Elena Rossi, la princesa consentida de los Rossi, tras la disolución de la trinidad, busca un nuevo comienzo académico en Manhattan. Sin embargo, el pasado de los Rossi es un lazo de sangre imposible de cortar, y las mafias locales no tardan en rastrear sus pasos en Nueva York.
Para sobrevivir en este nueva etapa de su vida, Elena no estará sola. Cuenta con el amparo constante de Christopher Sterling, un frío y letal custodio profesional encargado de su seguridad perimetral. En medio de balaceras en callejones húmedos y persecuciones a alta velocidad, la estricta relación jerárquica y el protocolo de un contrato laboral por su padre empiezan a desmoronarse.
Entre la adrenalina del peligro y la soledad de las noches, un sentimiento profundo e indomable transformará a la heredera y a su sombra en un equipo indestructible y un amor que atravesará todas las barreras que les pondrá la vida en el camino.
NovelToon tiene autorización de Vanesa Casarino para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
Capitulo 16
El viernes por la mañana trajo consigo una de esas raras jornadas en las que el cielo de Manhattan se despeja por completo, dejando que la luz del sol inunde los grandes ventanales del living. Me desperté con una sensación de alivio que no había sentido en meses. Saber que ya no tenía que fingir indiferencia cuando estaba a solas con Christopher cambiaba por completo la energía del departamento
Me tomé mi tiempo para elegir la ropa para ir al campus: un suéter de lana fina color gris, unos pantalones oscuros de corte clásico y botas cortas. Antes de salir de la habitación, guardé la pistola corta en el cajón de la mesa de luz. Hoy quería moverme liviana, confiando en que el operativo perimetral que Christopher había armado con la gente de la firma era más que suficiente para mantener el orden mientras yo cumplía con mis obligaciones de la facultad
Cuando entré a la cocina, el aroma a café recién filtrado ya llenaba el ambiente. Christopher estaba parado de espaldas a la barra, vistiendo una camisa negra con las mangas remangadas que dejaba ver los tatuajes de sus brazos, y unos pantalones oscuros. Se lo veía mucho más relajado, sin esa postura rígida que solía adoptar cuando pensaba que cada rincón del departamento estaba siendo vigilado por la central de Chicago
Al escuchar mis pasos, se dio la vuelta y una sonrisa franca, de esas que cambian por completo la dureza de su cara, le iluminó los ojos
— Buenos días, Elena. Te preparé el desayuno para que arranques el día con energía. Hoy tenés la clase de finanzas corporativas a las nueve, así que tenemos tiempo de sobra para repasar los apuntes antes de subir al auto — me dijo, acercándose para dejar la taza humeante sobre el granito negro
— Buenos días, Christopher. Sos un santo, de verdad — le respondí, acortando la distancia que nos separaba para pasar mis brazos alrededor de su cintura
Él me recibió con un abrazo cálido, apoyando su mentón sobre mi cabeza mientras me mecía sutilmente. Estar así, en la simpleza de una mañana común, era el verdadero lujo que Nueva York nos estaba regalando. Mi padre pensaba que me estaba dando una vida tranquila al alejarme de los búnkeres de Illinois, pero la verdadera paz la estaba encontrando acá, en los brazos del hombre que había decidido romper todas las reglas de la corporación por mí
Mientras desayunábamos juntos en la barra, compartiendo el espacio con una naturalidad hermosa, Christopher sacó su teléfono para mostrarme los datos que la cuadrilla norte había recopilado durante la madrugada. Fieles a nuestro trato, el trabajo sucio de rastreo se haría fuera de mis horarios de estudio, pero él quería mantenerme al tanto de cada movimiento porque sabía que mi mente analítica era una herramienta clave para armar el rompecabezas
— Los hombres de la firma vigilaron las oficinas de Chelsea que marcaste ayer en las planillas manuscritas — comenzó a explicar, señalando la pantalla donde se veían fotos de varios camiones de reparto entrando a un playón secundario — Tuviste un ojo clínico, Elena. Esa supuesta empresa de fletes marítimos es una pantalla directa de los Moretti. Registraron tres movimientos de carga sospechosos fuera del horario comercial. No están moviendo mercadería común, están usando la ruta legal de tu familia para camuflar sus propios activos y debilitar los controles de Franco en la aduana central
— Sabía que los números no mentían, Christopher. Esos balances tenían un desvío que solo se explica si alguien les está prestando la estructura logística desde adentro — le contesté, tomando un sorbo de café y analizando las imágenes con detenimiento — Mi padre jamás permitiría una sociedad con esa gente, lo que significa que los Moretti se metieron en este mercado de forma clandestina, aprovechando que la atención de la central está puesta en los puertos de Illinois. Querían usar Nueva York como su base de operaciones secreta, y pensaron que poner sus oficinas cerca de mi campus les daría una cobertura perfecta
Christopher asintió, guardando el teléfono en el bolsillo mientras me tomaba de las manos con firmeza. Su mirada transmitía un orgullo profundo por mi capacidad para desarmar los planes enemigos usando solo mi inteligencia
