NovelToon NovelToon
Destinada A Un Amor Inmortal - Temporada 3

Destinada A Un Amor Inmortal - Temporada 3

Status: En proceso
Genre:Romance paranormal / Romance / Vampiro
Popularitas:484
Nilai: 5
nombre de autor: Liz Eliana Cera

Bajo los gélidos e imponentes paisajes de Alaska, el amor inmortal de Adam y Bibiana se enfrenta a su prueba más difícil al verse presionados a contraer matrimonio por Marcelo, el despiadado padre de Adam; Una unión forzada que desentierra los peores dolores del pasado, llevando a Bibiana a tomar una decisión definitiva. Cargada de una indignación inquebrantable, la joven está decidida a confrontar cara a cara a su familia por haberle ocultado la verdad sobre el oscuro pacto secreto que su padre tejió en el ayer con su ahora suegro. Ella ya no será una pieza en el juego de nadie; luchará con valentía y con toda su fuerzas para romper de una vez por todas las cadenas del pasado y salvar su propio destino al lado del hombre que ama con el alma.

NovelToon tiene autorización de Liz Eliana Cera para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

T3 Capítulo 20 - Un anhelo imposible

Cinco meses habían transcurrido desde aquella dolorosa noche en el pueblo. Cinco meses en los que el invierno se había apoderado por completo de Finlandia, cubriéndolo todo con un espeso manto de nieve blanca.

En el corazón del bosque, un hermoso lago congelado brillaba bajo la pálida luz del día. Bibiana se deslizaba sobre la superficie cristalina con una gracia envidiable, dibujando siluetas perfectas en el hielo antes de frenar con elegancia justo en la orilla, donde Adam la observaba con absoluta devoción.

—¿Qué tal estuve? —preguntó ella, con las mejillas encendidas por el frío y una enorme sonrisa mientras se quitaba los protectores.

—Estuviste perfecta, mi amor —respondió Adam de inmediato, acortando la distancia para rodear su cintura y darle un tierno beso en los labios—. Estoy completamente seguro de que vas a ganar ese concurso de patinaje.

—¿De verdad crees eso, mi vida? —preguntó Bibiana, con los ojos brillando de felicidad, refugiándose en la calidez de su pecho.

—Claro que sí, nadie se mueve en el hielo como tú —aseguró él, aunque poco a poco su sonrisa se fue desvaneciendo, reemplazada por una sombra de seriedad que no pudo ocultar más. La miró fijamente y soltó un suspiro—. Bibi... hay algo de lo que quiero que hablemos. Es un tema muy importante y, a decir verdad, me tiene bastante preocupado.

Bibiana notó de inmediato el cambio en su tono de voz. Su sonrisa se borró y lo miró con curiosidad.

—¿De qué tema quieres hablar, mi amor? ¿Pasa algo malo?

Adam tragó saliva, sopesando sus palabras. El plazo de su padre estaba a solo un mes de cumplirse y la presión le asfixiaba el pecho. Sabía que tenía las fórmulas de su abuela Clara, pero dar el siguiente paso requería abrir su corazón.

—El tema... es sobre tener hijos, Bibi.

Las palabras flotaron en el aire gélido del bosque. Bibiana se quedó completamente callada. La mención de un bebé congeló sus facciones y desvió la mirada hacia el lago, atrapada en un silencio repentino que dejó a Adam esperando una respuesta con el corazón latiéndole a toda velocidad

Bibiana parpadeó lentamente, asimilando sus palabras mientras el viento frío del bosque soplaba entre ellos.

—¿Quieres... hablar de tener hijos?

—Sí, mi amor —asentió Adam, tomándole las manos con suavidad—. Bibi, yo soy un vampiro. Mi cuerpo está congelado en el tiempo y no puedo darte descendencia. Pero tú eres humana, eres joven, y sé perfectamente que en el fondo de tu corazón deseas ser madre algún día.

Bibiana entrelazó sus dedos con los de él y le dedicó una mirada llena de una devoción infinita.

—Mi amor, a mí no me importa en lo absoluto que no puedas tener hijos. Yo me conformo con ser feliz a tu lado, tal y como lo he sido durante estos últimos cinco meses. No necesito nada más.

—Lo sé, Bibi, y te agradezco tanto que me ames así —suspiró Adam, bajando la vista por un segundo con un deje de frustración—. Pero aun así... no puedo evitar sentirme mal por quitarte esa oportunidad. Por eso he estado pensando en algo.

Una pequeña sonrisa curiosa se dibujó en los labios de Bibiana.

—¿Ah, sí? ¿Qué se te ocurrió?

Adam tomó aire, buscando las palabras correctas para hacer una propuesta que requería un desprendimiento enorme de su parte.

