ternura.
—Ahora saben que sigues siendo lo más importante para mí.
El silencio entre ambos se volvió insoportable.
Las lágrimas finalmente escaparon de los ojos de Gabriela.
—Debiste confiar en mí…
—Si lo hacía, te ponía en peligro.
Ella negó suavemente.
—Ya estoy en peligro.
Esa verdad cayó entre ellos como una sentencia.
El viento nocturno movió su cabello mientras se miraban, sin barreras por primera vez en años.
Sin mentiras.
Sin orgullo.
Solo miedo… y amor.
León levantó una mano lentamente y rozó su mejilla, secando una lágrima.
—Lo siento tanto…
Gabriela sostuvo su muñeca, sin apartarlo.
—Deja de alejarme.
Esa fue la última defensa que cayó.
León la atrajo hacia él y la besó.
No fue un beso suave.
Fue urgente.
Contenido durante años.
Dolor, amor y necesidad mezclados en un solo instante.
Gabriela respondió sin pensar, aferrándose a su chaqueta como si temiera que volviera a desaparecer.
El mundo dejó de existir.
Hasta que una voz desconocida habló detrás de ellos.
—Vaya… el reencuentro fue más rápido de lo que esperaba.
Ambos se separaron bruscamente.
Un hombre observaba desde la acera opuesta.
Traje gris.
Sonrisa peligrosa.
Mirada fría.
León palideció.
—No puede ser…
Gabriela lo miró confundida.
—¿Quién es?
El hombre dio un paso hacia ellos.
—Pensé que al menos me presentarías —dijo con calma inquietante.
León se colocó instintivamente delante de Gabriela.
Protegiéndola.
—Vete, Adrián.
El nombre quedó suspendido en el aire.
El desconocido sonrió.
—Después de todo lo que hicimos juntos… eso duele.
Gabriela sintió un escalofrío profundo.
Adrián la observó detenidamente.
Como evaluándola.
—Así que tú eres la razón por la que abandonó el negocio.
El miedo se instaló definitivamente.
—Esto recién comienza —añadió él antes de girarse y subir a otro vehículo que desapareció en la oscuridad.
El silencio quedó pesado entre ellos.
Gabriela miró a León.
—Dime la verdad… ¿qué tan peligroso es?
León tardó unos segundos en responder.
Cuando habló, su voz fue apenas un susurro:
—Más de lo que imaginas.
Y por primera vez, Gabriela entendió que amar a León significaba entrar en una guerra que apenas comenzaba y lo peor es que ella no tenía nada que ver en ese tema.
Las heridas del corazón… ahora también podían costar la vida sin precio aviso se vio inmersa en un dilema que aún no lograba entenderlo del todo.