— Vos concentrate en la facultad hoy, Elena. Tenés que mantener el promedio alto y demostrarle a los abogados de la firma que tu estadía acá es puramente académica. Mientras vos estés en el aula magna, yo me voy a encargar de que los hombres sigan el rastro de esos camiones de reparto. Cuando salgas del sector este a la tarde, cruzamos los datos y decidimos cuál va a ser el siguiente paso — me aseguró, dándome un beso corto pero tierno en los labios que me dejó el corazón contento para el resto del día
El campus universitario bullía de actividad cuando el auto estacionó en la dársena lateral del sector norte. El aire fresco de la mañana ayudaba a despejar la mente y me metí de lleno en mi rol de estudiante en cuanto pisé el pasillo principal del edificio de economía
Christopher me acompañó hasta la entrada del anfiteatro grande, regresando a esa distancia prudencial que manteníamos frente al resto de la gente para no levantar sospechas entre los allegados de la familia que solían merodear la zona. Nos manejábamos con un código visual que solo nosotros entendíamos: una mirada rápida de su parte para confirmarme que el pasillo estaba despejado, un sutil movimiento de mi cabeza para indicarle que todo estaba en orden
Pasé las siguientes cuatro horas concentrada por completo en las fórmulas de rendimiento y en los modelos de mercado global. Me gustaba la carrera, sentía una verdadera pasión por la estructura de los números y por la lógica detrás de los grandes movimientos financieros
En la mesa de estudio del segundo piso, rodeada de carpetas y apuntes manuscritas, logré abstraerme del peligro exterior. Era la consentida de los Rossi, la protegida que no debía mancharse las manos con los asuntos de la frontera, y me ganaba ese derecho demostrando que era la mejor de la clase
A las dos de la tarde, cerré los libros de finanzas y guardé las hojas de anotaciones en mi mochila. Al salir al patio central, encontré a Christopher parado cerca de la fuente de piedra, conversando con uno de los encargados de mantenimiento del campus, simulando una charla casual mientras sus ojos barrían la salida del ala este. Cuando me vio acercarme, se despidió con un gesto cortés y caminó hacia el auto, esperándome con la puerta abierta
— ¿Cómo te fue en la clase de finanzas? — me preguntó en cuanto subimos al vehículo y dejamos atrás las rejas del predio universitario
— Excelente. El profesor tomó de ejemplo uno de los modelos de auditoría que desarrollé la semana pasada — le respondí con una sonrisa de satisfacción, acomodándome en el asiento de cuero — Ahora sí, la estudiante ya cumplió con su parte. Cuéntame qué descubrieron los hombres de la cuadrilla norte mientras yo estaba encerrada en el anfiteatro.
Christopher manejó con tranquilidad hacia el departamento, pero en lugar de subir directamente, decidimos dar una vuelta larga por la avenida del canal para terminar de repasar la información que sus hombres habían conseguido
La seguridad que sentíamos al movernos juntos, sabiendo que éramos un equipo indestructible, nos permitía encarar la investigación sin el pánico de las semanas anteriores
— El jefe de la cuadrilla confirmó que uno de los camiones sospechosos va a hacer una parada en un depósito de almacenamiento del distrito este hoy a las siete de la tarde — me informó, doblando en una calle lateral menos transitada — Es un lugar de tránsito común, no es una zona de descarte como el muelle del sur, así que podemos hacer una verificación visual desde el auto sin exponernos a ninguna balacera. Querían aprovechar que es viernes para mover los papeles de las licencias vencidas antes de que la aduana central cierre los registros del fin de semana
— Perfecto. Vamos a ir a ese depósito, Christopher. Nos estacionamos a una cuadra de distancia y usamos las cámaras de la tableta para registrar las patentes de los vehículos — le propuse, sintiendo que la adrenalina de la estratega Rossi se encendía de nuevo en mi pecho — Mi padre y Franco van a estar orgullosos cuando les mandemos el informe completo con los nombres de los infiltrados, demostrando que la tranquilidad que me dieron para estudiar también sirvió para limpiar el mercado de Manhattan
Christopher estacionó el auto en el subsuelo del edificio y subimos por el ascensor de servicio. En cuanto entramos al departamento, la fachada formal cayó por completo. Él dejó las llaves sobre la barra y me tomó de la cintura, atrayéndome hacia su cuerpo con una intensidad que me hizo olvidar por completo los camiones, las patentes y los balances contables de la aduana
— Me vuelve loco ver cómo manejás las cosas, Elena. Sos inteligente, decidida y no te achicás ante nada — me confesó en un murmullo, acunando mi rostro entre sus manos grandes
— Aprendí del mejor, Sterling — le respondí con una sonrisa sutil, antes de entregarme por completo a un beso apasionado que borró todas las preocupaciones del mundo exterior
Sabíamos que la batalla de Nueva York apenas estaba comenzando, pero también sabíamos que ya no la jugábamos como el custodio y la protegida, sino como dos personas dispuestas a todo por defender su amor y su propio destino.