El dolor fue el puente. En un segundo, el Capitán de la Unidad de Élite sentía el frío del asfalto tras un tiroteo mortal. Al siguiente, sentía el peso sofocante de un cuerpo sudoroso y el hedor a rancio de una habitación cerrada.
-¡Quédate quieto de una puta vez!- rugió una voz ronca sobre él.
El policía abrió los ojos. No estaba en la morgue ni en el hospital. El techo estaba manchado de humedad y la luz de una bombilla desnuda oscilaba sobre su cabeza. Un hombre de hombros anchos y rostro desencajado por la ira lo inmovilizaba sobre un colchón mugriento.
En ese instante, una descarga de recuerdos que no le pertenecían inundó su mente como torrente de agua helada. Se vio a sí mismo o mejor dicho, al dueño de ese cuerpo, como un ser roto. Un omega llamado Ren, cuya existencia se reducir a cuatro paredes, golpes, y el miedo constante a un esposo alfa que lo trataba como ganado. Ren acababa de morir... (ambientado con el estilo staempunk)
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Listo para la guerra
Llegar a la ciudad de Puerto Gris no fue fácil. Después de ver como las llamas devoraban la casa y el cuerpo del asqueroso alfa, el policía no se quedó a esperar las preguntas de nadie. Con el bebé envuelto en una manta vieja y solo unas pocas monedas que encontró escondidas en un tarro de la cocina, caminó durante dos días.
Sus pies sangraban. El cuerpo de Ren estaba tan débil que cada kilómetro se sentía como subir una montaña. El bebé, a quien Ren llamaba Leo, lloraba de hambre, y el policía tuvo que usar su instinto de supervivencia para pedir comida en granjas y esconderse en carretas de paja qué viajaban hacia la capital.
-Tranquilo pequeño.- le Susurraba en la oscuridad del callejón. -Papá está aquí. Nadie volverá a tocarte.-
Finalmente, llegó a una pensión barata en la zona más fea de la ciudad. El dueño, un hombre gordo y con olor a tabaco, lo miró con desprecio.
-Un omega solo y con un cachorro... eso trae problemas- dijo el hombre -Son diez monedas por semana. Si el bebé llora mucho, se van a la calle.-
Ren apretó los dientes, pagó y subió a una habitación qué olía a humedad y encerrado. No había lujos, solo una cama con resortes oxidados, una mesa y una ventana que daba en el callejón oscuro. Pero era un techo.
Esa noche, Ren se sentó en el suelo agotado. Sus manos temblaban mientras cambiaba los pañales de Leo. El Capitán que había dirigido misiones de alto riesgo, ahora estaba limpiando un bebé y tratando de calentar un poco de leche en una estufa vieja.
-Quien lo diría ¿verdad?- le dijo al niño que lo miraba con ojos curiosos. -de cazar criminales a esto. Pero no te preocupes, vamos a sobrevivir.-
Pasaron dos semanas. Ren consiguió un trabajo limpiando los pisos de una taberna cercana. Tenía que aguantar que los alfas del lugar lo miraran de firma asquerosa o que le dijeran groserías. Él simplemente bajaba la mirada, fingiendo ser el omega sumiso qué todos esperaban, pero por dentro, su mente de policía anotaba cada salida, cada punto débil y cada arma que los clientes llevaban.
-Por fin, pensé que las horas no pasaban. Estoy agotado.- escuchó gritos en el callejón de atrás.
Se asomó con cuidado. Tres hombres grandes, tipos que se creían dueños de la calle, tenían acorralado a un chico muy joven. El pobre chico estaba temblando, protegiendo una bolsista contra su pecho.
-¡Por favor!- Suplicaba el muchacho. -es la medicina de mi mamá. No tengo más dinero.-
El líder de los tipos, un hombre con una cicatriz en la cara llamado Kael, se rió feo.
-Si no tienes dinero, paga con otra cosa bonito. Los omegas como tú sirven para divertirnos un rato.-
Ren sintió que la sangre le hervía. Esa injusticia lo hacía enloquecer. En su otra vida, él habría sacado su arma y arrestado a esas basuras. Aquí no tenía placa ni pistola, pero tenía algo mejor: efecto sorpresa.
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Vio una barra de hierro oxidada tirada cerca de un basurero. La tomó con fuerza. Sus manos eran delgadas, pero su voluntad era de acero.
-Déjenlo en paz.- Ren salió de la oscuridad. Su voz no era un susurro asustado. Era una orden clara y fría.
Los tres alfas se dieron la vuelta, sorprendidos. Al ver un omega flaquito y pálido, empezaron a burlarse.
-Vaya, vaya... otro regalito.- Kael Soltó al chico para acercarse a él -¿tú también quieres que te enseñemos quien manda aquí, pedazo de basura?-
Kael dio un manotazo para agarrar el cabello de Ren. Fue su error más grande.
Ren se agachó rápido como un rayo. Usando la propia fuerza del hombre le Clavó la barra de hierro en el pie. ¡CRACK! El grito de dolor de Kael se escuchó en toda la cuadra. Antes de que los otros tipos pudieran reaccionar, Ren le dio un golpe seco en la garganta a uno y una patada precisa en la rodilla del otro.
En menos de un minuto los tres "valientes" estaban en el suelo, gimiendo de dolor y tratando de respirar.
Ren se acercó a Kael, que estaba tirado agarrándose del pie roto. Le puso la punta del hierro cerca del ojo.
-Si vuelves a molestar a alguien en este callejón, te aseguro que ka próxima vez no vas a poder caminar nunca más.- le dijo Ren, con calma que daba miedo. -¿Me entendiste?-
-¡Sí! ¡Sí! ¡Vete al diablo monstruo!- gritó Kael asustado. Sus propios instintos le decían que ese omega era más peligroso que cualquier otro alfa que hubiera conocido.
Ren ayudó al chico a levantarse.
-Vete a casa. Y no digas nada sobre esto. Solo dile a tu mamá que tuviste suerte.-
El chico con los ojos llenos de lágrimas, le dio las gracias y salió corriendo. Ren se quedó solo, respirando agitado. Le dolía todo el cuerpo. El cuerpo de Ren no estaba hecho para pelear así, pero se sentía bien. Se sentía como él mismo otra vez.
Revisó el suelo y vio que a Kael se le había caído una bolsa de monedas. La recogió.
-Considera esto por ser un idiota.- murmuró.
Con ese dinero, Ren pudo comprar comida de verdad y una manta más suave para el bebé.
Pero no sabía qué, desde un lugar oscuro, al final de la calle, alguien lo estaba mirando. Valerius, el jefe mafioso más poderoso de la región, había visto toda la pelea.
Valerius estaba acostumbrado a ver que los omegas pidieran protección. Ver a uno derribar tres hombres con una barra de hierro y luego irse a cuidar a su bebé como si nada hubiera pasado... eso lo dejó fascinado.
-Ese no es un omega normal- Dijo Valerius con una sonrisa peligrosa. -Investíguenlo. Quiero saber cada detalle de su vida. Ese "fantasma" me pertenece.-
Ren regresó a la habitación, le dio un beso en la frente al pequeño Leo y se quedó dormido con la barra de hierro bajo la almohada. La cacería de Valerius apenas comenzaba, pero el policía ya estaba listo para la guerra.