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LA VENGANZA ES UN ARTE

LA VENGANZA ES UN ARTE

Status: Terminada
Genre:Venganza / Mafia / Mujer poderosa / Completas
Popularitas:7.9k
Nilai: 5
nombre de autor: Naibelys Perez

Una joven heredera de un imperio financiero y de la mafia, que ocultó su verdadera identidad por amor, sufre la pérdida de su bebé y el desprecio absoluto de su esposo y su suegra tras un atentado cruel. Renacida de las cenizas, regresa para ejecutar una venganza implacable, mientras se ve atrapada en un matrimonio concertado con un titán de los negocios tan arrogante y dominante como ella, uniendo dos mundos donde el poder se paga con sangre y orgullo.

NovelToon tiene autorización de Naibelys Perez para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

EL ECO DE LA TORMENTA Y EL DESPACHO DEL TITÁN

​El eco de los gritos de Reinaldo Benítez aún reverberaba en las paredes de concreto del almacén industrial, pero el silencio que siguió fue todavía más sepulcral. Margarita, encogida en una esquina sobre una caja de cartón, se mecía levemente hacia adelante y hacia atrás con las manos cubriéndole la cara, incapaz de articular palabra. Su hijo, el hombre al que había criado bajo la ilusión de la grandiosidad y el éxito fácil, yacía de rodillas entre los cristales rotos de la televisión y los papeles esparcidos, con los nudillos ensangrentados y la respiración entrecortada por un ataque de rabia que lo había consumido por completo.

​Carolina, de pie junto a una columna manchada de óxido, observaba a Reinaldo con una mezcla de repugnancia y terror helado. La ilusión de lujos, viajes en primera clase y joyas importadas se había desvanecido para siempre, reemplazada por la cruda realidad de estar en la ruina total y, peor aún, de haber despertado la furia de una mujer con el poder financiero y los contactos para borrarlos del mapa sin despeinarse.

​—Reinaldo... cálmate de una vez —logró decir Carolina con un hilo de voz, temblando visiblemente—. Romper las paredes no va a recuperar las cuentas bancarias ni va a hacer que los San Román nos devuelvan las licitaciones. Si lo que dice la televisión es cierto... si Verónica es la esposa de Isaías San Román... estamos muertos. No tenemos a dónde huir.

​Reinaldo levantó la vista lentamente. Sus ojos inyectados en sangre reflejaban una locura desesperada. Ya no quedaba rastro de la arrogancia con la que solía pasearse por los pasillos de su antigua inmobiliaria.

​—No me importa... —siseó Reinaldo con la voz rota, apretando los dientes hasta hacerlos crujir—. No me importa que sea la esposa del diablo. Ella me quitó todo. Me quitó mi empresa, mi dinero, mi futuro. Voy a encontrar la manera de cobrármela, aunque tenga que venderle mi alma al inframundo.

​Margarita soltó un lloro ahogado desde su rincón. Sabía tan bien como su hijo que las palabras de Reinaldo eran solo el pataleo desesperado de un hombre ahogándose en un océano profundo, vigilado de cerca por tiburones que no dejarían ni rastro de sus restos.

​Mientras tanto, a kilómetros de allí, en la imponente torre corporativa del Conglomerado San Román, la situación se desarrollaba en un plano de absoluta y fría sofisticación.

​La noticia bomba difundida por los noticieros de la farándula y la prensa financiera había estallado como una supernova en los despachos de los hombres más ricos del país. Las pantallas de televisión en los vestíbulos de los bancos y las oficinas de corretaje repetían en bucle las imágenes de doña Esperanza Yépez de San Román abrazando públicamente a su nuera, confirmando que la misteriosa heredera de los Comellas era, en efecto, la nueva reina del imperio San Román.

​En el piso ejecutivo, la puerta del despacho principal se abrió de par en par sin previo aviso.

​Isaías San Román entró a zancadas largas, con el rostro serio y la mirada clavada en la figura de Verónica, quien se encontraba de pie frente al ventanal de cristal, observando la ciudad con una taza de café humeante entre las manos y una sonrisa de absoluta satisfacción dibujada en los labios.

​Isaías cerró la puerta de un golpe seco, asegurando el pestillo con un movimiento firme. Cruzó los brazos sobre su pecho ancho y la observó con una mezcla de exasperación y una profunda, casi imperceptible, fascinación.

