Arthur Harington. El magnate de los negocios, dueño de 5 empresas que dominan el mercado internacional. Sabe todo, conoce a todos. Nada se le escapa. ¿Puede este hombre sentir lástima por alguien que siempre ha vivido en la calle?
Charlotte Taylor. Apenas tiene un nombre y un apellido. No sabe qué es peor ¿morir o seguir viviendo?
¿Podrá Charlotte encontrar un buen samaritano que le cambiara la vida? y si lo hace ¿ha qué costo será?
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Me gusta esa mujer.
Pensamientos de Alexander Petrov...
Ya tengo dos semanas en Londres y puedo confirmar que este lugar es maravilloso, creí que me tardaría más tiempo en resolver los asuntos que me trajeron aquí, pero me he sorprendido, aquí cualquiera se vende por un poco de dinero. Habían algunos cabos sueltos que me estaban dando un poco de dolor de cabeza, creí que se me haría más difícil resolverlos, pero aquí me dieron la llave del cofre y fue muy fácil abrirlo. Ya no tengo nada que hacer en Londres, pero unos viejos amigos me invitaron a tomar algunos tragos y le daré el privilegio de pasar unas horas conmigo antes de partir.
Entró al bar y me encontré con ellos en pocos segundos, nos dirigimos al apartado VIP y de inmediato fuimos rodeados de algunas chicas muy bonitas y sexis, veo que será una noche muy intensa. Necesito quitarme todo el estrés que me ha causado limpiar mi camino de porquerías sin valor. Disfruto de la compañía y me limitó a beber más de dos copas, siempre estoy alerta, vigilando cada movimiento, cada mirada. Tengo a mis hombres rodeando el lugar, pero a veces ellos no ven lo que yo si puedo ver, ellos solo ven amigos, yo veo posibles traidores, hombres que tienen negocios que mantener en la sima y familiares que alimentar, esa es una buena razón para venderme y recibir un buen pago... Después de dos horas fingiendo tomar los tragos que me sirven y ser tocado por todas partes por las princesas que se venden, dejo una buena propina y me retiro del lugar, no quiero seguir rodeado de gente falta.
Despierto temprano como de costumbre y me dispongo a hacer mi corrida matutina, el hotel tiene un camino especialmente para hacer ejercicio y la distancia es suficiente para no perder la rutina de larga distancia. Después de una hora corriendo por el sendero, me desvío para la playa y terminó de completar otra hora, devuelta a la habitación me doy una ducha y me visto ligero, el plan es ir a comprar unas prendas que me sirvan de recuerdo y cumpliendo con la promesa de llevarle un presente a mi madre de cada país que visito.
Observo los diseños que tienen en algunas tiendas, pero ninguno me convence, me dispongo a entrar a la tienda número cuatro cuando una mujer choca conmigo y se le caen las bolsas que llevaba.
Alexander: ¿Señora puede fijarse por donde camina? Hay más personas.
Charlotte: ¡Perdón señor! No lo vi.
Charlotte no levanta el rostro y recoge sus bolsas de compra.
Alexander: Umju, eso noté. ¡Carajo, mi pantalón blanco!
Charlotte escucha su queja y de inmediato levanta la mirada para ver la ropa que ensució.
Charlotte: ¡Dios mío, señor disculpé en verdad! Le compraré otro si me lo permite.
Alexander: No es necesario, aléjese de mi.
Charlotte lo mira y se sorprende con lo guapo que es Alexander y lo fuerte que es, no puede ocultar lo encantada que está y es algo que Alexander notó al instante. Dos hombres se acercan de manera intimidante a ella y eso provoca que Charlotte se asuste, Alexander levanta la mano en señal de alto y de inmediato le obedecen.
Alexander: Tenga más cuidado, podría salir lastimada por un simple roce.
Charlotte: Lo lamento señor, apreció su consejo.
Alexander la deja ir y da la orden a uno de sus hombres para que la sigan y la investiguen.
Alexander: Me gusta esa mujer, necesito toda la información sobre ella, sin omitir ningún detalle.
Jazín (Hombre de confianza): Así será.
Alexander continúa su camino y entra a una cafetería, para su buena suerte se encuentra con Charlotte tomando un té de menta, sin ser invitado se sienta junto a ella y pide un expreso doble. Charlotte lo mira se da cuenta de que es el mismo hombre de hace unos minutos y se asusta pensando que el la está siguiendo.
Alexander: ¡Que rico está! Será mi cafetería favorita.
Charlotte: Es la mejor que hay en este lugar. Disculpe que le pregunté pero, ¿Señor usted me está siguiendo?
Alexander: No, yo no sigo a nadie, para eso tengo un personal. La encontré por causalidad y decidí disfrutar de su compañía mientras estoy aquí.
Charlotte: Entiendo. ¿Entonces usted tiene un personal para que haga el trabajo sucio? ¿Es usted peligroso?
Alexander sonríe al ver la cara de inocente que ella tiene y lo directa que fue, pocas veces se encuentra con ese tipo de personas.
Alexander: Muy peligroso, pero no para inocentes. ¿Cuál es su nombre?
Charlotte: Interesante, mi nombre es Charlotte.
Alexander: Un placer Charlotte, mi nombre es Alexander.
Charlotte: Un gusto. Usted no es de estos lados señor Alexander.
Alexander: No, estoy de vacaciones por aquí.
Charlotte: Espero que esté satisfecho con la atención.
Alexander: Lo estoy, me gusta Londres, me gusta usted. Me gustan algunas cosas de aquí.
Charlotte no esperaba esa declaración tan espontánea.
Charlotte: Bueno, hay algunos gustos que no se puede dar.
Alexander: Siempre me doy todos los gustos que quiero. No hay excepciones.
Charlotte: Uum, me tengo que ir, mi hijo espera por mi. ¡Adiós!
Charlotte intenta irse, pero Alexander le sostiene la mano con delicadeza y la mira.
Alexander: Recuerde bien lo que le dije, yo siempre me doy los gustos que quiero.
Charlotte se siente intimidada y entra en calor, se suelta con sin forzar del agarre de Alexander y sale del lugar. No podía creer que eso le estuviera pasando.
Alexander sale del lugar y vuelve al hotel, esperando recibir toda la información de Charlotte. Desea a esa mujer y está seguro que la tendrá.