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La Promesa De Jade.

La Promesa De Jade.

Status: En proceso
Genre:Amor eterno
Popularitas:523
Nilai: 5
nombre de autor: piscis 1

Un milagro de Dios.

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La elegida del olmo.

El tiempo, que durante los años de infertilidad se había arrastrado con la lentitud de un caracol herido, ahora volaba con la velocidad de una golondrina en primavera. Antes de que Daniel y Valeria pudieran asimilarlo, Jade había cumplido diez años. Aquella niña de rizos oscuros y ojos verde esmeralda se había convertido en una preadolescente esbelta, de sonrisa serena y mirada profunda, que conservaba intacta la sabiduría misteriosa de su infancia pero que había aprendido a modularla con la discreción que exigía el mundo exterior.

El don de Jade no había desaparecido, como algunos niños con carismas similares experimentaban al llegar a la pubertad. Al contrario, se había refinado. Ya no tenía visiones espontáneas ni escuchaba la voz de la guardiana con la misma frecuencia de antes, pero había desarrollado una intuición afinada como un instrumento musical. Sabía cuándo una persona necesitaba ayuda, cuándo una palabra de consuelo podía cambiar el rumbo de un día, cuándo era necesario callar y cuándo hablar. La señorita Elena, que había sido su maestra durante cuatro años, la describía como "una presencia pacificadora" en el aula.

El profesor Adrián Castell, cada vez más anciano y achacoso, había reducido sus visitas a encuentros esporádicos. Pero cada vez que aparecía por la casa, Jade lo recibía con un abrazo y una taza de café que ella misma preparaba, porque sabía exactamente cómo le gustaba: solo, sin azúcar, con una pizca de canela.

—Esta niña me conoce mejor que yo mismo —bromeaba el viejo teólogo.

—No es difícil —respondía Jade con picardía—. Siempre pides lo mismo.

La vida de la familia Benítez transcurría por cauces de serena normalidad. Daniel se había convertido en un arquitecto de renombre, solicitado para proyectos en toda la región, pero había aprendido a decir que no cuando el trabajo amenazaba con robarle tiempo con los suyos. Valeria, por su parte, había consolidado su taller de cerámica y daba clases a un grupo de mujeres del pueblo que la adoraban. La abuela Carmen, aunque cada vez más frágil, seguía siendo el pilar emocional de la familia, la que reunía a todos los domingos alrededor de un cocido humeante.

Fue precisamente una tarde de domingo, después de una de aquellas comidas familiares, cuando ocurrió algo que ninguno de ellos había previsto.

Jade estaba sentada en el jardín, bajo el viejo olmo, leyendo un libro de aventuras. Los mellizos de Claudia, ya convertidos en adolescentes de catorce años, jugaban al fútbol en el prado cercano. Daniel y Roberto charlaban de política en el porche, mientras Valeria y Claudia recogían la mesa.

De repente, Jade levantó la vista del libro. Sus ojos se fijaron en un punto del jardín, junto al macizo de rosas que Valeria había plantado años atrás. Allí, bañada por la luz dorada del atardecer, se recortaba una figura familiar.

Era una mujer anciana, vestida con varias capas de ropa raída y colorida, con un pañuelo en la cabeza del que escapaban mechones de pelo blanco. Sus ojos, del color del chocolate derretido, brillaban con una luz cálida y profunda.

—Has vuelto —dijo Jade, sin sorpresa, como quien saluda a una vieja amiga que se había ido de viaje.

—Nunca me fui del todo, pequeña. Siempre he estado cerca, aunque ya no pudieras verme.

—Lo sé. A veces sentía tu presencia. Sobre todo en los momentos difíciles.

La anciana se acercó lentamente y se sentó en el banco de piedra, junto al olmo. Sus movimientos eran pausados, casi etéreos, como si no perteneciera del todo al mundo físico.

—He venido a despedirme, Jade.

La niña —o mejor dicho, la joven— asintió lentamente. En el fondo, siempre había sabido que ese momento llegaría.

—¿Ya no volveré a verte nunca más?

—No con estos ojos. Pero me llevarás contigo, en tu corazón, en tu memoria, en cada acto de bondad que hagas. Un guardián nunca desaparece del todo. Se transforma. Se convierte en parte de aquellos a los que ha protegido.

Jade sintió que las lágrimas acudían a sus ojos, pero no eran lágrimas de tristeza, sino de gratitud.

—Gracias —dijo simplemente—. Gracias por traerme hasta aquí. Gracias por elegir a mis padres. Gracias por enseñarme a ver la luz.

