NovelToon NovelToon
Me casé con un viudo mayor y me consiente cada día

Me casé con un viudo mayor y me consiente cada día

Status: Terminada
Genre:Padre soltero / Novia sustituta / Matrimonio arreglado / Completas
Popularitas:32.8k
Nilai: 5
nombre de autor: Raven Ayu

La descartaron como a un paquete devuelto.

Cuando la prueba de ADN reveló que Lara no era la hija de sangre de la poderosa familia que la crió, la enviaron al altar en lugar de la verdadera heredera: a casarse con un viudo de pueblo, mayor y con tres niños a cuestas. Debía ser un castigo. Debía ser el final de su vida.

Pero al otro lado de aquel portón de hierro no la esperaba un anciano pobre. La esperaba una casa que guardaba secretos, tres pequeños que llevaban demasiado tiempo pasando hambre… y un hombre que no era, ni de lejos, lo que todos decían.

Lara llegó dispuesta a sobrevivir. Nunca imaginó que ese matrimonio arreglado le daría lo único que jamás tuvo: alguien que la mira como si valiera el mundo entero, y la consiente cada día.

Mientras aprende a ser madre de tres corazones heridos y descubre quién es en realidad su esposo, los que la humillaron empezarán a tocar a su puerta. Unos por arrepentimiento. Otros, por codicia. Y Lara ya no es la muchacha a la que se podía reubicar a capricho.

NovelToon tiene autorización de Raven Ayu para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

bab-003

Capítulo 3: Voy a ser una buena madre

—Ya que llegaste, te quedas aquí.

Esa fue la respuesta de Adrián después de tanto silencio.

Ni una frase dulce. Ni una mirada de lástima. Solo tomó mi maleta, la levantó con una mano y se volvió hacia doña Inés.

—Prepare el cuarto del frente, en la planta alta.

Doña Inés se sobresaltó.

—Pero, señor, ese cuarto es para las visitas importantes.

—Lara no es una visita.

Aquellas tres palabras dejaron a la mujer sin respuesta.

Adrián llevó mi maleta hacia la escalera. Sasa seguía en mis brazos y acompañaba cada uno de sus movimientos con los ojos muy abiertos.

—En cuanto a la boda —añadió Adrián sin voltear—, tú decides cuándo estés lista. No te voy a obligar.

No esperaba que el hombre al que mi familia había pintado como un viudo campesino y tosco fuera justamente el que me diera la primera opción de elegir en todo el último mes.

—Vayamos despacio, entonces —dije—. Primero quiero conocer a los niños y la vida de esta casa. Lo de usted y yo… ya lo iremos aprendiendo.

Se detuvo en el primer escalón y asintió una sola vez.

—Está bien.

Nuestro acuerdo no tenía nada de romántico. Pero después de que me trataran como a una mercancía de reemplazo, una pequeña decisión tomada por mí misma valía más que cualquier promesa de amor.

Doña Inés terminó abriendo el cuarto del frente con la cara agria. Tenía una cama de madera, un ropero, una mesita y una ventana que daba al mango. El polvo era apenas una capa fina; se notaba que no era un cuarto de uso frecuente.

—Las sábanas las cambio después —dijo, sin la menor intención de hacerlo pronto.

—Yo me encargo.

Bajé a Sasa a la cama. La niña se sentó, sujetando el segundo caramelo todavía envuelto. Cuando abrí la maleta, vigiló cada uno de mis gestos, como si temiera que fuera a guardar todo de nuevo y marcharme.

Adrián se quedó de pie en la puerta.

—¿Sasa es la más pequeña? —pregunté.

—Sí.

—¿Y los dos niños de hace rato son Rafael y Bruno?

—Sí.

—¿Y la madre de ellos?

Su mirada bajó un instante.

—Amelia, mi hermana. Ya murió. El padre de ellos tampoco vive. Yo soy su tutor.

La respuesta fue breve, pero bastó para dejar clara una cosa: los tres niños no eran hijos de sangre de Adrián. Él era el tío y el tutor que ellos llamaban «papá» porque los había criado.

—Entiendo.

