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Sobrevivir A Las Cenizas De Tu Amor

Sobrevivir A Las Cenizas De Tu Amor

Status: Terminada
Genre:Aventura / Apocalipsis / Romance / Completas
Popularitas:1.8k
Nilai: 5
nombre de autor: May_Her

En un mundo devastado por una pandemia que acabó con la civilización, Jimena, una enfermera que aún carga con el duelo por la pérdida de su pareja, sobrevive en soledad en la periferia de una ciudad en ruinas. Su existencia se limita a cuidar de un pequeño grupo de marginados: un anciano con una herida incurable, una mujer que ha perdido la razón por el dolor, y una niña salvaje que vive escondida.

Su monótona y silenciosa rutina se rompe cuando Iván, un joven mensajero, llega para pedir su ayuda. En ese momento conoce a Mateo, la persona que hará que todo en su mundo cambie.

NovelToon tiene autorización de May_Her para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 14

Reanudaron la marcha. Llegaron al supermercado, y Mateo la condujo a través de un laberinto de pasillos flanqueados por estanterías reconvertidas en paredes de habitaciones improvisadas. En cada recoveco, Jimena veía rostros que la miraban con curiosidad, con desconfianza, con indiferencia.

—Por aquí —dijo Mateo, abriendo una puerta que daba a lo que antes había sido la oficina del gerente.

El espacio era pequeño pero limpio. Había una mesa de metal, una silla, y una ventana que dejaba entrar la luz del atardecer. En un rincón, una cama con mantas limpias.

—He ordenado que te preparen esto —dijo Mateo—. Por si necesitas descansar entre turno y turno.

Jimena recorrió la habitación con la mirada. Era más de lo que había tenido en tres años. Mucho más.

—No pienso quedarme —dijo, más por costumbre que por convicción.

—Ya lo sé. Pero mientras estés aquí, tendrás un lugar donde dormir.

Se volvió hacia él. Estaba en el marco de la puerta, con los brazos cruzados, y la luz de la ventana le daba a su rostro un tono dorado que suavizaba sus facciones duras.

—¿Por qué haces esto? —preguntó—. Por qué te preocupas tanto por mí. No me conoces.

—Te conozco lo suficiente. Eres la única que ha venido a ayudar sin pedir nada a cambio. Eso ya es más de lo que la mayoría haría.

—No he venido a ayudar. He venido porque hay niños enfermos. Nada más.

—Y eso es ayudar. Aunque no quieras reconocerlo.

Jimena sintió que sus defensas se resquebrajaban. Había algo en la forma en que Mateo la miraba, en la certeza de sus palabras, que le recordaba a Carlos. No en la apariencia, sino en la forma de ver más allá de lo evidente.

—Necesito empezar a trabajar —dijo, apartando la mirada—. Llévame con los adultos enfermos.

Mateo asintió y la condujo al fondo del supermercado. La antigua cámara frigorífica, tal como había dicho, estaba fría. Pero había sido acondicionada con colchonetas, mantas, y un pequeño hornillo que proporcionaba algo de calor. Allí yacían una docena de personas, algunas con tos, otras con fiebre, todas con el mismo aire de resignación que Jimena había visto tantas veces.

Un hombre de mediana edad tosió mientras ella se acercaba. La tos era seca, profunda, con ese sonido metálico que indicaba que los pulmones estaban afectados.

—¿Cuánto tiempo llevan aquí? —preguntó mientras le tomaba el pulso.

—Dos días —respondió una mujer desde una colchoneta cercana—. Desde que empezaron con los síntomas.

—¿Y han recibido tratamiento?

—Les hemos dado agua, comida y también lo que tú nos trajiste.

Jimena asintió, aunque por dentro hervía de frustración. Era demasiado poco, demasiado tarde. Los antibióticos que había traído apenas alcanzarían para los niños; para los adultos tendría que racionarlos.

