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Mi Corazón Es Tuyo

Mi Corazón Es Tuyo

Status: En proceso
Genre:Omegaverse / Amor prohibido / Reencarnación
Popularitas:1k
Nilai: 5
nombre de autor: liz Ramirez

ADVERTENCIA
Esta historia contiene escenas fuertes en algunas partes: crueldad emocional, celos posesivos, discusiones, furia, manipulación

un alfa y un omega

NovelToon tiene autorización de liz Ramirez para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

La mujer de la pandilla 69

La mañana siguiente, los miembros de la pandilla 69 estaban reunidos en el comedor de su escondite. Algunos desayunaban mientras otros conversaban sobre sus próximas misiones.

El Alfa de cabello negro estaba sentado al final de la mesa, vestido completamente de negro y con su característica venda cubriéndole los ojos. Comía en silencio, sin prestar atención a nadie.

De pronto, las conversaciones comenzaron a apagarse.

Los hombres se enderezaron cuando una mujer entró en el comedor.

Era una mujer extraordinariamente hermosa, de cabello largo y oscuro, labios rojos y una mirada capaz de intimidar a cualquiera. Vestía ropa elegante y ajustada, y caminaba con tanta seguridad que varios hombres dejaron de comer para observarla.

Era Vanessa, una de las personas más importantes de la pandilla 69. Incluso el líder prefería no hacerla enfadar.

Vanessa recorrió el comedor con la mirada hasta encontrar al Alfa.

Su expresión cambió inmediatamente.

—Así que aquí estás…

Se acercó a él y golpeó la mesa con la palma de la mano.

—¡¿Se puede saber qué demonios te pasa?!

El Alfa continuó comiendo tranquilamente.

—Buenos días para ti también, Vanessa.

—¡No te burles de mí, número 69!

Ella le arrebató el plato y lo dejó sobre la mesa con brusquedad.

—¿Por qué no cumpliste tu misión anoche?

El comedor quedó completamente en silencio.

El Alfa levantó ligeramente el rostro hacia ella.

—El objetivo sigue vivo.

—¡Eso ya lo sé! —respondió Vanessa, furiosa—. ¡Te enviaron a eliminar a un simple militar y regresaste con las manos vacías! ¿Tienes idea de lo que ocurrirá si ese omega descubre quiénes somos?

—No me descubrió.

—¡No me importa! ¡Tu orden era matarlo!

Vanessa se inclinó hacia él, apoyando ambas manos sobre la mesa.

—Tú no eres cualquier asesino. Fuiste creado en un laboratorio, entrenado durante años y convertido en la mejor arma de esta organización. No tienes derecho a decidir qué misiones cumplir y cuáles ignorar.

El Alfa apretó lentamente los dedos.

Aquellas palabras le resultaban familiares. Se las habían repetido desde que tenía memoria.

Eres un arma. No tienes voluntad. Solo debes obedecer.

Pero aquella vez, por alguna razón, recordó la sonrisa del omega y las risas de los niños en el parque.

—No pude hacerlo —contestó finalmente.

Vanessa se quedó inmóvil.

—¿Qué acabas de decir?

—Que no pude hacerlo.

Ella lo observó como si acabara de escuchar algo absurdo.

—¿Estás enamorado de ese militar o qué?

Varios hombres intercambiaron miradas, esperando la reacción del Alfa.

Él se levantó lentamente de su silla.

—No vuelvas a decir tonterías.

Vanessa sonrió con incredulidad.

—Entonces demuéstramelo. Esta noche tendrás una segunda oportunidad. Quiero que encuentres a Eiden y termines el trabajo.

—Vanessa…

—¡No he terminado!

Ella lo señaló con el dedo.

—Si vuelves a desobedecer, informaré al laboratorio. Y sabes perfectamente lo que harán contigo cuando descubran que su experimento favorito está empezando a tener sentimientos.

El Alfa guardó silencio.

Vanessa recogió su bolso y se dio la vuelta, pero antes de marcharse se detuvo junto a la puerta.

—Una última cosa, número 69. Si ese omega significa algo para ti, será mejor que lo olvides.

Después salió del comedor.

Los demás miembros comenzaron a hablar en voz baja.

El Alfa permaneció de pie, con los puños cerrados a los costados.

No comprendía por qué Vanessa había mencionado los sentimientos como si fueran una enfermedad.

Él nunca había amado a nadie. Ni siquiera sabía cómo se sentía aquello.

Sin embargo, cuando recordó el rostro de Eiden, su pecho volvió a experimentar aquella extraña sensación.

—Eiden… —susurró por primera vez, pronunciando el nombre de su objetivo.

Y, sin que él lo supiera, desde el pasillo Vanessa había escuchado aquel murmullo.

Su sonrisa desapareció.

—Así que ese militar es tu debilidad… —susurró para sí misma—. Qué interesante.

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