​—Así que decidiste hacer un espectáculo público con mi madre y con mi hermana —comenzó Isaías con su voz barítono, grave y cortante, deteniéndose a pocos pasos de ella—. ¿Era necesario salir a la portada de todos los tabloides nacionales y dejar que la prensa confirmara lo que manteníamos bajo siete llaves?

​Verónica se giró lentamente, apoyando la cadera contra el marco del ventanal. Llevaba el mismo vestido blanco del almuerzo en el club náutico, y su presencia irradiaba un magnetismo tan poderoso que hacía que la atmósfera de la oficina pareciera encogerse a su alrededor.

​—No planeé nada, Isaías —respondió Verónica con total naturalidad, dando un sorbo pausado a su café—. Simplemente almorcé con mi familia política. Fue tu madre quien decidió darle a la prensa la primicia que tanto buscaban. Y a decir verdad, debés admitir que fue un movimiento brillante.

​Isaías arqueó una ceja, acortando la distancia entre ambos hasta quedar a menos de treinta centímetros. Su sombra la cubría por completo, pero Verónica no retrocedió ni un solo milímetro; al contrario, levantó la barbilla, sosteniéndole la mirada con un desafío absoluto.

​—¿Brillante? —repitió Isaías con una sonrisa torcida, aunque la comisura de sus labios delataba que no estaba realmente furioso—. Pusiste a nuestra familia en la mira de todos los especuladores del país. Ahora cada buitre de la alta sociedad querrá saber quién es la mujer que logró domar al "lobo solitario" de los San Román.

​—Que intenten averiguar lo que quieran —replicó ella con una frialdad magnética, dejando la taza sobre la mesa auxiliar con un leve tintineo—. Que miren, que murmuren y que tiemblen. Después del golpe que le dimos a los Benítez hoy en la televisión, todo el mundo corporativo sabe exactamente de qué lado está el poder. A propósito... ¿viste la cara de Reinaldo cuando vio la noticia en su escondite? Apostaría lo que sea a que en este momento está rompiendo las paredes de su propia miseria.

​Isaías la miró fijamente a los ojos durante unos segundos eternos. El enojo fingido que traía desde los pasillos se desvaneció por completo, reemplazado por una oleada de respeto y deseo abrasador hacia la mujer que tenía enfrente. Había firmado un contrato por conveniencia pensando que obtendría una socia dócil y elegante, pero el destino le había entregado a una compañera de guerra letal, hermosa y perfectamente igual a él en ambición y astucia.

​—Eres un peligro público, Verónica Comellas —murmuró Isaías en un susurro ronco, inclinándose hasta rozar con sus labios la línea de su mandíbula—. Un auténtico peligro con rostro de ángel.

​—Y tú eres un pésimo alumno cuando se trata de mantener tu palabra San Román —le devolvió ella con una sonrisa picosa, deslizando las manos por las solapas de su traje hasta rodearle el cuello—. Me prometiste la ley del hielo y una indiferencia absoluta. ¿Qué pasó con eso? ¿Acaso el gran macho alfa no pudo aguantar veinticuatro horas sin ver a su esposa?

​Isaías soltó una carcajada profunda, un sonido grave que vibró en el pecho de ambos antes de atraparla por la cintura y levantarla ligeramente del suelo para estampar sus labios contra los de ella en un beso hambriento y posesivo. La guerra contra sus enemigos exteriores estaba ganada, pero la batalla de voluntades bajo su mismo techo apenas alcanzaba su punto de ebullición.

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Patricia
bendito karma estos tres la están pagando duro, pero algo malo han de hacer
Patricia
me encanta imaginar a Isaías estético, pero me da pesar por los empleados maltratados por el ogro
Patricia
hola querida escritora, está novela está muy interesante, me tiene totalmente enganchada
Naibelys Perez: ❤️🥰me alegro mucho que le gusten mis novelas. 👏
total 1 replies
Miriam Piedrabuena
Me gustó
Becky Navarro
esto ya aburrio
Becky Navarro
ya me aburrio parecen niños caprichosos son mafiosos autora ceos se pasan ni un decomiso ni enfrentamientos secuestros el otro chillón del el ex
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