Renace en una época antigua, decidida a cambiar su destino, no será una villana en esta vida.
* Esta novela pertenece a un mundo mágico*
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Carruaje
El carruaje comenzó a moverse con un leve balanceo.
El sonido de las ruedas sobre el camino marcaba un ritmo constante… casi hipnótico.
Dentro, el espacio era el mismo de antes.
Pero todo había cambiado.
Rachel se sentó con la espalda recta, las manos cuidadosamente apoyadas sobre su regazo. Su mirada, al principio, estaba fija en la ventana… como si el paisaje fuera de pronto lo más interesante del mundo.
Pero no lo era.
Porque era muy consciente de su presencia.
De él.
Del silencio.
De lo que había pasado entre ambos.
Y eso… la tenía nerviosa.
No de miedo.
Sino de una incomodidad nueva.
Distinta.
Damian, frente a ella, lo notó de inmediato.
La forma en que evitaba mirarlo.
La rigidez en sus hombros.
La pequeña tensión en sus dedos.
Y entonces… sonrió. Apenas.
Una sonrisa breve. Casi divertida.
—Está nerviosa.
No fue una pregunta.
Rachel giró el rostro hacia él de inmediato.
—No lo estoy.
Su respuesta fue rápida. Demasiado rápida.
Damian alzó ligeramente una ceja.
—Claro.
El silencio volvió por un segundo.
Pero esta vez… no era tan pesado.
Porque algo en el ambiente había cambiado.
Había menos tensión… y más curiosidad.
Más juego.
Damian apoyó el brazo de forma relajada.
Y entonces preguntó, con una leve sonrisa..
—¿Volveremos a vernos?
Rachel lo miró.
Esta vez… sin apartar la mirada.
Pensó un segundo.
Y luego respondió con calma..
—Podría ser..
Una pausa. Pequeña.
Pero intencional.
—Pero si me busca por lo “correcto”… o por “responsabilidad”…
Sus ojos se afilaron ligeramente.
—No lo recibiré.
El silencio que siguió fue breve.
Y luego.. Damian se rió.
No una risa fuerte.
Sino baja.
Sincera.
—Es usted…
Hizo una pequeña pausa, como si buscara la palabra adecuada.
—…muy singular.
Rachel lo observó.
—¿Eso es bueno o malo?
Damian la miró directamente.
—Única.
La palabra quedó suspendida entre ellos. Simple. Pero cargada.
Rachel no respondió de inmediato.
Pero esta vez… sonrió.
Y no con nervios.
Sino con algo más ligero.
Más natural.
—Lo tomaré como un halago.
Damian no lo negó.
Y por primera vez desde que comenzó el viaje… el silencio entre ellos no fue incómodo.
Fue… cómodo.
Como si, poco a poco… estuvieran encontrando una forma distinta de entenderse.
Damian no apartó la mirada de ella.
Esa pequeña sonrisa que había aparecido antes… no desapareció.
Al contrario.
Se volvió más marcada.
Más intencionada.
—Me gustaría seguir conociéndola.. Después de todo…
Hizo una breve pausa.
Sus ojos se clavaron en los de Rachel.
—Ya sabemos que somos… muy compatibles.. sobre todo en la intimidad..
Rachel sintió cómo el calor subía de inmediato a sus mejillas.
—Lord Devlin… —murmuró, con una mezcla de vergüenza y advertencia.
Pero él no parecía arrepentido.
Ni siquiera un poco.
Ella desvió la mirada apenas, intentando recomponerse, pero no pudo evitar que una pequeña sonrisa escapara.
—Podría ser.. Lo pensaré.
Su tono era ligero.
Pero no era un rechazo.
Damian lo notó.
Claro que lo notó.
Y en el siguiente instante.. se inclinó hacia ella.
La tomó con firmeza… y la levantó con facilidad, acomodándola sobre sus piernas como si no pesara nada.
—¡¿Qué está haciendo?! —exclamó Rachel, sorprendida.
Pero no hubo tiempo para más.
Porque él la besó.
De nuevo.
Rachel, por reflejo, apoyó una mano en su pecho.
—No debería..
Intentó apartarse.
Al menos… en apariencia.
—Esto no es apropiado..
Pero su voz no tenía la misma firmeza de antes.
Y sus movimientos… tampoco.
Porque aunque fingía resistirse… no se alejaba realmente.
Y en cuestión de segundos… cedió.
Sus manos dejaron de empujarlo.
Y en cambio… se aferraron ligeramente a su camisa.
El beso se volvió más lento.
Más profundo.
Menos impulsivo que la noche anterior… pero igual de cargado.
El carruaje seguía avanzando.
El mundo seguía su curso.
Pero dentro de ese pequeño espacio… todo parecía detenerse otra vez.
Y esta vez… no había enojo.
No había desafío. Solo una atracción que ninguno de los dos parecía dispuesto a negar.
El carruaje avanzaba con un ritmo constante, casi hipnótico, mientras el paisaje pasaba desapercibido al otro lado de la ventana.
Dentro… el ambiente era completamente distinto.
Más cálido.
Más cercano.
Rachel seguía sobre sus piernas, y aunque en algún momento había intentado mantener cierta distancia… ya no lo hacía realmente.
Los besos iban y venían.
No eran desesperados como la noche anterior.
Eran más lentos.
Más conscientes.
Como si ahora ambos quisieran saborear el momento… en lugar de dejarse arrastrar por él.
Damian inclinaba apenas el rostro, rozando sus labios con los de ella antes de besarla de nuevo, como si disfrutara provocarla, marcar el ritmo.
Rachel, por su parte, no se quedaba atrás.
Si él se acercaba, ella se alejaba apenas.
Si él la buscaba, ella sonreía antes de ceder.
Era un juego.
Un intercambio constante.
Un pequeño duelo silencioso donde ninguno quería perder.
—Esto sigue siendo inapropiado —murmuró Rachel en algún momento, apenas separándose lo suficiente para hablar.
Pero su tono… no era convincente.
Damian sonrió.
—Y aun así… no se detiene.
Rachel entrecerró los ojos.
—Usted tampoco.
—No tengo intención de hacerlo.
Ella dejó escapar una pequeña risa.
Suave.
Y volvió a besarlo.
Esta vez por iniciativa propia.
El carruaje se movía, ajeno a todo.
Y dentro de ese espacio reducido… las palabras perdían importancia.
Las miradas hablaban más.
Los silencios también.
Las manos, los gestos, las pausas… todo tenía un significado.
Y entre todo eso… se mantenía ese juego.
De poder.
De control.
De quién guiaba… y quién seguía.
Pero, en el fondo… ninguno estaba realmente perdiendo.
Porque ambos estaban exactamente donde querían estar.
Y por primera vez desde que comenzó el viaje de regreso… no había tensión.
No había incomodidad.
Solo una conexión que, aunque ninguno terminaba de entender… seguía creciendo con cada instante compartido.