—Bibi... si tú quieres, podemos adoptar un niño. O... si lo prefieres, podrías someterte a un proceso de inseminación artificial.

Bibiana lo miró de golpe, con los ojos abiertos por la sorpresa. La propuesta la tomó completamente desprevenida.

—¿De verdad... de verdad aceptarías que yo me hiciera una inseminación?

—Sí, mi vida —aseguró Adam, sosteniéndole la mirada con total honestidad—. A mí no me importaría que ese bebé biológicamente sea de otro hombre. Yo lo criaría, lo protegería y lo amaría con todas mis fuerzas, como si llevara mi propia sangre, solo por el inmenso amor que te tengo a ti.

El corazón de Bibiana se derritió ante semejante muestra de nobleza. Sintió las lágrimas asomarse en sus ojos, pero negó suavemente con la cabeza.

—Mi amor... lo que yo más hubiese deseado en este mundo es tener un hijo. Pero no de un desconocido, sino un hijo tuyo. Un fruto de nuestro amor.

—Sabes perfectamente que mi naturaleza me impide darte eso, Bibi —respondió él con un hilo de tristeza en la voz.

—Lo sé —asentió ella, acariciándole la mejilla con ternura—. Y es exactamente por eso que no me voy a hacer ninguna inseminación. Si tú no puedes ser el padre de mi hijo, entonces no quiero que lo sea nadie más. Mi decisión está tomada.

—Bibi, el mayor sueño de una mujer suele ser la maternidad —insistió Adam, queriendo estar completamente seguro—. No quiero ser yo quien te arrebate esa ilusión.

—No lo estás haciendo, porque me estás abriendo las puertas y dándome opciones —replicó ella, volviendo a sonreír con dulzura—. Pero soy yo quien no las acepta. Yo soy feliz contigo, Adam. Con hijos o sin hijos, mi lugar es a tu lado.

Adam sonrió de medio lado, sintiendo cómo un enorme peso se desprendía de sus hombros ante la lealtad de su esposa.

—Está bien, mi vida. Pero si en algún momento cambias de opinión, solo dímelo. Yo estaré encantado de apoyarte en lo que decidas.

—Eso nunca va a pasar —sentenció Bibiana antes de acortar la distancia.

Se unieron en un beso dulce y tierno que selló sus palabras sobre el hielo del lago. Al separarse, Adam miró el reloj, intentando cambiar el rumbo de la conversación para no ponerse nostálgicos.

—¿A qué hora es el concurso de patinaje?

—Es por la tarde, mi amor —respondió ella, recuperando su entusiasmo—. Por cierto, no vayas a olvidar tomarte la fórmula que te dio tu abuela Clara para protegerte del sol antes de que salgamos.

—No te preocupes, no lo olvidaré —sonrió Adam, acariciándole el rostro—. Me la tomaré justo antes de irnos al concurso.

Mientras el invierno cubría el bosque, la atmósfera dentro de la casa de los Anderson seguía siendo igual de gris y asfixiante que el primer día. Los cinco meses transcurridos no habían cerrado las heridas; al contrario, la ausencia de Bibiana se sentía en cada rincón de la sala.

Ignacio, sentado en su sillón habitual con la mirada perdida en la ventana, rompió el silencio con una voz apagada, buscando desesperadamente un hilo de esperanza.

—Hijo... ¿sabes si Melissa ha visto a tu hermana últimamente? ¿Te ha dicho algo?

Diego, que limpiaba una taza en la cocina, se quedó estático por un segundo antes de caminar hacia la sala. Soltó un suspiro pesado, dándose cuenta de que ya no podía seguir ocultando la realidad.

—No lo sé, papá —respondió en voz baja, evitando sostenerle la mirada.

Ignacio frunció el ceño, confundido por la frialdad de su respuesta. Se enderezó un poco en el asiento.

—¿Cómo que no lo sabes, Diego? ¿Qué acaso ella no es tu novia? Ella debería tener alguna noticia de Bibi.

Diego bajó la cabeza, apretando los puños con una mezcla de melancolía y resignación. Decir las palabras en voz alta todavía le escocía en el pecho.

—Lo era, papá... —confesó finalmente—. Melissa y yo terminamos nuestra relación hace exactamente cinco meses. Justo el día en que Bibi se fue.

Ignacio se quedó completamente callado. La revelación lo golpeó de frente, dejándolo mudo al comprender que el dolor en esa casa era mucho más profundo de lo que imaginaba, y que sus decisiones pasadas habían terminado por destruir la felicidad de sus dos hijos.

1
NovelToon
Step Into A Different WORLD!
Download MangaToon APP on App Store and Google Play