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El Despertar del CEO de Hielo

El Despertar del CEO de Hielo

Status: Terminada
Genre:CEO / Niñero / Padre soltero / Completas
Popularitas:256
Nilai: 5
nombre de autor: Sarah Izabel

Alexandre Mendonça lo tiene todo: una empresa que mueve millones, una mansión en Jardins… y un corazón que se congeló el día en que enterró a su esposa. Desde entonces vive encerrado en su luto, rodeado de niñeras que huyen despavoridas de una hija de cuatro años que muerde antes de que la abandonen.

Mariana Silva acaba de perder su empleo por negarse a ceder ante un jefe abusivo, y con su mamá enferma no puede darse el lujo de rendirse. Cuando entra a esa mansión para la entrevista más humillante de su vida, solo tiene una oferta: una semana de prueba y cero garantías.

Lo que Mariana no sabe es que la pequeña Alice no necesita una niñera, sino a alguien que la escuche. Y lo que Alexandre no imagina es que la mujer que le contestó sin bajar la mirada acabará derritiendo, uno a uno, todos los muros de hielo que construyó a su alrededor.

Entre acusaciones injustas, secretos detrás de una puerta que nadie puede tocar, un deseo que se enciende a pesar de todas las reglas y una sombra del pasado que no piensa quedarse enterrada, ¿podrá un hombre que juró no volver a amar atreverse a despertar?

NovelToon tiene autorización de Sarah Izabel para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

EL HIELO SE ROMPE

Alexandre entró al cuarto y cerró la puerta tras de sí con un golpe seco. El clic del cerrojo sonó definitivo en la penumbra.

Avanzó dos zancadas largas, invadiendo por completo el espacio de Mariana y acorralándola contra la pared junto a la cama. Su respiración era pesada y su rostro esculpido mantenía una expresión áspera, casi agresiva.

—¿Creyó que no iba a notar su jueguito de hoy en la piscina, señorita Silva? —disparó Alexandre, con la voz grave vibrando de una furia contenida, tratando de recuperar la pose de jefe controlador—. Fui muy claro cuando dije que mi casa tiene reglas. No tolero provocaciones baratas de las empleadas. Si cree que puede manipularme desfilando de esa manera delante de mi familia…

—No estaba desfilando, señor Mendonça —lo cortó Mariana, levantando el mentón con audacia, aunque el corazón le golpeaba el pecho como un taladro.

La cercanía de él era sofocante; podía sentir el calor que emanaba del cuerpo de Alexandre y su perfume amaderado mezclado con la piel tibia de la noche.

—Su madre me dio permiso de usar la piscina. Si usted no puede controlar sus propios ojos, la culpa no es mía.

—Cállese —siseó él, dando un paso más y eliminando los pocos centímetros que los separaban.

La tensión eléctrica que se venía acumulando entre los dos desde hacía días estalló en esa milésima de segundo. La proximidad física arrasó con cualquier resto de lógica calculadora en la mente de Alexandre.

Miró los labios entreabiertos de Mariana y toda su armadura de hielo se evaporó sin más.

En un movimiento rápido e impetuoso, Alexandre se lanzó.

Sus manos bajaron hasta la cintura de Mariana y la apretaron con una fuerza brusca y posesiva, jalando el cuerpo de ella contra el suyo con violencia.

Mariana dejó escapar un suspiro de sorpresa, pero el deseo reprimido fue más fuerte.

Cediendo al calor intenso del momento, deslizó las manos por la nuca de él con desesperación y hundió los dedos en el cabello oscuro de Alexandre. Sus labios se encontraron en un beso hambriento, urgente, lleno de una necesidad que ninguno de los dos podía seguir conteniendo.

Sus lenguas danzaban juntas, en un ritmo frenético y apasionado que parecía quemar todo a su alrededor. En ese instante, el mundo exterior desapareció.

Ya no existían las mentiras de la empresa, las barreras sociales ni el papel de patrón y empleada. Solo estaban el toque firme de las manos de él en su cintura y la entrega desesperada de Mariana al hombre al que llevaba tanto tiempo intentando odiar.

El beso duró lo que parecieron horas en la penumbra del cuarto del ala de servicio. Pero, a medida que se hizo presente la falta de aire, la realidad empezó a filtrarse de vuelta en la mente del empresario.

Alexandre abrió los ojos, todavía pegado a los labios de ella. La conmoción de lo que acababa de hacer lo golpeó como una descarga eléctrica. Miró el rostro sonrojado de Mariana, sus labios brillantes por el beso, y el fantasma de la culpa se desplomó sobre sus hombros con el peso de una montaña.

(Pensamiento de Alexandre: Letícia… Dios mío, ¿qué hice? La traicioné. Besé a otra mujer en mi propia casa. Me estoy volviendo loco.)

De un empujón abrupto, Alexandre soltó la cintura de Mariana y retrocedió dos pasos, respirando de manera entrecortada.

Sus ojos castaños estaban desorbitados de horror y repulsión hacia sí mismo.

Mariana se tambaleó levemente contra la pared, tocándose los labios, confundida y conmocionada por la interrupción repentina.

—¿Señor Mendonça…? —susurró, con la voz temblorosa.

Alexandre no respondió. Ni siquiera volvió a mirarla. Se dio la vuelta, abrió la puerta del cuarto con violencia y salió a zancadas largas y rápidas por el pasillo, rumbo directo al cuarto cerrado de su esposa.

Tecleó la clave biométrica con las manos temblorosas, entró al santuario de Letícia y azotó la puerta, cayendo de rodillas en la oscuridad, presa de la desesperación por haber roto su juramento eterno.

Mientras tanto, en el ala de servicio, Mariana se sentó en el borde de la cama, sintiendo el pecho arder, perdida en el torbellino de aquel beso que lo había cambiado todo entre ellos.

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