Sasa me extendió el caramelo. Se lo desenvolví y dejé que lo sostuviera ella misma.

Adrián miró aquella manita y luego se dirigió a doña Inés.

—¿Los niños ya comieron?

—Enseguida. El arroz está cocinándose.

Adrián asintió y bajó a asearse. Pero había algo en la manera en que doña Inés apretaba su manojo de llaves que me puso otra vez en alerta.

Esa noche me senté por primera vez a la mesa con ellos.

Rafael eligió la silla más alejada de mí. Era delgado, pero mantenía la espalda muy recta. Su rostro apenas se movía. Su mirada me recordó a la de un gatito callejero al que ya lo han pateado demasiadas veces para creer en una mano abierta.

Bruno se sentó a su lado. A ese niño le costaba mucho más esconder nada. Sus ojos seguían el tazón de arroz que doña Inés traía de la cocina.

—Papá, ¿ella se va a quedar aquí? —preguntó.

—Sí.

—¿Y quién es?

Rafael le dio un codazo suave.

—No preguntes tanto.

—Solo pregunto. —Bruno volvió a mirarme—. Señorita, ¿sabes cocinar?

—Sé.

—¿Sabes hacer pollo?

—Sé.

—¿Y estofado?

—Si hay con qué.

Bruno iba a preguntar algo más, pero doña Inés dejó el tazón de verduras sobre la mesa de un golpe.

—Cuánta exigencia. Coman lo que hay.

Lo que había era una sopa aguada de verduras con trozos de calabaza, cuatro tortitas de soya fritas finas como el papel y una salsa picante para los adultos. No había huevo, ni carne, ni leche. El arroz apenas alcanzaba para una porción pequeña por persona.

Le eché un vistazo a Adrián. Comía sin decir nada, como un hombre acostumbrado a volver tarde y aceptar lo que le pusieran delante. Tal vez nunca veía lo que ocurría durante el día.

En cuanto doña Inés terminó de repartir el arroz, Bruno se metió tres cucharadas grandes casi sin masticar. Rafael comía más despacio, pero cada grano que se le caía al plato lo recogía con la punta de los dedos.

Sasa estaba sentada en mi regazo. Doña Inés le había dado un tazón de papilla aguada y ya fría.

—¿Esta es su cena? —pregunté.

—Los bebés comen papilla, pues.

—¿Papilla sin nada más?

—Al mediodía ya comió.

Sasa abría la boca en cuanto la cuchara se acercaba. Tragaba rápido y volvía a abrirla antes de que la cuchara regresara al tazón.

Un niño satisfecho no come así.

Le mezclé un poco de verdura a la papilla y soplé cada cucharada. En unos minutos el tazón quedó vacío. Sasa seguía mirándolo.

Bruno también había terminado el arroz.

—Doña Inés, ¿puedo repetir?

—No hay más.

—Aunque sea poquito.

—¿Quieres ponerte como un búfalo? Come que te come.

La mano de Bruno, que sostenía la cuchara, bajó despacio. Adrián levantó la cara, pero antes de que hablara, Rafael pasó una de sus tortitas de soya al plato de su hermano.

—Yo ya estoy lleno —dijo Rafael.

Se me apretó el estómago. Su plato ni siquiera estaba a la mitad.

Repartí lo que me quedaba de arroz para Bruno y le pasé mi tortita a Rafael. El mayor la rechazó con la mirada.

—No tengo hambre —dije.

—Yo tampoco.

—Entonces guárdala. Si te da hambre después, te la comes.

No tocó la tortita. Pero tampoco me la devolvió.

Bruno acercó la cara hacia mí.

—Señorita, ¿de verdad mañana vas a cocinar pollo?

—Si hay pollo, lo cocino.

—No le creas —cortó Rafael—. Los que llegan siempre son buenos al principio.

Bruno se calló de golpe. Miré a Rafael, pero no intenté rebatir un miedo que era evidente que no había nacido ese día.

—No hace falta que me creas ahora —dije—. Mira lo que hago mañana, pasado y los días que sigan. Y tampoco tienes que llamarme mamá hasta que tú mismo lo quieras.

