Traicionada por su novio. Angie toma una decisión desesperada para vengarse pactar con el hombre más peligroso de la alta sociedad, Leonardo Torres, el imponente y calculador tío de su ex.
Lo que inicia como una tregua fría y un matrimonio por contrato de un año para proteger sus activos y estabilizar la corporación, rápidamente se sale de control. Entre miradas cargadas de tensión en la sala de juntas y roces que encienden una química devoradora a puerta cerrada, Angie descubre que Leonardo no es el tiburón despiadado que todos temen, sino un hombre dispuesto a todo por protegerla. Mientras Sebastián y sus aliados intentan destruirlos filtrando secretos del acuerdo, la falsa unión se transforma en un juego de posesión, poder y deseo donde ninguno de los dos quiere volver a ser libre.
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21
Leonardo Torres
El silencio de mi oficina a las seis de la mañana solía ser mi refugio absoluto. Era el único momento del día en que el mundo corporativo no exigía respuestas inmediatas y yo podía concentrarme en las métricas, las estrategias de expansión y el control minucioso de cada filial.
Sin embargo, esa mañana los informes sobre mi escritorio eran una simple mancha de números sin sentido.
Permanecía de pie frente al ventanal de la torre, sosteniendo una taza de café negro que ya se había enfriado. Mi reflejo en el cristal me devolvía la misma imagen impecable de siempre: el traje a la medida, el peinado pulcro, la expresión imperturbable. Pero por dentro, una corriente subterránea de duda e incomodidad amenazaba con desestabilizar todo lo que había tardado años en construir.
¿Qué demonios había cambiado entre Angie y yo?
Repasé los hechos con la precisión de un auditor financiero. Cuando firmamos ese contrato, la ecuación era ridículamente simple: una alianza de conveniencia. Ella obtenía protección, recursos y la oportunidad de limpiar su nombre destruyendo a Sebastián; yo obtenía la estabilización de las acciones de la filial y el blindaje perfecto contra las ambiciones de mi hermano. Era una transacción fría, ejecutiva y limpia. Un intercambio de intereses entre dos personas pragmáticas.
Para mí, Angie siempre había sido fácil de categorizar. Una mujer inteligente, con un orgullo herido, pero transparente en sus intenciones. Un peón estratégico en mi tablero.
Pero en algún punto de las últimas semanas, la línea del tablero se había borrado por completo.
Cerré los ojos por un segundo, recordando la sensación de anoche en el auto. Sentir su respiración acelerada a centímetros de la mía, ver cómo esa coquetería desafiante con la que intentaba acorralarme se agrietaba al instante para dejar ver un destello de genuina sorpresa... eso no estaba en ninguna cláusula.
Y lo que era infinitamente peor: mi propia reacción.
En el comedor de mi abuela, cuando mi hermano intentó humillarla, no actué por lógica corporativa. La furia que me nubló el juicio al verla bajar la mirada fue un impulso salvaje, irracional y visceral. Yo mismo le había enseñado a construir su coraza para que no volviera a ser vulnerable ante hombres como mi sobrino; pero descubrir que no soportaba ver a nadie intentando dañarla fue una bofetada de realidad que aún me quemaba en el pecho.
Caminé lentamente de regreso a mi escritorio y dejé la taza de café.
Todo se sentía peligrosamente diferente. El espacio que antes ocupaba mi frialdad calculadora ahora estaba contaminado por una tensión constante, por una necesidad absurda de fijarme en la curva de sus labios, en el tono de su voz cuando se burlaba de mí, en la calidez de su mano cuando se colgaba de mi brazo frente a las cámaras.
Me pasé una mano por la cara, soltando un suspiro cargado de frustración.
No me gustaba perder el control.
Toda mi vida había aborrecido a las personas que se dejaban arrastrar por el deseo o las emociones baratas; consideraba esa falta de disciplina como la mayor debilidad de un hombre. Y sin embargo, allí estaba yo, repasando cada segundo de nuestras interacciones, intentando descifrar si su cercanía seguía siendo parte de su teatro para manipularme o si, al igual que yo, estaba atrapada en este juego de fuego que ninguno de los dos sabía ya cómo apagar.
Si Angie creía que esto seguiría siendo un juego donde ella marcaba las pautas, estaba muy equivocada.
Pero mientras miraba la puerta de mi despacho esperando escuchar sus pasos en cualquier momento, una duda aún más aterradora se instaló en mi mente: ¿qué pasaría si la verdadera amenaza para mi impecable control no era su actuación... sino lo que ella estaba empezando a despertar en mí?
¿Qué haré si descubro que no solo es un simple cosquilleo de atracción?...
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Fin de la primera temporada de esta historia...
Estamos viendo que ambos están empezando a confundirse. A sentir algo más...
Pero conociendo la personalidad de Leo, sabremos que esto todavía no termina.
Los capítulos seguirán. Solo aclaro que son dos temporadas...
Disfruten mucho 🫶🏻💐💐💐✨