Morir a una edad temprana no estaba en sus planes, y mucho menos reencarnar en un mundo de fantasía como la hija única de la familia real. Pero antes de que pueda adaptarse a su nueva identidad, su reino cae en crisis y sus padres la utilizan como el sacrificio definitivo: es entregada en matrimonio forzado al general enemigo, un guerrero temido por su sangre fría, a cambio de una frágil tregua.
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Capitulo 2
Me subí al nuevo carruaje con la vieja caja de madera apretada contra mi pecho. A diferencia de la lujosa carroza real en la que había viajado durante tres días, esta era austera, de madera oscura y pesada, diseñada no para ostentar riqueza, sino para resistir el duro terreno de la frontera.
A través de la ventana con barrotes de hierro, vi cómo la comitiva de mi antiguo reino daba la vuelta sin mirar atrás. Ni un solo soldado de mi padre se quedó a garantizar que tuviera un trato justo. Me habían soltado como quien arroja un pedazo de carne a una manada de lobos
—Partimos - resonó la voz firme del oficial afuera. El látigo chasqueó y las ruedas comenzaron a andar, adentrándose en el territorio del Imperio del Norte.
Acomodé sobre mis rodillas la caja que me había entregado aquel hombre del pueblo. Al abrir la tapa de madera gastada, me encontré con pequeños tesoros sencillos: un par de panes envueltos en tela limpia, un puñado de frutos secos y una flor silvestre disecada junto a una nota escrita con letra torpe: "Gracias por salvarnos, Su Alteza".
Sentí un nudo en mi garganta. La nobleza y familia real del reino Valtoria era un completo asco, pero no se puede decir lo mismo de los humildes plebeyos; si mi sacrificio evitaba más muerte aceptaba con gusto este destino, solo espero vivir lo suficiente para ver a esas personar recibir su merecido
Cerré la caja con firmeza y me envolví mejor en el abrigo de piel que mi nona me había sobre los hombros. El aire comenzaba a enfriarse drásticamente, ya que al lugar que íbamos era conocido por su invierno eterno. Las colinas verdes y templadas de Valtoria quedaban atrás, siendo sustituidas por montañas escarpadas, bosques densos de pinos y un viento helado que colaba entre los huesos haciéndote estremecer, me aferre más al abrigo de piel para calentarme un poco más.
El viaje hacia la capital enemiga duró dos largos días. Durante ese tiempo, los soldados imperialistas no me trataron con crueldad, pero tampoco con calidez. Para ellos no era más que un trofeo o una moneda de cambio para mitigar la guerra, podía sentir su mirada cada que nos deteníamos a descansar, miradas llenas de curiosidad como esperando que me quiebre en cualquier momento por el trato que estoy recibiendo o por la situación en la que estaba
Pero no pensaba satisfacerlos, mantuve la espalda erguida y la mirada serena. En mi vida anterior sobreviví a en jefe que me explotaba laboralmente, creo poder con esta situación y más. No creo que exista nadie más difícil que ese viejo de mi vida pasada, si pude lidiar con él puedo lidiar con todo esto
Al atardecer del segundo día, el carruaje finalmente se detuvo.
—Hemos llegado al campamento principal del General, Princesa - anunció el oficial, abriendo la puerta desde afuera.
Al bajar, el frío glacial me golpeó el rostro como una bofetada, ya no estaba en un palacio de mármol, sino en una fortaleza militar imponente y en medio de un valle nevado. Cada lugar contaba con el emblema de un lobo negro, tambien había cientos de soldados bien armados que caminaban de un lado a otro, habia otros ajustando armaduras y afilando espadas. El ambiente olía a hierro, nieve y humo de fogata.
– Por aquí - indicó el oficial, guiándome hacia la gran carpa central, la cual destacaba por sus refuerzos de cuero y guardias de élite custodiando la entrada.
Mi corazón dio un vuelco involuntario. Había llegado el momento de conocer al monstruo de las leyendas. A la bestia sedienta de sangre por la que todos temblaban.
Los guardias apartaron la pesada cortina de la entrada. El interior era espacioso, iluminado por un gran brasero que emitía un calor reconfortante. En el centro, frente a una mesa repleta de mapas tácticos y mapas de batalla, se encontraba un hombre de espaldas. Era de estatura imponente, hombros anchos y vestía una armadura oscura cubierta parcialmente por una capa de piel de lobo.
– General - dijo el oficial inclinándose- Ha llegado la princesa Melissa del reino de Valtoria - El hombre no se giro de inmediato, este continuó mirando el mapa táctico unos segundos para luego girarse y hacerme cara. En cuato nuestras miradas se cruzaron, el aire pareció congelarse en la tienda.
No era el viejo decrépito ni el monstruo deforme que los rumores en el castillo de mi padre describían. Era un hombre joven, de facciones talladas a mano, mandíbula firme, pero lo más impactante eran sus ojos: de un azul tan frío y penetrante como el hielo que cubría las montañas de afuera.
Pude ver como su mirada me escaneaba de arriba a abajo, una mirada fría la cual evaluaba lo conseguido. Estuvo así unos segundos para luego posar su mirada nuevamente en mi rostro y dar unos pasos para acercarse a mí
– ¿Princesa Valtoria? - Al escuchar quebré dirigía a mí, hice una pequeña inclinación en modo de saludo
Melissa: Saludos al general Montclaire - Este asiente y levanta la mano, los soldados hacen una reverencia
– Nos retiramos mi señor - Dicen para así salir del lugar y dejarnos solo, si antes sentía que me faltaba el aire ahora sentía como si ese hombre tenía sus manos en mi cuello cortándome la respiración
– No necesita ser tan formal, estamos en un campo de guerra - Dice para darse la vuelta - Ahora que será mi prometida se quedara aquí - Él eñala una tela de cuero que dividía la carpa en dos - Ve a descansar a ese lugar y no me molestes - Asiento y doy unos pasos hacia allá. Levanto la pesada cortina, pero me detengo
Melissa: Ya se hizo el cambio ¿cuándo retirara sus tropas? - Este seguía moviendo fichas en el mapa
– Cuando lo crea conveniente- Responde si siquiera mirarme
Melissa: Pero eso no era el...- la mirada gélida que me dirigió fue suficiente para que guardara silencio y no siguiera preguntando. Entre en ese pequeño espacio, me quite la capa y coloco sobre la cama para luego acostarme sobre ella - Bah, que situación de mierda - Murmuro envolviéndome en el abrigo como una oruga
que hermosa historia 💕💕💕