Rafael bajó la cabeza. Sus dedos se cerraron sobre la tortita que le había dado.

Adrián nos observaba en silencio.

A la mañana siguiente salió hacia la ganadería antes de que el sol subiera. En la mesa, doña Inés solo puso té aguado y yuca hervida para los niños. Sasa se me pegaba a las piernas fuera adonde fuera.

Mientras ayudaba a recoger los platos, vi que doña Inés sacaba una bolsa de plástico con huevos del armario de la cocina. La tapó con un trapo y la llevó hacia la puerta trasera.

—¿Eso para quién es?

Se sobresaltó.

—Los asuntos de la cocina no son asunto tuyo.

Detrás de la cocina había una puertita de madera con un candado nuevo. Por la rendija salía un olor tenue a arroz y cebolla.

—¿Dónde está la llave? —pregunté.

—Esa bodega es mía.

—¿Una bodega dentro de la casa del señor Adrián es de doña Inés?

No respondió. Se llevó la bolsa de huevos a toda prisa hacia afuera.

Esa noche me despertó el ruido de unos pasitos en el pasillo. Bruno estaba parado en la puerta de la cocina con un tazón vacío en la mano.

—Doña Inés —susurró—, todavía tengo hambre. ¿Me da medio tazón de arroz?

—¡No hay! —bramó doña Inés desde su cuarto—. ¡A dormir! ¡No seas glotón!

Bruno se quedó petrificado. Volteó y me vio al fondo del pasillo. Avergonzado, escondió el tazón detrás de la espalda y corrió a su cuarto.

Me quedé un largo rato de pie en la oscuridad.

Esta era la casa más lujosa de todo San Roque. El dinero, claramente, no era el problema. Y sin embargo, los tres niños que vivían dentro comían como si llevaran días muriéndose de hambre.

Mi mirada cayó sobre el candado detrás de la cocina.

¿Qué era lo que doña Inés escondía en realidad detrás de aquella puerta?