—Necesito más antibióticos —dijo a Mateo, que la observaba desde la entrada—. Los que traje no serán suficientes para todos.

—¿Dónde podemos conseguirlos?

—En mi farmacia. Tengo una reserva en el almacén. También en la clínica veterinaria, al sur del polígono. Pero es peligroso ir solo.

—Entonces iremos juntos. Mañana, al amanecer.

Jimena lo miró, sorprendida.

—No puedes irte. Eres el líder. La gente te necesita aquí.

—La gente necesita que sus niños no mueran. Eso es más importante.

—Pero…

—No voy a discutir, Jimena. Mañana al amanecer, vamos por los antibióticos.

Hubo una convicción en su voz que Jimena no supo cómo discutir. En lugar de eso, se limitó a asentir y continuar con su trabajo. Examinó a cada uno de los adultos, tomando nota de sus síntomas, separando a los que tenían fiebre de los que solo tosían, dejando instrucciones para que los aislaran aún más.

Cuando terminó, la noche había caído. Volvió a la enfermería de los niños, donde Carmen seguía vigilando. Lucía había empeorado ligeramente; su respiración era más superficial, y su fiebre había subido otra vez.

—¿Quieres que te traiga algo de cenar? —preguntó Carmen, viéndola arrodillada junto a la niña.

—No tengo hambre.

—Tienes que comer. Si te enfermas tú también, no habrá quien los cuide.

Jimena sabía que tenía razón. Aceptó el cuenco de guiso que Carmen le ofreció y se sentó en el suelo, con la espalda apoyada en la pared. El guiso estaba caliente, hecho con legumbres y alguna verdura que habían conservado. Llevaba años sin comer algo caliente que no fuera de lata. Dio un par de cucharadas y sintió cómo el calor le recorría el cuerpo.

—¿Estás bien? —preguntó Carmen, sentándose a su lado.

—Solo cansada. Hacía tiempo que no trabajaba tantas horas seguidas.

—Pues duerme. Yo vigilo a los niños.

—No puedo. Si Lucía empeora…

—Te despertaré. Lo prometo.

Jimena dudó. Pero el cansancio era más fuerte que su voluntad. Cerró los ojos un instante, solo un instante…

Cuando los abrió, había pasado una hora. Alguien le había puesto una manta sobre los hombros, y cerca de ella, en la penumbra, una figura estaba sentada en silencio. Era Mateo, con los brazos apoyados en las rodillas, mirando a los niños con una expresión que Jimena no había visto antes.

—Mateo —susurró—. ¿Qué haces aquí?

—Vigilar. Dijiste que alguien tenía que vigilar.

—Pero tú… necesitas descansar.

—Ya descansaré cuando esto termine.

Jimena se incorporó, sintiendo las vértebras protestar. La manta cayó de sus hombros, y por un momento, sus miradas se encontraron en la penumbra.

—Gracias —dijo—. Por todo. Por traerme aquí, por darme un lugar donde trabajar, por…

—No me des las gracias —la interrumpió—. Tú has venido a ayudar a los míos. Yo solo estoy devolviendo el favor.

—No es un favor. Es mi trabajo.

—Entonces deja que el mío sea cuidar de los que cuidan.

Jimena sintió algo extraño en el pecho. Una calidez que no tenía nada que ver con la manta. Una sensación que llevaba tanto tiempo sin experimentar que casi no la reconocía.

—Deberías dormir —dijo Mateo, como si leyera sus pensamientos—. Mañana será un día largo.

—Tú también.

—Ya lo sé.

Se quedaron en silencio, los dos en la penumbra de la enfermería, con los niños respirando a su alrededor. Jimena no sabía cuánto tiempo pasó así, sintiendo la presencia de Mateo a su lado, escuchando su respiración pausada, el crujido de sus ropas cuando se movía.

—Jimena —dijo él al fin, con voz baja.

—Dime.

—¿Tú crees que podemos salvarlos?

