NovelToon NovelToon
El Lamento De Las Flores

El Lamento De Las Flores

Status: En proceso
Genre:Romance / Reencarnación / Mundo de fantasía
Popularitas:1k
Nilai: 5
nombre de autor: A.B.G.L

La joven princesa olvidada, la marginada, la horrible y desgraciada hija de un duque a buscado liberarse de una familia que no la aprecia, se a enamorado, pero se han burlado de ella, la han humillado y cuando creyo que los afectos de un hombre que jamas imagino que la amaria le hizo cambiar de parecer, este la traiciona de la peor manera, rota, rota del corazon y humillada huye a los campos, donde buscareinventar a la mujer en ella, pero su mente piensa en el hombre que ama y que creyo que la amaba, pero había cometido un error.

Había cometido el terrible, el único error en toda su vida, confiar en el...

Novela romántica.

Novela extensa.

NovelToon tiene autorización de A.B.G.L para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 20: Caminos de Medianoche y Luna Helada

La luz del día se desvaneció despacio, como un suspiro que se apaga entre labios temblorosos, dejando tras de sí un cielo plomizo y pesado que parecía descansar directamente sobre las torres del castillo. En la habitación de Harriette, el tiempo dejó de fluir con su ritmo habitual; se estancó, espeso y silencioso, igual que el aire que se aferraba a las cortinas de lana oscura. Aleric permanecía sentado junto a la cama, rígido como una estatua tallada en su propio orgullo, observando cómo la respiración de ella subía y bajaba con dificultad, un ritmo entrecortado que le dolía en el pecho como una herida abierta.

Tenía un paño húmedo sobre la frente, ahora tibio, empapado por el calor que la consumía desde dentro. Sus mejillas, normalmente pálidas como la nieve recién caída, ardían con un sonrojo oscuro, febril, y sus labios, entreabiertos, estaban secos y ligeramente agrietados. De vez en cuando fruncía el ceño, un gesto pequeño y doloroso que revelaba que incluso en el sueño no hallaba reposo, que algo la atormentaba, algo que no podía nombrar ni para sí misma. Aleric la miraba y sentía una impotencia tan grande que le pesaba más que cualquier armadura que hubiera llevado a la batalla. Podía comandar ejércitos, decidir la vida y la muerte de miles, mantener a raya a reinos enteros con solo su nombre, pero no podía hacer nada para apartar el dolor de aquella mujer que yacía allí, ajena a todo, frágil como un cristal expuesto a la tormenta.

Cuando el médico llegó, sus pasos pausados y tranquilos rompieron el silencio tenso de la estancia. Era un hombre mayor, de manos manchadas de tinta y hierbas, con ojos que habían visto demasiado y aún así seguían buscando esperanza. Se acercó a la cama, tomó la mano de Harriette entre las suyas, le midió el pulso, le examinó la garganta con la luz de una vela, y mientras lo hacía, su expresión se volvió más seria, más sombría. Aleric lo observaba todo, de pie cerca de la chimenea, con los puños cerrados a la espalda, esperando, temiendo la respuesta que no quería oír.

—Mi señor —dijo el médico finalmente, bajando la voz como si temiera que las palabras solas pudieran dañarla—. La Archiduquesa no está acostumbrada a este clima. Viene de tierras más cálidas, donde el frío no muerde los huesos como aquí. Su cuerpo es delicado, y ha perdido demasiado peso en poco tiempo. No come lo suficiente, no descansa lo necesario, y el invierno la ha tomado desprevenida. Si la hubierais traído un día más tarde, la fiebre habría bajado a los pulmones, y entonces... —se calló, sacudió la cabeza suavemente—. Entonces habría sido mucho más difícil de salvar.

Aleric sintió cómo la sangre se le helaba en las venas.

—¿Qué debemos hacer? —preguntó, y su voz fue un susurro ronco, áspera por la tensión contenida—. Decidme lo que sea. Lo haré.

El médico asintió, sacando de su bolsa pequeños frascos y sobres de hierbas secas.

—Primero: calor constante. Que la chimenea nunca se apague. Su cuerpo necesita luchar contra el frío desde fuera y desde dentro. Segundo: dieta rica, caliente, sustanciosa. Caldos de carne, mantequilla, miel, frutas secas. Debe ganar peso, mi señor. Si no, volverá a enfermarse antes de que termine el invierno. Tercero: descanso absoluto. No hay trabajo, ni reuniones, ni nada que la haga levantarse de la cama hasta que su color vuelva a sus mejillas. Y estas hierbas —señaló los sobres—, hervidas en agua, dos veces al día. Amargas, pero eficaces. Bajarán la fiebre y la fortalecerán.

—Se hará todo —dijo Aleric, con una firmeza que no admitía réplica—. Cada palabra.

El médico le explicó cómo preparar las infusiones, la dosis exacta, el momento adecuado, y Aleric escuchó cada instrucción como si fuera una orden real, grabándola en la memoria con la misma precisión con la que memorizaba estrategias de guerra. Cuando el médico se fue, se quedó solo con ella, sentado en la silla junto a la cama, vigilando cada respiración, cada movimiento mínimo de ella. La silla era cómoda pero extraña, forrada de terciopelo desgastado, y a medida que pasaban las horas, la incomodidad se mezclaba con la fatiga, pero no se movió. Había pasado noches sin dormir antes, muchas, en campamentos fríos, en vigilias silenciosas antes de una batalla, pero ninguna se parecía a esta. Aquellas noches eran de espera para luchar; esta era de espera para salvar a alguien que apenas conocía, pero cuya ausencia ya sentía como una herida.