1
Quica Romero
¿Y si lo que le gusta es poderle callar la boca a alguien?.☝️🙄 ¿Que?. 🤷‍♀️
Quica Romero
¡Ash!.😒🤦‍♀️ ¡Otro alacrán!.
°\🙄/-
Quica Romero
Y es que, "no hagas cosas que parezcan malas y sobre todo sospechosas. ☝️🧐
Quica Romero
Pero no estás dando solo discursos. 🤷‍♀️ Estás dando discursos con pruebas comprobables e irrefutables. ☝️🧐
Quica Romero
La que obra mal... ☝️😌 ¡Se le pudre el tamal!. °~😌~°😈😁😈😄😈😆😈😅😈😂😈🤣😈
Quica Romero
¡No!. ☝️🙂‍↔️ A eso se le llama NO mezclar negocios con la "familia. ☝️😌 Cuentas claras y el chocolate espeso. Así llegarás a viejo y con familia unida.☝️🧐
Quica Romero
Pues no ☝️🙂‍↔️ Ya que cada cocinero tiene su forma y sazón aunque sea la misma receta siempre va ha variar por el sazón que le da el cocinero. 🤷‍♀️🙎‍♀️😏
Y èso si, lo va a notar un buen cocinero y comensal.
☝️🧐 °~😌~°😉
Quica Romero
¡Otro alacrán al calzón!. °\🙄/°
Doña Inés... ☝️🙄 Tania... ☝️🙄 Su ex familia... 🖕🙄 Los nuevos tíos...🖕🙄 y... ¿Quién más se acumulara?. °~🫩~°
Acaso será...¿¡Yolanda!?.
°~🤨~°🤔🤦‍♀️
Quica Romero
¿Y por qué iba a tener tristeza la vieja cínica?. °~🫩~°
¡Vergüenza!, es lo que debería de tener ella y sus padres por rateros.°\🤨/°
¿Y su "nombre"?...¡Ya está en la boca de todos!. Por las acciones de su hija y por el cinismo y la falta de principios y moral de la familia al no devolver luego , luego la dote que su hija rechazó.°~😒~°
Así que...¡Entré cínicos y rateros no hay a quien irle!.
☝️😌👆🤷‍♀️🙎‍♀️
Quica Romero
¿Y para que?. °\😏/°
Si ellos solitos se están destapando de tanto calor. 😈😈°~😌~°😈😈😈😈😈😈😁
Quica Romero
¡Umm!. 😏 ¡Ya comenzó a salir la ropa sucia!. 🙎‍♀️ Destapa una coladera y comenzará a salir las verdades. 😈😏😈🤷‍♀️😈😈😈😈😈
Quica Romero
¡Ése, es problema suyo!.🤷‍♀️ Por no regresar un dinero que ya no les correspondía en el preciso momento que rechazaron la propuesta. °~🫩~°
¿Que mandó a otra persona?. 🤨 ¡Si!. Pero ésa es otra historia. ☝️🧐
¡Nueva prometida, nuevo compromiso! y ...°~🧐~°
¡Nueva administración y dirección!. 🤷‍♀️ Ya que la nueva prometida no viene sóla. ☝️🫩🙎‍♀️
Quica Romero
¿Ella?. 🤨 ¿O acaso no fueron ustedes quiénes la mandaron ahí?. 😒 ¿A formar una "familia" nueva?. “\🫩/“
Entonces...¿Por qué tanta echada si ustedes mismos la forzaron con tanto chantaje emocional?. 🤷‍♀️
¡Solo están cosechando todo el "cariño" y consideración que le tuvieron todos esos años y no la conveniencia y egoísmo que buscaron cuando les sirvió de utilidad. 🤷‍♀️😒🙎‍♀️
Quica Romero
¡Ahórrate la mirada de "fusil cargado" que no te queda!. Cómo si la víctima hubieras sido tu. 😒🤷‍♀️🙎‍♀️
Quica Romero
¿De cuál familia, señora?. 🤷‍♀️
¿Sé refiere a su familia (hija, esposo y usted)... ¡Si, si es la misma bola de rateros de la que hablamos!.°\🤨/°
Porque, aunque la ratera de su hija fue la que se lo gastó...
¡El deber moral, es de los padres que aceptaron la dote!.
Así como la ratera de su hijita rechazo el compromiso... ¡Ustedes tenían que regresar el dinero,joyas y demás cosas que vino con la dote!.🫰🧐
Y aunque mandaron a su hija adoptada, el tratamiento no fue con ella. Y ella tiene familia biológica. Así que al cambiar de prometida automáticamente se transfiere íntegramente la dote, sin ninguna compensación ya que ellos rechazaron el compromiso.
Y todo ése argumento barato, no quita lo que son en realidad... ¡Una bola de rateros!.
Quedando así... ¡En familia!. Cómo lo dijo.°~🫩~°
Quica Romero
No es que la haya tomado sin permiso. 🤷‍♀️
Es porque no le pertenece porque no hubo ya un compromiso. Que fue para lo que se entregó. 🤷‍♀️
Y no fue como un sueldo ni adelanto de nada y mucho menos préstamo, ni regalo.
Así al no haber ningún compromiso con la susodicha tiene el deber moral y legal(más lo último) en regresarlo junto con los regalos, joyas y otras cosas que se les haya dado como dote. Ya al no hacerlo, se tomará medias ilegales. 🙎‍♀️
Quica Romero
Porque era de una dote para una novia que rechazó un enlace.
Y al rechazar ése compromiso, automáticamente esa familia que recibió esa dote, debe de regresarla íntegramente.☝️🧐
Ya que al no haber boda...¡No hay dinerito!.🫰💵💷💶💴
Quica Romero
¡Quiere la receta completa!. 🤷‍♀️🫩🙎‍♀️
Quica Romero
¡Nada más!. 😒
La que se friega y parte el lomo es ella y ustedes solo la ganancia ¿no?. °\🤨/°
Quica Romero
¿Verdad?. °\🤨/°
¡Y no el mentado pollo con soya?.🤷‍♀️ Que si lo hace una vez más pronto les saldrá plumas. °~🫩~°
NovelToon
Step Into A Different WORLD!
Download MangaToon APP on App Store and Google Play