La pregunta la sorprendió. No era la pregunta de un líder evaluando opciones. Era la pregunta de un padre, de alguien que había perdido y temía volver a perder.

—No lo sé —respondió con honestidad—. Lucía está muy grave. Los otros… tienen posibilidades.

—¿Y si no lo conseguimos?

—Entonces habremos intentado todo lo posible. Eso es lo único que podemos hacer.

Mateo asintió lentamente.

—Marta —dijo, y su voz se quebró ligeramente—. Mi mujer. Cuando se quedó sin insulina, intenté conseguir más. Estuve tres días fuera. Cuando volví, ya era tarde.

—Lo sé. Me lo contaste.

—No te conté todo. No te conté que Elena, mi hija, me pidió que no me fuera. Me agarró de la mano y me dijo: “Papá, no te vayas”. Y yo le dije que volvería pronto. Que no pasaría nada.

La voz de Mateo era apenas un susurro. Jimena no se atrevió a moverse.

—Cuando volví, ella estaba en la cama, abrazada a su madre. Las dos muertas. Y yo pensé que si me hubiera quedado, quizás… quizás podría haber hecho algo.

—No podías. No había insulina. No había médicos. No había nada que hacer.

—Eso me digo a mí mismo. Pero no me lo creo del todo.

Jimena entendió. Entendió la culpa, la auto-recriminación, la voz interior que susurraba “podrías haber hecho más”. Llevaba tres años escuchando esa voz.

—Yo también perdí a alguien —dijo, sin saber por qué se lo contaba—. Carlos. Mi pareja. Era el hombre que arreglaba las cosas en el hospital. Un día llegó con fiebre y a los tres días ya no había respiradores disponibles. Me quedé a su lado mientras se apagaba. No pude hacer nada.

—¿Te quedaste?

—Sí. Hasta el final.

—Eso es más de lo que muchos pueden decir.

—No es suficiente.

—Nunca lo es.

Se quedaron en silencio otra vez. Fuera, el mercado dormía. Dentro, los niños respiraban con dificultad, y dos personas rotas se sostenían en la penumbra, compartiendo el peso de sus muertos.

—Mañana —dijo Jimena al fin— vamos por los antibióticos. Y los salvamos.

—¿Cómo puedes estar tan segura?

—Porque si no lo estoy, me derrumbo. Y no puedo permitirme derrumbarme. No ahora.

Mateo la miró largamente. Luego, con un gesto que Jimena no esperaba, le tocó la mano. Fue un roce breve, apenas un contacto, pero Jimena sintió que la electricidad recorría todo su cuerpo.

—Entonces no te derrumbes —dijo él—. Y yo tampoco.

Se quedaron así, con las manos juntas en la penumbra, mientras los niños luchaban por vivir y el mercado dormía. Y por primera vez en mucho tiempo, Jimena sintió que no estaba sola.

No del todo.

1
Lauu Maii
Fue diferente, sí, pero valió la pena leerla.
Laura
Gracias por el capítulo
Holw_23
gracias por las imágenes /Tongue/
Holw_23
Puedes agregar imágenes de los personajes autora /Shy/
💠May_Her💠: Ya se están publicando unos capítulos, mañana si puedo agregarlas por allí del capítulo 12
total 1 replies
José Miguel Vivone
está muy bien tu obra, solo que a mí me gustan las historias con más ritmo , ojo es mi estilo, te invito a que leas una de mis obras . y tu dime .
José Miguel Vivone
está muy bien tu obra, solo que a mí me gustan las historias con más ritmo , ojo es mi estilo, te invito a que leas una de mis obras . y tu dime .
Holw_23
Gracias por el capítulo
Angeline
Más capítulos por favor
Angeline
Hasta ahora siento que está bien
Angeline
espero atenta lad próximas actualizaciones 🤭
Angeline
Bueno, empecemos, espero terminen de actualizar rápido
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