La noche cayó pesada, y el frío con ella. Se filtraba por las rendijas de las ventanas, por debajo de la puerta, envolviendo el castillo en un abrazo gélido y persistente. Aleric vio que el fuego empezaba a debilitarse, las llamas bajas y rojas, y se levantó para echar más leña. Cuando dejó los troncos sobre el fuego, la madera crujió y prendió con fuerza, devolviendo el calor a la habitación, un resplandor dorado que bailaba sobre las paredes y sobre la cama.

Y entonces la oyó. Un sonido suave, el roce de sábanas, y al girarse, la vio.

Harriette estaba sentada en el borde de la cama.

El alivio lo golpeó de inmediato, tan fuerte que casi lo hizo tambalearse, pero murió en cuanto la miró bien. No estaba despierta. Sus ojos estaban abiertos, fijos en algo que solo ella veía, grandes y azules, pero vacíos, apagados, sin brillo, como dos lagos helados bajo la luna. Había en ellos una tristeza tan profunda, tan antigua, que le partió el alma solo de mirarla. No parpadeó cuando él dio un paso hacia ella. No lo reconoció.

—Harriette —llamó suavemente, con miedo a asustarla—. ¿Estáis despierta?

No hubo respuesta. Solo se levantó, despacio, descalza sobre el suelo frío, y caminó hacia la puerta como si él no estuviera allí. En ese momento la puerta se abrió y entró una criada con los brazos llenos de leña; al ver a Harriette de pie, con los ojos sin vida, se quedó inmóvil, con la boca entreabierta.

—No hagáis ruido —le susurró Aleric, con un gesto rápido de la mano—. No la despertéis.

La siguió. Harriette avanzaba por los pasillos desiertos, con paso lento y seguro, como si conociera cada sombra, cada tabla suelta, cada soplo de viento que se colaba por las paredes. Llevaba solo su camisa de dormir, delgada y blanca, y el frío la envolvía, pero no parecía notarlo. Llegó a la gran galería de los ventanales, donde la noche entraba a raudales, y se detuvo frente al más grande de todos, alzando la cabeza hacia el cielo. La luna llena la bañaba por completo, plateando su cabello, sus hombros, su rostro, dándole el aspecto de un espíritu que había regresado de tierras que los vivos no deberían conocer.

La criada, que se había quedado a unos pasos, preguntó con un hilo de voz:

—¿Está despierta, mi señor?

—No —respondió Aleric, casi sin sonido, sin apartar la vista de ella—. Duerme con los ojos abiertos.

Se acercó despacio, sin hacer ruido, y tomó uno de sus propios abrigos, grueso y oscuro, que había traído consigo. Lo extendió suavemente sobre los hombros de ella, envolviéndola, protegiéndola del frío que la rodeaba. Harriette no se movió, no dio señal de haberlo notado, pero sus ojos se cerraron lentamente, como si el peso del abrigo la hubiera arrastrado de vuelta al sueño. Sus piernas cedieron levemente, y Aleric la tomó en brazos antes de que pudiera tocar el suelo.

La sostuvo contra su pecho, sintiendo su ligereza, lo poco que pesaba, y la miró bien de cerca, con la luz de la luna cayendo sobre su rostro. En aquel silencio absoluto, con ella en sus brazos y el mundo dormido a su alrededor, se encontró preguntándose cosas que nadie podría responderle. ¿De dónde venía? ¿Qué tierras cálidas extrañaba en su sueño? ¿Qué tristeza tan antigua cargaba en el pecho, que la hacía caminar en la oscuridad buscando la luna como si fuera la única amiga que le quedaba? ¿Quién era ella, en verdad, más allá de la esposa que le habían dado, más allá de la Archiduquesa que reparaba muros y daba órdenes con voz suave?

La apretó un poco más contra sí, sin querer, sintiendo un deseo oscuro y repentino de protegerla de todo, incluso de sus propios sueños. Comprendió entonces que apenas empezaba a conocerla, que bajo aquella dulzura había profundidades que no sospechaba, abismos de dolor y soledad tan grandes como los suyos propios. Y ese pensamiento, en lugar de asustarlo, lo ató a ella con un nudo que supo que jamás podría deshacer.

Caminó de regreso a la habitación, llevándola con cuidado, y la acostó en la cama, arropándola bien, asegurándose de que el fuego no menguara. Se sentó de nuevo junto a ella, y esta vez no la vio solo como una esposa, ni como una dama, ni como una desconocida. La vio como lo que era: un alma que también había sido arrancada de su lugar, que también luchaba por sobrevivir en un frío que no era el suyo, que también llevaba una oscuridad propia, silenciosa y profunda.

Y en la quietud de aquella noche helada, Aleric Duskbringer comprendió que no solo la cuidaba por deber. Lo hacía porque, sin saber cómo, ella se había convertido en algo más que su esposa. Se había convertido en la única luz que no quería dejar apagarse.

1
A.B.G.L
estoy trabajando en los próximos capitulo para una publicación sin demora, gracias por tu apoyo y espera ☺️
Ichuu
cómo siempre muy buenas tus novelas, actualiza más seguido! ♥️
NovelToon
Step Into A Different WORLD!
Download MangaToon APP on App Store and Google Play