Entre secretos prohibidos y un vínculo imposible, ¿será el amor su única salida… o la razón de su caída eterna?
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Invitación a la Torre Black Crown
El reloj del campus marcaba las cuatro de la tarde cuando terminaron las últimas clases.
Los estudiantes comenzaron a abandonar los edificios entre conversaciones animadas. Algunos se dirigían a la biblioteca; otros, a las residencias universitarias.
Caleb caminaba por el sendero principal con un libro bajo el brazo cuando su teléfono vibró.
Era un mensaje de un número desconocido.
«¿Tienes unos minutos? Hay un automóvil esperándote en la entrada sur de la universidad. No es una obligación. La decisión es completamente tuya.»
No había amenazas.
Ni órdenes.
Solo una dirección.
Caleb levantó la vista hacia la entrada sur.
Un elegante sedán negro permanecía estacionado junto a la acera.
El conductor descendió apenas lo vio acercarse e inclinó respetuosamente la cabeza.
—Buenas tardes, señor Caleb.
—Buenas tardes.
—El señor Draven desea invitarlo a conversar. Si no desea aceptar, lo llevaré al lugar que usted indique.
Caleb observó al conductor durante unos segundos.
Aquella cortesía no parecía fingida.
Después de pensarlo unos instantes, cerró el libro que llevaba en las manos.
—Acepto.
El conductor abrió la puerta trasera.
El trayecto transcurrió en silencio.
La ciudad comenzó a quedar atrás hasta que el automóvil entró en el distrito financiero.
Frente a ellos se alzaba un rascacielos de cristal negro que parecía tocar las nubes.
Caleb levantó ligeramente la vista.
Era la Torre Black Crown.
El ascensor privado los llevó directamente al último piso.
Las puertas se abrieron con un suave sonido.
Un amplio despacho los esperaba al otro lado.
Las paredes eran de madera oscura y los enormes ventanales ofrecían una vista completa de la ciudad.
Draven permanecía de pie junto al cristal, con una taza de café entre las manos.
Al escuchar las puertas, se giró lentamente.
—Gracias por venir.
Caleb sonrió con educación.
—Tenía curiosidad.
Draven señaló un sofá cercano.
—Espero que no te incomode este lugar.
—Es impresionante.
Ambos tomaron asiento.
Un empleado sirvió té para Caleb y café para Draven antes de retirarse discretamente.
Durante unos minutos hablaron de temas sencillos.
La universidad.
Libros.
Los lugares tranquilos de la ciudad.
No hubo preguntas sobre investigaciones ni asuntos personales.
Draven parecía interesado únicamente en conocer al joven que tenía frente a él.
En un momento, Caleb se acercó al enorme ventanal.
Las luces comenzaban a encenderse una tras otra.
—La ciudad se ve distinta desde aquí.
Draven se colocó a su lado.
—Cuando era niño pensaba que, si llegaba a la cima del edificio más alto, entendería mejor el mundo.
Caleb lo miró con curiosidad.
—¿Y lo entendiste?
Draven dejó escapar una leve risa.
—No.
Hizo una breve pausa.
—Solo descubrí que, mientras más alto subes, más solo puedes llegar a sentirte.
Caleb guardó silencio.
Había sinceridad en aquellas palabras.
No la frialdad del hombre poderoso que todos describían.
Sino la de alguien que llevaba demasiado tiempo cargando responsabilidades.
—Nadie debería acostumbrarse a la soledad —dijo Caleb en voz baja.
Draven volvió la mirada hacia él.
Durante unos segundos ninguno habló.
El silencio no resultaba incómodo.
Era tranquilo.
Casi reconfortante.
Entonces sonó el teléfono del escritorio.
Uno de los asistentes respondió y caminó hasta Draven.
—Señor... el detective Ian Vance ha solicitado una reunión urgente con usted. Dice que está relacionada con la investigación del estacionamiento.
Draven asintió lentamente.
—Hazlo pasar dentro de unos minutos.
El asistente se retiró.
Caleb comprendió que era momento de marcharse.
—No quiero interrumpir su trabajo.
Draven caminó hasta la puerta junto a él.
—Gracias por aceptar mi invitación.
—Gracias por el té.
Antes de que Caleb entrara al ascensor, Draven habló una vez más.
—Me gustaría volver a verte.
Caleb sonrió con serenidad.
—Quizá la próxima vez el café corra por mi cuenta.
Las puertas del ascensor comenzaron a cerrarse.
Por un breve instante, ambos mantuvieron la mirada fija el uno en el otro.
Cuando el ascensor descendió, Draven permaneció inmóvil frente a las puertas cerradas.
Sin darse cuenta, estaba sonriendo.
Pocos minutos después, otro ascensor se abrió en el mismo piso.
Ian Vance salió con una carpeta bajo el brazo.
Al llegar al despacho, notó una taza de té aún tibia sobre la mesa.
Miró a Draven.
—¿Tenía una visita?
Draven sostuvo su mirada con absoluta calma.
—Sí.
No añadió nada más.
Pero ambos comprendieron que aquel encuentro no sería el último.
Mientras tanto, Caleb abandonaba la Torre Black Crown observando el cielo teñido por los últimos colores del atardecer.
Una suave sonrisa apareció en sus labios.
—Pregunta número catorce...
Su voz se perdió entre el viento.
—¿Puede un encuentro cambiar dos corazones... incluso cuando ninguno de los dos está dispuesto a admitirlo?
Continuará...