Ella es la hija de un General, es capaz, es inteligente, Pero todos ven que ser mujer es su única debilidad.
Pero ella demostrará lo contrario.
*Esta novela pertenece a un mundo mágico*
**Todas las novelas son independientes**
NovelToon tiene autorización de LunaDeMandala para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
Academia Militar 1
Los años en la academia le enseñaron a Emma mucho más que estrategia.
Le enseñaron que el talento podía abrir una puerta, pero que la confianza de los demás debía ganarse una y otra vez.
Al graduarse, obtuvo excelentes calificaciones en táctica, logística y mando de pequeñas unidades. Su capacidad para interpretar los movimientos del enemigo llamó la atención de varios oficiales.
Aun así, cuando llegó el momento de asignar los puestos, Emma recibió una propuesta que casi la hizo perder la paciencia.
—Creemos que sería conveniente destinarla a la administración de suministros..
Emma lo miró fijamente.
—¿Por qué?
—Es una función importante.
—No he dicho que no lo sea. He preguntado por qué se me asigna a mí.
El oficial acomodó los documentos que tenía delante.
—Su formación es excelente, pero el mando de tropas requiere autoridad. Sus subordinados podrían tener dificultades para aceptar sus órdenes.
Emma guardó silencio durante un instante.
—¿Y cómo propone que desarrolle esa autoridad si nunca me permite ejercerla?
—No es tan sencillo.
—Por supuesto que no. Sería mucho más sencillo si hubiera nacido hombre.
El oficial se quedó inmóvil.
Emma tomó aire antes de continuar.
—Señor, he superado las mismas pruebas que mis compañeros. He obtenido mejores resultados que varios de los candidatos destinados al mando de tropas. No solicito un puesto por compasión ni por el apellido de mi familia. Solicito la oportunidad de demostrar que puedo desempeñarlo.
—El ejército no puede convertirse solo en un desafio social.
—Estoy de acuerdo. Por eso le propongo que me evalúe con los mismos criterios que utilizaría para cualquier otro oficial.
La conversación no terminó con una victoria inmediata.
El oficial se negó a modificar su recomendación.
Emma salió de aquella oficina con las manos cerradas y una sensación amarga en el pecho.
No lloró.
No porque no estuviera herida, sino porque estaba cansada de que su frustración pareciera confirmar la idea de que las mujeres eran demasiado emocionales para ejercer el mando.
Aquella noche escribió una carta a su hermano.
Eric, que ya servía como oficial superior, respondió tres días después.
«Emma, no puedes obligar a todos a creer en ti. Pero puedes hacer que resulte cada vez más difícil ignorar tus resultados. Solicita una misión de evaluación. Si consigues que te asignen hombres y regresas con ellos sanos y con el objetivo cumplido, tendrás algo más valioso que una discusión.. pruebas.»
Emma leyó la carta dos veces.
Después la guardó cuidadosamente.
[Gracias, Eric. Por fin alguien me da un consejo útil en lugar de recomendarme que aprenda a bordar.]
Solicitó la evaluación.
Y consiguió que se la concedieran.
La misión parecía sencilla.
Una unidad de reconocimiento debía atravesar una zona boscosa al norte de Sunderland, localizar un antiguo puesto de vigilancia y regresar con información sobre los movimientos de una banda de saqueadores.
Emma fue asignada al grupo como responsable provisional.
El comandante que supervisaba la operación no ocultó sus reservas.
—Si algo sale mal, Viceroy, será responsabilidad suya.
—Comprendido, señor.
—No espere que sus hombres la obedezcan simplemente porque lleva insignias.
Emma sostuvo su mirada.
—No lo espero. Espero que lo hagan porque mis órdenes sean correctas.
El grupo estaba formado por doce soldados, algunos experimentados y otros recién incorporados. Varios habían oído hablar de Emma. Ninguno parecía particularmente entusiasmado con la idea de recibir órdenes de una mujer.
Uno de ellos, un veterano de barba gris llamado Thomas, la observó mientras preparaba el equipo.
—Con el debido respeto, capitana...
Emma lo miró.
—Todavía no soy capitana, soldado.
—Con el debido respeto, señorita Viceroy, ¿ha participado antes en una misión de reconocimiento?
—Sí.
—¿En una misión real?
—Sí.
Thomas pareció desconcertado.
—Ah.
Emma terminó de ajustar la correa de su espada.
—¿Tiene alguna otra pregunta?
—No, señorita.
—Excelente. Entonces compruebe las provisiones. Si pretende desconfiar de mí, al menos hágalo después de asegurarse de que tenemos suficiente agua.
Un soldado cercano tosió para ocultar una risa.
Thomas se alejó murmurando.
Emma sonrió apenas.
No necesitaba que la quisieran.
Necesitaba que estuvieran preparados.
Durante los dos primeros días, la expedición avanzó sin dificultades. Emma mantuvo al grupo fuera de los caminos principales, eligió puntos de observación elevados y estableció turnos de vigilancia que redujeron el riesgo de ser sorprendidos.