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Vendida Al Rey De La Mafia

Vendida Al Rey De La Mafia

Status: En proceso
Genre:Amante arrepentido / Amor eterno / Matrimonio arreglado
Popularitas:4.4k
Nilai: 5
nombre de autor: roxana ruiz

Entregada a un implacable líder de la mafia para saldar las deudas de su padre, elena debe firmar un matrimonio por contrato de un año sin imaginar que el peligro real será enamorarse de su comprador.

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capitulo 21 : La ejecución de la traición y llegar demasiado tarde

El silencio en el despacho de la mansión duró menos de un segundo antes de romperse en pedazos. Alexander bajó del balcón con la mirada inyectada en sangre, sosteniendo la prueba de ADN arrugada en la mano. La frialdad calculadora que siempre lo caracterizaba se volatilizó por completo, sustituida por un instinto salvaje y sanguinario.

—¡Marcus! —rugió Alexander, su voz resonando con una fuerza brutal por todos los pasillos de la casa.

Marcus, que avanzaba hacia el despacho con una carpeta de seguridad bajo el brazo, se detuvo en seco al escuchar el grito. Al ver a Alexander salir con la pistola desenfundada y los ojos de un monstruo fuera de control, intentó llevarse la mano a la cintura para sacar su propia arma, pero no tuvo tiempo.

Alexander acortó la distancia en un pestañeo. Le propinó un golpe certero con la empuñadura del arma directamente en el rostro, rompiéndole el tabique de un impacto seco. Marcus cayó de espaldas al suelo, soltando un alarido y cubriéndose la cara ensangrentada.

Antes de que pudiera reaccionar, Alexander le plantó la bota pesada sobre el cuello, presionando con fuerza hasta cortar de golpe el aire del traidor.

—¡Me mentiste! —escupió Alexander, inclinándose sobre él mientras le clavaba el cañón del arma en la frente—. ¡Sembraste tu veneno para que yo destruyera a mi propio hijo! ¡Habla, infeliz! ¿Por qué lo hiciste?

Marcus, ahogándose bajo el peso del mafioso y con los ojos desorbitados por el pánico, logró articular entre jadeos y tos de sangre:

—Él... él te estaba volviendo blando, Alexander... Esa chica... iba a destruir todo lo que construimos... Yo solo quería protegerme...

—Destruiste lo único que era mío —sentenció Alexander con una voz de ultratumba.

Sin dudarlo un solo segundo, Alexander apretó el gatillo. Tres disparos secos y ensordecedores retumbaron en el pasillo, acabando al instante con la vida de su hombre de confianza.

El cuerpo de Marcus quedó inerte sobre la alfombra. Alexander ni siquiera miró el cadáver; guardó el arma, ajustó su abrigo manchado de sangre y miró al doctor Ramírez y a los guardias que observaban la escena aterrorizados.

—Preparen las camionetas —ordenó Alexander, con la respiración agitada y la furia devorándolo por dentro—. Vamos a La Maison Royale. Ahora mismo.

...****************...

...Demasiado tarde ...

El convoy de vehículos blindados de Alexander irrumpió en las instalaciones subterráneas de La Maison Royale embistiendo los portones de seguridad. Sin embargo, el pánico ya se había apoderado del lugar. Madame Odette intentó salir al paso temblando de miedo al ver a Alexander avanzar con la guardia armada.

—¡Señor Vance! ¿Qué ocurre? —balbuceó la mujer.

—¿Dónde está Elena? —exigió Alexander, agarrándola del cuello con violencia.

—Se... se la llevaron —chilló Odette, llorando de pánico—. La subasta terminó hace media hora. El señor Viktor Volkov pagó un millón de dólares y se la llevó a la suite reservada del ala este antes de trasladarla a su residencia...

El corazón de Alexander dio un vuelco violento. Soltó a la mujer y echó a correr por los pasillos a paso vertiginoso, atravesando las puertas dobles que daban a las habitaciones privadas de Volkov.

Llegó tarde. El tiempo se había agotado.

Cuando Alexander derribó la puerta de la suite de un puntapié, la escena que encontró en el interior le congeló la sangre en las venas y le quebró el alma en mil pedazos.

Viktor Volkov, el poderoso oligarca ruso y socio comercial del imperio Vance, estaba de pie junto a la cama arreglándose las mangas del traje. Sobre las sábanas de seda, yacía Elena.

