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MAGIK ZAGA

MAGIK ZAGA

Status: Terminada
Genre:Edad media / Mundo de fantasía / Acción / Completas
Popularitas:796
Nilai: 5
nombre de autor: GS Universe

Un grupo de jóvenes se ve arrastrado por la búsqueda y protección de reliquias antiguas que despiertan poderes y ambiciones peligrosas. Perseguidos, traicionados y forzados a despertar habilidades que no comprenden, deberán unir fuerzas con aliados inesperados para impedir que una facción libere una fuerza capaz de arrasar su mundo. Entre batallas, sacrificios y decisiones morales, su viaje decidirá el destino de muchas vidas.

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El Atajo

El amanecer los encontró empaquetando provisiones y ajustando armas. Borin, con la calma de siempre, les habló de un anciano que vivía en la ribera de un río ancho: un barquero que, por unas monedas o un favor, llevaba viajeros a una cala cercana a Trías, evitando así el paso por Dyo. La idea sonó a atajo necesario; la urgencia de llegar sin perder tiempo pesó más que las dudas.

Al llegar a la orilla, el hombre apareció encorvado sobre su barca, con ojos pequeños y una sonrisa que no alcanzaba a ser amable. Les pidió el precio: no monedas, sino un gesto extraño y humillante: la ropa interior de alguna de las jóvenes, dijo con voz rasposa, como si fuera una broma vieja. La petición encendió la ira del grupo; Edran apretó la empuñadura de la daga, Lira frunció el ceño y Mara clavó la mirada en el anciano.

La tensión se rompió cuando Mara, con un gesto seco, se quitó la prenda y se la entregó sin palabras. No fue sumisión sino desafío: aceptó el intercambio para no perder tiempo ni poner en riesgo la misión. El rostro de la lancera se endureció; sus manos temblaron apenas. El anciano sonrió satisfecho y, sin más demora, empujó la barca y los condujo río abajo.

El trayecto no fue tranquilo. A mitad del cauce, el agua se agitó con violencia: enormes serpientes marinas emergieron, sus escamas brillando como ónix húmedo, y cangrejos gigantes treparon por las orillas con pinzas como tenazas. La barca se sacudió; el anciano maldijo y trató de remar con fuerza, pero las criaturas atacaron con hambre y territorialidad. Edran y Mara se pusieron en guardia; Lira, desde la proa, entonó un canto que calmó por un instante las aguas.

La primera serpiente lanzó su cuerpo sobre la barca. Edran clavó la Zalamander en la madera y la hoja ardió, cortando escamas y carne con fuego que chisporroteó en la lluvia. Mara, con su Lanza de Dragón, ejecutó un salto dracónico que la elevó sobre la cresta de la ola; su punta atravesó la mandíbula de un cangrejo, partiéndolo en dos. Lira lanzó polvos y ungüentos que irritaron a las bestias, obligándolas a retroceder. La pelea fue feroz, pero la coordinación y la furia contenida de los tres les permitió abrirse paso.

Cuando la última criatura se hundió con un gemido, la barca quedó hecha jirones y el anciano jadeaba, sorprendido por la resistencia del grupo. Al tocar tierra, Mara no contuvo la rabia contenida: le propinó un golpe seco al barquero, dejándolo tambaleante sobre la orilla. No fue un castigo gratuito; fue la respuesta a la humillación que había exigido. El anciano, con la cara enrojecida, murmuró excusas que sonaron vacías.

Sin detenerse a escuchar, los tres retomaron el camino hacia la cala que los acercaría a Trías. La acción había templado sus nervios y, a pesar del cansancio, la sensación de avanzar sin rodeos les devolvía algo de esperanza. Mara caminó con la lanza al hombro, la mandíbula apretada; Edran miró al río una vez más, pensando en Ran y en la Piedra Magma; Lira, con el anillo tibio, repasó en silencio los cantos que aún debía dominar.

La costa de Trías apareció al final de la tarde, recortada contra un cielo que prometía lluvia. Habían pagado un precio incómodo por la travesía, pero habían ganado tiempo y evitado pasos peligrosos. Mientras se internaban por el sendero que conducía a la aldea en guerra, cada uno llevaba consigo una mezcla de cansancio, rabia y determinación: la misión continuaba, y las decisiones tomadas en la ribera serían una sombra más en el camino que aún debían recorrer.

