Me desperté aturdida en un lugar desconocído y después de una serie de acontecimientos me di cuenta que habia reencarnado en una novela, pero mi personaje no existia
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capítulo 22
Amara
El caos del anuncio apenas duró unas horas.
Porque, al final, lo que habíamos venido a hacer a ese reino… era terminar lo que empezamos.
Esa misma noche, los soldados leales a Aurelian y a mis padres tomaron el palacio. No fue una batalla gloriosa ni heroica; fue rápida, fría y precisa. Para cuando el sol salió, el rey había sido arrestado, sus consejeros desarmados y el príncipe… bueno, el príncipe estaba tan pálido que parecía a punto de desmayarse.
Ahora ambos estaban encerrados en las mazmorras del palacio, vigilados día y noche.
En tres días se celebraría el juicio público.
Y el reino entero hablaba de ello.
Pero, como siempre, la política nunca era el único problema.
Porque el príncipe tenía una amante.
Y la mujer estaba furiosa.
Se llamaba Lyria. Hermosa, ambiciosa y lo suficientemente astuta como para haber sobrevivido años en la corte manipulando a medio mundo. Cuando supo que el príncipe podía perderlo todo… empezó a buscar otro protector.
Y lo encontró demasiado rápido.
Aurelian.
Yo estaba hablando con algunos generales cuando la vi acercarse a él en el gran salón.
Llevaba un vestido escandalosamente ajustado, caminaba como si el suelo fuera suyo y se detuvo frente a él con una sonrisa que destilaba veneno dulce.
—Lord Aurelian —dijo, inclinándose apenas más de lo necesario—. Debo admitir que nunca había visto a un hombre dirigir una toma del palacio con tanta elegancia.
Aurelian ni siquiera parecía interesado.
—Solo hice lo necesario.
Pero ella no se dio por vencida.
Se inclinó un poco más cerca, demasiado cerca.
—Un hombre fuerte siempre necesita… compañía adecuada.
Mis dedos se tensaron.
Ah.
Así que esas eran sus intenciones.
Aurelian aún no parecía darse cuenta de que lo estaban cazando, pero yo sí.
Y no sé exactamente en qué momento decidí actuar.
Simplemente caminé hacia ellos.
Deslicé mi brazo alrededor del de Aurelian y apoyé mi cabeza ligeramente en su hombro, como si ese fuera el lugar más natural del mundo.
—Cariño —dije con una dulzura peligrosamente falsa—, los generales nos están esperando.
La mujer me miró.
Primero con sorpresa.
Luego con un odio apenas disimulado.
Aurelian giró la cabeza hacia mí, y por un segundo juraría que sus labios temblaron intentando no sonreír.
—Por supuesto —respondió con voz tranquila—. Mi prometida siempre tiene prioridad.
Mi prometida.
Oh, él sabía perfectamente lo que estaba pasando.
La mujer apretó los labios.
—Princesa Amara… —dijo con una sonrisa falsa—. Es un placer conocerla.
—El placer es mío —respondí con la misma sonrisa afilada.
Y luego, deliberadamente, me puse de puntillas y besé la mejilla de Aurelian frente a ella.
Territorio marcado.
La mirada de Lyria se oscureció.
Pero no fue la única sorpresa de la noche.
Porque cuando salimos al balcón principal para dirigirnos a los nobles que habían llegado para el juicio… ocurrió algo que no esperaba.
Los murmullos comenzaron apenas me Vieron.
Había olvidado que muchos de los nobles solo habían escuchado rumores sobre mí.
Pero ahora habían visto mi rostro.
Y al parecer… eso fue un error.
Uno de los jóvenes duques fue el primero en acercarse.
—Princesa Amara —dijo inclinándose—. Permítame decir que su valentía en la guerra ha sido… inspiradora.
Otro apareció detrás.
—He escuchado que lideró tropas personalmente.
Luego otro.
Y otro.
Pero desde cuando salieron rumores tan pocos sobre mí.
En cuestión de minutos tenía a media docena de jóvenes nobles rodeándome, todos sonriendo demasiado, todos buscando conversación, todos intentando impresionarme.
Y entonces entendí el problema.
No solo estaban interesados en mí.
Yo era la hija única de los reyes de Eryndor.
Eso significaba poder.
Y ellos lo sabían.
Pero lo que más me divirtió fue ver la reacción de Aurelian.
Al principio estaba tranquilo.
Luego frunció el ceño.
Y cuando uno de los nobles tomó mi mano para besarla…
Aurelian se movió.
Apareció detrás de mí, colocó una mano firme en mi cintura y me atrajo ligeramente hacia él.
—Caballeros —dijo con una calma que no engañaba a nadie—. Agradezco su entusiasmo.
Su brazo se tensó alrededor de mí.
—Pero creo que olvidan algo.
Uno de los nobles parpadeó.
—¿Qué cosa?
Aurelian sonrió.
Esa sonrisa peligrosa que prometía problemas.
—Que ella se va a casar conmigo.
El silencio fue inmediato.
Yo levanté una ceja.
Mateo, que estaba sentado en la barandilla comiendo una manzana, soltó una carcajada.
—Ja. Se los dije —dijo señalándolos—. Mi hermano se pone muy celoso.
pensó que podría pero ya demostró Aurelian su potencial y que Amara no es una muñeca de decoración allá gobernará como igual a Aurelian no será una muñeca de adorno