Volkov no había esperado a llegar a su residencia. Valiéndose de su estatus y su alianza con Alexander, había desatado su naturaleza enferma sobre la joven durante esa media hora.

Elena estaba casi irreconocible: su rostro pálido presentaba severos hematomas, tenía la piel marcada por mordeduras y golpes brutales, y la seda de su ropa estaba desgarrada y manchada de sangre fresca. Apenas respiraba; sus ojos vacíos miraban hacia el techo sin parpadear, sumida en un estado de inconsciencia y shock absoluto, rozando el límite entre la vida y la muerte.

Volkov se giró al escuchar el impacto de la puerta y sonrió con arrogancia, sin notar la furia destructiva en el rostro de Alexander.

—Tranquilo, Alexander —dijo Volkov en tono casual, señalando el cuerpo destrozado de la chica—. Sé que me la entregaste para deshacerte de ella. Un trato es un trato entre socios. Me divertí un poco antes de llevarla a mi casa... la chica está viva, aunque dudó que vuelva a hablar en mucho tiempo.

Te la puedes quedar si quieres guardar el recuerdo, o me la llevo ya mismo.

Alexander miró el cuerpo inerte y sangrante de Elena. La culpabilidad, el horror y una rabia salvaje lo aplastaron de golpe al comprender que él mismo la había arrojado a las garras de ese monstruo por haberse dejado engañar.

Sin pronunciar una sola palabra, Alexander sacó su arma, apuntó directamente a la cabeza de Viktor Volkov y apretó el gatillo.

El disparo resonó con un estruendo ensordecedor que sofocó cualquier intento de respuesta. El cuerpo de Viktor Volkov cayó al suelo de forma seca y pesada, extinguiéndose en un instante la sonrisa arrogante del magnate ruso.

Un silencio sepulcral, espeso y sofocante, se apoderó de la suite. El olor a pólvora recién quemada se mezcló con el aroma metálico de la sangre fresca.

Alexander no volvió a mirar al cadáver. Soltó el arma, que cayó sobre la alfombra con un golpe sordo, y caminó hacia la cama con pasos vacilantes. Por primera vez en su vida, sus manos rígidas temblaban sin control.

Al acercarse, el impacto de la escena lo golpeó directamente en el pecho. Elena yacía inmóvil, convertida en una sombra quebrada y frágil de la mujer que alguna vez fue. Su piel pálida estaba cubierta de hematomas oscuros, la seda desgarrada teñida de rojo y sus labios, partidos y desprovistos de color, apenas dejaban escapar un hilo de respiración agitada y débil. Tenía la mirada fija en el techo, completamente ida, atrapada en un abismo de inconsciencia donde el dolor ya no podía alcanzarla.

—Elena... —murmuró Alexander. La voz, habitualmente implacable y dominante, se le quebró en la garganta en un susurro áspero.

Se inclinó sobre la cama y la envolvió con extrema delicadeza en las sábanas de seda para cubrir su cuerpo herido, temiendo que el más mínimo roce pudiera romper lo poco que quedaba de ella. La levantó en sus brazos pasándola a su pecho; la joven no reaccionó, no gritó ni se encogió, sumida en una catatonia profunda. Su cabeza cayó inerte contra el hombro del mafioso.

Alexander la apretó contra sí, sintiendo por primera vez una culpa lacerante que le devoraba las entrañas. Él, que se creía el dueño absoluto de la vida y la muerte, la había entregado con sus propias manos a las garras de los monstruos por haberse dejado manipular por una mentira.

Salió de la suite a paso firme, cruzando los pasillos de La Maison Royale con el cuerpo casi sin vida de Elena en brazos. El personal del burdel y sus propios guardias retrocedían a su paso, aterrorizados por la máscara de piedra y la furia destructiva que cubría el rostro de su líder.

—¡Llamen al doctor Ramírez! —ordenó Alexander con voz de mando al subir al vehículo blindado—. Que prepare el quirófano privado en la mansión inmediatamente. Si ella muere... no habrá lugar en este mundo donde puedan esconderse.

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Rosario Gallardo
muy buena pero con gusto a pocos autora super entretenida y dolorosa.💗👍
Rosario Gallardo
llore en este capitulo nunca vi tanta miseria humana😭😭😭😭
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