El pántano se abrió ante ellos como una lengua de barro y niebla. El aire olía a musgo y a hierro antiguo; cada paso hundía las botas y obligaba a los músculos a trabajar el doble. Ogros y lagartos gigantes emergían entre juncos y raíces, bestias que parecían hechas de lodo y piedra, con mandíbulas capaces de partir un escudo. Edran y Mara se movieron con la precisión que da la costumbre: la Zalamander para quemar las enredaderas que intentaban detenerlos, la Daga Lunar para cortar los tentáculos de barro que buscaban atraparlos. Lira, con el anillo tibio, mantenía cantos cortos que impedían que la humedad les nublara la mente.

En medio del caos apareció una figura distinta: un ogro de ojos claros y gesto sereno, su piel cubierta de líquenes y cicatrices que hablaban de muchas estaciones. No atacó; los observó con una calma que desarmó la tensión. —No todos los que nacen bestias permanecen sin alma —dijo con voz grave—. Algunos despiertan. Yo soy uno de ellos.

El Ogro Bueno los guió por un atajo entre raíces que evitó trampas de lodo y pozos ocultos. Mientras caminaban, les advirtió con honestidad: —Después de aquí, las cosas se pondrán muy pesadas. Hay guerreros escondidos por todos lados; patrullan los pasos y no perdonan. No os confíes.

Antes de despedirse, el ogro les entregó una bandana negra, tejida con fibras de raíz endurecida y bendecida con un canto antiguo. —Esto os servirá —explicó—. No es solo tela: protege y confunde. Poneosla con respeto.

Edran la ató al cuello sin ceremonias. Al contacto, sintió una corriente fría recorrer la nuca: la bandana no solo amortiguaba el viento, sino que afinaba sus reflejos. Notó la defensa más firme en los hombros y una ligereza en los pies, como si el barro cediera bajo sus botas. Mara, Lira y él intercambiaron miradas; la prenda era un regalo y una advertencia a la vez. Se despidieron del ogro con un gesto de gratitud y continuaron.

El camino hacia Trías se abrió en una senda más firme, pero la calma fue breve. Al doblar una curva, una línea de guerreros bloqueó el paso: armaduras oscuras, lanzas alzadas y rostros cubiertos por cascos que no mostraban misericordia. El líder, un hombre con una cicatriz que le cruzaba la mejilla, dio un paso adelante y habló con voz que no admitía réplica: —Aquí no pasáis. Este territorio está cerrado. Si queréis cruzar, tendréis que pelear.

La orden cayó como una losa. No había negociación en sus palabras, solo la fría certeza de que el paso se defendía con sangre. Edran apretó la empuñadura de la daga; Mara ajustó la Lanza de Dragón en la espalda; Lira apretó el anillo hasta que los nudillos se le pusieron blancos. La bandana en el cuello de Edran vibró con una promesa silenciosa: protección y evasión, pero no milagros.

El pántano quedaba atrás; delante, la muralla de guerreros. El silencio se tensó como una cuerda antes del golpe. La batalla que se avecinaba no sería contra bestias, sino contra hombres que defendían un paso con la misma ferocidad con que la tierra defendía sus raíces. Y mientras las primeras lanzas se alzaban, los tres se prepararon para luchar por cada palmo de camino hacia Trías.

1
AJRR
la aventura en ese bosque está a tope. Veamos que siguie.
AJRR
Ese bosque es una gran idea en la creación de la historia, me gustó mucho. También me encantó la zalamander. Esa espada suena a una carta de Yu Gi Oh. jajajaja
yua megumi
La terminé dn dos dias necesito maaaas
AJRR
Revelación reveladora me quede como wou owu wou.
GS Universe: de verdad, muchas gracias
total 3 replies
AJRR
Gran propuesta la tuya en este novela muy bien hecho compañero escritor.
GS Universe: muchas graciass
total 3 replies
M.F. Lawren
me gustó mucho sigue así
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