La guardiana sonrió, y en aquella sonrisa cabía todo el amor del universo.

—Eres tú la que me ha enseñado a mí, pequeña Jade. Ver cómo has crecido, cómo has aprendido a usar tu don con sabiduría y humildad, ha sido el mayor regalo de mi existencia. Ahora mi misión termina. Pero la tuya apenas comienza.

—¿Cuál es mi misión?

La anciana extendió la mano y señaló hacia la casa, hacia la familia que se movía en el porche, ajena a aquella conversación invisible.

—Tu misión es vivir. Amar. Ser feliz. Y, de vez en cuando, cuando alguien necesite una luz en la oscuridad, estar ahí para guiarlo. No tienes que salvar el mundo, Jade. Solo tienes que ser tú misma. Eso será suficiente.

—¿Y si me equivoco? ¿Y si no sé qué hacer?

—Te equivocarás. Todos nos equivocamos. Pero tendrás a tus padres, a tus amigos, a las personas que te quieren. Y tendrás esto.

La guardiana se llevó la mano al pecho y extrajo de entre sus ropas una tercera piedra de jade. Era idéntica a las otras dos, pero más pequeña, como una lágrima solidificada. La depositó en la palma de la mano de Jade.

—Toma. Es la última. Con esta, el círculo se cierra.

Jade observó la piedra. Bajo la luz del atardecer, brillaba con un fulgor verde y translúcido, como si contuviera una chispa de vida propia. Cuando levantó la vista, la guardiana ya no estaba. Solo quedaba el banco de piedra, el viejo olmo y el perfume de las rosas.

Aquella noche, Jade les contó a sus padres lo sucedido. Les mostró la tercera piedra de jade y les transmitió las palabras de despedida de la guardiana. Valeria lloró en silencio, como solía hacer siempre que algo la conmovía profundamente. Daniel, en cambio, se quedó pensativo, con la mirada perdida en el jardín oscuro.

—¿Estás triste, papá? —preguntó Jade.

—No. Estoy orgulloso. Orgulloso de ti. Orgulloso de nosotros. Orgulloso de haber sido elegido para ser tu padre.

—Fuisteis vosotros los que me elegisteis a mí. Bueno, en realidad fue un poco las dos cosas. La guardiana me dijo que vosotros también pedisteis un hijo durante muchos años. Vuestro deseo era tan fuerte que traspasó el cielo.

Daniel recordó aquellos diecisiete años de espera, de tratamientos fallidos, de noches en vela y de plegarias que creía no haber pronunciado. Recordó también la noche de la tormenta, la visita de la anciana, la piedra, el embarazo imposible. Y comprendió, con una claridad que nunca antes había tenido, que todo había formado parte de un plan más grande. Un plan que no necesitaba entender para aceptarlo.

—Bueno —dijo, pasándole el brazo por los hombros a su hija—. Pues si la guardiana se ha ido, eso significa que ahora el trabajo nos toca a nosotros.

—¿Qué trabajo?

—Vivir. Como ella ha dicho. Y ser felices. Que no es poco.

Jade apoyó la cabeza en el hombro de su padre y contempló las estrellas que empezaban a titilar en el cielo. Entre ellas, una brillaba con más intensidad que las demás. Era la estrella de la guardiana, la que siempre estaría allí para recordarle que nunca había estado sola.

—Mamá, papá —dijo en un susurro—. ¿Sabéis una cosa?

—¿Qué?

—Que os quiero. Mucho. Más que a nada en el mundo.

—Y nosotros a ti, princesa —respondió Daniel, con la voz quebrada por la emoción—. Más que a nada en el universo entero.

El viejo olmo meció sus ramas con el viento nocturno. Las tres piedras de jade, reunidas por fin sobre la mesita del salón, brillaban débilmente en la penumbra. Y la casa, aquella casa que durante diecisiete años había sido un templo del silencio, seguía llena de luz, de risas, de amor. Del amor que todo lo puede. Del amor que nunca se rinde. Del amor que convierte los desiertos en jardines y las lágrimas en piedras preciosas.

1
JOGXANDY BELLO
si el es esteril y ppr lo que veo ella lo aceptó asi, para que esperar un milagro. No tiene mucho amor disponible cuando no es capaz de darlo a un niño que lo necesite
Norys Alvarez Alfonso
❤️❤️👏
Norys Alvarez Alfonso
❤️❤️❤️❤️
Norys Alvarez Alfonso
Bella 😍
Norys Alvarez Alfonso
👏
Norys Alvarez Alfonso
👏🥰 Bella
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