Él es un magnate de acero: frío, desconfiado y acostumbrado a controlarlo todo, hasta que ella cruza su camino. Ella es una joven diseñadora llena de talento, que solo busca una oportunidad para que sus diseños de ropa y joyas brillen. Lo que comienza como una simple entrevista se convierte en una atracción inesperada que romperá sus barreras... y despertará en él una obsesión que no sabía que podía sentir.
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capítulo 21: Preparativos y una copa para celebrar
En cuanto Yoselin regresó a su nuevo espacio, la emoción no le dejaba quedarse quieta. Sabía perfectamente que el encargo de la boda era mucho más que una lista de prendas para coser: era la confianza plena de Alejandro puesta en ella, y no quería dejar absolutamente nada al azar.
Primero terminó de acomodar todas sus pertenencias. Colocó los lápices de distintos grosores, las reglas curvas y las plantillas en un rincón de la mesa, para tenerlos siempre a mano sin buscar entre montones.
Ordenó las muestras de telas y piedras que ya tenía guardadas en cajones etiquetados, y reservó una carpeta dura de color azul marino exclusivamente para los diseños de esta boda. Quería que todo estuviera claro desde el principio, tal como él valoraba el orden.
Luego abrió su libreta de apuntes y empezó a escribir los lugares que necesitaría visitar. Anotó primero los talleres de telas más selectos de la ciudad, donde podrían conseguir tejidos exclusivos, sedas raras y encajes artesanales para el vestido de novia y los trajes de los hombres.
Después apuntó la joyería especializada donde solía buscar metales y piedras únicas: necesitaría detalles que combinaran con la paleta de colores que eligieran, sin perder elegancia.
También escribió las zapaterías de confección a medida. Sabía que el calzado era fundamental: tenía que combinar perfectamente con cada diseño, ser cómodo para pasar horas de pie y mantener la armonía de todo el conjunto. No se le escapó ningún detalle.
Cuando terminó la lista de proveedores, pasó a organizar las tareas básicas por orden. Lo primero sería reunirse con los novios para conocer su historia, qué les gusta y qué sensación quieren transmitir ese día.
Después quedaría con Camila, los demás padrinos, las damas de honor y las dos suegras. Quería escuchar a cada uno: qué les hace sentir bien, qué prefieren resaltar, si hay algún color o estilo que no les agrade.
Luego vendría la elección de materiales junto a ellos, y finalmente empezar a dibujar y confeccionar cada pieza. Lo estructuró todo paso a paso, para que el trabajo fluyera sin prisas y con el cuidado que merecía un momento tan especial.
Cuando terminó de planificar todo, miró el reloj de la pared: ya era hora de su salida. Cerró la libreta con cuidado, guardó los bolígrafos y alisó la tela que usaba de protección sobre la mesa.
Tomó su bolso y el teléfono, y marcó a Mariana. Su amiga contestó al primer tono, como si estuviera esperando su llamada.
—¿Ya saliste? —preguntó Mariana—. ¿Te pasó algo bueno o algo malo?
—Algo muy grande y muy bueno —respondió Yoselin con una sonrisa que se le notaba en la voz—. ¿Podemos ir a tomar algo tranquilo? No quiero ruido ni mucha gente, solo sentarnos y contarte todo lo que me dijo Alejandro.
—¡Por supuesto que sí! —aceptó su amiga enseguida—. Voy por ti en veinte minutos. Buscaremos ese café-bar pequeño donde fuimos una vez, el que tiene sillones suaves y música baja. Allí nadie nos molesta.
—Perfecto, ahí te espero —dijo Yoselin.
Al colgar, se quedó unos segundos mirando su nuevo espacio. Había pasado de ser rechazada en esa misma empresa a encargarse de su proyecto más personal. Tenía por delante mucho trabajo, pero también la certeza de que ya no caminaba sola.
Salió del edificio con paso ligero. El aire fresco de la tarde le ayudó a asimilar todo lo que había vivido en pocas horas. Y mientras esperaba a su amiga en la acera, sintió que cada esfuerzo, cada noche sin dormir y cada detalle que había cuidado, la había llevado justo hasta aquí.